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Día: 16 de octubre de 2024 (página 1 de 1)

Batalla judicial entre las farmacéuticas por el mercado de las vacunas de ARNm

Hace seis meses la farmacéutica británica GSK (GlaxoSmithKline) inició una batalla judicial contra Pfizer por la patente sobre la vacuna contra el “covid” y ahora emprende otra igual contra Moderna por el mismo motivo.

A su vez, Moderna también demandó a Pfizer por la patente de ARNm. Lo que está en juego es el reparto de un mercado mundial de vacunas que es cada vez más suculento: 72.000 millones en 2021 y 100.000 millones al año siguiente.

GSK acusa a Moderna de infringir varias de sus patentes en el diseño de sus vacunas de ARNm contra el “covid” y el virus respiratorio sincitial. Gracias al premio gordo del “covid”, cada vez hay más litigios entre las multinacionales farmacéuticas.

El juicio ha comenzado en Delaware, alegando que Moderna utilizó tecnologías de formulación de lípidos patentadas por GSK sin autorización. Estas tecnologías son fundamentales para la estabilidad de las vacunas de ARNm, incluidos productos emblemáticos como Spikevax, la vacuna de Moderna, y mRESVIA, su vacuna contra el virus respiratorio sincitial recientemente aprobada.

Moderna utilizó nanopartículas lipídicas en la fabricación de ambas inyecciones. Permiten administrar ARNm que, como se degrada rápidamente, debe protegerse desde el momento de la preparación hasta la formulación, el almacenamiento, la manipulación, la administración e incluso dentro del cuerpo después de la inyección.

Según la demanda, GSK adquirió un trabajo fundamental sobre este enfoque en 2015 tras la compra de una gran parte del negocio de vacunas de Novartis y lo publicó. Moderna comenzó a investigar sobre la encapsulación y administración de lípidos para vacunas de ARNm mucho después de la publicación de este trabajo.

GSK acusa a Moderna de haber robado conocimientos técnicos relacionados con el uso de las vacunas de ARNm al contratar a varios antiguos empleados de Novartis y GSK. La multinacional quiere dinero, aunque está dispuesta a conceder licencias sobre sus patentes, pero sólo “en términos que considere comercialmente razonables”.

Un portavoz de GSK confirmó las demandas y reafirmó que la empresa estaba dispuesta a tomar todas las medidas necesarias para defender sus intereses tecnológicos. Moderna, por su parte, reconoció la existencia del litigio y declaró que tenía intención de defenderse enérgicamente.

La vacuna contra el el virus respiratorio sincitial podría generar más de 10.000 millones de dólares para los fabricantes. En cuanto a las vacunas de ARNm contra el “covid”, las ventas han experimentado un descenso significativo. El año pasado Moderna obtuvo 6.700 millones de dólares en ingresos por su vacuna Spikevax y Pfizer ganó 11.200 millones de dólares por su vacuna Cominarty.

GSK ya demandó a Pfizer en abril por la vacuna contra el “covid” y en agosto por las vacunas contra el virus respiratorio sincitial, en particular Arexvy y Abrysvo, que fueron desarrolladas utilizando tecnologías patentadas por la multinacional.

La economía de guerra ha fortalecido a Rusia y hundido a las potencias occidentales

La revista británica New Statesman pinta un panorama catastrófico para Occidente en relación con Rusia. “La economía rusa está en muy buena forma. El Fondo Monetario Internacional anunció que este año crecería más rápido que todos los principales países del G7, gracias al efecto de la guerra”, escribe (1).

El gasto de Rusia en la economía de guerra “representa más del 6 por cien de la producción económica, mientras que en Occidente muchos países luchan por alcanzar el 2 por cien”, añade. “La economía de guerra rusa funciona con esteroides y genera enormes ingresos para el Estado. Se espera que los ingresos no relacionados con el petróleo y el gas aumenten un 73 por cien el próximo año. Rusia no financia el fortalecimiento de su defensa mediante deuda, sino mediante una economía en auge”, concluye.

La revista señala que los imperalistas sólo han analizado la situación de Rusia a través de su propio prisma, a pesar de que Rusia tiene su propia economía, sus propias energías primarias y su propia zona monetaria. “Existe cierta confusión sobre lo que les sucede a las economías durante tiempos de guerra. A las economías no les falta dinero, a menos que utilicen la moneda de otro país, como el dólar estadounidense. Una economía de guerra es el mayor estímulo fiscal keynesiano imaginable”.

En condiciones de rápido desarrollo de la economía militar de Rusia, la correlación de fuerzas se desarrolla a favor de Moscú. Occidente ha hecho ruido, ha amenazado, pero ninguno de los compinches de Estados Unidos está dispuesto a gastar tanto para tener una economía de guerra. Pero Putin lo ha hecho.

En marzo de 2022, al comienzo de la Guerra de Ucrania, el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, prometió: “Vamos a provocar el colapso de la economía rusa”. Es la economía francesa la que está arruinada. La agencia Fitch acaba de poner la calificación de la deuda francesa en “perspectiva negativa”, lo que preocupa al capital financiero, que desaconseja invertir en Francia.

“Alemania está sumida en una crisis y se encamina hacia un crecimiento cero en 2024”, titula el periódico Frankfurter Rundschau. El rearme alemán avanza lentamente. Alemania quiere gastar más dinero en la guerra pero no puede. El Instituto para la Economía Mundial de Kiel dice que Alemania podría quedar por detrás de Rusia en términos de potencia militar (2), cuando ya lo está.

Los planes de Francia y Alemania para construir una economía de guerra son un fracaso. “No es una predicción, sino una advertencia de que Occidente debe adoptar urgentemente una estrategia de guerra más realista, en lugar de financiar un conflicto interminable que Ucrania no tiene ninguna posibilidad de ganar”, concluye New Statesman. “El apoyo estadounidense a Ucrania persiste, pero a un nivel menor. La actual prioridad de política exterior de Estados Unidos es Oriente Medio. Si Donald Trump gana las elecciones presidenciales el próximo mes, toda la política occidental en Ucrania se pondrá patas arriba”, advierte la revista británica.

La Unión Europea no tendrá los medios militares para hacer frente a Rusia, cuyo PIB aumentó un 4 por cien interanual en el segundo trimestre de este año, mientras Alemania está en recesión y Francia también quedará estancada muy pronto. Los dos países que forman el motor de la Unión Europea son incapaces de financiar una economía de guerra.

(1) https://www.newstatesman.com/international-content/2024/10/putin-stares-down-the-west
(2) https://www.ifw-kiel.de/de/publikationen/aktuelles/kriegstuechtig-in-jahrzehnten-deutschland-ruestet-viel-zu-langsam-gegen-russische-bedrohung-auf/

Israel es incapaz de asumir su propia defensa

Ante el fracaso estrepitoso de la defensa antiaérea israelí, Estados Unidos va a enviar otro sistema de defensa antimisiles, acompañados de los correspondientes operadores, lo cual confirma que la fuerza Israel es la misma que la de Estados Unidos.

No es la primera vez que Washington despliega un sistema de armas de este tipo en el territorio israelí. Ya lo hicieron en 2019 y tras el 7 de octubre del año pasado.

El sistema de defensa antimisiles de gran altitud, denominado THAAD, debería permitir a Israel atacar sin ser atacado. Fue desarrollado a finales de la década de 2000. Está diseñado y producido por la firma estadounidense Lockheed Martin y cada batería cuesta casi mil millones de dólares.

Su objetivo es destruir misiles balísticos en la fase terminal de vuelo, es decir cuando están descendiendo hacia su objetivo. El sistema THAAD fue creado para interceptar proyectiles de alcance corto (menos de 1.000 kilómetros), medio (1.000-3.000 kilómetros) e intermedio (3.000-5.500 kilómetros). Su alcance oficial sería de al menos 200 kilómetros.

Está organizado como una batería. Cada uno incluye un radar remolcado AN/TPY-2, capaz de detectar y rastrear amenazas balísticas a larga distancia. Una vez localizado su objetivo, envía la información a la unidad de control de tiro. Se trata de un centro de mando y control móvil, que procesa la información recibida por el radar y coordina las interceptaciones. Luego, la orden de disparo se comunica a los lanzadores móviles.

Una batería está equipada con seis lanzadores, cada uno de los cuales despliega hasta ocho misiles interceptores en sus tubos. Una vez lanzados, estos últimos ajustan su trayectoria hacia el objetivo, utilizando sus sensores y la información transmitida por radar. En total, una batería requiere alrededor de 100 operadores para su implementación.

Lockheed Martin lleva varios años trabajando en una versión mejorada del sistema. Llamado THAAD-ER (alcance extendido), para interceptar planeadores supersónicos. Estos últimos, a diferencia de los misiles convencionales, pueden realizar maniobras evasivas, lo que complica la tarea de los interceptores. THAAD-ER pretende contrarrestar esta ventaja con mayor precisión.

Un sistema integrado de defensa antiaérea

Aunque su fabricante alardea de producir un sistema antimisiles cuya tasa de interceptación supera el 90 por cien, el THAAD no puede garantizar por sí solo la protección de un espacio aéreo. Para que sea eficaz en su implementación, debe utilizarse dentro de un sistema integrado de defensa antiaérea o IADS (Integrated Air Defense System).

Se trata de una estructura coordinada diseñada para proteger el espacio aéreo de un país contra todas las amenazas aéreas que, además de los misiles, también incluyen aviones y drones. El corazón de la IADS es su capacidad para sincronizar y vincular diferentes sistemas de defensa, ya sean terrestres, marítimos o aéreos.

Esto incluye radares de vigilancia que detectan amenazas a diferentes escalas, diferentes sistemas de armas diseñados para neutralizar cada una de estas amenazas, así como unidades de mando que procesan la información recibida para tomar decisiones en tiempo real. Los sistemas actuales también incluyen capacidades de guerra electrónica para obstaculizar o frustrar los ataques enemigos.

Una IADS eficaz debería ser capaz de crear una burbuja protectora que cubra un área grande, a menudo organizada en varias capas de defensa. Cada capa está destinada a atacar objetivos a diferentes distancias o altitudes. Por ejemplo, el THAAD se ocupa de misiles balísticos de mediano alcance, mientras que otro sistema estará destinado a atacar objetivos cercanos, como drones.

La integración permite el seguimiento continuo y la gestión centralizada de los recursos de defensa, lo que aumenta la protección en caso de un ataque masivo. Si un componente falla, los demás pueden compensarlo, garantizando así una protección eficaz.

El fortalecimiento de la IADS israelí

El envío de una batería del THAAD a Israel plantea interrogantes porque el ejército israelí creó una IADS hace décadas de la que los “expertos” han alardeado como uno de los más eficaces del mundo, aunque con la imprescindible ayuda estadounidense.

El componente más publicitado de este sistema es sin duda la Cúpula de Hierro, un sistema equipado con pequeños misiles de corto alcance que son tan maniobrables como caros. Está diseñado para interceptar cohetes de corto alcance y proyectiles de artillería, como los disparados por Hamas desde Gaza o por Hezbollah desde el sur de Líbano.

La Cúpula de Hierro será reemplazada en un futuro próximo por un cuarto sistema que utiliza un rayo láser para destruir sus objetivos, llamado Iron Beam. Las capas superiores de protección están respaldadas por otros tres tipos de sistemas. El Patriot, un sistema que el ejército estadounidense desplegó especialmente en Jordania el año pasado, proporciona defensa hasta 24 kilómetros de altitud. Más allá de esta altitud, el sistema Honda de David se hace cargo de interceptar misiles balísticos de corto y medio alcance, con un techo operativo de 75 kilómetros.

Finalmente, el dispositivo Arrow (“Flecha”) complementa el IADS israelí, al contrarrestar misiles de largo alcance de hasta 150 kilómetros de altitud. Por tanto, esto lo sitúa en la misma categoría que el THAAD americano.

Israel no es nada sin sus cómplices

Israel es incapaz de asumir su propia defensa, sobre todo porque la producción de casi todos estos dispositivos está asegurada localmente. Sin embargo, la evolución de la situación regional está operando en su contra.

El Financial Times ha revelado que Israel corre el riesgo de sufrir una escasez de interceptores para hacer frente a los misiles del Eje de la Resistencia. Y es precisamente el sistema Arrow el que estaría en el centro de las preocupaciones, según admite el propio fabricante, Israel Aerospace Industries (IAI).

El ataque de Irán del 1 de octubre a Israel reveló que una fuerza de ataque de unos 200 misiles podría causar daños significativos, al tiempo que puso a prueba el IADS de Israel, a pesar de que se benefició del apoyo de la Armada estadounidense y del ejército jordano.

Sin embargo, Teherán sólo contó con su propia fuerza de ataque, ya que los demás miembros del Eje de la Resistencia se abstuvieron de participar, en particular Hezbollah y los huthíes.

En caso de un ataque coordinado que involucre a todos los miembros del Eje, Israel podría ver sus sistemas de defensa abrumados. Si el envío por parte de Estados Unidos de una batería del THAAD demuestra su apoyo a Tel Aviv, también es una admisión de la debilidad israelí.

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