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Día: 11 de agosto de 2024 (página 1 de 1)

La CIA intenta borrar las huellas de su intervención de la Guerra de Chechenia

El miércoles contamos las biografías paralelas del checheno Jangoshvili y su ejecutor, el ruso Krasikov, liberado en un intercambio de presos negociado por Estados Unidos con Rusia a través de Turquía.

Con posterioridad los medios han seguido intoxicando para presentar a Jangoshvili como un “disidente ruso”, un “opositor” a Putin o simplemente un checheno partidario de la independencia de su país.

Un antiguo diputado georgiano, Giorgi Kandelaki, ha tenido que salir al paso de los medios, recordando el pasado de Jangoshvili, el de Saakashvili, el antiguo presidente georgiano, ahora encarcelado, y la “revolución de las rosas” que orquestó la CIA en 2008.

Saakashvili fue un pelele de la CIA que ahora ya no pueden reutilizar porque ha robado tanto que ha caído en desgracia. En el santuario de los héroes georgianos Jangoshvili ocupa ahora un lugar honorífico, aunque sea “in pectore” porque su espíritu puede ejercer tanto de checheno como de georgiano.

Kandelaki niega la mayor: Jangoshvili no es georgiano sino “parte de la cooperación de seguridad entre Estados Unidos y Georgia” y “muy respetado por la CIA”. Fue asesinado porque “sirvió lealmente” al gobierno del títere Saakashvili en una época en la que era una colonia estadounidense.

La CIA apoyó de forma encubierta a los yihadistas chechenos que lucharon contra el gobierno ruso durante los años noventa y principios del nuevo siglo, llevando a cabo atrocidades contra civiles y prisioneros de guerra por igual.

No hay nada nuevo aquí. La diferencia es que entonces a los yihadistas no se les llamaba así, e incluso el tratamiento mediático era muy cariñoso, lo mismo que a loa talibanes, porque luchaban contra Rusia.

La negativa de los medios occidentales a recordar las conexiones de Jangoshvili con la CIA revela que el encubrimiento de otra historia sórdida y clandestina sigue vigente hoy en día.

A pesar de su juventud, Jangoshvili era un “veterano curtido” en la Guerra de Chechenia, dijo un antiguo miembro de la CIA, Michael Weiss, con motivo de su ejecución en Berlín (1). “Inspiraba un enorme respeto” entre los chechenos que residían en el desfiladero de Pankisi, en Georgia. También era “un confidente cercano” de Aslan Masjadov, el presidente separatista de Chechenia, ejecutado por el FSB en 2005. También disfrutaba de una relación extremadamente estrecha con las centrales occidentales de espionaje.

“Los funcionarios antiterroristas estadounidenses no solo encontraron creíble y útil la inteligencia de Jangoshvili”, dice Weiss, sino que reclutaron nuevos agentes chechenos basándose en sus evaluaciones. Estos activos fueron posteriormente “enviados al extranjero por la CIA”. Al mismo tiempo, también informaba sobre los chechenos que vivían en Georgia.

Durante seis años fue agente “de un servicio de seguridad europeo”, añade Weiss, en referencia a Alemania. Su residencia en Berlín estaba “situada justo enfrente de la sede de la BND”, el servicios secreto alemán.

La yihad contra Rusia

En la entrada del miércoles mencionamos la toma de la ciudad de Nazran, en Ingushetia, por los chechenos en junio de 2004, donde docenas de miembros de la policía rusa fueron asesinados, incluidos oficiales del FSB. Entonces Jangoshvili fue incluido en una lista de los 19 terroristas más buscados que Moscú envió a las policías occidentales en busca de cooperación. Nunca entregaron a ninguno de ellos.

La BBC ha confirmado que el valle de Pankisi, del que era oriundo Jangoshvili, sirvió de refugio y base de operaciones a los terroristas chechenos para llevar cabo ataques contra Rusia (2).

En 2002 Moscú amenazó con lanzar ataques contra Pankisi y Georgia prometió encargarse de sellar la zona, pero lo que hizo fue introducir asesores militares estadounidenses. El objetivo de Washington era apoderarse de la dirección de las fuerzas de seguridad de Tbilisi por el medio acostumbrado: entrenándolas. La transformación del país en una franquicia de Estados Unidos en el Cáucaso (3) se completó en 2008 con la “revolución de las rosas”.

La impunidad alentó a los chechenos a continuar con su guerra.

El papel de Jangoshvili como peón de confianza de Masjadov es igualmente sorprendente, porque el dirigente checheno buscó decididamente el apoyo de la CIA para su yihad antirrusa. Su mano derecha, Ilyas Ajmadov, reveló (4) que antes de visitar Washington a principios de 2001 para reunirse con dirigentes estadounidenses, Masjadov le sugirió que se acercara a “grandes organizaciones que tienen enormes capacidades”, como la CIA, para “ayudar a la causa chechena… de la misma manera que ayudó a los afganos contra la invasión rusa en 1979”.

Masjadov sabía que la CIA, que había ayudado a Bin Laden, tenía mucha influencia en ciertos círculos musulmanes. Pensó que podría persuadir a varias organizaciones musulmanas en el extranjero para que enviaran financiaran la Guerra de Chechenia, ha escrito Ajmadov. “Recuerdo que una vez me dijo, refiriéndose a los Estados Unidos, ‘¿Por qué no me envían el dinero? Demostraré ser un socio muy fiable’”.

Ajmadov afirma que no se reunió con la CIA durante su visita a Washington, aunque en 2004 consiguió asilo político en Estados Unidos, a pesar de la oposición del Departamento de Seguridad Nacional. Al año siguiente la USAID le proporcionó una subvención para “centrar la atención internacional en la tragedia humanitaria en Chechenia”.

Mientras tanto, múltiples “organizaciones musulmanas en el extranjero” se habían convertido en objeto de investigaciones criminales en Estados Unidos por proporcionar financiar a los militantes chechenos, tal como deseaba Masjadov. Durante los años inmediatamente anteriores al 11 de septiembre de 2001, el FBI vigiló de cerca las actividades de las organizaciones islámicas benéficas que tenían su sede sede en Estados Unidos que, bajo cobertura humanitaria, canalizaban combatientes, armas y dinero a numerosas “revoluciones” en todo el mundo.

La CIA trasladó a los muyahidines hasta Bosnia

No se tomó ninguna medida contra estas organizaciones, en parte porque estaban ayudando a los fundamentalistas en las guerras dirigidas por Estados Unidos en países como Afganistán. Sin embargo, todo cambió después del 11 de septiembre. El gobierno de Washington prohibió sus actividades y acusaron a sus fundadores y personal de terrorismo. Entre ellos estaba la Fundación Benevolence International (BIF). En octubre de 2002 su director, Enaam Arnaout, un sirio-estadounidense, fue acusado de “brindar apoyo material a Al Qaeda y otros grupos violentos” en Bosnia, Chechenia y otros lugares.

La acusación formal contra Arnaout pintó un cuadro escabroso de un individuo y una organización íntimamente relacionados con Bin Laden. Se le acusaba de haber facilitado personalmente el transporte de personal de alto rango de Al Qaeda a los teatros de combate, disfrazándolos como personal de la BIF, y la fiscalía le pidió 90 años de cárcel.

Sin embargo, en febrero de 2003 llegó al típico apaño judicial: se declaró culpable de un cargo relativamente menor y único de defraudar a los inversores de la BIF, ocultando que “una parte importante de las donaciones recibidas por la BIF basadas en las declaraciones engañosas de la BIF se estaban utilizando para apoyar a los combatientes [yihadistas] en el extranjero”.

A cambio, Arnaout recibió una sentencia de prisión de diez años. Los medios de comunicación quedaron atónitos. Un editorial contemporáneo del New York Sun sugería que el gobierno quería “evitar un juicio arriesgado” que podrían haber perdido si los cargos de terrorismo contra el jefe de la BIF hubieran continuado.

Sin embargo, el fallo del tribunal reconoció que Arnaout proporcionó botas, tiendas de campaña, uniformes, máquinas de rayos X, ambulancias, walkie talkies y otros recursos específicamente para su uso por parte de yihadistas vinculados a Al Qaeda. A pesar de ello, no le acusaron de terrorismo porque el FBI no había podido demostrar “que los receptores bosnios y chechenos de la ayuda de la BIF estuvieran involucrados en un delito federal de terrorismo”.

La pregunta es si el procesamiento de Arnaout fue saboteado deliberadamente con el fin de evitar revelaciones que habrían implicado a la CIA en las actividades de la BIF y, por lo tanto, en las guerras de Bosnia y Chechenia. Se ha confirmado que durante la Guerra de Yugoeslavia, los muyahidines de todo el mundo fueron trasladados a Sarajevo en vuelos secretos de la CIA y recibieron voluminosos envíos de armas estadounidenses, violando un embargo de la ONU. Su presencia fue fundamental para el esfuerzo bélico de los bosnios y la destrucción de Yugoslavia.

La traición de la CIA

El Acuerdo de Dayton de 1995, que puso fin a la guerra, obligaba a los muyahidines a abandonar Bosnia. Inmediatamente después de su firma, las fuerzas croatas que luchaban junto a mercenarios británicos y estadounidenses en el país comenzaron a asesinar a los dirigentes islamistas para dispersarlos. Algunos huyeron a Albania junto con las armas que les proporcionaba Estados Unidos, donde se unieron al incipiente Ejército de Liberación de Kosovo, otra entidad respaldada por Occidente vinculada a Al Qaeda e integrada por fundamentalistas.

Otros fueron traicionados. La CIA los interceptó y deportó a sus países de origen para ser juzgados por terrorismo. La traición desató una cadena de acontecimientos que finalmente culminaron en el 11 de septiembre. Varios de los secuestradores eran veteranos de Bosnia y Chechenia. Al menos dos secuestradores habían sido reclutados por la CIA en el momento de los ataques.

Un informe de la policía francesa concluyó que la dispersión fue beneficiosa para Al Qaeda. A partir de entonces sus miembros difundieron la yihad por otras tierras. Muchos se dirigieron directamente a luchar contra Rusia. Prefirieron ir a Chechenia, en lugar de dirigirse a Europa para solicitar asilo político, por temor a que los deportaran a su país para ser acusados de terrorismo.

Jangoshvili no fue el único agente de la CIA que luchó contra Rusia en la Guerra de Chechenia.

(1) https://www.thedailybeast.com/zelimkhan-khangoshvilis-murder-in-berlin-the-untold-story-of-a-chechen-jihadist-turned-secret-agent
(2) http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/5393106.stm
(3) http://exiledonline.com/the-day-americas-empire-died/2/
(4) http://edition.cnn.com/2001/WORLD/europe/03/27/russia.chechnya/

El colmo de la imbecilidad es acusar a un judío de antisemitismo

Corren muy malos tiempos para las libertades fundamentales en Estados Unidos y en el resto del mundo. El martes un periodista de Nueva York, Sam Seligson, fue detenido por cubrir una protesta en favor de Palestina.

Seligson es un camarógrafo independiente que en junio filmó a un pequeño grupo de personas haciendo una pintada en las casas del director, el presidente y otros dos dirigentes del Museo de Brooklyn.

En las propiedades se colgaron mensajes y pancartas pintados con aerosol, acusando a los dirigentes del museo de complicidad en la guerra genocida de Israel en Gaza.

Una semana antes el museo había llamado a la policía para detener a los manifestantes que se habían reunido dentro de su edificio para exigir el boicot a Israel.

Seligson, que es judío, está en libertad supervisada y tiene que comparecer ante un tribunal de Brooklyn en noviembre. Le acusan de uno de esos delitos de nuevo cuño: el odio. Además hay otra catarata de acusaciones, como los daños por pintar las viviendas.

La semana pasada la policía detuvo a Taylor Pelton, de 28 años, por las mismas acusaciones. También se encuentra en libertad provisional y está previsto que sea procesado en octubre.

Seligson, que es conocido en las movilizaciones de Nueva York, se dedica a vender material de vídeo a medios convencionales, además de los alternativos. En mayo también le detuvieron en una manifestación en apoyo a Gaza. Entonces le dijo a un medio que estaba transmitiendo en vivo la protesta mientras la policía realizaba detenciones y se identificó como periodista.

Estas detenciones son una flagrante violación de la libertad de prensa y de las actividades protegidas por la Primera Enmienda. Es un claro intento de sofocar tanto la actividad periodística como la defensa del pueblo palestino.

Precisamente, desde el punto de vista formal, la acusación no es por documentar sino por participar en la acción para evitar que invoquen su derecho a la libertad de expresión, según ha reconocido un policía.

El colmo de la imbecilidad de estos montajes judiciales es acusar a un judío de antisemitismo, o sea, de odiarse a sí mismo.

Mali expulsa a la embajadora sueca y renuncia a sus limosnas

El viernes un ministro sueco anunció el fin de las limosnas entregadas a Mali a causa de las estrechas relaciones del país africano con Rusia e inmediatamente después la junta militar ordenó a la embajadora sueca que abandonara el territorio en un plazo de tres días.

La diplomática sueca Kristina Kühnel fue convocada al Ministerio de Asuntos Exteriores de Malí para ser notificada de la decisión de que abandone el país en un plazo de setenta y dos horas. La medida se produce tras las demagógicas declaraciones en las redes sociales de Johan Forssell, ministro sueco de Cooperación Internacional, Desarrollo y Comercio Exterior.

Estocolmo había anunciado previamente el cierre de su embajada en Bamako para finales de año y anunció la apertura de una nueva embajada en Dakar, Senegal, para el año que viene.

En su comunicado de prensa, Bamako condena enérgicamente las declaraciones despectivas de Forssell, que “intenta desesperadamente exonerar a las autoridades ucranianas, partidarias del terrorismo internacional”. Malí afirmó que Kiev proporcionó información de inteligencia a los yihadistas y tuaregs, que luego utilizaron para matar a los soldados malienses y rusos.

El ministro sueco es “incapaz de tener la más mínima compasión por Mali y las víctimas de esta agresión ucraniana”, señala el comunicado de la junta. Sin embargo, para los africanos “las vidas de sus valientes soldados y la seguridad de la nación tienen un valor inestimable, mucho más allá de cualquier ayuda al desarrollo”.

Los malienses dicen estar “acostumbrados a esta actitud condescendiente de ciertos países occidentales”, que se manifiesta regularmente al “cuestionar las decisiones soberanas tomadas para luchar eficazmente contra los grupos terroristas armados y sus Estados extranjeros patrocinadores”, indica el comunicado.

“La elección de una asociación estratégica” con Rusia “produce los resultados esperados”, dice Bamako, que anuncia su intención de reforzarla aún más para la paz y la seguridad en Malí.

Las actuales limosnas de Suecia hacia Mali está financiada con 190 millones de dólares para el período 2021-2025.

Mali y Níger han anunciado la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Kiev, denunciando el apoyo brindado por Ucrania a los grupos yihadistas en el Sahel. Ambos países recurrieron a las tropas rusas.

Desde 2012 Mali está siendo atacada por grupos afiliados a Al Qaeda y el Califato Islámico, así como por algunos sectores tuaregs.

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