La web más censurada en internet

Día: 8 de julio de 2024 (página 1 de 1)

Putin apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez

Desde los tiempos de Jean Marie Le Pen, el Frente Nacional (desde 2018 llamado Rassemblement National), ha defendido una política exterior típicamente gaullista, alejada de la OTAN (o al menos del mando militar) y partidaria del rearme nuclear.

Pero en Europa cualquiera que hable contra la OTAN parece un comunista de la vieja escuela y, en los tiempos modernos, un rusófilo empedernido o un peón de Putin. Es lo que le ocurre ahora a Le Pen, Bardella y los suyos, aunque no sabemos si es Putin quien apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez.

Lo que les preocupa a los intoxicadores es dejar bien claro, en cualquier caso, que Putin forma parte de ese paquete fascista, lo mismo que Orban. En Europa los que se salen del redil ideológico son “extrema derecha”, negacionistas y antivacunas.

Sin embargo, la reacción francesa no ha inventado nada nuevo. Lo que siempre ha pretendido es aparentar es que son los más fieles continuadores de la política “independiente” de De Gaulle y, por consiguiente, del acercamiento de Francia a Rusia.

Tampoco es un invento francés, ni gaullista, sino una réplica a la “ostpolitik” de Willy Brandt en Alemania, saboteada por Estados Unidos, exactamente igual que el gaullismo.

Quienes han roto con las tradiciones francesas en política exterior son los demás partidos y coaliciones políticas, que han vuelto a llevar a Francia al redil de la OTAN.

No obstante, Le Pen y Bardella no son ni sombra de lo que fue De Gaulle, que se atrevió a expulsar a la OTAN de París. El Rassemblement National no está contra la OTAN, sino que quiere un acercamiento de la OTAN a Rusia. Tampoco habla de acabar con el envío de armas a Ucrania; lo que pide es “limitarlos”.

Hasta este momento Le Pen y Bardella se han limitado a hablar por la televisión. Nunca han podido poner en práctica sus políticas. Si lo pudieran hacer veríamos que no son muy diferentes de Giorgia Meloni: más de lo mismo.

¿Pero no era euroescéptica la extrema derecha?

Lo mismo ocurre con la Unión Europea. La reacción europea siempre ha sido calificada de “euroescéptica” aunque más bien ocurría el revés: los medios de comunicación han calificado como “extrema derecha” a todos aquellos que se oponían al euro y a la Unión Europea.

El Brexit fue el momento cumbre de aquella campaña intoxicadora. Creyeron que era una manera de fortalecer la unidad europea, pero se equivocaron porque la oposición a las políticas de Bruselas es cada vez mayor y sus protagonistas votan a quienes creen que encarnan esa oposición.

Las carreras de Meloni por los pasillos de Bruselas han demostrado que no es así, que la llamada “extrema derecha” es intercambiable con cualquier otro partido europeísta. Incluso se puede decir que nadie ha encarnado mejor la unidad europea que los fascistas puros y duros, empezando por Hitler. Como dijo Borrell recientemente, nadie ha pedido con más fervor su ingreso en la Unión Europea que los nazis ucranianos.

El “soberanismo” de los fascistas nunca tuvo ningún recorrido en ningún país europeo, empezando por Polonia y acabando por Países Bajos. Después de las elecciones se les ve negociando por apoderarse de los puestos más importantes porque -según dicen- quieren cambiar la Unión Europea “desde dentro”. Ursula von der Layen se reúne con Meloni y Meloni negocia con ella, antes y después de las elecciones.

Meloni se lleva mejor con Von der Layen que con otros figurines de la “extrema derecha” europea.

Estados Unidos frente a Europa: de la solidaridad a la rivalidad

En la cabeza de Trump no hay ninguna idea propia y, aunque la tuviera, no sería capaz de llevarla a cabo desde la presidencia de Estados Unidos… si es que regresa a ella el año que viene. Trump repite, con mayor o mejor fortuna, lo que le soplan al oído.

En sus peroratas suele repetir una conversación que tuvo con el dirigente de un país miembro de la OTAN que no dedicaba el 2 por cien de su PIB al gasto militar, como se había acordado en la cumbre de la OTAN de 2014 bajo la presidencia de Obama.

Un país que no cumple sus compromisos económicos es moroso, dice Trump, y si pide a la OTAN que le ayude, él se opondría, por lo que tendrá que valerse por sí mismo. Incluso “animaré a Rusia a hacer lo que quiera con ese tipo de países”, añade en el tono macarra que acostumbra.

Si eso fuera cierto, el artículo 5 de la Carta de la OTAN quedaría en evidencia como lo que realmente es. Algunos suponen que el “todos a una” es un principio básico de la OTAN, un axioma de funcionamiento automático, cuando la historia demuestra todo lo contrario. En la OTAN todos cumplen lo que Estados Unidos pone en el orden del día.

Trump destaca otra obviedad, relacionada con lo anterior: “hay un océano entre Estados Unidos y Europa”, que es un duro adversario comercial que no puede beneficiarse gratuitamente de la protección de la OTAN mientras compite económicamente con Estados Unidos.

En resumen, si Europa quiere beneficiarse del escudo americano, debe pagar por los servicios prestados.

Digámoslo con las palabras del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos: desde la caída del Muro de Berlín en 1990 hasta el Golpe de Estado en Ucrania de 2014, Europa se ha ahorrado 1.800 millones de euros en gastos militares.

Por lo tanto, según estas corrientes políticas de Estados Unidos, Europa se ha estado aprovechando del gendarme mundial y utiliza el dinero ahorrado para hacerle la competencia.

La Guerra de Ucrania ha cambiado esa situación. Ha sido una bendición para la OTAN y, de rebote, para industria de guerra de Estados Unidos. Antes sólo ocho países de 30 dedicaban el 2 por cien de su presupuesto a los ministerios militares. Ahora son 23 países sobre 32 los que han superado la barrera del 2 por cien y durante la cumbre de Washington los socios discutirán que el gasto suba al 3 por cien.

Sobra decir que los presupuestos de defensa europeos acaban en los bolsillos de la industria de guerra de Estados Unidos (en su mayor parte). Pero esa parte de la historia en Estados Unidos no cuentan.

El polvorín sigue acumulando combustible: China envía tropas a Bielorrusia

Es un acontecimiento verdaderamente sorprendente: China ha enviado tropas de su ejército a Bielorrusia para participar junto con las tropas bielorrusas en unas maniobras militares en una frontera caliente donde la OTAN tiene 115.000 soldados estacionados.

El sábado los radares de la OTAN detectaron un avión no identificado en el espacio aéreo bielorruso. Había comenzado a emitir una baliza transpondedora, pero no se identificaba.

El avión aterrizó en una base militar en Bielorrusia y rápidamente la inteligencia militar echó un vistazo. No fue necesario porque Rusia y Bielorrusia lo hicieron público: se trataba de un avión de carga del Ejército Popular de Liberación de China que desplazaba tropas.

Poco después del aterrizaje, un pequeño contingente de soldados del ejército chino desembarcó y fue recibido calurosamente por oficiales militares bielorrusos.

La advertencia a la OTAN no es nada sutil: China apoya a Rusia y las líneas rojas enpiezan en Bielorrusia.

El aterrizaje demostraba otra sorpresa: las fuerzas combinadas de los tres países son interoperables, algo que aún no había sido confirmado por la OTAN.

La presión de la OTAN contra Rusia tiene por objeto inmovilizar alrededor de las 300.000 tropas estacionadas en la frontera con Ucrania. Ahora China entra en la partida y Rusia puede utilizar esos 300.000 soldados en Ucrania sin tener que preocuparse de que la OTAN entre en Bielorrusia.

Se trata de un cambio muy significativo en la balanza de fuerzas en Europa del este. El polvorín sigue acumulando combustible.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies