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Día: 17 de junio de 2024 (página 1 de 1)

El New York Times publica el tratado de paz firmado en 2022 por Ucrania y Rusia

No era propaganda rusa. Después de iniciada la guerra, entre febrero y abril de 2022, Rusia y Ucrania mantuvieron negociaciones de paz en Estambul y llegaron a firmar un proyecto de tratado que ahora el New York Times publica (*).

El periódico cita versiones de los borradores de tratados del 17 de marzo y 15 de abril de 2022, así como un comunicado conjunto acordado el 29 de marzo.

Ucrania quería garantías internacionales de seguridad de que, en caso de un segundo ataque, los aliados acudirían en su defensa (incluido el cierre de su espacio aéreo), así como la aplicación del tratado en las “fronteras internacionalmente reconocidas” de Ucrania.

Rusia exigió el levantamiento de las sanciones impuestas desde 2014, el reconocimiento de Crimea como parte de Rusia y la independencia de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

Ucrania debía prohibir la propaganda nazi y fascista, que sería considerada como delito. También quedarían prohibidas las manifestaciones, la erección de monumentos y memoriales y el cambio de nombres de calles en honor de personajes fascistas.

El primer borrador del acuerdo imponía restricciones sobre el tamaño del ejército ucraniano y la cantidad de tanques, baterías de artillería, buques de guerra y aviones de combate que el país podría tener en su arsenal.

Los ucranianos estaban dispuestos a aceptar tales restricciones, pero intentaron elevar el umbral, señala el New York Times. Sin embargo, en Washington se alarmaron. Un diplomático espetó a sus colegas ucranianos que se trataba de un “desarme unilateral”. Según un diplomático europeo, Polonia temía que Alemania o Francia intentaran convencer a los ucranianos de aceptar las condiciones de Rusia.

Unos días después, el 29 de marzo, se reunieron en Estambul delegados de Rusia y Ucrania. En esa reunión, Rusia “prestó menos atención a sus reivindicaciones territoriales”. Ucrania resumió el acuerdo propuesto en un documento de dos páginas, llamado “Comunicado de Estambul”.

El estatuto de Crimea se determinaría dentro de 10 a 15 años, mientras que Ucrania prometió no intentar recuperar la península por la fuerza.

Zelensky y Putin debían reunirse en persona en 2022 para finalizar el tratado de paz y acordar qué parte del territorio ucraniano permanecería bajo control ruso.

Rusia proporcionó garantías de seguridad a los ucranianos, que al parecer incluían acuerdos con varios países, incluidos Reino Unido, China, Rusia, Estados Unidos, Francia, Turquía, Alemania, Canadá, Italia, Polonia e Israel.

Los Estados garantes debían acordar que en caso de agresión, ataque armado u operación militar contra Ucrania, cada uno de ellos proporcionaría asistencia a Ucrania después de consultas urgentes e inmediatas.

En marzo y abril de 2022 Putin “redujo sus exigencias”, según un miembro de la delegación ucraniana. Al mismo tiempo, los dirigentes rusos “enviaron públicamente señales contradictorias sobre si el Kremlin está realmente dispuesto a firmar el acuerdo”, asegura el New York Times. Por este motivo, rusos y ucranianos volvieron a las negociaciones por videconferencia, intercambiando borradores de contratos a través de plataformas digitales de mensajería.

En abril de 2022 el oligarca Roman Abramovich participó en las negociaciones. Putin “pidió a los negociadores que se centraran en cuestiones clave y las resolvieran rápidamente”. El 15 de abril la delegación rusa envió a Putin un borrador de tratado de 17 páginas. El New York Times señala que en las primeras páginas del acuerdo las partes rusa y ucraniana “tenían puntos en común”.

Ambas partes acordaron que a Ucrania se le concedería el estatus de país neutral y se le permitiría unirse a la Unión Europea. Por su parte, Rusia abandonaba su exigencia de que Ucrania reconociera inmediatamente a Crimea como parte integrante de Rusia.

Uno de los obstáculos fue el alcance de las armas que Ucrania podía utilizar. Rusia quería que el alcance de tiro de los misiles ucranianos se limitara a 40 kilómetros, Ucrania a 280 kilómetros, suficientes para alcanzar objetivos en el territorio de Crimea.

Rusia quería que Ucrania aboliera las leyes relativas al idioma y la identidad nacional, así como que retirara las tropas ucranianas “a lugares de despliegue permanente o a lugares acordados con la Federación Rusa”.

El New York Times califica la quinta cláusula del tratado, que trata de las “potencias garantes” de Ucrania (Gran Bretaña, China, Rusia, Estados Unidos y Francia) como el mayor problema. Rusia incluyó una cláusula en el acuerdo según la cual se tomarían represalias en caso de ataque a Ucrania debía aprobarse “sobre la base de una decisión acordada por todos los Estados garantes”.

Kiev consideró que este último punto constituía una violación de los términos del tratado de paz. Como explica el New York Times, esta cláusula significaba que Rusia “podría invadir Ucrania nuevamente y vetar cualquier intervención militar”. Después de este cambio, según uno de los miembros del equipo negociador ucraniano, Kiev “no estaba interesada en continuar las negociaciones”.

El 16 de abril la revista Foreign Affairs reveló que Ucrania no había consultado con Estados Unidos antes de llegar a un acuerdo durante las negociaciones con Rusia, lo cual era inaceptable.

El 14 de junio Putin enumeró las condiciones para el cese de las hostilidades en Ucrania. Entre esas condiciones está la retirada de las tropas ucranianas del Donbas, así como de las regiones de Jerson y Zaporiya. Zelensky ha calificado las propuestas de Putin de “ultimátums” y dijo que Ucrania no podía confiar en ellas.

(*) https://static01.nyt.com/newsgraphics/documenttools/17f655b584276917/07ec81ce-full.pdf

Estados Unidos vuelve a desatar una carrera de armamentos nucleares

Las potencias nucleares están modernizando sus arsenales, especialmente los nucleares, ante las crecientes tensiones políticas en el mundo. El gasto en este área ha aumentado en un tercio en los últimos cinco años y Estados Unidos representa el 80 por cien de dicho aumento.

Según un informe de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), los nueve Estados poseedores de armas nucleares (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Israel, Pakistán y Corea del norte) gastaron en su conjunto el último año 91.000 millones de dólares.

Otro informe publicado por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) encontró que estos países han aumentado significativamente su gasto a medida que modernizan sus armas nucleares, o incluso despliegan otras nuevas.

“Creo que es justo decir que está en marcha una carrera de armamentos nucleares”, dijo la directora de la ICAN, Melissa Parke.

Wilfred Wan, director del programa de Armas de Destrucción Masiva del Sipri, afirmó que “desde la Guerra Fría, las armas nucleares nunca han desempeñado un papel tan importante en las relaciones internacionales”. Según el Sipri, el número total estimado de ojivas nucleares existentes en el mundo ha disminuido ligeramente: el mundo tenía 12.121 a principios de año, frente a 12.512 el año anterior.

Algunas de estas ojivas deben ser desmanteladas, pero hay 9.585 disponibles en existencias para su uso potencial, nueve más que el año pasado, y 2.100 se mantienen en alerta operativa máxima, es decir, listas para su uso inmediato en los misiles balísticos. Casi todas estas ojivas nucleares pertenecen a Rusia y Estados Unidos, que por sí solos poseen el 90 por cien de las armas nucleares del mundo.

El Sipri también estima por primera vez este año que China tiene “algunas ojivas en alerta operativa”.

Aunque “el número total de ojivas nucleares sigue disminuyendo a medida que se van desmantelando gradualmente las armas de la época de la Guerra Fría”, de año en año se observa un aumento en el “número de ojivas nucleares operativas” de la proporción de potencias nucleares.

El gasto mundial en armas nucleares aumentó en 10.800 millones de dólares en 2023 año tras año y Estados Unidos representó el 80 por cien de este aumento. La participación de Estados Unidos en el gasto total, 51.500 millones de dólares, es mayor que la de todos los demás países con armas nucleares juntos. Le siguen China (11.800 millones de dólares) y Rusia (8.300 millones de dólares). Los británicos aumentaron significativamente su gasto (+17 por cien hasta 8.100 millones de dólares) por segundo año consecutivo.

Las potencias nucleares gastaron juntas 2.898 dólares por segundo el año pasado para financiar estas armas. El gasto en armas nucleares ha aumentado un 33 por cien desde 2018 (a 68.200 millones de dólares), cuando la ICAN comenzó a recopilar datos. Estos países han gastado unos 387.000 millones de dólares en estas armas durante estos años.

La ICAN recibió el Premio Nobel de la Paz en 2017 por contribuir a la adopción de un tratado histórico que prohíbe las armas atómicas. 70 países han ratificado el tratado, pero ninguna potencia nuclear.

Bill Gates pone su dinero en los reactores nucleares

Desde que se cansó de los ordenadores, Bill Gates se pasó a especular con otras actividades económicas más lucrativas, como la medicina y ahora a las inversiones “verdes”, en particular, a una nueva generación de reactores nucleares.

Acaba de invertir 4.000 millones de dólares en una empresa llamada TerraPower, dedicada a fabricar reactores nucleares avanzados.

El magnate quiere iniciar las obras de construcción en el emplazamiento de Kemmerer, una pequeña localidad de Wyoming que está cerrando una central de carbón. El primer reactor nuclear, que se acabará de construir en 2030, tendrá una potencia de 345 megavatios y, por primera vez en Estados Unidos, utilizará técnicas de refrigeración por sodio.

Bill Gates ve este reactor de sodio como el futuro energético de Estados Unidos. Según él, estos proyectos deben tener éxito para permitir un suministro energético limpio, barato y abundante.

TerraPower es una empresa emergente de ingeniería de diseño de nuevos reactores nucleares fundada por Gates, entre otros. Tiene su sede en Bellevue, Washington y desde 2008 explora la instalación de reactores más simples.

El Departamento de Energía de Estados Unidos también ha puesto 2.000 millones de dólares.

La nueva generación de reactores nucleares rápidos se denominan “de ondas viajeras”. Coloca un pequeño núcleo de combustible enriquecido en el centro de una masa mucho mayor de material no fisionable, en este caso uranio empobrecido. Los neutrones de la fisión en el núcleo generan nuevo material fisionable en la masa circundante, produciendo plutonio-239, que es el ingrediente fundamental de las armas nucleares.

La empresa es un subproducto de la guerra nuclear. Reunió una plantilla de de 560 trabajadores, especialmente expertos procedentes del programa de submarinos nucleares de la Marina de Estados Unidos, incluido su actual director, Chris Levesque, que trabajó en los submarinos durante 14 años.

Trump promete poner fin a la ayuda a Ucrania si llega a la presidencia

Desde que comenzó la Guerra de Ucrania en 2022, Estados Unidos ha inyectado miles de millones de dólares en ayuda militar y económica al gobierno de Kiev, que han contribuido a prolongarla durante este tiempo.

Los fondos también han permitido, en particular, sostener una economía gravemente afectada.

Ucrania se ha vuelto un país completamente dependiente de Estados Unidos y ahora llegan las elecciones presidenciales. Durante un mitin en Detroit, Trumpha anunciado que pondrá fin a los “pagos interminables” al gobierno ucraniano.

Además criticó abiertamente a Zelensky por lo su dependencia excesiva de los fondos estadounidenses. Según Trump, cada visita de Zelensky a Estados Unidos da como resultado la obtención de sumas colosales de dinero, citando la reciente cifra de 60.000 millones de dólares.

Lo mismo que una parte importante del partido republicano, Trump siempre ha mostrado su renuencia a involucrarse demasiado en conflictos internacionales y ahora promete resolver la situación ucraniana y evitar cualquier participación en combates, incluso en la Franja de Gaza, si llega a la presidencia.

Sus declaraciones plantean interrogantes sobre el futuro enfoque de Estados Unidos en política exterior, particularmente hacia Ucrania y otras áreas mundiales de tensión… si se cumplen, lo cual es algo que está por ver, porque en su anterior presidencia no sonsiguió cumplir con buena parte parte de sus promesas electorales.

Poner fin a la ayuda estadounidense podría socavar gravemente la capacidad de Ucrania para resistir el empuje ruso. Además, enviaría una señal a la Unión Europea para que hiciera lo mismo.

El compromiso de Estados Unidos con sus aliados sólo depende de Estados Unidos y, en este caso concreto, de la capacidad de Trump para realizar cambios significativos en política exterior. En otras palabras, el apoyo a Ucrania no depende de Trump sino de factores objetivos, como el contexto político.

También depende de los equilibrios en el Congreso, donde muchos miembros, tanto demócratas como republicanos, han apoyado hasta ahora la ayuda a Ucrania.

En cualquier caso, el anuncio de Trump introduce una notable incertidumbre en el compromiso estadounidense con Ucrania y con otros países del mundo. Los países más dependenientes no deberían fiarse de las buenas palabras que llegan de Washington.

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