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Día: 15 de mayo de 2024 (página 1 de 1)

Un general estadounidense admite la presencia de fuerzas especiales británicas en Ucrania

El general estadounidense Bryan Fenton dijo a la agencia Associated Press que Estados Unidos estaba aprendiendo mucho del papel de las fuerzas especiales británicas en la Guerra de Ucrania. El Ministerio de Defensa británico se negó a comentar la información que, posteriormente, fue eliminada por la agencia.

El general es un bocazas y un patoso que dirige el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (USSOCOM) y fue entrevistado por la Associated Press para explicar los planes de reestructuración de los comandos de “Boinas Verdes”, basándose en las experiencias aprendidas por las fuerzas especiales británicas en Ucrania.

“Se podría aumentar un destacamento de 12 personas”, dijo Fenton, explicando que a medida que la guerra se vuelve más tecnológica, los comandos podrían necesitar un informático.

Es una de las “lecciones aprendidas de la experiencia en Ucrania, principalmente a través de los ojos de nuestros socios de operaciones especiales británicos, quienes no sólo lo hicieron en sus formaciones, sino que también aprendieron muy rápidamente que necesitaban otros elementos” en su fuerza conjunta, añadió el general.

Las unidades de comandos británicos necesitaban asesoramiento de los pilotos de la Royal Air Force para las operaciones con drones y del personal naval “para ayudarlos a comprender, más que un compañero de equipo de las SOF [fuerzas de operaciones especiales británicas], la forma en que un barco navega en el Mar Negro”.

La presencia de tropas occidentales en Ucrania siempre ha sido un secreto a voces y ahora los gritos son estridentes. Un portavoz del Ministerio de Defensa se negó a comentar la entrevista de Fenton, limitándose a una fórmula preparada de antemano: “Es una política de larga data de los sucesivos gobiernos no comentar sobre las fuerzas especiales británicas”. Luego la Associated Press censuró una parte de su propia entrevista, eliminando los comentarios del general sobre las fuerzas especiales británicas en Ucrania (*).

Estas fuerzas comprenden varias unidades de élite, incluido el Servicio Aéreo Especial, el Servicio de Embarcaciones Especiales, el Regimiento de Reconocimiento Especial, el Grupo de Apoyo de Fuerzas Especiales, el Regimiento de Señales 18 y el Ala de Aviación de las Fuerzas Especiales.

Los Royal Marine Commandos y el Ranger Regiment también incluyen fuerzas capaces de realizar operaciones especiales.

En abril de 2022 los dirigente militares ucranianos reconocieron al Times e que las fuerzas especiales estaban en Ucrania entrenando a reclutas ucranianos con misiles antitanques suministrados por los británicos, conocidos como NLAW.

Un alto funcionario europeo de defensa también admitió en febrero: “Todo el mundo sabe que hay fuerzas especiales occidentales en Ucrania, pero no lo han reconocido oficialmente”.

La iniciativa de enviar abierta y oficialmente tropas occidentales a Ucrania fue lanzada por el presidente francés, Emmanuel Macron. En declaraciones a The Economist a finales de abril, Macron dijo que consideraría enviar tropas “si los rusos logran atravesar las líneas del frente” o “si hay una solicitud ucraniana, que no es el caso hoy”.

Rusia ha lanzado varias advertencias en respuesta a los comentarios de Macron, diciendo que las tropas enviadas a Ucranino tendrían a sufrirían la misma suerte que el ejército de Napoleón, que perdió más de 300.000 soldados durante su invasión de Rusia en 1812. La diferencia es que Macron sólo puede enviar al frente unos dos mil, que ni siquiera tendrían un carácter testimonial.

(*) https://apnews.com/article/army-special-forces-troops-cuts-ukraine-lessons-ac7c41d5d9f299fadc96f2c2520c2abf

Rusia: un economista al frente del Ministerio de Defensa significa economía de guerra

El viernes Putin remodeló el gabinete y dos días después anunció que el general Serguei Shoigu no sería reelegido al frente del Ministerio de Defesa, un cargo que ocupaba desde 2012.

Será reemplazado por un economista, Andrei Belusov, de 65 años, especialista en temas industriales que hasta ahora era el primer vicepresidente del gobierno formado en 2020. Su papel es preparar a Rusia para un estado de guerra permanente con la OTAN. El presupuesto militar es ya del 6,7 por cien del PIB y en lo sucesivo irá a más.

Recientemente Putin dijo que el Ministerio de Defensa debe “estar absolutamente abierto a la innovación, a la introducción de todas las ideas avanzadas, a la creación de condiciones para la competitividad económica”.

“Hoy en día, en el campo de batalla, gana quien está más abierto a la innovación”, repitió Dmitry Peskov, el portavoz del Kremlin.

Según la agencia Reuters, Belusov desempeñó un papel importante en el desarrollo de la fuerza rusa de drones. Ahora se va a encargar de reestructurar el aparato administrativo del Ministerio de Defensa, que en Rusia no tiene un carácter militar tan acusado como en otros países. La misión principal del ministro de Defensa es colaborar con la industria de guerra y organizar la burocracia militar.

Belusov tiene experiencia en gestión administrativa, ya que ha trabajado en el Kremlin desde el cambio de siglo. Entre 2013 y 2020 fue asesor de Putin en asuntos económicos.

En cuanto a Shoigu, fue el creador del Ministerio de Situaciones de Emergencia, del que estuvo a la cabeza entre 1994 y 2012. Llegó a Defensa tras el desastre de Anatoly Serdyukov, involucrado en un escándalo de corrupción.

Su antecesor en el cargo, después de reducir el ejército, se dedicó a privatizarlo. Shoigu tuvo que dar marcha atrás. El ejército dejó de comprar equipo militar extranjero en favor de productos de la industria de defensa rusa.

También lo reorganizó. Las divisiones, previamente reestructuradas en brigadas, fueron reintegradas. Formó las fuerzas de operaciones especiales y, en 2015, las fuerzas aeroespaciales.

En 2019 el número de trabajadores subcontratados en el ejército superó por primera vez al de soldados y marineros que realizaban el servicio militar obligatorio: 400.000 frente a 267.000 respectivamente.

Shoigu será nombrado secretario del Consejo de Seguridad, en sustitución de Nikolai Patrushev. Al mismo tiempo será el adjunto de Putin en la Comisión de la Industria Militar y dirigirá el trabajo de la Agencia de Cooperación de la Industria Militar, que deja así el Ministerio de Defensa y pasa al Consejo de Seguridad.

Si Belusov parece encargado de llevar la economía a la guerra, a Shoigu le corresponde llevar la guerra a la economía.

Una colonia disfrazada de imperio: Manchukuo

La Segunda Guerra Mundial acabó en agosto de 1945 cuando el Ejército Rojo entró en el Estado fantoche de Manchukuo para aplastar al ejército japonés. Sólo los países fascistas habían reconocido uno de esos ridículos imperios que han aparecido en la historia moderna para trapar con trajes de gala una situación colonial en el Extremo Oriente.

Manchukuo era una colonia disfrazada de imperio, una parte de China en lo que a veces se llamó Manchuria interior, tradicionalmente sometida a la Rusia zarista, que en 1896 obtuvo la adjudicación de un contrato para la construcción de una línea ferroviaria que prolongaba el Transiberiano hasta lo que hoy es la ciudad portuaria china de Dalian, que entonces se llamaba Port Arthur, donde pretendían establecer la flota del Pacífico.

El proyecto estratégico ruso lo financiaron los bancos franceses y, además, de su objetivo militar, el puerto debía servir para el comercio marítimo y de terminal ferroviaria conectada a la red rusa y china.

No había pasado un decenio cuando en 1904 Japón atacó sorpresivamente a la Flota rusa en Dalian. Empezó así la guerra ruso japonesa, la primera guerra imperialista, que, a su cez, estuvo en el origen de la primera revolución rusa.

Japón venció en la guerra, se apoderó de la península de Corea y de la mayor parte de la línea ferroviaria. El resto, llamado “Ferrocarril Oriental Chino”, permaneció en manos rusas hasta que los soviéticos lo devolvieron al Estado fantoche de Manchukuo en 1935.

Al año siguiente Tokio creó la Compañía de Ferrocarriles del Sur de Manchuria, más conocida por SMR (South Manchuria Railways) o Mantetsu (“Man” de “Manchuria” y “Tetsu” de “hierro”). Era una empresa pública, con una minoría de acciones en propiedad privada. El Estado japonés garantizaba las obligaciones del SMR en Londres. Como representante del accionista mayoritario, el gobierno nombra la junta directiva.

Inmediatamente Japón puso en marcha un ferrocarril a lo largo de la costa de Corea y amplió la duración de la concesión ferroviaria rusa, inicialmente limitada a 25 años, a 99 años.

Mucho más que una línea ferroviaria

Además de una empresa, Mantetsu era el típico “zaibatsu” japonés, un Estado dentro de otro que ejercía funciones casi soberanas gracias al refuerzo del ejército de Kwantung, una división de infantería japonesa con base en Dalian que, a la vez, custodiaba el ferrocarril.

La necesidad de carbón para alimentar las locomotoras obligó a SMR a apoderarse de las minas de carbón de Manchuria. La mina Anshan se inauguró en 1919 y se convirtió inmediatamente en una de las más productivas del mundo. A su vez, a la mina se le unió un complejo siderúrgico para fabricar raíles, trenes y locomotoras.

A los costados de las vías se crean nuevas ciudades y SMR se convirtió en un promotor inmobiliario, gestionó hoteles, contrató obras y suministró servicios urbanos y médicos. Luego pasó al sector eléctrico y realizó sondeos en los yacimientos petrolíferos de Daqing. El refinado y la minería del carbón dan lugar a industrias de transformación química (fertilizantes, gas ciudad, gasolina o caucho sintético).

A partir de 1914 Manchuria experimentó un crecimiento económico espectacular. Un tercio de la soja del mundo proviene de sus tierras. A lo que se suman otras producciones lucrativas, una de las cuales es algo encomiable: el opio refinado hasta convertirlo en morfina, utilizado en las famosas “píldoras rojas” que asolarán el Extremo Oriente hasta 1945.

Entre 1905 y 1930, Manchuria vio multiplicarse sus exportaciones por 15 y sus importaciones por 12. En cuanto a la producción industrial, creció entre un 12 y un 20 por cien anual. El señor de la guerra local, Chang Tso-lin, era el hombre más rico de China y SMR la empresa más grande del Extremo Oriente.

En torno a SMR se crean nuevos conglomerados empresariales, de los que suele ser el principal accionista. La más conocida de estas empresas nacidas en Manchukuo y que han llegado hasta nuestros días es Nissan. Se reunieron pequeños fabricantes japoneses y la empresa así creada se instaló en Hsinking, nuevo nombre de Changchun, capital de Manchukuo, donde construyó camiones para el ejército de Kwantung a partir de 1936.

El auge económico atrajo capitales de todo el mundo, especialmente británicos. SMR tenía casi 40.000 trabajadores. Adquirió tal poder que sus intereses acabaron determinando la política exterior de Japón. Cuando en 1941 comenzó en el Pacífico la Segunda Guerra Mundial, en varias áreas estratégicas, como el acero, la producción de Manchukuo era superior a la de Japón.

Japón inicia la invasión de Manchuria

Matsuoka Yotsuke

En 1928 el vicepresidente de SMR era el japonés Matsuoka Yotsuke. Es el responsable de que Japón abandonara la Sociedad de Naciones en 1933 en respuesta a la condena de la organización internacional a la invasión de Manchuria. Entre 1893 y 1904 vivió en Estados Unidos.

En 1940, como ministro de Asuntos Exteriores de Japón, firmó la alianza con la Italia fascista y la Alemania nazi. Así es como, en plena guerra mundial, nació el Eje fascista. Murio en 1946 cuando iba a ser juzgado por crímenes de guerra.

Japón consideraba a Manchuria como su “espacio vital”. Sin su conquista, nunca podría entrar en el selecto club de las grandes potencias imperialistas de la época. El “imperio del sol naciente” empezaba en el territorio de China y la conquista y colonización no habría sido posible sin los trenes de SMR. Gracias a las vías, fue una guerra relámpago que se acabó en tres meses.

“O la revolución impide la guerra, o la guerra desencadena la revolución”. La guerras que inició Japón en el Extremo Oriente desataron dos revoluciones, en 1905 en Rusia y en 1933 en China.

La guerra empezó en 1931 con el llamado “incidente de Mukden”, una localidad que hoy se llama Shenyang. Fue un atentado de falsa bandera: una bomba destruyó un tramo de las vías de SMR cerca de la ciudad. A pesar de una manifiesta inferioridad de fuerzas frente a China, 14.000 contra 250.000 soldados, el ejército de Kwantung, al mando del coronel japonés Ishiwara Kanji, derrotó al ejército nacionalista chino.

El personal japonés de SMR, que eran dos tercios de sus casi 40.000 trabajadores en los años treinta, estaba militarizado y proporcionaba la retaguardia del ejército de Kwantung.

China recurrió a la Sociedad de Naciones, que formó la Comisión Lytton para investigar el “incidente” pero, como es característico, no investigó nada. Se limitó a repetir la versión japonesa, que fue la oficial, hasta los juicios de Tokio por crímenes de guerra de 1946.

Uno de los oficiales más conocidos del ejército de Kwantug fue el general coreano Park Chung-hee, un sátrapa que cambió de baando al acabar la guerra mundial: de ser un lacayo de Japón pasó a ser un lacayo de Estados Unidos, que le puso al frente del gobierno de Corea en 1961.

A Manchukuo no le faltaba de nada. Japón le regaló un emperador y un partido único, Concordia, al más puro estilo fascista, que la mayor parte de las veces era imposible diferenciar de SMR, la “gran empresa cuartel”.

El artífice de la reconstrucción de Japón en la posguerra, el Primer Ministro Kishi Nobusuke, fue viceministro de desarrollo industrial de Manchukuo en 1935 y ministro de Municiones durante la Segunda Guerra Mundial.

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