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Día: 16 de marzo de 2024 (página 1 de 1)

‘Desde el río hasta el mar’: una consigna para acabar en las mazmorras

La policía alemana ha detenido a una militante solidaria con Palestina por sus publicaciones en las redes sociales y ha confiscado sus móviles y ordenadores. Así está la libertad de expresión en Europa, muy lejos de los cantos de sirena de los tertulianos de la tele.

La mujer de 41 años fue detenida el miércoles por la mañana en Berlín después de que la policía registrara su vivienda con el pretexto de que había “usado símbolos de organizaciones anticonstitucionales”, dijo la policía en un comunicado oficial.

Se le acusa de haber publicado, en cuatro ocasiones desde octubre, en las redes sociales “contenidos criminales” relacionados con la guerra actual en Gaza, como el lema “Desde el río hasta el mar”.

La consigna “From the river to the sea, Palestine will be free” es una de las más coreadas en las manifestaciones que se convocan en los países anglófonos. Se refiere a la reivindicación de un Estado palestino desde el río Jordán hasta el Mar Mediterráneo.

“Durante el registro le incautaron tres móviles, dos ordenadores y un disco duro. La mujer fue detenida para su identificación y luego liberada”, dice la policía.

Varios estados alemanes, incluidos Baviera y Berlín, prohibieron el lema “Del río al mar, Palestina será libre” a finales del año pasado por considerarlo “antisemita”.

Alemania, el aliado incondicional de Israel, está reprimiendo severamente las protestas públicas en favor de Palestina y ha prohibido docenas de manifestaciones en las principales ciudades desde que se inició el ataque israelí contra Gaza.

En noviembre del año pasado el gobierno disolvió Samidoun, un colectivo solidario al que la policía acusa de festejar en Berlín el ataque del 7 de octubre contra Israel. Además del antisemitismo, la coartada represiva es que la solidaridad con Palestina es apoyo a Hamas y, por lo tanto, a eso que ellos califican como “terrorismo”.

Lo mismo ha ocurrido en otros países europeos, como Reino Unido o Francia. Por eso, después de lograr que Palestina sea libre, hay que ponerse a conseguir lo mismo en los países europeos.

El gobierno británico está detrás del ataque terrorista contra el Nord Stream

En las diversas hipótesis que han circulado sobre el atentado de setiembre de 2022 contra el gasoducto Nord Stream, los británicos están ausentes. Sin embargo, cinco días antes de los ataques, la primera ministra Liz Truss dijo en la Asamblea General de la ONU: “Cortamos los suministros y oleoductos tóxicos de los regímenes autoritarios y fortalecemos nuestra resiliencia energética. Nos aseguraremos de que las acciones imprudentes de actores deshonestos en el extranjero no nos coaccionen ni nos perjudiquen”.

Se le debió escapar, porque al día siguiente se reunió con miembros de la Casa Blanca y repentinamente desapareció de los focos… para reaparecer tres días después del atentado.

Alec Shelbrook

Una semana después Alec Shelbrooke, ministro para Adquisiciones de Defensa, visitó la Base Naval Clyde en Gare Loch, Faslane, Escocia. El cargo de Shelbrooke era una tapadera. En realidad el ministro tiene varias vidas paralelas, como la de diputado del partido conservador y embajador británico ante la OTAN. También era el jefe del equipo DTXG de la Royal Navy, una unidad especializada del Special Boat Service (SBS) del ejército británico.

El DTXG, acrónimo de Diving & Threat Exploitation Group, es un equipo de élite de buzos de la Royal Navy, es decir, hombres rana expertos en remoción de minas submarinas. Se creó a principios de 2022, unos meses antes de los ataques contra el Nord Stream, tras una reestructuración y un cambio de siglas dentro de la Royal Navy que reemplazó el antiguo escuadrón de buceo de la flota.

También tiene la tarea de realizar operaciones especiales encubiertas. Para ello está dotado de tecnologías modernas e innovadoras, como vehículos submarinos autónomos y vehículos operados remotamente (conocidos como AUV y ROV).

La base que Shelbrooke visitó alberga los minisubmarinos que utilizan los buzos para salir y volver a entrar durante misiones en aguas profundas. Se produjo una semana después del atentado al Nord Stream y el ministro estuvo acompañado de un periodista, a quien explicó el papel de la OTAN y de Reino Unido en la Guerra de Ucrania: “Es nuestra guerra tanto como la de Ucrania”.

Luego, Shelbrooke inspeccionó un submarino en particular, el HMS Ambush (S120) de la Royal Navy, que estaba cubierto con una lona y se reunió con el capitán y la tripulación.

Algunos días después, Truss se vio obligada a dimitir como primera ministra y Shelbrooke se largó del gobierno con ella. El director de la base también fue despedido. Al mismo tiempo, Rusia acusó oficialmente a “especialistas navales británicos” de estar detrás de los ataques, lo que llevó al Parlamento británico a iniciar una investigación sobre el DTXG, que fue rápidamente bloqueada por Ben Wallace, entonces Secretario de Defensa.

Un cursillo de terrorismo subacuático

A finales de enero de 2022 tuvo lugar un cursillo de terrorismo subacuático en la Estación Aérea Naval de Key West, Florida, en Estados Unidos. Durante siete días Shelbrooke enseñó a la sección de Dispositivos Explosivos Improvisados ​​(C-IED) del FBI y a tres equipos de Eliminación de Artillería Explosiva (EOD) de la Marina de Estados Unidos a estudiar los restos de una explosión bajo el agua.

Los aspectos teóricos del cursillo incluyeron la asistencia a diversos talleres, como el impartido por el comandante del DTXG de la Royal Navy, Sean Heaton. En los aspectos prácticos, los alumnos participaron en eventos submarinos simulados posteriores a una explosión, recogiendo pruebas para su análisis en una instalación forense móvil.

La investigación de una explosión submarina implica el dominio de las técnicas características de las intervenciones policiales sobre el escenario de un crimen, como recolectar pruebas, entrevistar a testigos y hacer deducciones lógicas sobre las personas responsables de los ataques.

Siempre se cumple el principio de que quien es capaz de analizar minuciosamente un crimen, es el candidato perfecto para cometerlo sin dejar muchas pistas.

—https://nordstreambymortymer.blogspot.com/

China tiende la tubería más larga del mundo para transportar hidrógeno ‘verde’

Los países con futuro tiene proyectos que, si son grandes, demuestran confianza en aquello que planifican. Los que no lo tienen, como España, pierden el tiempo en salir de su atasco y de sus miserias cotidianas.

China tiene grandes proyectos que exigen cuantiosas inversiones en infraestructuras, normalmente relacionadas con la energía, bien la solar, la nuclear, la hidroelectrica o incluso la eólica.

Recientemente han anunciado un nuevo proyecto faraónico en este sector. Consiste en tender la tubería más larga del mundo para transportar hidrógeno “verde”. Se llama Zhangjiakou Kangbao – Caofeidan porque conectará ambas ciudades y tendrá una longitud de 737 kilómetros.

La tubería tiene varios objetivos. El primero es encaminar y transportar hidrógeno verde cerca de Pekín, ya que Caofeidan se encuentra a unos 250 kilómetros de la capital china. El segundo es fabricar pilas de combustible de hidrógeno para el sector del transporte pesado.

Sin embargo, China no es el único país que aborda proyectos de este tipo. Varios países están recurriendo al tendido de largas tuberías para transportar hidrógeno de forma rápida y barata.

Esos programas demuestran que el hidrógeno “verde” se ha vuelto la panacea, en un momento en el que muchas empresas y Estados buscan alternativas a las energías convencionales.

La diferencia es que China no opta por unas u otras energías, sino que desarrolla todas, tanto si son “verdes” como “marrones”.

Los ataques en el Mar Rojo son el resultado del colonialismo y la piratería occidentales

Desde la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña ha seguido siendo el socio menor del imperialismo estadounidense. La última campaña de bombardeos angloestadounidenses en Yemen no es una excepción.

La agresión británica hacia Yemen, sin embargo, es anterior a los objetivos estadounidenses. Tiene sus raíces en las prácticas gemelas de piratería y colonialismo sobre las que se construyó el Imperio Británico.

Las actitudes recíprocas de británicos y yemeníes hoy siguen marcadas por el legado de aquella violenta historia. Su sombra se cierne sobre las estrategias empleadas por el imperialismo occidental para librar la guerra marítima en nuestro tiempo. Las lecciones de esta historia guían la resistencia yemení contemporánea.

Al igual que sus homólogos estadounidenses, los dirigentes británicos pretenden justificar sus actuales bombardeos sobre Yemen por la necesidad de proteger el tráfico marítimo internacional contra elementos “deshonestos”, como el movimiento Ansarollah, conocido en los medios de comunicación como huthíes.

Los imperialistas presentan sus acciones bajo la cobertura del derecho internacional, la salvaguarda de la estabilidad mundial y la búsqueda de la prosperidad económica. Pero el largo proceso histórico de construcción del imperio se basó en comportamientos diametralmente opuestos.

En comparación con Estados Unidos, Gran Bretaña tiene una tradición más larga en la construcción de imperios. La riqueza y el poder de Gran Bretaña se basaron en la piratería. Hollywood ha hecho del Caribe el escenario más famoso de esta saga. En realidad, la influencia de la piratería en el orden político del Imperio Británico se extendió hasta las costas de la Península Arábiga y el subcontinente indio.

En el siglo XVII las incursiones marítimas de las florecientes potencias europeas, en particular los holandeses, los franceses y, sobre todo, los británicos, se convirtieron en un medio para saquear la riqueza española acumulada en el “Nuevo Mundo” mediante la expropiación de los nativos y la esclavitud de los africanos.

En aquel momento, la piratería británica iba desde el saqueo de la colonia española de Panamá por parte de Henry Morgan hasta la recuperación de los tesoros monetarios de las armadas hundidas por parte de William Phips.

Este último financió en parte la creación del Banco de Inglaterra. Los piratas fueron apoyados y celebrados por la corona británica. Se les llamaba afablemente “prospecdores” o “corsarios”. Los más ricos, como Morgan y Phips, fueron nombrados caballeros y obtuvieron cargos políticos.

En el siglo XVIII el poder marítimo británico eclipsó a su rival español y se expandió a escala mundial. Para consolidar el Imperio, fue esencial asegurar el comercio marítimo atlántico en lugar de perturbarlo.

Una serie de ordenanzas legales, incluida la Ley Prize de 1692 y la Ley de Piratería de 1700, regularon el saqueo marítimo y dictaminaron sobre su legalidad en los tribunales del almirantazgo. Como resultado, la piratería fue despojada gradualmente de su carácter patriótico, e incluso romántico.

Con el tiempo, la fuerza de la armada británica aumentó, mientras que el número de flotas piratas disminuyó. Estos dos fenómenos son dos caras de la misma moneda: la conquista colonial.

En este contexto de represión, muchos piratas abandonaron el Caribe para tomar rutas más lucrativas en Oriente, a lo largo del Mar Rojo, el Mar Arábigo y el Océano Índico.

Gran Bretaña aún no había sometido por completo a sus adversarios árabes y mogholes en la región. Por lo tanto, siempre que tuviera como objetivo barcos enemigos, la piratería era tolerada y, en algunos casos, alentada. La principal fuerza saqueadora de la India, sin embargo, permaneció en manos de la Compañía de las Indias Orientales, legalmente autorizada.

Hacia mediados del siglo XIX Gran Bretaña se convirtió en el imperio mundial de cabecera. Las rutas comerciales marítimas servían en gran medida a los intereses económicos británicos.

La piratería, como concepto y como práctica, se consideraba enteramente dentro del ámbito de lo ilegal e inmoral. La lucha contra la piratería era un medio no sólo de obtener ventajas económicas, sino también de afirmar el dominio británico sobre sus posesiones de ultramar, o de extender este dominio a nuevas regiones.

Una tradición de resistencia contra el colonialismo

Las rutas marítimas que unían a Gran Bretaña con su colonia más preciada, la India, estaban en el centro de aquella dominación. Los puertos a lo largo de estas rutas, desde Adén hasta la Costa Trucial (costa de la tregua, hoy Emiratos Árabes Unidos), adquirieron un valor estratégico.

Durante los siguientes 150 años, la guerra marítima británica en el Mar Rojo, a lo largo de la costa de Omán y a lo largo del Golfo buscó transformar estas regiones en el patio trasero colonial de Gran Bretaña.

En la costa occidental del Golfo, acertadamente apodada “costa de los piratas”, los británicos lograron, mediante una serie de campañas navales y tratados, someter y luego cooptar a las familias gobernantes árabes.

A mediados del siglo XX, estas potencias locales se transformaron en jeques clientes del imperialismo británico y luego estadounidense.

Por el contrario, los persistentes esfuerzos de Gran Bretaña por convertir a Yemen en una avanzada similar del imperio no tuvieron éxito. Un factor determinante fue la tradición radical de resistencia anticolonial que se desarrolló en Yemen y que culminó en la resistencia armada durante la era de liberación nacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Este legado sigue animando la actual resistencia yemení a la ocupación extranjera y la dominación occidental.

A principios del siglo XIX, Adén se convirtió en un objetivo codiciado por los británicos. Su ubicación es ideal para servir como estación de servicio para los barcos que navegan entre la metrópoli y la India.

En 1839 las fuerzas marítimas de la Compañía de las Indias Orientales ocuparon la ciudad portuaria con el pretexto de luchar contra la piratería.

La apertura del Canal de Suez en 1869 hizo que Adén fuera aún más indispensable. Gran parte del comercio marítimo entre Europa y Asia Oriental se desvió del Cabo de Buena Esperanza al Mar Rojo. Adén estaba situada en la desembocadura del estrecho de Bab El Mandeb, la puerta de entrada al Canal de Suez.

Durante los siguientes 150 años, Gran Bretaña utilizó su arsenal de métodos coloniales, desde tácticas diplomáticas de división y dominación hasta la fuerza militar bruta, para mantener su control sobre Adén. Sin embargo, nunca logró extender su dominio al interior del país.

El resultado fue un desarrollo desigual y un orden político fragmentado en Yemen. Desde el principio, y a pesar de la típica colaboración de algunas élites locales, la resistencia yemení a la ocupación británica tuvo sus altibajos, pero nunca se detuvo.

Alcanzó su punto máximo en la década de los sesenta, dentro del desarrollo de la resistencia anticolonial al imperialismo occidental por parte de las poblaciones del Tercer Mundo.

Un legado subestimado

A diferencia de otras luchas de liberación nacional de renombre mundial, como las de Argelia, Vietnam o Cuba, el legado de liberación nacional de Yemen sigue siendo subestimado. Para algunos historiadores, Yemen es el Vietnam británico.

En 1963, el Frente de Liberación Nacional (FNL) del país lanzó una lucha armada con el apoyo de las poblaciones rurales de la región montañosa de Radfan. Los británicos clasificaron al FLN como organización terrorista y respondieron incendiando aldeas y participando en otros actos de violencia colectiva. Sin embargo, las campañas punitivas británicas no lograron debilitar la resistencia yemení.

Las fuerzas radicales de resistencia del sur de Yemen adoptaron una ideología marxista-leninista que imaginaba un futuro socialista para un Yemen liberado.

Su actitud intransigente hacia la ocupación británica resultó en una victoria espectacular en 1967.

Los intentos británicos de negociar un papel económico o militar en el Yemen posterior a la independencia, como Francia en Argelia, fueron de corta duración y en gran medida infructuosos, y los británicos pagaron más de 15 millones de dólares en compensación. Los dirigentes británicos guardaron un doloroso recuerdo de ello que hoy aún persiste.

El legado colonial de Gran Bretaña y su humillante derrota en Yemen no pasaron desapercibidos para el dirigente de Ansarollah, Abdel Malik Al Huthi (*). En un reciente discurso televisado, advirtió a Reino Unido contra cualquier ilusión de recolonizar Yemen. Tales delirios, afirmó, “son señales de una enfermedad mental cuya cura está en nuestras manos: los misiles balísticos que queman barcos en el mar”.

El hecho de que las acciones de los yemeníes estén motivadas por llamamientos a permitir que la ayuda humanitaria fluya hacia los palestinos y a poner fin al genocidio israelí en Gaza, marca un punto de inflexión revolucionario en la historia de la guerra marítima.

La piratería nunca ha sido un acto puramente privado, desvinculado del poder político o de la guerra estatal. Pero casi sin excepción ha implicado un elemento de bandidaje y beneficio personal.

Un ejemplo de ello es el aumento de las incursiones marítimas entre 2007 y 2009 en las costas de África oriental. Estas incursiones tuvieron una dimensión política. Se cree que están vinculadas al grupo militante somalí Al Shabab y se produjeron después de un largo período de agresión estadounidense contra el pueblo somalí.

Pero las incursiones también han dado lugar a demandas de rescate por la liberación de los buques comerciales objetivo. No hay pruebas de ninguna motivación monetaria en el caso de las operaciones de Ansarollah. Por el contrario, estas acciones se basan en objetivos políticos y humanitarios explícitos y hasta el momento no han provocado ninguna muerte civil.

Otra diferencia entre los casos de Somalia y Yemen es la reacción de los actores internacionales. En el primer caso, más de veinte estados enviaron fuerzas navales para contrarrestar las incursiones, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Francia, India, China y Rusia. Ese consenso falta hoy.

El cisma entre Estados Unidos y sus aliados occidentales, por un lado, y Rusia y China, por otro, significa que el resultado del enfrentamiento entre Estados Unidos y Reino Unido y los rebeldes de Yemen afectará el futuro de la guerra en alta mar.

En este choque asistimos a un cambio de roles. Los rebeldes actúan respetando la justicia y la voluntad de la población. Su resistencia militar va acompañada de manifestaciones pacíficas a gran escala.

En cambio, las autoproclamadas democracias de Reino Unido y Estados Unidos se comportan como imperios canallas, buscando violar el derecho internacional humanitario, en contra de los deseos de gran parte de sus poblaciones, que exigen un alto el fuego permanente.

Si hay que creer en la historia, el regreso de la piratería señala la ruina de los imperios mundiales. La gloria de Gran Bretaña quedó destrozada en las costas de Yemen durante la guerra de independencia de este país.

Hoy Estados Unidos libra su mayor batalla naval desde la Segunda Guerra Mundial en el Mar Rojo. ¿Marcará esta nueva batalla el declive irreversible del sucesor de Gran Bretaña al otro lado del Atlántico y la desaparición de su aliado colonizador en Palestina?

Hicham Safieddin https://www.middleeasteye.net/opinion/red-sea-attacks-yemeni-resistance-spell-end-western-empires-will

(*) Abdel Malik Al Huthi es el hermano del fundador de Ansarollah, Hussein, asesinado en 2004.

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