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Día: 27 de febrero de 2024 (página 1 de 1)

El ejército británico no puede cumplir sus compromisos internacionales con la OTAN

Aunque ha sido puesto a prueba por sus compromisos en Afganistán e Irak, desde el ejército británico ha perdido casi todos los fondos presupuestarios, a pesar de que el importe del gasto militar de Reino Unido siempre ha estado por encima del 2 por cien del PIB exigido por la OTAN.

Los programas de rearme que había puesto en marcha están experimentando muchas dificultades, lo que provoca costos y retrasos adicionales. El caso del vehículo blindado “Ajax” también es elocuente.

La última revisión estratégica de defensa publicada en 2021 por el gobierno británico, actualizada posteriormente para tener en cuenta la frustrada experiencia de la Guerra de Ucrania, señaló una nueva disminución en el número de efectivos del ejército británico, que debe pasar de 82.000 a alrededor de 73.000 soldados.

Pero las previsiones para 2026 son mucho peores: es posible que el ejército no pueda alcanzar los 70.000 efectivos. Esta reducción del tamaño se debería compensar con una mayor capacidad de respuesta y una automatización del funcionamiento.

Ciertamente, todavía tiene la capacidad de movilizar 16.000 hombres para el ejercicio Steadfast Defender de la OTAN y encabezar un batallón multinacional en Estonia. Pero en una carta dirigida a los oficiales retirados, cuyo contenido fue publicado por el diario The Telegraph, el general Patrick Sanders pregunta cuánto tiempo más podrán permanecer en el este de Europa.

Sanders denuncia que el ejército británico no tiene una financiación suficiente y que hay una brecha entre los recursos concedidos y las pretensiones imperialistas del gobierno de Londres. Tal como van las cosas, teme que el ejército británico no pueda cumplir sus compromisos con la OTAN, ni llevar a cabo operaciones en el exterior. “Nuestra resiliencia estratégica está amenazada y podríamos vernos reducidos a una fuerza terrestre más pequeña, estática y centrada en la defensa del país.

Uno de los destinatarios de la carta, el coronel Richard Kemp, que sirvió en Afganistán, los Balcanes e Irak, reconoce que la capacidad del ejército británico para realizar operaciones en el extranjero está amenazada debido a los recortes presupuestarios.

“Es muy preocupante, dadas las múltiples amenazas procedentes de China, Rusia e Irán, que nuestras fuerzas armadas se hayan quedado sin los recursos necesarios para luchar eficazmente y apoyar nuestros aliados en el extranjero”, afirma.

En Washinton están sorprendidos por la fuerza militar de los huthíes

Seis semanas después del inicio de una guerra no declarada en Yemen, los ataques estadounidenses y británicos no han afectado a la potencia de fuego de los huthíes, según reconoce el Pentágono.

Estados Unidos ha quedado fatalmente sorprendido por la experiencia y la destreza militar de los huthíes. En Washinton tenían una comprensión errónea del avance de sus sistemas de armas.

El 11 de enero, sin la aprobación del Congreso, Biden ordenó la primera ronda de bombardeos contra Yemen. La Casa Blanca dijo que el ataque tenía como objetivo obligar a los huthíes a detener los ataques a barcos vinculados a Israel.

Después los bombardeos se han repetido casi todos los días, pero no han tenido el efecto deseado, ya que Ansarollah ha ampliado sus objetivos a barcos vinculados a Estados Unidos y Reino Unido. La semana pasada, misiles disparados desde Yemen alcanzaron varios barcos frente a las costas de Yemen. Uno de ellos fue hundido y otro sufrió daños importantes y goteaba aceite.

Los ataques recientes han incluido el uso por parte de Ansarollah de nuevos sistemas de armas, incluidos drones navales. Las potencia militar de los huthíes sigue sorprendiendo a la Casa Blanca y el Pentágono ignora el alcance de los arsenales de armas en su poder.

“Nos siguen sorprendiendo. No tenemos una buena idea de lo que todavía tienen”, dijo un funcionario de defensa a la CNN. Los militares confiesan que no pueden evaluar si los cientos de bombas estadounidenses lanzadas sobre Yemen han tenido algún impacto en la potencia militares de los huthíes.

En la Casa Blanca algunos confiesan en voz baja que la mejor manera de poner fin al bloqueo del Mar Rojo es poner fin a la Guerra de Gaza. Creen que los huthíes dejarán de atacar a los barcos tan pronto como en Gaza termine la agresión israelí.

De repente el mundo ha descubierto a los huthíes

El 19 de noviembre la irrupción de los huthíes en el escenario internacional causó un verdadero estupor, sobre todo porque los “expertos” aún no tenían preparada una explicación para el consumo de las cadenas de la televisión. Aquel día los huthíes grabaron su asalto al buque Galaxy Leader. Era propaganda armada. Ahora el mundo habla de ellos.

La Guerra de Yemen ha pasado de su dimensión estrictamente local a otra internacional. Las acciones de Ansarollah (“Los Seguidores de Dios”) obstaculizan el comercio internacional.

El antiguo nombre de Yemen es “Arabia Feliz”, un país estructurado en torno a clanes y federaciones tribales con fuertes tradiciones bélicas. Hasta 1990 estuvo dividido entre la República Árabe de Yemen (Yemen del norte) y la República Democrática Popular de Yemen (Yemen del sur). La unión de 1990 se rompió en 1994 con el deseo secesionista del sur contra el control de los del norte.

El presidente Alí Saleh reprimió violentamente a los secesionistas y se enfrentó a muchas tribus, incluidos los huthíes del Alto Yemen, cerca de la frontera con Arabia saudí.

El imán Hussein Badreddin El Huthi creó Ansarollah en 2004 y su asesinato desencadenó la revuelta en la región de Saada, que luego condujo a una guerra civil. Ansarollah no sólo se enfrentó al gobierno, sino también a la Hermandad Musulmana, a los secesionistas del sur y a los yihadistas de Al Qaeda y el Califato Islámico.

Después llegó la intervención armada de Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos, Sudán, Jordania, Qatar y Egipto. Durante su avance hacia la capital, Sanaa, Ansarollah mezcló unidades nasseristas y baasistas en su interior.

Como tantas otras organizaciones regionales, cuyo origen es religioso, Ansarollah adquirió un carácter nacional o nacionalista. Badreddin, su fundador, estudió en Sudán con Hassan Al-Tourabi (1932-2016), un teórico de un nacionalismo revolucionario, a la vez panárabe y panislamista.

Ansarollah formó alianzas con otros clanes, tribus y confederaciones consuetudinarias. En 1990 y 1991, Yemen apoyó al Irak de Saddam Hussein en la anexión de Kuwait.

También atrajeron la atención de la Libia de Gadafi y la ayuda logística de Pyongyang les llegó a través de un comerciante sirio cercano a Bashar Al-Assad. Algunas fuentes aseguran que los misiles y drones de guerra no son iraníes, sino norcoreanos.

Una rama del chiísmo: el zaidismo

Una parte importante de los yemeníes profesa el zaidismo, una rama poco conocida del islam chiíta. La ruptura entre los zaydis y otros chiítas se produjo entre los hijos del cuarto imán, Alí Zayn Al-Abidin (659-713).

Al mismo tiempo, los zaidíes se sienten bastante cercanos al sunnismo hasta el punto de que algunos los consideran la quinta escuela del islam sunita.

Hoy los huthíes siguen el modelo de Hezbollah. Su nuevo símbolo retoma el del movimiento libanés con otro color. Por lo tanto, su defensa de la causa palestina no debería sorprender.

Europa gastará el 10 por ciento anual de todo su PIB para reducir las emisiones de CO2

Para alcanzar el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90 por cien de aquí a 2040, Europa tendrá que gastar 1,5 billones anuales desde 2031 hasta 2050, según una estimación de la Comisión Europea que publicó el periódico Financial Times el mes pasado (*).

1,5 billones anuales equivale al 10 por cien del PIB europeo. Todos y cada uno de los años. Aparte de la guerra, no existe ningún proyecto de ningún tipo que haya requerido jamás el desvío del 10 por cien del PIB de un continente entero, por decreto político. Como ya hemos expuesto, las políticas seudoecologistas suponen la mayor movilización de recursos que ha conocido el capitalismo a lo largo de su historia, con gran diferencia.

Este gigantesco dispendio de recursos explica el lavado de cerebro masivo y el catastrofismo que acompaña siempre a las noticias verdes: dado que se avecinan terribles fenómenos meteorológicos, a cada cual más espantoso (sequías, huracanes, inundaciones, incendios), el dinero está bien invertido. Lo que no se puede hacer es permanecer de brazos cruzados.

En el colmo de la estupidez, la Comisión Europea dice que todo ese dinero, en realidad, no es un gasto sino un ahorro. De conformidad con el Acuerdo de París de 2015, esos inminentes “fenómenos meteorológicos extremos” causarán daños que costarán 2,4 billones de euros. Pero si reducimos las emisiones, en el futuro no ocurrirán esos estragos y nos ahorraremos una enorme cantidad de dinero. Más vale prevenir que lamentar…

El Acuerdo de París tenía como objetivo reducir las emisiones de CO2 para limitar el calentamiento a 1,5 grados centígrados para 2100. Sin embargo, desde entonces las emisiones han seguido aumentando. Por lo tanto, las medidas implementadas para evitarlo han fracasado y el dinero gastado en ellas es un despilfarro. Como tantas otras declaraciones de intenciones seudoecologistas, el Acuerdo de París es papel mojado. Los planes verdes siempre chocan con la realidad.

Las razones son obvias. Por más que la ciencia haya avanzado notablemente, el hombre no puede dirigir ni controlar el clima, que no es un fenómeno europeo, sino mundial. En cualquier caso, no serviría de nada que Europa redujera sus emisiones de CO2 a cero, mientras el resto del mundo sigue incrementándolas.

La Comisión Europea promete, además, otro ahorro más: en lo sucesivo no habrá que importar combustibles tradicionales (carbón, petróleo, gas), ya que disfrutaremos de estas nuevas fuentes de energía llamadas “renovables” (eólica, solar).

Sin embargo, los hechos también demuestran que el nivel alcanzado hoy por las fuerzas productivas no permite superar el carácter intermitente de estas nuevas energías. En consecuencia, no quedará más remedio que seguir dependiendo de los combustibles llamados “fósiles”, aparte de las centrales nucleares. De ello se deriva que, por lo menos en un futuro inmediato, Europa tendrá que seguir importando carbón, petróleo y gas.

(*) https://www.ft.com/content/ababab4c-7d81-4e63-b48c-0c59b687b5f2

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