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Día: 4 de febrero de 2024 (página 1 de 1)

Cultivar tus propias lechugas en el balcón también es muy malo para el planeta

Los huertos urbanos tampoco son una buena idea para paliar el cambio climático, según un nuevo estudio de la Universidad de Michigan. La jardinería urbana es aún peor que los cultivos convencionales para el medio ambiente. Quizá cinco o seis veces peor.

Como suele ocurrir en este tipo de disciplinas seudocientíficas, los datos se los sacan de la manga. Todo depende de cómo se haya montado la “infraestructura”, dicen los entendidos de Michigan. También depende del tipo de hortalizas uno cultive.

Que nadie piense que sólo los agriculores profesionales destruyen los ecosistemas. También todos esos aficionados a los cultivos en los parques, jardines, terrazas, patios y azoteas de las grandes ciudades.

Los verdes no van dejar títere con cabeza. No van a parar hasta amargar la vida a todo el mundo. Hasta hace poco, los huertos urbanos eran la moda entre los partidarios de la “sostenibilidad”, un ejemplo de alimentación de proximidad, de las ciudades de los 15 minutos… No tenían más que ventajas.

Ya no es así. La ciencia ha vuelto a cambiar a golpe de talonario. Un estudio tan estúpido como el de la Universidad de Michigan contó con el dinero de toda clase de parásitos: Consejo de Investigación Económica y Social de Reino Unido, el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania, la Agencia Nacional de Investigación de Francia, la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el Centro Nacional de Ciencias de Polonia y el Programa de investigación e innovación Horizonte 202 de la Unión Europea.

En lugar de arar los parques, los vecinos de los barrios deberían ir al supermercado a comprar lo que les pongan en los estantes y tragarse los alimentos transgénicos, que son mucho más saludables para el medio ambiente (2), como también han demostrado los “expertos” (2). Alternativamente, siempre podrán recurrir a las cucarachas y los gusanos.

Lo más probable es que en el futuro eliminen la carta de los restaurantes. El comensal no podrá elegir. El menú se impondrá por decreto y se publicará cada día en el Boletín Oficial del Estado.

(1) https://www.sciencedaily.com/releases/2024/01/240122140408.htm
(2) https://www.cell.com/trends/plant-science/fulltext/S1360-1385(22)00004-8

Terroristas, independentistas y espías rusos

Antes desacreditaban a alguien acusándole de “terrorismo”. En España ser “proetarra” nunca ha pasado de moda desde los tiempos del franquismo más rancio. De eso se encarga la Audiencia Nacional; y si no se lo creen, pregunten a Puigdemont.

En Europa ocurre lo mismo: a la eurodiputada letona Tatiana Zdanoka le acusan de espiar para Rusia, cuyos tentáculos van del Mar Báltico a Catalunya y dan la vuelta al mundo. También le pueden preguntar a Puigdemont sobre este asunto.

Es una acusación que necesita pocas pruebas. Zdanoka es miembro de un partido que hace gala de un nombre sin paliativos: se llama “Unión Rusa” y firmó un acuerdo de cooperación con el hombre que fue nombrado Primer Ministro de Crimea tras la anexión.

No hay paliativos. Zdanoka se había opuesto a la independencia de Letonia de la Unión Soviética y siempre defendió los puntos de vista del Kremlin, algo que en el Parlamento de Bruselas está considerado como un pecado mortal.

Los eurodiputados de bien siempre guardan las debidas distancias de personas como Zdanoka, excepto dos eurodiputados irlandeses, Clare Daly y Mick Wallace, que han participado en varias movilizaciones con ella contra la Guerra de Ucrania y el apoyo de Bruselas al régimen fascista de Kiev.

En octubre Zdanoka incluso estuvo en Irlanda, entevistándose con gente muy sospechosa, pertenecientes a partidos muy malos, como el Sinn Fein. Otras veces aparece en las fotos con banderas de Catalunya, de la mano de gente como Oriol Junqueras, protestando por la represión en España.

Ocho días antes del inicio de la Guerra de Ucrania, los tres malvados, Zdanoka, Daly y Wallace, se pusieron camisetas que decían “Dejad de matar niños en el Donbas”.

En fin, Zdanoka no falla en los actos de conmemoración de la victoria del Ejército Rojo en 1945 y en las fotos levanta el puño, como si la Guerra Fría no hubiera acabado aún.

¿Puede haber algo peor?

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