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Día: 17 de enero de 2024 (página 1 de 1)

El ejército británico amplía su centro de espionaje en Oriente Medio

Las instalaciones de una estación de seguimiento del GCHQ, el centro de comunicaciones del ejército británico en Oriente Medio, han sido ampliadas en previsión de una guerra con Irán (*).

Las imágenes satelitales muestran que se han llevado a cabo una serie de trabajos de construcción en la estación del GCHQ en Omán, un país ubicado entre Irán y Yemen.

El sitio desempeña un papel clave en una región donde Reino Unido busca contrarrestar a Irán y al movimiento huthí. El ministro de Defensa británico, Grant Shapps, dice que es necesario vigilar ese espacio para detectar posibles ataques de Yemen.

Mil soldados británicos están estacionados en Omán, donde el GCHQ mantiene tres sitios de vigilancia. Uno de ellos está en la costa sur, cerca de la localidad de Salalah, a 120 kilómetros de Yemen. Conocido por el nombre en clave de Clarinet, su existencia fue revelada en 2014 gracias a las filtraciones de Snowden.

Declassified publicó las primeras fotos de Clarinet en 2020, mostrando su radomo estilo pelota de golf, similar en tamaño a los vistos en otros sitios del GCHQ. Imágenes de satélite más recientes muestran importantes trabajos de construcción dentro del perímetro de 1,4 kilómetros del sitio.

Han construido dos nuevos edificios y puesto los cimientos de dos más. El mayor de los nuevos edificios tiene una superficie del tamaño de seis canchas de tenis y parece tener varios pisos.

Las cartas náuticas confirman que Clarinet se encuentra en uno de los pocos lugares de Omán donde encallan cables submarinos. Deben estar indicados en las cartas náuticas para evitar que los barcos los muevan con sus anclas. Esos cables son las vías digitales de comunicación entre continentes, lo que permite al GCHQ piratear el tráfico de internet en todo el mundo.

Entre Perth y Salalah se está tendiendo un nuevo cable de comunicaciones de 10.000 kilómetros, el Oman Australia Cable. Aunque inicialmente lo presentaron como un proyecto comercial encabezado por una empresa australiana, Subco, en realidad pasa por la base militar estadounidense-británica en el atolón Diego García, en el Océano Índico.

El ejército estadounidense pagó 300 millones de dólares para desviar el cable a través de Diego García, en una operación cuyo nombre en código fue Big Wave. Diego García forma parte de las Islas Chagos, cuya población indígena fue deportada por los colonialistas británicos en los años sesenta para instalar una base estadounidense, a cambio de un descuento en la compra de submarinos nucleares.

La base ha sido un punto de partida clave para las fuerzas estadounidenses que atacan Irak y Afganistán, y se espera que el Pentágono la utilice en caso de guerra con Irán. La instalación del cable de fibra óptica significa que la base ya no dependerá de conexiones satelitales para comunicarse con el continente.

Perth, la ciudad del oeste de Australia que alberga el otro extremo del cable, también se ha convertido en una terminal estratégica. El año pasado Reino Unido instaló algunos de sus submarinos de propulsión nuclear en el puerto, en virtud del controvertido pacto Aukus. Esto permitirá a la Royal Navy organizar patrullas submarinas más frecuentes cerca de China.

(*) https://www.declassifieduk.org/british-spy-agency-refuses-to-acknowledge-its-bases-in-gulf-dictatorship

Alemania se opone a la querella sudafricana y en Sudáfrica recuerdan sus trapos sucios

Sudáfrica es un país más conocido por la querella contra Israel por genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia, que por pertenecer al grupo Brics. Sin embargo, en España se le conoce -sobre todo- por organizar el Mundial de Fútbol de 2010, donde conquistaron su primera copa con el famoso gol de Iniesta.

Uno de los países más beligerantes contra la querella sudafricana, aparte de Israel, ha sido Alemania, que compitió con Sudáfrica por la organización del Mundial de Fútbol cuatro años antes, en 2006.

Para apoderarse del Mundial de aquel año, Alemania recurrió a un fondo para sobornos de 6,7 millones de euros creado por Robert Louis Dreyfus, el director de Adidas, la multinacional de ropa deportiva.

Naturalmente los sobornos fueron a parar a los bolsillos de los parásitos de la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol, para comprar sus votos.

En 2006 Alemania tuvo que emplearse a fondo con la FIFA porque inicialmente Sudáfrica partía como favorita para organizar el Mundial. Sobornaron a Charlie Dempsey, el delegado neozelandés de la FIFA para que se abstuviera en la votación. El recién fallecido Franz Beckenbauer, ​​Theo Zwanziger, presidente de la federación alemana de fútbol, y otros parásitos le pagaron 250.000 dólares.

El entonces presidente sudafricano Thabo Mbeki habló de “apartheid mundial” para calificar los chanchullos alemanes contra Sudáfrica.

En 2016 Suiza abrió una “investigación” por corrupción contra el clan mafioso del fútbol alemán, que se fue alargando durante años, hasta que la pandemia enterró el asunto en 2021, aprovechando que el mundo habría que descubierto de repente que había cosas más importantes que el fútbol.

Nueva Zelanda se quedó con el culo al aire. La federación local de fútbol le había ordenado votar a favor de Sudáfrica y el Ministro de Deportes de Nueva Zelanda, Trevor Mallard, calificó la desobediencia de Dempsey como una “vergüenza nacional”. Dempsey había “dañado la reputación internacional del país”. La Primera Ministra Helen Clark se vio obligada a llamar rápidamente al Presidente africano Mbeki para disculparse.

La Asociación Sudafricana de Fútbol quiso anular la votación en un tribunal de arbitraje deportivo, pero el suizo Sepp Blatter, Presidente de la FIFA, los disuadió prometiéndoles que en el Mundial de 2010 no les fallaría. África sería la sede del torneo.

Si eso ocurría por un asunto menor, como la organización de un Mundial de fútbol, no queremos ni pensar en lo que envuelve a otros asuntos, mucho más trascendentales. Para Alemania fue la mayor crisis del fútbol desde el escándalo de corrupción de la Bundesliga de la década de los setenta.

20 años después los sudafricanos se han vuelto a acordar de Alemania porque la muerte de Beckenbauer ha coincidido con la querella contra Israel. El gobierno de Berlín ha sido el primero en apoyar oficialmente los crímenes sionistas en Gaza y en Sudáfrica no se olvidan de que en la época del apartheid, Alemania apoyó abiertamente los crímenes de los fascistas sudafricanos blancos.

El Presidente de Namibia, Hein Gage, ha dicho que “Alemania no puede expresar moralmente su compromiso con la Convención de las Naciones Unidas contra el Genocidio, incluida la expiación por el genocidio en Namibia, mientras apoya el equivalente de un holocausto y de un genocidio en Gaza”.

Las automovilísticas suspenden la fabricación de coches eléctricos por la situación del Mar Rojo

Las noticias en torno a los coches eléctricos no son buenas. Algunas compañías inglesas de seguros no quieren asegurarlos. Las empresas de alquiler de coches no los quieren en sus flotas. Los transbordadores noruegos no los admiten a bordo…

Tesla ha dejado de fabricarlos en su planta de Alemania y Volvo también acaba de suspender la producción en su fábrica de Gante, en Bélgica.

Esta vez el motivo no es el nuevo motor sino la tensión en el Mar Rojo, que se suma a la interrupción de la logística internacional desde la pandemia.

El comercio mundial funciona igual que el minorista de cualquier rincón de mundo. Se han acabado los almacenes y las empresas quieren suministros “sobre la marcha”, en cuanto los piden.

Desde la pandemia eso ya no es posible. La entrega de piezas y recambios se retrasa. La situación en el Mar Rojo ha dado la puntilla a la cadena de suministros, alargando los plazos de entrega hasta tres semanas más y encareciendo los precios.

El número de mercantes que transitan por el Canal de Suez ha caído un 30 por cien y el número de petroleros un 19 por cien. Al mismo tiempo, el comercio marítimo que transita por el Cabo de Buena Esperanza casi se ha duplicado, el número de buques comerciales ha aumentado un 66 por cien y el número de petroleros un 65 por cien.

En la dirección de China hacia África, Medio Oriente y Europa, los precios han aumentado hasta un 60 por cien, alcanzando el punto más alto el año pasado, con un costo adicional de 1.000 a 2.000 dólares por cada contenedor que transita hacia Europa, acelerando el proceso inflacionario mundial.

El ritmo de producción de los fabricantes finales también ha quedado muy afectado. La gigantesca planta de Tesla en Berlín ha tenido que parar durante dos semanas por falta de componentes.

Lo mismo le ha ocurrido a la planta que la multinacional sueca Volvo tiene en Gante, donde fabrica sus últimas modelos, como el XC40, el C40 o incluso el futuro EX30. Según un portavoz, las entregas de coches eléctricos y las tasas de producción en su otra sede europea, en Gotemburgo, en Suecia, no se verán afectadas por la paralización de la producción en Bélgica.

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