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Día: 14 de septiembre de 2023 (página 1 de 1)

La empresa británica de armamento BAE Systems crea una sucursal en Ucrania

Rusia destruyó la industria de guerra de Ucrania en los primeros días de la guerra y ahora el fabricante de armas británico BAE Systems quiere sustituirla para convertir al país en una feria permanente de armamento.

Para ello ha creado una sucursal que evitará los continuos envíos de material de guerra. Los equipos se fabricarán en el interior. “Me reuní con el director ejecutivo de la empresa, Charles Woodburn. Muy productivo: la oficina de la empresa en Ucrania, la localización de la producción en Ucrania”, escribió Zelensky en las redes sociales.

El ejército ucraniano ya está utilizando armas de BAE Systems, en particular obuses L119 y M777, así como el vehículo de combate de infantería CV90.

Tras una reunión en Kiev a principios de esta semana, ambas partes firmaron un acuerdo de cooperación para localizar la producción de armas por parte de BAE Systems en Ucrania y un acuerdo marco de cooperación en reparación, suministro de repuestos y producción de nuevos cañones ligeros L119 (*).

BAE Systems ha fabricado gran parte de los equipos militares que los gobiernos proporcionaron a Ucrania. La empresa trabaja con los países vecinos de la OTAN y brinda apoyo, entrenamiento y reparaciones al ejército ucraniano.

Estos acuerdos se firman días después de que Ucrania y Suecia anunciaran su intención de fortalecer la cooperación en la producción, operación, capacitación y servicio del Plataforma CV90, que actualmente BAE Systems fabrica en el país escandinavo.

“Hemos estado discutiendo con el presidente Zelensky y su equipo cómo evolucionar mejor el apoyo que ya estamos brindando a Ucrania. La firma de los acuerdos y el establecimiento de una entidad legal en Ucrania se basa en nuestra confianza y apoyo existentes y allana el camino para que trabajemos juntos para brindar un apoyo más directo a las fuerzas armadas ucranianas”, dijo Woodburn.

“Agradezco a BAE Systems por la audaz decisión de apoyarnos en la lucha contra la agresión rusa y en la construcción del futuro de la industria de defensa ucraniana. Junto con la empresa podremos localizar la producción de armas avanzadas”, afirmó Oleksandr Kamyshin, Ministro de Industria Estratégica de Ucrania.

A principios de julio la empresa alemana Rheinmetall, uno de los mayores fabricantes de equipos y armas militares de Europa, anunció la construcción una planta en Ucrania para la producción de tanques y vehículos blindados. La empresa será propietaria junto con Ukroboronprom. Está previsto crear la producción sobre la base de las fábricas de tanques soviéticas.

(*) https://www.baesystems.com/en/article/bae-systems-establishes-local-presence-and-signs-agreements-to-support-ukraine

La crisis de Níger comenzó en Libia

Los acontecimientos ocurridos en Níger en los últimos meses son alarmantes. Lo que comenzó como un golpe militar ahora corre el riesgo de convertirse en una guerra más amplia en África occidental, con un grupo de juntas alineándose para luchar contra una fuerza regional que amenaza con invadir y ocupar militarmente el país.

La junta miltar justificó su golpe como una respuesta al “continuo deterioro de la situación de seguridad” en Níger y se quejó de que el país y otros países del Sahel “han estado enfrentando durante más de una década las consecuencias socioeconómicas, de seguridad, políticas y humanitarias, consecuencias de la peligrosa aventura de la OTAN en Libia”.

En la agresión de 2011 contra Libia, los gobiernos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña iniciaron una intervención militar con el cínico pretexto de “proteger a los civiles”. Las potencias occidentales desataron un torrente de terror y yihadismo en toda la región, que rápidamente se convirtió en una operación de cambio de régimen.

Los altavoces de la OTAN pintaron un cuadro de “revuelta popular”, manifestantes desarmados y civiles que se enfrentaban a un genocidio inminente. Años más tarde un informe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes de Reino Unido estableció públicamente, repitiendo las conclusiones de otros análisis, que las acusaciones de una inminente masacre de civiles no estaban “respaldadas por las pruebas disponibles”, que “la amenaza a los civiles había sido exagerada y que entre los rebeldes había un importante elemento islamista” que había cometido numerosas atrocidades.

Era un nuevo modelo para derrocar a los dictadores de Oriente Medio. Mientras el gobierno de Gadafi luchaba contra los yihadistas y otras milicias, Estados Unidos pidió la creación de una zona de exclusión aérea. La ONU lo autorizó a la OTAN, gracias a la abstención de Rusia y China en el Cosejo de Seguridad.

Después de un mes, la OTAN y Obama declararon públicamente que mantendrían la agresión hasta desalojar a Gadafi, rechazando la salida negociada propuesta por la Unión Africana. Cuatro meses después, Gadafi estaba muerto. Fue capturado, torturado y asesinado en un ataque aéreo de la OTAN contra el convoy en el que viajaba.

“Vinimos, vimos y murió”, dijo Clinton en tono chulesco y triunfalista. Ese mismo mes, la secretaria de Estado visitó Trípoli y declaró la “victoria de Libia” haciendo el signo de la paz.

La discusión rápidamente giró hacia la exportación de este modelo a otros lugares, como Siria. Elogiando a la ONU por haber “finalmente cumplido con su deber de prevenir atrocidades masivas”, Kenneth Roth, entonces cabecilla de Human Rights Watch, pidió “ampliar los principios de derechos humanos adoptados para Libia a otras poblaciones necesitadas”, citando otras partes de Oriente Medio, Costa de Marfil, Myanmar y Sri Lanka.

El derrocamiento de Gadafi llevó a cientos de mercenarios tuaregs a su servicio a regresar a Mali y provocó un éxodo de armas, lo que llevó a los tuaregs a unir sus fuerzas con los yihadistas y lanzar una campaña de atentados en el Sahel.

Fue el pretexto para la intervención militar francesa en Mali, que rápidamente se transformó en una misión en expansión en todo el Sahel que no se completó hasta nueve años después. La situación era mucho peor que al principio. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la mayoría de los más de 400.000 refugiados en el Sahel central se encuentran allí debido a la acciones yihadistas en Mali.

Gracias a sus depósitos de armas, Libia se ha convertido en un gran arsenal, incuidos cañones antiaéreos y misiles tierra-aire. El derrocamiento de Gadafi abrió las puertas a los yihadistas en la región del Sahel. Las armas libias fueron canalizadas a terroristas, criminales, bandidos y contrabandistas en Níger, Túnez, Siria, Argelia y Gaza. La región está arrasada, con miles de civiles asesinados y 2,5 millones de desplazados.

Libia es una Somalia gigante. La guerra civil no ha terminado desde 2011 y en ella participan, además de decenas de milicias rivales, los Estados vecinos que las utilizan como delegados. Entre ellos está el Califato Islámico. En el momento del alto el fuego de 2020, cientos de civiles habían sido asesinados en Libia, casi 900.000 personas necesitaban asistencia humanitaria, la mitad de ellas mujeres y niños, y el país se había convertido en una zona lucrativa para el comercio de esclavos.

La ONU quiere descarbonizar el sector de la construcción

El sector de la construcción es responsable del 37 pr cien de las emisiones de CO2, en particular debido a la proporción de hormigón utilizado, según un informe de la ONU publicado esta semana. La organización quiere una “revolución” para descarbonizar ese sector.

El plan es utilizar menos hormigón y más materias primas locales procedentes de la biomasa. Para que los resultados sean buenos, la proporción de hormigón en la construcción mundial tendría que reducirse a la mitad entre 2020 y 2060. Además, dos tercios del hormigón restante debería proceder del reciclaje, la reutilización o estar compuesto por cementos bajos en carbono. .

En otras palabras, el sector de la construcción “necesita una reducción drástica” del volumen de hormigón nuevo utilizado. Pero este descenso será “gradual”, señala Anna Dyson, directora del centro de ecosistemas de la Universidad Americana de Yale.

Los materiales de construcción no siempre han sido emisores de carbono como lo son hoy el acero, el aluminio, el vidrio, el plástico o el hormigón. Hasta mediados del siglo XX procedían principalmente de fuentes renovables, biológicas u orgánicas (madera, piedra o de agricultura como paja, cáñamo, etc.) y sobre todo locales.

“Sólo en las últimas décadas la mayoría de los materiales de construcción proceden de procesos extractivos, tóxicos y no renovables”, subraya Dyson.

El plan es animar a la industria de la construcción a «cooperar con el sector forestal y la agricultura» para gestionar los recursos de madera y biomasa, que deberían ser los materiales del futuro, como lo han sido los materiales del pasado…

«Se trata de iniciar una especie de revolución de regreso al futuro» para eliminar el carbono de los edificios y construirlos «más ligeros», admite Dyson: evitar la producción de residuos gracias a un enfoque circular de los materiales, eligiendo materiales de origen biológico como madera o bambú, y mejorar la descarbonización de materiales convencionales que no pueden ser sustituidos.

Los autores del informe destacan la importancia de la biomasa vegetal viva, es decir, paredes o tejados verdes, que “constituye un material con bajas emisiones de carbono”. Incluso imaginan que este tipo de suelo podría dar lugar a una nutritiva agricultura urbana en las metrópolis del mañana.

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