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Día: 30 de mayo de 2023 (página 1 de 1)

Rusia e Irán abren una nueva ruta comercial para sortear el Canal de Suez

El 17 de mayo los presidentes de Rusia e Irán firmaron un acuerdo para la construcción de una línea ferroviaria de 164 kilómetros que unirá las ciudades iraníes de Astara, en la frontera con Azerbaiyán, y Rasht, más al sur.

Se llama INSTC (Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur) y forma parte de un plan para eludir las rutas marítimas tradicionales que requieren la travesía del Canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Mar Rojo. Rusia también evitará cruzar el mar Báltico, así como el mar Negro, que controla Turquía.

La nueva red comercial podría reducir los tiempos de tránsito hasta en un 40 por cien y los costes de flete en un 30 por cien en comparación con la ruta convencional por el Canal de Suez.

Desde la ciudad iraní de Rasht las mercancías rusas se transportarán por ferrocarril a los puertos del sur, desde donde podrán enviarse a la India, la Península Arábiga y África Oriental.

A finales de abril representantes de India, Irán y Armenia se reunieron en Ereván para debatir los planes de la nueva ruta destinada a aumentar el comercio entre India, Irán y Rusia.

El acuerdo INSTC fue firmado el año pasado por Rusia, Irán e India. Es una red de carreteras, ferrocarriles y enlaces marítimos diseñada para facilitar el comercio de Rusia a India a través de Irán y Armenia. Pero los avances han sido lentos.

El INSTC crea una economía regional. India, por ejemplo, ha invertido en el puerto de Chabahar en gran medida para aumentar el comercio con Rusia e Irán a través de Asia Central. El año pasado, el primer intercambio comercial entre el puerto de Astrakan en Rusia y el puerto de Jawaharlal Nehru en Mumbai pasó por el INSTC.

Estos proyectos logísticos conjuntos entre varios países tienen consideraciones estratégicas. La presencia de Armenia demuestra que Irán y Rusia comparten la preocupación de marginar a Azerbaiyán, un país cercano a Israel.

Armenia, que no tiene acceso directo al mar, busca socios hostiles a Azerbaiyán, como Irán, o susceptibles de apoyar su industria de defensa, como India, que ha firmado un acuerdo de armamento con Armenia por valor de 155 millones de dólares.

Francia no puede pagar la transición energética

La situación económica de Francia es la misma que la de cualquier otra potencia capitalista: recesión, inflación y endeudamiento. Como los tipos de interés están subiendo, el pago de la deuda pública se ha vuelto imposible. Son tres billones de euros, que casi alcanzan al 120 por cien del PIB francés.

Las deudas son una bola de nieve. Desde que Macron llegó a la presidencia hace seis años, la deuda ha sumado otros 600.000 millones de euros más. Como la mayoría de los países del mundo, Francia se endeuda para reembolsar deudas anteriores, es decir, que unas se pagan con las siguientes.

La calificación de la deuda pública francesa ha bajado y esta semana seguirá bajando. El gobierno teme que Standard & Poor’s la rebaje porque lleva desde diciembre bajo “vigilancia negativa”.

Si la calificación de la deuda sigue bajando, los especuladores se llevarán su dinero a otro país y Macron sumará otra humillación más. El gobierno está en un callejón sin salida. La Primera Ministra, Elisabeth Borne, ha pedido a todos los ministerios que reduzcan sus gastos en un cinco por cien.

Macron había prometido una reducción de impuestos 2.000 millones de euros antes de 2027, pero tiene que llevar a cabo una costosa transición energética y los bolsillos están completamente vacíos.

Los recortes a las pensiones sólo van a ahorrar 18.000 millones de euros al fisco, pero el gobierno necesita mucho más para imponer la transición energética. La factura verde es de 65.000 millones anuales de aquí a 2030.

El gobierno no puede sacar más dinero de los trabajadores y otros sectores populares. Desde la lucha de los chalecos amarillos y contra los recortes a las pensiones, Francia está empantanada en una batalla campal en las calles.

Al gobierno no se le ha ocurrido otra cosa que restablecer el ISF, un impuesto temporal sobre las grandes fortunas. Pero Macron derogó el ISF en 2017 cuando llegó a la presidencia, por lo que se trata de la confesión de un fracaso. Si el gobierno lo restablece, los especuladores sacarán su dinero del país y se marcharán a Estados Unidos.

En un informe presentado a la Primera Ministra la semana pasada, el economista Jean Pisani-Ferry aboga por un choque fiscal sin precedentes para financiar la transición ecológica.

En 2017 Pisani-Ferry fue el inspirador del programa económico de Macron cuando se presentó como candidato a la presidencia. Su plan es subir los impuestos. La otra alternativa es renunciar a la descarbonización y demás políticas verdes.

En cualquier caso, lo más probable es que la transición ecológica no se pueda llevar a cabo. No hay manera de pagar unas cantidades tan astronómicas, y menos en una situación de bancarrota económica, como la de Francia.

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