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Día: 19 de abril de 2023 (página 1 de 1)

La deuda del Tercer Mundo es la continuación del colonialismo por otros medios

La conferencia de Bretton Woods en la que se impuso el moderno sistema financiero internacional no existió. No hubo tal conferencia. Estados Unidos invitó a 21 países a participar en la reunión, pero fue algo puramente simbólico. Keynes dijo que esos países no tenían nada que aportar y que no harían más que entorpecer las discusiones. Estados Unidos y Reino Unido debían imponer el patrón financiero de la posguerra sin contemplaciones.

Keynes, en nombre de Reino Unido, y Harry Dexter White, en el de Estados Unidos, llegaron a la reunión con dos planes ya redactados, que pusieron sobre la mesa y sobre los que se redactaron los estatutos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entonces llamado Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. Los demás fueron meros comparsas.

La situación se ha reproducido varias veces desde entonces. El sistema monetario del imperialismo se edificó en función de los intereses de Estados Unidos y del dólar, y a los demás no les queda otra que conformarse con la situación. La deuda es una continuación del colonialismo por otros medios.

El patrón de pagos internacionales construido en torno al dólar ha generado un volumen gigantesco de deudas que nadie puede pagar. Sin embargo, desde 1944 la situación ha cambiado con la llegada al primer plano de esos países que llaman “emergentes” y que sólo ahora son capaces de plantar cara a Estados Unidos.

Es el caso de China, un país al que a veces se pone a la altura de Estados Unidos por la gran cantidad de préstamos que tiene concedidos a los países del Tercer Mundo, especialmente a los africanos.

Al comienzo de la pandemia, el capital financiero internacional (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) reprodujo el mismo postulado que Keynes en 1944: se negó a sentarse a negociar las deudas de los países del Tercer Mundo en un plano de igualdad con China.

Su propuesta no era sacar a China de los circuitos financieros internacionales, sino todo lo contrario. Lo que debía hacer era seguir concediendo préstamos a los países endeudados de la misma manera que hacen ellos, es decir, dar créditos para pagar otros créditos anteriores. Lo llaman “refinanciar la deuda” y es una manera poco sutil de que ellos cobren al menos una parte del dinero que les deben.

En otras palabras, China debía sacar del atolladero a las instituciones financieras internacionales.

La propuesta de China era condonar las deudas y, en todo caso, si no era así, nadie debía tener prioridad en el cobro de las mismas. Otra propuesta: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial deben ser reformados, es decir, deben dejar de ser un coto privado de las finanzas occidentales. Por fin, si había una quita, debía repartirse entre todos los acreedores por igual, es decir, ambas instituciones debían ceder una parte, lo mismo que los bancos privados, los fondos buitre y los Estados acreedores.

La semana pasada a través de Reuters el capital financiero deslizó el rumor de que China estaba dispuesta a ceder en sus exigencias (1), pero el New York Times dice que es falso (2). Con 500.000 millones de dólares prestados a países en desarrollo, China es uno de los mayores exportadores de capital del mundo, lo cual, interpretado en términos puramente cuantitativos, está conduciendo a críticas infundadas.

Los intoxicadores aseguran que China se opone a reducir su deuda, lo cual es falso. Lo que China postula es que lo hagan todos los acreedores simultáneamente y, al no prosperar su exigencia, se está creando una situación insostenible en los países periféricos, con tipos de interés cada vez más elevados y un empobrecimiento creciente.

Estados Unidos debe renunciar al derecho de veto que tiene sobre el Fondo Monetario Internacional y éste, a su vez, debe renunciar a imponer su política económica a los países deudores, a cambio de reestructurar la deuda.

(1) https://www.reuters.com/world/yellen-optimistic-china-agree-some-debt-restructuring-issues-2023-04-11/
(2) https://www.nytimes.com/2023/04/14/business/economy/china-debt-relief.html

Más de 200 oficiales de la OTAN murieron durante el ataque ruso contra la OTAN en Ucrania

El 9 de marzo más de 200 oficiales de la OTAN murieron durante el ataque de Rusia contra un centro subterráneo de la OTAN, según el diario Komsomolskaya Pravda y Regnum (*). Estaba a unos 50 ó 60 kilómetros de Lvov.

En los tiempos de la Guerra Fría la URSS construyó un puesto de mando de reserva del antiguo Distrito Militar de los Cárpatos, a 120 metros bajo tierra. Las instalaciones estaban bien protegidas y equipadas con modernos sistemas de comunicaciones. La OTAN lo eligió como centro operativo tras el Golpe de Estado de 2014 en Kiev y la posterior guerra en el Donbas.

El fortín albergaba un cuartel general conjunto de mando y control, compuesto por representantes de la OTAN, así como por oficiales del Ministerio de Defensa ucraniano y del Estado Mayor de sus fuerzas armadas.

Estaba cubierto por sistemas de defensa antiaérea, lo que reforzaba aún más la confianza de los mandos de la OTAN, que descuidaron la vigilancia. A veces se reunían decenas de coches a la entrada, incluso a plena luz del día, lo que no pasó desapercibido para los servicios de inteligencia rusos.

Sólo tuvieron que esperar el momento más favorable para atacar. La fortaleza soviética era invulnerable a los misiles convencionales y no había necesidad de enviar bombarderos para atacar, ni siquiera con bombas de 5 toneladas. Los defensa aérea de la OTAN podía derribar los aviones.

Los rusos dibujaron el vuelo del Kinjal hipersónico, que fue lanzado desde un caza MiG-31 que despegó de un portaaviones a una distancia de 2.000 kilómetros y a una velocidad 10 o incluso 15 veces más rápido que la del sonido.

En el mundo no hay sistemas de defensa antiaérea que puedan interceptar un misil a esa velocidad. El Kinjal es, además, un arma de alta precisión. Desde el centro del blanco tiene una desviación de sólo un metro.

No sobrevivió ninguno de los oficiales de la OTAN que estaban en el subterráneo, y eran más de 200, entre ellos varios generales y oficiales estadounidenses, pero también británicos, polacos y ucranianos.

El portal griego Pronews, cercano al Ministerio de Defensa de su país, afirmó que “decenas de oficiales extranjeros murieron cuando los misiles hipersónicos Kinjal alcanzaron el centro conjunto de mando y comunicación ucraniano-OTAN”. Fue “un desastre para las fuerzas de la OTAN en Ucrania”.

Algunos sitios ucranianos reconocieron que, tras el ataque, los representantes del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania fueron llamados por la embajada de Estados Unidos en Kiev, donde les reprendieron por la escasa seguridad de los centros de control. Al mismo tiempo les entregaron una lista de los altos cargos y oficiales estadounidenses muertos y les ordenaron que los recuperaran del subterráneo.

En Lvov todavía están desenterrando los cadáveres. Las redes sociales ucranianas calculan que sólo han recuperado 40 de ellos bajo los escombros.

El 9 de marzo el Ministerio de Defensa ruso publicó un mensaje en su canal oficial en el que afirmó que, en respuesta a las acciones terroristas organizadas por el régimen de Kiev en la región de Briansk el 2 de marzo, habían lanzado un “ataque de represalia” masivo. El Ministerio subrayó que habían utilizado misiles hipersónicos Kinjal.

(*) https://www.kp.ru/daily/27490.5/4748875/ https://regnum.ru/news/society/3798556.html

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