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Día: 2 de abril de 2023 (página 1 de 1)

La guerra como defensa o la guerra como negocio

La Guerra de Ucrania ha vuelto a confirmar algo que ya se sabía: las guerras de alta intensidad entre pares son industriales. El esfuerzo de desplegar, armar, alimentar y abastecer a grandes ejércitos es una tarea monumental. El consumo masivo de equipos, sistemas, vehículos y municiones requiere una infraestructura industrial a gran escala para el reabastecimiento.

Por poner algunos ejemplos, algunos días el ejército ruso ha disparado hasta 50.000 proyectiles de artillería contra las posiciones ucranianas. Ucrania también quema munición a un ritmo vertiginoso, disparando tantos cartuchos de 155 milímetros en cinco días como los que produce Estados Unidos en un mes.

Los aviones de combate, los tanques, la artillería y los drones se destruyen o se averían, y necesitan ser sustituidos o reparados constantemente.

Las potencias occidentales son gigantes industriales con los pies de barro. Sus presupuestos militares son un despilfarro. La Guerra de Ucrania ha demostrado que su complejo militar industrial (tecnológico y científico) no estaba preparado para este tipo de guerras, sino para otras, como la de Somalia, o bien para vender la producción en las ferias de armamento.

En el complejo militar industrial lo que está fallando en Ucrania es la segunda parte: la industria, la tecnología y la ciencia. Desde el comienzo de la guerra, Estados Unidos suministró al ejército ucraniano una serie de armas, desde sistemas antiblindaje Javelin hasta sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad (Himars) y sistemas antiaéreos Stinger.

Un año después del inicio, los suministros militares estadounidenses han alcanzado la asombrosa cifra de 32.000 millones de dólares. Muchos sistemas de armamento y munición procedían directamente de los inventarios estadounidenses, vaciando los arsenales. Por ejemplo, en un año Estados Unidos ha proporcionado a Ucrania más de 8.500 sistemas antitanque Javelin, 1.600 sistemas antiaéreos Stinger y 38 Himars.

El número de Javelin transferidos a Ucrania en los seis primeros meses de guerra es el mismo que Estados Unidos produciría normalmente en siete años. Ese volumen puso a prueba la línea de producción de Javelin, que necesitó una enorme inyección de dinero del Pentágono.

Pero ningún país se puede quedar con los almacenes vacíos de armas, y menos Estados Unidos, que ni siquiera puede entrenar a sus tropas sin ellas. Incluso a un ritmo de producción acelerado, es probable que se necesiten varios años para reponer el inventario de Javelins, Stingers y otras armas.

No  cabe duda de que las empresas de armamento estadounidenses construirán más. Pero no suelen estar dispuestas a aumentar la producción de armas ni a asumir riesgos financieros sin contratos previos, especialmente plurianuales. Aunque el Pentágono firma contratos plurianuales para buques y aviones, no suele firmar contratos plurianuales para muchas municiones. Basa sus adquisiciones en sus planes operativos, normalmente para guerras cortas.

El Pentágono espera aumentar la producción de proyectiles de artillería en un 500 por cien en un plazo de dos años para reponer las existencias enviadas a Ucrania, el mayor aumento de la producción desde la Guerra de Corea.

Pero el Pentágono sólo tiene planes que, por lo demás, no son muy realistas. Las cadenas de suministro de la industria de guerra estadounidense no son seguras. En algunos casos, sólo una empresa produce un componente clave. El Javelin, por ejemplo, depende de un motor de cohete que actualmente fabrica en exclusiva Aerojet Rocketdyne. Una sola empresa, Williams International, fabrica los motores turbofán de la mayoría de los misiles de crucero.

También hay eslabones significativos con ciertos metales de tierras raras, sobre los que China tiene un monopolio virtual, que son esenciales para la fabricación de varios misiles y municiones. China domina las cadenas de suministro de baterías avanzadas en todo el mundo, incluido el refinado de cobalto, cobre, litio y níquel, así como la producción de ánodos, separadores y electrolitos. Encabeza el eslafón mundial en piezas de fundición, que se utilizan en la mayoría de las plataformas y municiones militares, desde barcos a misiles. Pekín produce más que los nueve países siguientes juntos, y más de cinco veces más que Estados Unidos. El Pentágono depende de gobiernos extranjeros, entre ellos China, para las grandes piezas de fundición y forja, que se utilizan en algunos sistemas de defensa y máquinas herramienta.

Los misiles, los satélites espaciales y los buques son los que más tardan en sustituirse. La producción de muchos tipos de misiles puede llevar unos dos años. Pero ese es el tiempo necesario para entregar los primeros misiles, no los últimos.

El yuan chino ya es la segunda moneda de reserva de Brasil

El viernes el Banco Central de Brasil anunció que el yuan chino ha superado al euro y se ha convertido en la segunda moneda de reserva internacional del país. Hasta 2018 la moneda china estuvo ausente de las reservas de divisas de la mayor economía de América Latina, lo que da una idea del fabuloso aumento de la presencia del yuan en la región.

En su sitio web oficial, el banco central asegura que el aumento de la participación del yuan en las reservas internacionales de cambio de Brasil refleja la profundización de los lazos económicos entre Brasil y su mayor socio comercial, China.

A finales del año pasado la proporción de yuanes en las reservas internacionales de divisas de Brasil había alcanzado el 5,37 por ciento, superando al euro en un 4,74 por ciento.

En la actualidad, el dólar estadounidense sigue dominando las reservas de divisas de Brasil, con un 80,42 por ciento.

El banco central también señala que las reservas internacionales totales de Brasil cayeron de 362.200 millones de dólares en 2021 a 324.700 millones de dólares en 2022, debido a la pérdida de rentabilidad de las carteras en medio de las subidas de tipos de la Reserva Federal estadounidense y la apreciación del dólar.

El yuan se convirtió en una de las monedas de reserva de divisas internacionales de Brasil en 2019. Al adoptar el yuan, las empresas brasileñas obtienen beneficios económicos, como la reducción de los costes de las transacciones.

El cambio subraya la creciente importancia económica de China para Brasil, donde representa el 28 por cien del comercio internacional, más del doble que Estados Unidos, su siguiente socio comercial.

Los traficantes de armas están haciendo su agosto

En enero del año pasado el director de Raytheon, Greg Hayes, dijo a los inversores que la inestabilidad mundial presentaba una oportunidad de beneficios para su empresa armamentista. “Vemos, diría yo, oportunidades de ventas internacionales”, dijo Hayes, citando, entre otros acontecimientos mundiales, “las tensiones en Europa del este”. Añadió: “Todas estas cosas están ejerciendo presión sobre algunos gastos de defensa allí. Así que espero que obtengamos algún beneficio de ello”.

Hayes tenía razón. Raytheon y otros fabricantes de armas obtuvieron grandes beneficios el año pasado, mientras que la mayoría de los especuladores sufrieron pérdidas.

Las cinco grandes empresas armamentísticas han disfrutado de un impresionante crecimiento bursátil desde el inicio de la Guerra de Ucrania, superando espectacularmente los principales índices. Las acciones de Lockheed Martin, Raytheon, Boeing, Northrop Grumman y General Dynamics han subido una media del 13 por cien.

Este crecimiento es aún más impresionante si se compara con el comportamiento de los principales índices. De media, las acciones de los mejores valores superaron al S&P 500 en un 18 por cien, al Nasdaq Composite Index en un 24 por cien y al Dow Jones Industrial Average en un 13 por cien.

Dos de los tres índices, el S&P 500 y el Nasdaq Composite Index, registraron pérdidas durante este periodo de un año.

En otras palabras, una inversión de 10.000 dólares en las cinco principales empresas de armamento el día antes de la invasión valdría hoy 11.277 dólares. Una inversión de 10.000 dólares en el índice S&P 500 valdría 9.495 dólares.

Gran parte de los ingresos de la industria armamentista estadounidense proceden de contratos del gobierno de Estados Unidos, pagados por los contribuyentes. Por ejemplo, Lockheed Martin, el mayor fabricante de armas del mundo, es una empresa privada con ánimo de lucro que cotiza en bolsa, pero el informe de 2021 reconoce que “el 71 por cien de nuestros 67.000 millones de dólares en ventas netas procede del gobierno estadounidense”.

Los beneficios de esta industria, en gran parte financiada por el gobierno, se transfieren a los accionistas. El cabecilla de Lockheed, James Taiclet, se jactó de que la empresa pagó 11.000 millones de dólares a los accionistas el año pasado a través de recompras de acciones y pagos de dividendos, creando “un valor significativo para nuestros accionistas”. En otras palabras, un pago a los accionistas financiado por el contribuyente.

La mayoría de los especuladores, que cada vez más prefieren invertir en fondos indexados -un fondo de inversión o un fondo cotizado en bolsa que coincide con los componentes de un índice de mercado financiero como el S&P 500 o el Promedio Industrial Dow Jones- se han quedado al margen de las ganancias extraordinarias de la recompra de acciones de Lockheed o del aumento del valor de las acciones de las empresas de armamento.

Una vez que termine la guerra, el coste de la reconstrucción de las infraestructuras ucranianas se estima en más de un billón de dólares y sigue aumentando. Además, la guerra impulsará las compras de armas estadounidenses y europeas durante años.

Chris Calio, director de operaciones de Raytheon, dijo más tarde en la conferencia telefónica que “se espera que nuestra cartera de pedidos siga creciendo, dado el creciente y cada vez más complejo entorno de amenazas”.

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