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Día: 16 de enero de 2023 (página 1 de 1)

Francia se prepara para un enfrentamiento dentro de la Unión Europea por los precios de la energía

Francia se prepara para un enfrentamiento dentro de la Unión Europea sobre el mercado común de la electricidad. El gobierno de Macron quiere obtener una desvinculación de los precios del gas y la electricidad, es decir, lo mismo que Portugal y España.

Dentro de diez días se celebra un consejo de ministros franco-alemán que promete ser muy tenso, dado que los temas de discordia entre París y Berlín se han acumulado y el tono adoptado por el gobierno de París se está volviendo bastante agresivo.

Entre bastidores, un miembro del gobierno ha declarado que Francia está dispuesta a “ir a la guerra” si no obtiene de Europa la desvinculación de los precios de la electricidad de los del gas, y ello “en un plazo de seis meses”.

Si no nos dan lo que pedimos, ¿iremos a la guerra con la Unión Europea?, pregunta el diario francés Le Point (*). La palabra “guerra” se ha puesto de moda, lo que refleja que el nerviosismo está cundiendo en Europa a toda velocidad.

“Debemos poner todo nuestro peso político detrás”, insistió el ministro francés, visiblemente alterado por una polémica que dura ya más de un año y que se está convirtiendo en un choque político.

Es lo que tiene presumir de “libre mercado” cuando los precios no sólo está regulados sino mal regulados para engordar a las grandes empresas energéticas. Lo volveremos a ver el 30 de junio, cuando el asaunto se vuelva a discutir en Bruselas.

También es consecuencia del seguidismo europeo respecto a Estados Unidos y las delirantes sanciones a Rusia.

(*) https://www.lepoint.fr/economie/marche-europeen-de-l-electricite-la-france-se-prepare-au-bras-de-fer-12-01-2023-2504618_28.php

La militarización del dólar acaba con el libre comercio

La invasión rusa de Ucrania está acelerando la fragmentación de la economía mundial que comenzó con la crisis económica de 2008. Los países occidentales proponen la formación de una “OTAN económica” y el traslado de las actividades de sus grupos industriales a países amigos. China se considera el rival más importante, un adversario tanto económico como político.

La crisis de 2008 acercó el mercado mundial a la política internacional y la erección de barreras proteccionistas por parte de los países desarrollados, con el pretexto de la “seguridad nacional”. Desde febrero del año pasado la guerra se ha convertido en la norma de las relaciones económicas internacionales. El mundo ha pasado de las guerras comerciales a la guerra total. Hoy en día, las guerras movilizan tanto medios militares como instrumentos económicos.

El dólar se ha militarizado y ha fragmentado la economía mundial. Estados Unidos propone a la Unión Europea la ampliación de la alianza militar entre las dos orillas del Atlántico a otros terrenos y pide a los monopolios de esos países que las cadenas de producción vuelvan a los “países amigos”. El objetivo es que China deje de ser la “fábrica del mundo” y expulsarla de los mercados mundiales.

El objetivo también es Rusia naturalmente: en marzo del año pasado Estados Unidos y los países europeos revocaron la cláusula de nación más favorecida, que constituye el núcleo del multilateralismo en sus relaciones comerciales con Rusia.

Poco después de la crisis financiera de 2008, la Secretaria de Estado Hillary Clinton propuso que la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea para contrarrestar el ascenso de China y, más en general, de los Brics (Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica). En 2013 el Wall Street Journal habló de una “OTAN económica” y otros, como la antigua primera ministra británica Liz Truss, propusieron convertir al G7 en esa “OTAN económica” (1).

El proyecto fracasó y luego fue retomado por equipos próximos a la Casa Blanca para formar un bloque de países asociados a Estados Unidos. El libre comercio (“globalización”), que se basaba en las reglas del multilateralismo, encarnadas por la Organización Mundial del Comercio, tuvo su luna de miel con la caída del Muro de Berlín y se ha acabado en Ucrania treinta años después.

Además, en 2020 Janet Yellen, actual Secretaria del Tesoro estadounidense, pidió a los monopolios la segunda deslocalización: que devuelvan las cadenas productivas a los países aliados, políticamente sumisos (2). Esta posición se aprobó en una conferencia especialmente convocada sobre el futuro de la economía mundial y la dirección económica de Estados Unidos dos meses después del estallido de la Guerra de Ucrania. Varios dirigentes europeos, entre ellos la Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, apoyan esta exigencia (3).

Es el fin del “libre comercio”, e incluso de internet como red mundial interconectada. Las grandes potencias occidentales han comenzado a elaborar listados de “países aliados” y de sectores estratégicos que no se pueden deslocalizar. Es lo que el Comisario Europeo de Industria, Thierry Breton, califica de “geopolítica de las cadenas de suministro”.

(1) https://www.gov.uk/government/speeches/foreign-secretarys-mansion-house-speech-at-the-lord-mayors-easter-banquet-the-return-of-geopolitics
(2) https://home.treasury.gov/news/press-releases/jy0714
(3) https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2022/html/ecb.sp220422~c43af3db20.en.html

El británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen es un espía

Martin Griffiths, el británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen, cofundó y asesora a una empresa privada de resolución de conflictos que colabora estrechamente con el MI6. Hasta hace poco era el enviado especial de la ONU en Yemen, un país en guerra en el que combatieron las fuerzas especiales británicas.

Griffiths, de 71 años, ha ocupado varios puestos importantes en el ámbito internacional. Fue enviado especial de la ONU en Yemen hasta 2021. Anteriormente fue responsable de negociar un acuerdo para poner fin a la guerra en el país de Oriente Medio, que se ha prolongado durante casi siete años.

Reino Unido apoya a los saudíes en la Guerra de Yemen en un intento de restaurar el gobierno de Abdrabbuh Mansour Hadi, que se vio obligado a huir en 2015.

Una empresa de resolución de conflictos cofundada por Griffiths y de la que sigue siendo “asesor estratégico” trabaja en estrecha colaboración con el MI6 y el Ministerio británico de Asuntos Exteriores. Entre sus directores y asesores figuran antiguos militares y diplomáticos británicos.

La empresa, Inter Mediate, “se centra en los conflictos más difíciles, complejos y peligrosos, en los que otras organizaciones no pueden intervenir” y “reúne a algunos de los mayores expertos mundiales en diálogo y negociación”. Lo más relevante es que la resolución de guerras y conflictos internacionales se encomiende a empresas privadas que, por lo demás, son tentáculos de las centrales de espionaje de las grandes potencias.

El hallazgo también suscita dudas sobre la imparcialidad de la ONU, crucial para el papel de un enviado especial que, además, interviene por razones supuestamente “humanitarias”.

Inter Mediate empezó a trabajar en Yemen y Siria seis años antes de que Griffiths se convirtiera en enviado de la ONU en Yemen, en una época en la que era asesor principal de la ONU sobre Siria. Se desconoce si la empresa sigue activa en Yemen.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ascendió a Griffiths al puesto de enviado especial de la ONU para Yemen en febrero de 2018. “Una exitosa campaña para conseguir el nombramiento de un nuevo Enviado Especial de la ONU para Yemen ha conducido al nombramiento de Martin Griffiths, británico y experto en mediación internacional”, decía el comunicado oficial.

En 1994 Griffiths fue ascendido a director del Departamento de Asuntos Humanitarios de la ONU (DAH) en Ginebra. Antes había pasado cuatro años como director general de la ONG británica de desarrollo ActionAid y también había trabajado en Save the Children y UNICEF, el departamento de la ONU dedicado a la infancia.

Existen antecedentes de funcionarios británicos que han ocupado altos cargos humanitarios en la ONU. Desde 2010 los cinco jefes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que sucedió al DAH, han sido británicos.

El gobierno británico ha estado financiando la oficina del enviado especial de la ONU, aportando 650.000 libras del presupuesto de ayuda de Reino Unido en los años 2019 y 2020, e incluso en la ONU rige el principio de que “quien paga manda”. Los organismos internacionales sólo ponen su sello, que sirve de cobertura para manejos muy sucios.

Inter Mediate fue creada en 2011 por Griffiths y Jonathan Powell, antiguo jefe de gabinete de Tony Blair. Powell ayudó a negociar el Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda del Norte y desempeñó un papel central en la política exterior británica bajo Blair.

Ha sido director de Inter Mediate desde su creación. Antiguo funcionario del Foreign Office, Powell fue nombrado en 2014 por el entonces primer ministro David Cameron enviado especia del Reino Unido a Libia, mientras dirigía Inter Mediate.

Powell e Inter Mediate han dirigido numerosos proyectos financiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores en países como Birmania, Libia y Corea del norte. La documentación encontrada incluye 23 pagos realizados por el Ministerio de Exteriores a la empresa entre 2013 y 2020.

El Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que había pagado “algo más de 4 millones de libras a Inter Mediate entre 2011 y 2020 para apoyar el trabajo de resolución de conflictos internacionales”.

Es otro claso claro de corrupción institucionalizada en el que participan los organismos internacionales, los espías, las empresas privadas y, naturalmente, las ONG humanitarias.

—https://declassifieduk.org/former-un-envoy-to-yemen-linked-to-mi6-a-party-to-the-war/

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