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Día: 13 de enero de 2023 (página 1 de 1)

¿Han firmado Rusia y China un acuerdo secreto de defensa mutua?

A finales de noviembre en Estados Unidos empezaron a surgir informaciones de que Rusia y China habían firmado en secreto un acuerdo de defensa mutua. Un artículo publicado en el sitio web Russia Matters del Centro Belfer de la Harvard Kennedy School aseguraba de que cuando Putin visitó Pekín el 4 de febrero, antes de la invasión rusa de Ucrania, firmó con Xi Jinping en secreto un acuerdo “por el que sus países se ayudarían mutuamente en el plano militar, pero sólo en caso de invasión extranjera”.

Un “anexo confidencial” de su acuerdo de 4 de febrero contenía “una garantía de seguridad mutua, algo que Rusia llevaba décadas pidiendo a China pero que hasta ahora no había podido obtener […] Al igual que el artículo 5 de la OTAN -según el cual un ataque contra un miembro es un ataque contra todos- Pekín y Moscú se comprometieron a ayudarse mutuamente en el plano militar en el caso de una invasión extranjera de su territorio y si se cumplían condiciones especiales en cuanto a los motivos de dicha invasión”.

El 2 de diciembre el Washington Post se sumó a esa hipótesis. “Cada día existe el riesgo de que un acontecimiento fortuito convierta esta situación [la Guerra de Ucrania] en una guerra más amplia, que implique directamente a la OTAN”. Incluso si dicha guerra no llegara a ser nuclear, la devastación podría ser inmensa, decía el periódico. Hablar de “Tercera Guerra Mundial” puede ser una exageración, añadía, pero no tiene por qué serlo, sobre todo a la luz de un reciente informe según el cual China y Rusia tienen un acuerdo secreto de defensa mutua.

La existencia de un acuerdo de ese tipo sería algo inesperado en las relaciones entre ambos países, que durante mucho tiempo han evitado formar alianzas y bloques al estilo de la Guerra Fría.

Algunos autores chinos han abogado por esa alianza, pero no es un mensaje oficial del gobierno de Pekín. Un conocido experto chino en política exterior, Yan Xuetong, ha abogado por la formación de una alianza con Rusia, pero nunca dijo que existiera nada parecido y no representa la posición oficial. Yan declaró que “China debería plantearse ofrecer garantías de seguridad a los países vecinos”. No se trataría de ayudarles a invadir a otros, sino de ofrecerles garantías de seguridad cuando otros les invadan a ellos.

Según Yan, “el concepto de alianza está mal entendido en la sociedad. Mucha gente piensa que una alianza significa que si tus aliados entran en guerra, tú entras automáticamente en guerra. Esto no es cierto. Una alianza significa que cuando tu aliado es invadido por otros y libra una guerra de resistencia a la agresión, tú participas automáticamente en la guerra. Un tratado de alianza es ‘te ayudo a protegerte’, no ‘te ayudo a invadir a otros’”.

La distinción entre una obligación que se desencadena al ser invadido y no al invadir es coherente con otras asociaciones chinas. Incluso antes de consolidar su estrecha asociación con Rusia, China mantenía una relación excepcionalmente estrecha con Pakistán. Pero mientras Pakistán ha estado en guerra con India más de una vez, China no ha intervenido ni una sola vez con sus tropas.

La razón es que China ha hecho la misma distinción que Yan. Según Andrew Small, China nunca acudiría en ayuda de Pakistán en conflictos provocados. Pero, según Small, el Presidente Mao Zedong (en el poder de 1949 a 1976) dijo que China podía intervenir si India atacara a Pakistán. Podría acudir en ayuda de su socio si su propia existencia se viera amenazada por una invasión extranjera. Pero no acudiría en ayuda de su socio si fuera el causante de la crisis.

En el caso de la Guerra de Ucrania, China no culpó a Rusia de provocarla, sino que señaló sistemáticamente con el dedo a Estados Unidos y la OTAN. Xi dijo personalmente a Biden que “el núcleo de la crisis ucraniana” eran “las preocupaciones de seguridad tanto de Rusia como de Ucrania”. Las provocaciones estadounidenses eran la raíz del problema. El 23 de junio Xi volvió a insistir en la necesidad de “rechazar la mentalidad y la confrontación de bloques al estilo de la Guerra Fría” y el “comportamiento hegemónico”.

Tanto Rusia como China han abandonado las alianzas al estilo de la Guerra Fría. Aunque su asociación estratégica, extraordinariamente estrecha, se aproxima a una relación casi de alianza, dista mucho de ser una alianza militar.

Apenas unas semanas antes de que Rusia invadiera Ucrania, Xi afirmó que las relaciones entre Rusia y China “superan incluso a las de una alianza en su cercanía y eficacia”. En una declaración conjunta emitida el 4 de febrero por Putin y Xi se afirmaba, quizá por primera vez de forma oficial, que “la amistad entre los dos Estados no conoce límites, no hay ámbitos de cooperación prohibidos”. La declaración añade que se trata de “un nuevo tipo de relación” que es “superior a las alianzas políticas y militares de la Guerra Fría”.

Como parte de esa “férrea” amistad, Rusia y China han realizado maniobras militares bajo un sistema conjunto de mando y control que les ha proporcionado niveles de acceso sin precedentes entre sí, demostrando un altísimo nivel de coordinación estratégica y militar.

El 27 de octubre el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, declaró que “China apoyará firmemente a la parte rusa, bajo la dirección del presidente Putin, para unificar al pueblo ruso a fin de superar las dificultades y las interferencias, alcanzar un objetivo de desarrollo estratégico y seguir reforzando el estatus de Rusia como gran potencia”. Prometió que “China y Rusia profundizarán sus intercambios a todos los niveles”.

Pero, por lo que se sabe, todavía no existen obligaciones de defensa mutua.

La existencia de una garantía recíproca de seguridad confidencial puede no suponer una gran diferencia en la práctica. Un ataque contra un territorio que amenace intrínsecamente a Rusia podría hacer que China pusiera en juego sus propios intereses de seguridad. China no desea enfrentarse a Estados Unidos y la OTAN sin Rusia. Podría verse inducida a acudir en ayuda de Rusia en caso de invasión, no por un acuerdo con Rusia, sino por la preocupación por sus propios intereses de seguridad.

Lo más importante es el poco discutido artículo 9 del tratado chino-ruso de 2001, conocido como Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa. Establece que “cuando surja una situación en la que una de las partes considere que la paz está amenazada y en peligro o que están en juego sus intereses de seguridad, o cuando se enfrente a la amenaza de una agresión, las partes contratantes establecerán inmediatamente contactos y realizarán consultas para eliminar dichas amenazas”.

Independientemente de que exista o no una garantía confidencial de seguridad mutua entre Rusia y China, ambas mantienen una estrecha relación de cuasi alianza, aún en evolución, que “no conoce fronteras” y ya han concluido un tratado para ayudarse mutuamente y eliminar cualquier amenaza a sus respectivos intereses de seguridad.

—https://responsiblestatecraft.org/2022/12/13/have-russia-and-china-signed-a-secret-defense-agreement

El consumo mundial de carbón alcanzó un máximo histórico el año pasado

Los países emergentes han tenido que recurrir al carbón porque el gas licuado se ha desviado a los países europeos, dipuestos a pagar precios muy elevados para llenar los depósitos para el invierno.

En India, a pesar de la producción récord de carbón local, el gobierno insta a los productores de electricidad a aumentar sus reservas de carbón por temor a no poder satisfacer la demanda energética que exige el crecimiento económico.

Al igual que los países de la Unión Europea con el gas, la India trata de asegurarse reservas de carbón para satisfacer la creciente demanda de electricidad. El Ministerio de Energía quiere que los productores de electricidad aumenten sus existencias de carbón térmico, que representa el 70 por cien de la electricidad, en un 6 por cien de aquí a septiembre.

Año tras año el país asiático extrae cada vez más carbón. La producción aumentó un 6,3 por cien en 2021, hasta 805 millones de toneladas, y un 11 por cien el año pasado, hasta 893 millones de toneladas. En 2025 se alcanzarán los mil millones de toneladas. Pero el esfuerzo sigue siendo insuficiente. El consumo alcanzó los 959 millones de toneladas en 2021 (+14,2 por cien) y los 1.027 millones de toneladas en 2022 (+7,1 por cien).

Por lo tanto, India necesita seguir importando carbón. Aunque las importaciones descendieron un 10,3 por cien en 2021, volvieron a subir el año pasadon 2022, un 7,8 por cien (+152 millones de toneladas) y deberían aumentar de nuevo este año. La minería del carbón y su comercio representan un sector clave para el gigante asiático.

Aunque el carbón sigue siendo el hidrocarburo más barato, su precio internacional se mantiene alto. A diferencia del gas natural y el petróleo, que han retrocedido a sus niveles previos al inicio de la Guerra de Ucrania, el precio internacional de referencia para Asia está por debajo de los 400 dólares la tonelada, un 99 por cien más que hace un año.

Es posible que se mantenga en niveles altos, ya que la demanda va en aumento. A diferencia de Europa, Estados Unidos o China, la economía india registró una envidiable tasa de crecimiento del 7,3 por cien el año pasado, uno de los mejores resultados del mundo en un contexto de depresión, y aún debería crecer un 6,6 por cien este año.

Para mantener su economía funcionando a ese ritmo, India necesita más electricidad y, por lo tanto, más carbón. El consumo de carbón de la India se ha duplicado desde 2007 a un ritmo anual del 6 por cien, y va camino de convertirse en el motor del crecimiento de la demanda mundial de carbón. El año pasado el país puso en funcionamiento 64 nuevas minas.

Mientras que en Estados Unidos se espera que la cuota de electricidad generada con carbón caiga del 20 por cien en 2022 al 18 por cien este año y al 17 por cien en 2024, no ocurre lo mismo en Europa.

La crisis energética, que comenzó en otoño de 2021, se ha visto amplificada por la guerra. Las importaciones europeas de carbón han aumentado un 6 por cien, procedentes de Colombia, Indonesia y Sudáfrica. La demanda europea ha contribuído a que el consumo mundial de carbón alcance un máximo histórico el año pasado y se espera que aumente un 1,2 por cien hasta superar los 8.000 millones de toneladas, tras un +6 por cien en 2021. Este modesto aumento se explica por la ralentización económica en China, cuya política de “covid cero” ha reducido la actividad económica.

Sin embargo, la extracción tiene dificultades para satisfacer el aumento de la demanda mundial, lo que elevará aún más los precios.

La OTAN consigue frenar los ciberataques rusos contra Ucrania

La OTAN ha conseguido contrarrestar los ciberataques rusos contra Ucrania. A partir del Golpe de Estado fascista de 2014 las potencias occidentales se volcaron en la preparación del ejército ucraniano para hacer frente a la ciberguerra de Rusia.

Durante ocho años Ucrania invirtió mucho en nuevas tecnologías, lo mismo que Polonia y los Estados bálticos. A principios de 2016 el Parlamento asignó un presupuesto a la ciberdefensa, el gobierno dio a conocer su primera estrategia y creó el Centro Nacional de Ciberseguridad.

Al año siguiente promulgó una ley sobre ciberseguridad que amplía las competencias de investigación e interceptación de los organismos ucranianos y creó una ciberpolicía.

Tras cada uno de esos pasos estaban las potencias occidentales. Las normas y procedimientos ucranianos se asimilaron a los modelos occidentales. Ucrania abrió una plataforma de intercambio de datos cibernéticos conforme a las normas de la OTAN y la Unión Europea, lo que ha permitido compartir rápidamente indicadores de ataques y las primeras herramientas técnicas para protegerse contra ellos.

Durante los dos primeros meses de guerra, el ejército ruso lanzó 350 ciberataques contra Ucrania. Los Estados vecinos prestaron a Ucrania soluciones digitales para reforzar su capacidad de resistencia y el alojamiento redundante de datos y servicios digitales en centros de datos situados en Polonia y los Países Bálticos.

La implicación directa de Estados Unidos, que sabía que una guerra iría acompañada de una ola de ciberataques, se intensificó significativamente a finales de 2021. El USCYBERCOM desplegó un equipo de expertos militares en Ucrania para averiguar si los atacantes rusos ya se habían infiltrado en los sistemas ucranianos. La llegada de los estadounidenses encargados de detectar posibles programas informáticos preposicionados fue crucial en las semanas previas a la guerra. En dos semanas, su misión se convirtió en uno de los mayores despliegues del Mando Cibernético de Estados Unidos, en el que participaron más de 40 miembros del ejército estadounidense.

Cuando Rusia intensificó sus operaciones en el ciberespacio en enero para poner a prueba los sistemas ucranianos como nunca antes se había hecho, el equipo estadounidense pudo calibrar la magnitud del ciberataque. Estos equipos participaron en una misión de “caza avanzada”, inspeccionando las redes informáticas de los socios en busca de indicios de preposicionamiento.

Las operaciones fueron dirigidas por Estados Unidos y asumidas por el general Paul M. Nakasone, Comandante del Mando Cibernético de Estados Unidos. Otras fueron encargadas a Microsoft y Google.

Los estadounidenses han publicado datos técnicos sobre los ataques rusos en Ucrania. Hasta ahora los países se guardaban la información sobre los ciberataques para sí mismos, pero ahora la política es publicar los datos lo antes posible para evitar la contaminación.

Hoy en día el intercambio de información es muy rápido cuando se ataca a un aliado, ya sea en el marco de la OTAN o en el europeo. Al publicar el tipo de virus y los datos correspondientes, es posible filtrarlos y encontrarlos.

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