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Día: 15 de diciembre de 2022 (página 1 de 1)

El dirigente de la Confederación Sindical Internacional implicado en la trama de corrupción de Qatar

El Secretario General de la Confederación Sindical Internacional (ITUC-CSI) y antiguo Secretario General de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), el italiano Luca Visentini, está en prisión acusado de formar parte de la trama de corrupción que Qatar y Marruecos había tejido en Bruselas.

La ITUC-CSI es el nuevo nombre de la antigua CIOSL y de ella forman parte Comisiones Obreras y UGT. El tinglado federa a 332 sindicatos de 163 países y tiene más de 200 millones de trabajadores afiliados.

La semana pasada la policía llevó a cabo cuatro detenciones y 16 registros  en Bruselas en el marco de una investigación contra la corrupción de la fiscalía belga. Visentini fue detenido e interrogado por el juez, acusado de formar parte de una organización criminal que lavaba dinero negro y recibía sobornos de Qatar.

Fue elegido Secretario General de la ITUC-CSI en noviembre. La inculpación destaca la complicidad política y financiera directa de la maquinaria sindical europea, partidos políticos y ONG, tanto con la Comisión Europea, como con el Parlamento.

Más del 75 por cien del presupuesto de la CES lo paga la Unión Europea y sus cabecillas disfrutan de las mismas prebendas que los burócratas de la Unión Europea en cuanto a salario, condiciones de trabajo y ascensos. Las prebendas no están exentas de contrapartidas.

El caso está vinculado al Campeonato Mundial de Fútbol que se celebra en Qatar, donde más de 6.000 trabajadores emigrantes han muerto en las obras de construcción de las infraestructuras deportivas. Tanto la ITUC-CSI como la CES han permitido que eso ocurra y han guardado un silencio cómplice.

En vísperas del Mundial de Fútbol un informe de una misión a Qatar de la ITUC-CSI y de la OIT, entre ellos el antiguo Secretario General de la CGT francesa, se felicitaban por los “progresos sociales” en Qatar. Incluso se anunció que pronto se reconocerían los derechos sindicales. La realidad era y es bien distinta.

Los trabajadores migrantes siguen sometidos a condiciones laborales de virtual esclavitud, jornadas de 14 y 16 horas, 7 días a la semana, sin vacaciones, promiscuidad, sin reagrupación familiar, presión y violencia, de las que la práctica de la “kafala”, es decir, la retención por parte del empresario de todos los documentos de identidad del trabajador, es uno de los ejemplos más condenables.

Visentini acababa de ser elegido Secretario General de la ITUC-CSI en sustitución de la australiana Sharan Burrow, que hace unos años estableció sospechosas relaciones con el grupo Danone. Según Burrow las afirmaciones de que más de 6.000 trabajadores habían muerto trabajando en las obras del Mundial de Qatar durante la última década eran “un mito”.

Hay demasiados casos de corrupción en los que están implicadas las confederaciones sindicales afiliadas a la ITUC-CSI. La Histadrut israelí extorsiona a los trabajadores palestinos y los cabecillas de la UAW, la poderosa federación automovilística AFL-CIO, están siendo cuestionados públicamente por su elevado tren de vida de malversación de las cuotas de los afiliados.

Bill Jordan, uno de los predecesores de Visentini y Burrow al frente de la ITUC-CSI, fue ennoblecido por la Reina de Inglaterra.

En el reciente congreso de la ITUC-CSI, el invitado de honor fue Biden, que expresó su apoyo a la ITUC-CSI al tiempo que alentaba la represión de más de 100.000 trabajadores ferroviarios en huelga en Estados Unidos. En el congreso de la CES, Visentini elogió a Jean-Claude Junker, antiguo Primer Ministro de Luxemburgo y Presidente de la Comisión de Bruselas, por “salvar la Europa social”.

Una ley contra el Partido Comunista de China para censurar TikTok

Si el ridículo matara, los senadores estadounidenses estarían enterrados hace tiempo. Una iniciativa parlamentaria bipartidista presentado el martes en Washington para cerrar la red social TikTok de Estados Unidos se presenta como un proyecto de ley “contra el Partido Comunista de China”.

Cuando China hizo lo propio con el buscador Google, los hipócritas que hablan en nombre de la libertad de expresión se hartaron de criticar la censura del país asiático. Ahora no levantarán la voz porque no son más que los perritos falderos de sus jefes de Washington.

La prohibición de TikTok es la última y más absurda medida contra las empresas tecnológicas chinas, un reconocimiento de la neta superioridad del país asiático en lo que hasta hora era un coto privado de Estados Unidos. Es proteccionismo envuelto en el papel de celofán de la “protección de los datos”.

“Es hora de prohibir definitivamente TikTok, que está controlada por Pekín”, dijo el senador republicano por Florida Marco Rubio, impulsor del proyecto de ley, cuyas tìtulo es “Ley para prevenir la amenaza nacional de la vigilancia de internet, la opresión por censura e influencia y el aprendizaje algorítmico por parte del Partido Comunista Chino”.

Esta iniciativa llega en un momento en el que la red social se encuentra en plena ebullición en Estados Unidos: tras estar a punto de ser absorbida por la estadounidense Oracle por presiones de Trump, la filial estadounidense de la china ByteDance fue indultada por Biden. Pero en dos años, el Departamento de Justicia y el Comité Administrativo de Inversiones Extranjeras (CFIUS) aún no han decidido su destino.

Aunque TikTok ha prometido alojar los datos personales de sus usuarios estadounidenses en Estados Unidos, en Oracle, a los legisladores les preocupa que estos datos puedan ser enviados a China.

Los vientos soplan a favor de la prohibición. La Cámara de Representantes se decantará del lado republicano en enero. Esto presionará a Biden para que tome la decisión. A cada paso el Presidente ha mostrado que Estados Unidos marcha hacia el proteccionismo, tanto si se trata de China como de Europa.

La presión aumenta. Texas, Dakota del Sur, Carolina del Sur y Maryland han seguido el ejemplo de Nebraska y han prohibido a sus trabajadores utilizar TikTok. El Fiscal General de Indiana ha presentado una demanda sobre el uso de datos y la protección de menores.

El director del FBI, Christopher Wray, entró en liza en noviembre al declarar públicamente que le preocupaba que China pudiera utilizar TikTok para moldear la opinión y recopilar datos personales. El mensaje fue transmitido al CFIUS, que supervisa las inversiones extranjeras, en el marco de su examen de la fusión entre ByteDance y Musical.ly, la partida de nacimiento de TikTok US en 2017.

TikTok tiene más de 138 millones de usuarios activos mensuales en Estados Unidos. La red social atrae a las generaciones más jóvenes, con un tiempo medio de permanencia en la aplicación diez veces superior al que se dedica a Instagram. Los usuarios pasan más tiempo viendo vídeos cortos realizados por otros usuarios que chateando con sus colegas.

Serbia está al borde de la guerra con la OTAN en Kosovo

El contencioso entre Serbia y Kosovo, surgido en verano, se recrudece. Belgrado y Pristina están reuniendo fuerzas militares y policiales en la frontera. Los observadores no descartan un choque armado.

La Unión Europea ha enviado a Kosovo a su representante especial para los Balcanes Occidentales para ayudar a reducir las tensiones en la región.

“Nuestro enviado especial irá a la región pasado mañana y regresará antes de la cumbre de la Unión Europea para poder evaluar la situación e informar a los dirigentes”, declaró Borrell en una rueda de prensa tras la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

El 10 de diciembre la situación en el norte de Kosovo empezó a deteriorarse aún más tras la detención del antiguo policía serbio Dejan Pantic por los kosovares. En respuesta, la población serbia local levantó barricadas en las carreteras y protestó. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, calificó el 11 de diciembre como su día de trabajo más difícil al frente del país.

Las elecciones municipales en cuatro ciudades del norte de Kosovo, pobladas mayoritariamente por serbios, fueron programadas para el domingo por la Presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani. Esto ocurrió después de que los serbios de Kosovo, en coordinación con Belgrado, se retiraran de las instituciones kosovares a principios de noviembre. Algunos alcaldes dimitieron. Era una protesta contra la decisión de Pristina de prohibir en su territorio el uso de matrículas expedidas en Serbia. Aunque el problema se resolvió posteriormente con la mediación de la Unión Europea, los serbios se niegan a regresar a Kosovo hasta que se constituya la Comunidad de Municipios Serbios de Kosovo.

El 6 de diciembre los representantes del gobierno fantoche de Kosovo intentaron entrar en los locales de las comisiones electorales del norte, donde fueron recibidos con bombas y disparos. Algunos colegios electorales quedaron destruidos. Dos días después, llegaron al norte de Kosovo unidades policiales reforzadas, oficialmente para prevenir enfrentamientos entre serbios y albaneses.

Belgrado acusó a Pristina de “enviar ilegalmente fuerzas especiales al norte de Kosovo para expulsar a los serbios”. El viernes Vucic mantuvo una reunión de urgencia con el Ministro de Defensa y el Jefe del Estado Mayor de la República. La jefa del gobierno serbio, Ana Brnabic, declaró: “El Primer Ministro de Kosovo, Albin Kurti, nos ha llevado a todos, serbios y albaneses, al borde mismo de la guerra”.

El contencioso entre Serbia y Kosovo, surgido en verano, se recrudece. Belgrado y Pristina están reuniendo fuerzas militares y policiales en las fronteras. Ahora los observadores no descartan un enfrentamiento armado.

En julio el gobierno pelele de Pristina promulgó un decreto según el cual se podía imponer una multa a los propietarios de automóviles con matrícula serbia. La decisión provocó protestas entre los serbios que viven en el norte de la provincia. Sin embargo, entonces las autoridades de Serbia y Kosovo pudieron ponerse de acuerdo y evitar una escalada del conflicto, aplazando la introducción de restricciones hasta otoño.

El 8 de diciembre, las autoridades serbias informaron de la ocupación de zonas serbias en Kosovo y Metohija. Unas trescientas fuerzas especiales kosovares en vehículos blindados entraron en la ciudad de Kosovska Mitrovica, bloqueándola. En respuesta, el gobierno serbio dijo que tales acciones violan el acuerdo de 2013, y en respuesta prometió regresar a la zona unos mil representantes de las fuerzas de seguridad serbias.

En la noche del 11 de diciembre Vucic convocó al Consejo de Seguridad Nacional debido a las amenazas de Kosovo de resolver el problema por la fuerza con la participación de un contingente de la OTAN. Según él, el país está “entre la espada y la pared”.

A pesar de que Vucic hizo un llamamiento a albaneses y serbios para mantener la paz en Kosovo y Metohija, la probabilidad de que se produzcan enfrentamientos armados es bastante alta. Pero los serbios no están en condiciones de resistir a las tropas combinadas de la OTAN. Es un castigo de los imperialistas, por las repetidas declaraciones de Belgrado a favor de Rusia.

La estrategia de defensa nacional de Serbia se basa en un modelo de defensa territorial. El número total de las fuerzas armadas regulares serbias es inferior a 30.000 militares. De ellos, 13.250 representan las fuerzas terrestres (incluida una flotilla fluvial). Las fuerzas aéreas y de defensa antiaérea cuentan con 5.100 efectivos. Serbia tiene también una reserva organizada de 500.000 civiles.

Las leyes contra las huelgas obreras en Estados Unidos

Probablemente, el evento laboral estadounidense más importante de 2022 ha sido el intento de 115.000 trabajadores ferroviarios y sus sindicatos de negociar un nuevo convenio con las súper rentables empresas ferroviarias. Sin embargo, a partir del 2 de diciembre de 2022, esas negociaciones no han resultado bien para los trabajadores. El gobierno de Estados Unidos, la administración Biden y el Congreso demócrata controlado por Estados Unidos con la ayuda de prácticamente todos los republicanos, han intervenido repetidamente del lado de la empresa ferroviarias en las negociaciones.

A partir de septiembre pasado, esa intervención ha asegurado que los trabajadores no puedan hacer huelga para promover sus intereses y demandas. La semana pasada, tanto la administración como el Congreso han ilegalizado una huelga ferroviaria al aprobar una legislación a tal efecto.

El derecho de huelga de los trabajadores ha estado bajo ataque al menos desde 1947, cuando el Congreso aprobó lo que se llamó la Ley Taft-Hartley. Esa legislación garantizaba que el gobierno y los políticos se reservaran el derecho de obligar a los trabajadores a volver a trabajar durante 90 días en caso de que las negociaciones contractuales fracasaran y una huelga fuera inminente. Durante un período de “enfriamiento” de 90 días, como se le llamó, los mediadores del gobierno tuvieron la oportunidad de unirse a las negociaciones, tratar de intimidar a las partes para que llegaran a un acuerdo y hacer una recomendación sobre los términos de un acuerdo. Durante el “enfriamiento”, la gerencia, por supuesto, también tuvo 90 días más para prepararse para prepararse para derrotar una huelga una vez que terminaran los 90 días.

La Ley Taft-Hartley también limitó el derecho de huelga de muchas otras maneras. Prohibió las huelgas de solidaridad de los sindicatos. Ahí es donde los sindicatos se declaran en huelga para apoyar a los trabajadores de otros sindicatos que ya están en huelga. La ley de 1947 también requería que cualquier sindicato a punto de negociar, y potencialmente más tarde a la huelga, notificara al gobierno federal y le diera un “aviso” de la negociación pendiente y la posible huelga. Se estableció un órgano gubernamental especial, el Federal Mediation Service, para permitir la intervención directa del Gobierno en las negociaciones posteriores si así lo decidía. La Ley también incorporó en la legislación decisiones judiciales anteriores contra la huelga, incluida una decisión de la Corte Suprema anterior a 1947 que dictaminó que los trabajadores ya no podían participar legalmente en lo que fueron huelgas exitosas de “sentarse” de la década de 1930 y principios de la década de 1940.

La represión de las huelgas ferroviarias fue pionera

La Ley Taft-Hartley de 1947 y sus muchas disposiciones antilaborales se inspiraron en la anterior Ley de Trabajo Ferroviario antisindical y antihuelga de 1926 que se dirigía específicamente a los trabajadores ferroviarios y sus sindicatos. El derecho de huelga de los trabajadores ferroviarios ha sido así restringido y negado incluso antes de que lo fuera para el resto de la fuerza laboral del sector privado de Estados Unidos por la Ley de 1947.

Desde de 1926 y 1947 el derecho de huelga fue restringido aún más por la legislación del Congreso y la acción judicial. Los boicots secundarios (negativa a manejar mercancías de otra empresa) fueron prohibidos. Los tribunales dictaminarían que las cláusulas contractuales sindicales en sus acuerdos que les otorgaban el “derecho de huelga por quejas” eran nulas y sin efecto si había un procedimiento de quejas detallado en el convenio laboral. Los piquetes en las puertas de las empresas en una huelga se limitaron a unos pocos en cada puerta. Si los trabajadores hacen huelga en una empresa para obligarla a reconocer al sindicato y negociar, la dirección podría convocar una elección de reconocimiento sindical dirigida por el gobierno para poner fin a la huelga y luego prolongar el proceso de elección sindical de tres a nueve meses para dar tiempo a la empresa a acumular inventario y hacer otros preparativos. La gerencia podía contratar esquiroles permanentemente cuando los trabajadores sindicados se declararan en huelga. Los sindicatos ya no podían actuar en solidaridad con los trabajadores de otros sindicatos negándose a manipular los productos enviados por la empresa y los trabajadores en huelga (llamada prohibición de “carga caliente”). Hay innumerables otras medidas que limitan y previenen las huelgas del Congreso, las legislaturas estatales y los tribunales que se han convertido en ley.

En los últimos 75 años se ha construido una verdadera red legal en torno a los trabajadores y los sindicatos desde que la Ley Taft-Hartley les ató las manos, lo que dificulta la huelga; y si hacen huelga, a menudo para enfrentar penas de cárcel, grandes multas, el gobierno se hace cargo de sus sindicatos y la pérdida de sus empleos por parte de los trabajadores.

Los trabajadores ferroviarios en Estados Unidos siempre han sido un objetivo principal de la prevención de huelgas del gobierno. La Ley de Trabajo Ferroviario en 1926 estableció el patrón que se adoptó para el resto de la fuerza laboral de Estados Unidos con la Ley Taft-Hartley y las medidas antihuelga adicionales del gobierno de Estados Unidos que siguieron. La ley de 1926 se ha utilizado como base para que el gobierno de Estados Unidos “reduzca el auge”, como dicen, sobre los trabajadores ferroviarios y sus sindicatos no menos de 18 veces en el pasado. Así que nadie debería sorprenderse de que lo haya hecho por 19 vez en la actual disputa de la industria ferroviaria.

Los capitalistas estadounidenses y los representantes políticos del gobierno saben muy bien que la industria del transporte es estratégica y que los trabajadores estadounidenses, si así lo decidieran, podrían detener toda esa industria, y la economía en general, participando en una huelga prolongada para promover sus intereses en una negociación. No hay demasiadas industrias y trabajadores con ese tipo de poder. Los trabajadores ferroviarios son de esos. Los estibadores marítimos también. Los “teamsters” y los camioneros de larga distancia probablemente otro. Posiblemente también los trabajadores de la industria petrolera. Tal vez los trabajadores de sanidad si tuvieran un convenio a escala nacional. Pero ninguno pudo detener la economía más rápido que los trabajadores ferroviarios.

Desde 1980 el actual régimen capitalista neoliberal de Estados Unidos en Estados Unidos ha logrado romper la espina dorsal de los sindicatos industriales que alguna vez tuvieron un poder casi similar (automotriz, siderúrgico, eléctrico, carnicerías, etc.) al reubicar sus operaciones en el extranjero. El gobierno ha permitido ese esfuerzo de 40 años al proporcionar a las empresas de deslocalización incentivos fiscales adicionales para reubicarse, al aprobar acuerdos de libre comercio con países extranjeros que permitieron a las empresas de deslocalización enviar sus bienes producidos en el extranjero para venderlos en Estados Unidos sin tener que pagar aranceles en la frontera, y al desregular los bancos y los bancos en la sombra y los flujos de capital monetario para financiar su reubicación. Eso llevó a una ruptura de lo que una vez fueron convenios colectivos a nivel nacional por parte de los sindicatos industriales antes de 1980.

Un debilitamiento estratégico similar de los sindicatos de la industria de la construcción desde 1980 también destruyó su poder de negociación al permitir que el gobierno autorizara a las empresas de construcción crear lo que se llamó operaciones de “doble pecho” que permitieron a las empresas dessindicalizar todos las sedes obreras excepto las del centro de la ciudad. Junto con las operaciones de “doble pecho”, las medidas de apoyo que limitaban los piquetes y hacían ilegales los boicots secundarios aceleraron el colapso de los convenios regionales en la industria de la construcción en Estados Unidos y también rompieron el poder de negociación de los sindicatos de la construcción, junto con los sindicatos industriales.

Lo que quedó en la economía de Estados Unidos para el año 2000 fueron los sindicatos de funcionarios de servicios agregados principalmente en pequeñas unidades locales de negociación, con el consiguiente poder de presión limitado y sindicatos de empleados públicos en el gobierno que no pudieron ser deslocalizados. Los sindicatos del transporte como el ferrocarril, el transporte marítimo en los puertos y el transporte por camión, todavía eran potencialmente poderosos. Pero la Ley de Trabajo Ferroviario (sindicatos ferroviarios) y Taft-Hartley (estibadores y camiones) están ahí para evitar que los trabajadores y sus sindicatos ejerzan el poder potencial que tienen.

El gobierno y los capitalistas de Estados Unidos han ideado a lo largo de los años una “red” muy exitosa de medidas de huelga para atar al “Gulliver” laborl, mantenerlo de espaldas e incapaz de mover los brazos o defenderse por sí mismo.

Las actuales negociaciones ferroviarias de 2022 y la intervención del gobierno no son más que el último ejemplo de intervención conjunta de la empresa y el gobierno en las negociaciones laborales diseñadas para evitar que los trabajadores hagan huelga.

Esa intervención gubernamental comenzó en agosto de 2022 cuando el gobierno invocó la Ley de Trabajo Ferroviario e intervino en las negociaciones.

El último aumento de los trabajadores ferroviarios fue en 2019 hace tres años. Comenzaron a pedir prestado hace meses antes de que su convenio actual expirara el 1 de julio de 2022. En agosto habían acordado un nuevo convenio de cinco años con las empresas. En otras palabras, ya se les debían aumentos de tres años para 2020, 2021 y 2022 con efecto el 1 de julio para esos años. Sin embargo, aparte de los salarios, los temas clave en las negociaciones a partir de agosto fueron las vacaciones remuneradas, especialmente las bajas remuneradas por enfermedad, que aún no existen en la industria. Los trabajadores exigieron 15 días de baja remunerada por enfermedad en un nuevo convenio. La gerencia ferroviaria y los negociadores se negaron, diciendo que los trabajadores podían tomar sus días de bajas personales o sus vacaciones acumuladas un día a la vez en lugar de baja por enfermedad.

Pero los días de baja por enfermedad pagada eran solo la punta del iceberg. Cada vez que intentaban tomar días de vacaciones en lugar de la baja por enfermedad, la gerencia de la empresa ferroviaria les negaba el tiempo libre. Y si los trabajadores llamaban enfermos y usaban un día de vacaciones de todos modos, la gerencia los disciplinaba o les emitía “deméritos” que eventualmente se sumaban al expediente disciplinario. ¿De qué sirve el derecho a la baja por enfermedad, remunerada o no, si significa sanciones (suspensiones, degradaciones, reasignación de trabajo, incluso despidos) cuando se toma una baja?

Las empresas aprovechan los confinamientos de la pandemia

El abuso de la programación de bajas por parte de la administración ferroviaria se volvió especialmente agudo durante los años del covid. Las empresas ferroviarias, como muchas otras industrias y empresas, durante los confinamientos perdieron a muchos de sus trabajadores. Algunas estimaciones son que hasta el 30 por cien de la fuerza laboral ferroviaria dejó de tener empleo en 2020-21. Eso dejó al 70 por cien restante de los trabajadores para tomar el relevo. Eso a su vez significaba que se les exigía trabajar más horas y exceso de horas extras. Los problemas de seguridad crecieron como resultado del exceso de trabajo. El mantenimiento de la planta física de los ferrocarriles también se deterioró, lo que agravó la seguridad y la salud en el trabajo. Sin embargo, la administración ferroviaria vio un buen aumento de las ganancias ya que sus costos laborales se redujeron debido a la disminución del 30 por cien en la fuerza laboral (y, por supuesto, no tener que dar a los trabajadores que aún están en el trabajo ningún aumento durante tres años también).

La escasez de oferta de trabajadores en la industria ha contribuido significativamente a que la dirección se niegue a permitir el tiempo libre, remunerado o no; o restringir los días en que podría usarse y cuántos días consecutivos. Los trabajadores ferroviarios fueron obligados a trabajar más tiempo y se les negó tiempo libre cuando lo necesitaban. Las empresas argumentaron que era una cuestión de reglas de “derechos de gestión” y disposiciones contractuales que las empresas insistieron en que les daban el derecho de determinar, o limitar, el uso de cualquier baja como mejor les pareciera.

En resumen, los temas clave en las recientes negociaciones ferroviarias no fueron solo los pagos atrasados después de tres años sin aumentos. No era solo la necesidad de 15 días de baja por enfermedad remunerada cuando antes no había ninguno. ¡Se trataba del derecho a tomarse días libres cuando está enfermo o lesionado, o incluso para vacaciones y días de baja personal!

¿De qué sirve la baja pagada por enfermedad, o cualquier tiempo libre, ya sea pagado o no, si no puede tomarlo? Y si lo haces, legítimamente enfermo, y eres disciplinado. ¡Tal vez incluso despedido si acumulas suficientes “deméritos”!

Esta fue la situación ya que los convenios para 12 sindicatos ferroviarios expiraron en julio pasado. En agosto, los sindicatos y las empresas aún no pudieron llegar a un acuerdo. La gerencia continuó insistiendo en que tenían el “derecho de la gerencia” total para programar el trabajo y negar la baja, cuando están enfermas o no, dada la escasez de mano de obra en la industria. Los derechos de la gerencia no eran negociables, argumentaron. El derecho correspondiente de los trabajadores a una baja remunerada razonable y condiciones de trabajo no era el problema, argumentaron además. Los trabajadores y los sindicatos suplicaron diferir, por supuesto.

En agosto el gobierno de Biden invocó la Ley de Trabajo Ferroviario e intervino en las negociaciones sindicales ferroviarias. Biden nombró una PEB (Presidential Emergency Board), una junta de burócratas del gobierno, para revisar las negociaciones y hacer recomendaciones de compromiso. Mientras la Junta deliberaba durante más de un mes, hasta septiembre, las negociaciones entre las empresas ferroviarias y los sindicatos, por supuesto, se congelaron. ¿Por qué las empresas deberían acordar algo mientras el gobierno no emita su informe? En otras palabras, la intervención del gobierno estancó todo progreso en las negociaciones entre las partes.

Se puso peor.

El PEB de Biden emitió su decisión en septiembre. Esa decisión y su recomendación cayeron claramente del lado de las empresas y sus intereses. Pidió a las empresas que agregaran solo un día adicional de “baja personal”. No dijo nada sobre los problemas de programación y los derechos negados de los trabajadores a tomarse bajas. Y en lo que respecta a la propuesta de 15 días de baja remunerada por enfermedad de los sindicatos, la posición del PEB fue, para citar de la página 86 de su informe: “simplemente no estamos de acuerdo en que esta propuesta de baja por enfermedad […] esté justificada o sea apropiada”. Por supuesto, eso cerró la puerta, congeló la posición de la empresa y dio apoyo a la gerencia para negarse a discutir cualquier concesión de baja por enfermedad pagada en el futuro, o cualquier otra demanda sindical para el caso.

A todos los efectos, después de septiembre, la administración ferroviaria vio el informe y las recomendaciones del PEB del gobierno de Estados Unidos como la culminación y el final de las negociaciones.

Al igual que el anuncio en agosto de la intervención del gobierno, el informe PEB de septiembre aseguró que cualquier flexibilidad en la posición de las empresas ferroviarias con respecto a la baja remunerada por enfermedad, la programación del tiempo libre o el cambio de una cláusula de derechos de la gerencia para permitir que los trabajadores tomen su baja acumulada sin temor a represalias ahora había desaparecido por completo. La administración ahora se quedaría detrás de la protección del informe PEB y se negaría a hacer más concesiones.

Bajo la Ley de Trabajo Ferroviario, las partes negociadoras tenían, después del informe del PEB, otros 90 días para tratar de llegar a un acuerdo basado en el PEB y las recomendaciones de “compromiso” del gobierno. A la gerencia, por supuesto, le gustó el “compromiso”: solo una baja personal pagada y ninguna baja pagada por enfermedad o cambios en la práctica de programación. Y, dado que el PEB no dijo nada sobre las mejoras a las propuestas de costos compartidos de salud de las empresas, significaba que podían seguir adelante implementando un aumento de aproximadamente 100 dólares mensuales en la participación de los trabajadores en las primas mensuales del seguro de salud, de menos de 300 dólares mensuales bajo el convenio anterior a 398 dólares mensuales al final del acuerdo de cinco años.

El PEB tampoco formuló nuevas recomendaciones sobre los aumentos salariales retroactivos de los tres años anteriores o de los dos años restantes hasta el acuerdo. El “paquete salarial” total, incluidos los pagos atrasados y las bonificaciones anuales, ascendió a solo el 24 por cien en cinco años. El pago atrasado apenas cubrió la inflación de los tres años anteriores. Y para 2023 y 2024, los nuevos aumentos salariales serían solo del 4 y el 4,5 por cien, respectivamente, probablemente mucho menos que las tasas de inflación pronosticadas para los próximos años.

Sin embargo, esto no impediría que el presidente Biden, en una conferencia de prensa el 2 de diciembre, se jactara de que los trabajadores ferroviarios obtendrían un aumento salarial del 45 por cien del que él mismo era responsable. ¡Ambas afirmaciones, por supuesto, descaradamente falsas!

¡A finales de septiembre, el gobierno de Biden se había puesto firmemente del lado de las empresas y en contra de los sindicatos y los trabajadores! La administración ferroviaria se “congeló” por completo en los siguientes 90 días y no ofreció nada nuevo más allá de la mísera recomendación del PEB de un día adicional de baja pagada (que se tomaría como un cumpleaños libre o un día adicional de vacaciones).

A medida que se acercaba el día 90 y estaba claro que no habría acuerdo y que los trabajadores podrían hacer huelga en los cuatro sindicatos más grandes (y otros a su vez respetarían sus piquetes), los políticos se pusieron nerviosos. En noviembre, las empresas advirtieron al gobierno que comenzarían a cerrar parte del tráfico ferroviario para el primer fin de semana de diciembre. Nancy Pelosi, presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, respondió públicamente diciendo que la Cámara redactaría una legislación para evitar una huelga ferroviaria y comenzó el proceso. Eso, por supuesto, congeló aún más a los negociadores de la compañía. ¿Por qué aceptar algo más en la hora 11 de negociaciones para llegar a un acuerdo cuando parecía que el gobierno aprobaría una legislación para hacer imposible una huelga y no podrían conceder nada más?

Una vez más, como en agosto y septiembre, la participación del gobierno hizo menos probable, incluso imposible, que las partes llegaran a un acuerdo. Al impedir una huelga, el gobierno estaba impidiendo el progreso en las negociaciones.

Todos los negociadores sindicales saben que la amenaza de una posible huelga a la hora 11 de negociación a menudo resulta en concesiones de última hora por parte de la dirección para evitar una huelga. Pero si esa amenaza de huelga fue eliminada por la intervención del gobierno y la amenaza adicional de no legislar sobre huelga, ¡entonces la posibilidad de concesiones de última hora para evitar una huelga ya no existía!

Los trabajadores no tienen amigos en ningún partido parlamentario

Biden, Pelosi, los demócratas y el Congreso en general estaban preocupados, dijeron, de que una huelga ferroviaria detuviera la desaceleración de la economía estadounidense y acelerara la probabilidad de que la recesión sea pronosticada para principios de 2023 incluso por la mayoría de los economistas convencionales. Además, una huelga significaba que los recursos clave para la producción y los bienes para los consumidores eran escasos. Eso aumentaría la inflación al mismo tiempo. Las diversas medidas de Biden para controlar la inflación en 2022 estaban demostrando ser un fracaso para amortiguar mucho los aumentos de precios, especialmente para alimentos, alquileres y combustible. Y la política de la Reserva Federal de elevar las tasas de interés a lo largo de 2022 aún no había tenido mucho impacto en la inflación para diciembre. Estas fueron las excusas dadas por los políticos para invocar la legislación antihuelga.

A principios de diciembre, la Cámara de Representantes de Estados Unidos, bajo la dirección de Pelosi, aprobó dos leyes. Una de ellas preveía la ilegalización de una huelga y, esencialmente, ordenaba a ambas partes que aceptaran las recomendaciones del PEB. Una segunda votación aplacó a los sindicatos al ordenar la adición de 7 días de baja por enfermedad pagada a las recomendaciones.

Pero esta segunda votación fue un fraude. Era una medida que los demócratas sabían muy bien que nunca pasaría el Senado de Estados Unidos, donde requería 60 votos. Incluso si se votara sobre la necesidad de solo 51 votos para ser aprobada, eso tampoco iba a suceder. El dirigente demócrata del Senado, Schumer, nunca intentó invocar la regla del Senado que habría permitido solo 51 votos. No sabía ninguna duda de que Manchin y Sinema, senadores demócratas, votarían en contra. La segunda votación para 7 días de baja por enfermedad pagada fracasó, como era de esperar, mientras que la primera prohibición de una huelga fue aprobada por el Senado controlado por los demócratas con una amplia mayoría de demócratas y republicanos.

Ni siquiera pudo obtener unos miserables 7 días de baja por enfermedad pagada para los trabajadores ferroviarios, que se aprobaron en su Cámara de Representantes controlada por los demócratas, cuando los periodistas le preguntaron el 2 de diciembre qué proponía hacer a continuación, Biden respondió: “¡Vamos a regresar y obtener vacaciones pagadas para todos los trabajadores!”

Al dividir los dos votos en la Cámara, uno para prohibir la huelga y el otro para aprobar los 7 días de baja, Pelosi y los demócratas se involucraron en una táctica similar a cómo, el año anterior, en noviembre de 2021, derribaron y presentaron su propio proyecto de ley de gastos Build Back Better. En ese caso anterior, separar el gasto en infraestructura de los programas sociales en Build Back Better también resultó en que se aprobara la parte de infraestructura y que el resto de las propuestas de Biden Build Back Better se archivaran para siempre. Si los programas sociales y la infraestructura hubieran permanecido en un solo proyecto de ley, ambos podrían haber sido aprobados. La misma táctica legislativa fue empleada por Pelosi y la Cámara de Representantes en el caso de las votaciones de negociaciones ferroviarias la semana pasada: la primera votación contra la huelga fue votada en contra, pero los 7 días de baja remunerada votaron en contra. Si los 7 días se hubieran incluido en el primer proyecto de ley de prohibición de huelga, bien podría haber pasado y los trabajadores ferroviarios podrían haber obtenido sus 7 días de baja remunerada. Aquellos que querían la prohibición de huelga, que estaban en ambos partidos, podrían haber aceptado los 7 días de baja remunerada como una medida necesaria para que se aprobara su proyecto de ley de prohibición de huelga preferido. Pero tales son las maniobras “demasiado inteligentes” de los políticos.

En el futuro, es poco probable que los sindicatos y los trabajadores intenten desafiar la legislación de prohibición de huelgas que se cierne sobre ellos como una espada de Damocles. Si se declararan en huelga, la gerencia y el Congreso probablemente impondrían multas a sus sindicatos que los romperían financieramente en los próximos años. Incluso podrían declarar a cualquier dirigente culpable de un delito grave si permitieran una huelga, sin mencionar a los propios huelguistas. Incluso podrían hacer un seguimiento haciéndose cargo de los propios sindicatos. El precedente que sentó Reagan con la Professional Air Traffic Controllers Organization (PATCO) en 1981, y otros precedentes menos conocidos, existen para que el gobierno se haga cargo de los sindicatos. Se llama hacer que el Departamento de Trabajo ponga a los sindicatos en una especie de “administración judicial” del gobierno, designe a algún burócrata para dirigir el sindicato durante años, durante los cuales no hay negociación ni huelga alguna. Sin embargo, si los cuatro sindicatos ferroviarios que no han aceptado el “acuerdo” de septiembre del gobierno decidieran ir a la huelga en este momento, la presión legal aumentaría enormemente para evitar que los otros 8 sindicatos ferroviarios honren sus piquetes. Si eso ocurriera, la huelga podría perderse.

Otros sindicatos independientes de la AFL-CIO como los “teamsters” (camioneros) también podrían aumentar la presión sobre los sindicatos ferroviarios en huelga, argumentando entre bastidores que una huelga solo conduciría a una legislación antisindical posiblemente más estricta, especialmente porque los republicanos se harán cargo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en enero.

Pero otros sindicatos estadounidenses no deberían equivocarse: los acontecimientos de los últimos seis meses muestran que no hay “amigos de los trabajadores” en ningún partido político, en el Congreso o en el gobierno de Biden cuando “se trata de empujar” en las negociaciones sindicales críticas. El Sindicato Internacional de Estibadores, ILWU, en la costa oeste, ahora en negociaciones, debe tener especial cuidado. También debería hacerlo la nueva dirección del sindicato Teamsters, que emprenderá negociaciones estratégicas con UPS Corp. el próximo año.

Estamos en un período en el que las élites gobernantes de Estados Unidos están dispuestas a atacar cualquier desafío a su hegemonía y poder a nivel nacional, así como internacional. A medida que esas élites se preparan para enfrentarse a los rivales mundiales de Rusia y China, no dudarán también en garantizar un control firme de las relaciones de clase en Estados Unidos. La reciente intervención del gobierno para negar a los trabajadores ferroviarios el derecho a la huelga no es más que la última y más visible expresión de la política de guerra de clases de las élites en casa.

Jack Rasmus https://norbertobarreto.blog/2022/12/06/trabajadores-ferroviarios-estadounidenses-bajo-el-pulgar/

Comandos británicos han ejecutado operaciones encubiertas de alto riesgo en Ucrania

Rusia carga las tintas contra Reino Unido con plena razón. El pasado mes octubre el Ministerio de Defensa ruso ya acusó a los comandos británicos de operaciones especiales tras el ataque con drones a la base naval de Sebastopol, en Crimea.

“La preparación de este acto terrorista y el entrenamiento del personal militar del 73 centro ucraniano de operaciones marítimas especiales fueron llevados a cabo por especialistas británicos con base en Ochakov, en la región ucraniana de Mykolayev”, afirmó Moscú, mientras que Londres también fue acusada de participar activamente en el sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 unas semanas antes.

Los portavoces oficiales de Downing Street rechazaron las acusaciones rusas sin poner demasiado énfasis en los desmentidos. Se trata de otro caso de desinformación procedente del Kremlin. Nada nuevo.

Los comandos británicos de operaciones especiales, pertenecientes al Royal Marine Corps, que forma parte de la Royal Navy y del que también deriva el Special Boat Service, han sido desplegados en Ucrania en al menos dos ocasiones.

Esta vez no es desinformación rusa, sino una confesión del general Robert Magowan, que fue su comandante antes de ser destinado al Cuartel General de las Fuerzas Británicas en mayo de este año. Ya no intentan disimular.

“Ya hemos visto un atisbo del nuevo concepto de ‘Fuerza de Comandos’, que fructificó durante el horrible conflicto de Ucrania”, escribe el general Magowan en las páginas del Globe and Laurel, la revista oficial de los Royal Marines.

“En enero de este año, el comando 45 fue llamado, con muy poca antelación, desde Noruega”, donde se preparaba para participar en el ejercicio Cold Response 22, “para evacuar la embajada británica de Kiev a Polonia”, asegura el general. Después la unidad de Royal Marines regresó en abril para restablecer la presencia diplomática británica en la capital ucraniana, que ya no estaba amenazada por las fuerzas rusas, y para proporcionar protección.

Con sede en Arbroath, Escocia, el Comando 45 cuenta con unos 500 efectivos. Adscrito a la 3 Commando Brigade, lleva a cabo tareas operativas en todo el mundo, según confiesa la Royal Navy.

Durante estas dos fases, los comandos británicos “apoyaron otras operaciones discretas en un entorno extremadamente delicado y con un alto nivel de riesgo político y militar”, reveló el general Magowan.

Es la primera vez que el gobierno de Londres admite oficialmente que las tropas británicas han participado en misiones encubiertas en Ucrania, al menos aparte de proteger recintos diplomáticos o entrenar a soldados ucranianos.

En agosto, el Ministerio de Defensa reconoció que se había enviado personal militar británico a Ucrania “para apoyar la presencia diplomática del Reino Unido” y preparar el adiestramiento de las fuerzas ucranianas. “No tienen función de combate”, insistió. “Nos tomamos muy en serio la seguridad de nuestro personal y este despliegue se revisa constantemente”, añadió el Ministerio.

El general Magowan también reconoce que los Royal Marines “han participado intensamente en el adiestramiento de cientos de militares ucranianos durante todo el verano”.

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