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Día: 10 de diciembre de 2022 (página 1 de 1)

La complicidad de los universitarios y los militares en la contrainsurgencia

Hugo G.Nutini nació en Estados Unidos en 1928. Vivió varios años en una finca chilena propiedad de sus padres antes de obtener el título de ingeniero civil en la Academia Naval de aquel país, para luego trasladarse a Estados Unidos a estudiar antropología, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre Tlaxcala, México, a donde llegó en 1957.

De su relación con Tlaxcala y México dan cuenta varios libros, aunque no empezó a ser muy conocido en el país centroamericano, sino en Chile como integrante del Proyecto Camelot, un caso que muestra la colaboración de los científicos con el complejo militar industrial durante la Guerra Fría.

En Chile, Nutini intentó captar a varios académicos para que trabajaran en Camelot, entre ellos Ricardo Lagos, que luego sería Presidente de la República. Los universitarios rechazaron la propuesta, investigaron a Nutini y destaparon el Proyecto Camelot. En 1965 Nutini confesó su doble juego en una carta enviada a la “Review of Sociology”. El gobierno chileno tuvo que intervenir para pedir explicaciones a Estados Unidos, que las ofrece: todo había sido culpa de Nutini, que actuaba por su cuenta.

El académico se convierte en el chivo expiatorio, es declarado persona non grata y se esfuma. En cualquier caso, Estados Unidos se disculpa y promete que no se volvería a repetir. Naturalmente, era mentira. La complicidad de los universitarios y los militares no se detuvo sino que subió de grado poco después, con el Golpe de Estado contra Allende de 1973, en el que los académicos desempeñaron un importante papel en la creación de las cortinas de humo, junto con la Democracia Cristiana.

El Proyecto Camelot lo creó la Oficina de Guerra Sicológica del ejército en 1956 dentro de la Universidad Americana de Washington. Parecía el típico tinglado académico, pero sus ambiciosos objetivos eran militares: aplastar a los movimientos revolucionarios en los cinco continentes, pero especialmente en Latinoamérica. El dinero que el Pentágono puso en manos de los docentes fue muy cuantioso para aquella época: seis millones de dólares en cinco años.

El tinglado se escondía con el acrónimo anodino de SORO (Special Operations Research Office, Oficina de Investigación de Operaciones Especiales). Lo mismo que Nutini, tenía una doble condición: era militar y universitaria a la vez. Al Pentágono le interesaba conocer a fondo los factores culturales y sicológicos de la guerrilla latinoamericana. En los años sesenta el Pentágono pasó de la contrainsurgencia a la guerra sicológica, materializadas en los informaciones que dieron los medios de comunicación del mundo para justificar el Golpe de Estado de Pinochet en 1973.

Estaba naciendo la ingeniería social. Para mantener su hegemonía, Estados Unidos no sólo necesitaba bases militares, sino también universidades, investigaciones, cursos, doctorados… Son el “hardware” y el “sofware” de la contrarrevolución. El Pentágono continuó el Proyecto Troya y el Grupo Smithsonian con la mayor investigación social para fines militares de la historia de la humanidad hasta entonces. Marcó una pauta para el futuro, de manera que ya es imposible saber dónde acaban los profesores universitarios y dónde empiezan los chusqueros.

Aunque los académicos, como Nutini, lo que trataban era de impedir la revolución, tenían un lenguaje mucho más sofisticado: su tarea era crear un “modelo predictivo del colapso social”, para lo cual colaboraban especialistas en múltiples disciplinas universitarias: antropología, teoría de la comunicación, psicología de masas, neurociencias…

Los “expertos” acudieron como moscas al olor de las becas y las subvenciones del Pentágono, a cuyo servicio se pusieron 140 sociólogos, entre los que estaban Lewis Coser. Pero los militares también lograron reclutar a Thomas Schelling, especialista en teoría de juegos, o James Samuel Coleman, sociólogo.

Unos equipos se encargaron de estudiar los principales teatros de América Central y del Sur, como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, México, Perú y Venezuela. Otros llegaron hasta países más lejanos, como África (Nigeria), Europa (Francia, Grecia), el mundo islámico (Egipto, Irán, Turquía) y Extremo Oriente (Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Tailandia).

Los universitarios no sólo resumieron lo que ya se había escrito con anterioridad, sino que iniciaron investigaciones sobre el terreno, realizando encuestas, entrevistando a colegas y a la población, interesándose por su literatura y asimilando sus costumbres, hábitos y creencias.

La producción intelectual fue gigantesca: informes periódicos de psicólogos, transmisión de los datos recogidos sobre el terreno a un centro informatizado para su análisis, interpretación y clasificación, estudio de los informes y datos con el fin de crear una enorme base de datos sobre las sociedades de todo el mundo y formulaciones predictivas de inestabilidad social.

Cuando en Chile se destapa el Proyecto Camelot, se carga la responsabilidad sobre Nutini para mantener intacta la estructura. Entonces Estados Unidos rediseña el proyecto y se lo entrega a una empresa privada, Rand, y a Darpa, el centro de investigación avanzado del Pentágono, un instituto de desarrollo de alta tecnología. Ambos siguen incorporando y subvencionando a numerosos académicos.

A Camelot le han calificado como el Proyecto Manhattan de las ciencias sociales. Fue un experimento social al aire libre envuelto en la espesa niebla del secreto militar. Luego ha habido otros, aún mayores y más vastos, pero la espesa niebla de la complicidad universitaria con los militares no se destapado aún del todo.

Un tiro en el propio pie: los límites de precio al petróleo ruso

El lunes entró en vigor la limitación impuesta por las potencias occidentales al precio del petróleo ruso, que se impondrá aprovechando su control sobre las compañías aseguradoras occidentales.

Rusia ha anunciado que no venderá petróleo a los clientes que se sometan a la imposición. Por su parte, los clientes que están fuera del radio de acción de las presiones occidentales, tendrán que buscar otras aseguradoras, lo que socavará aún más la influencia financiera de Occidente sobre el sector marítimo mundial.

Desde 2010 el petróleo ruso se ha vendido a un precio medio de 75 dólares, muy por encima de los 60 dólares impuesto por la Unión Europea. En 22 años años sólo ha estado una tercera parte del tiempo por debajo de los 60 dólares. Fue en dos momentos diferentes.

La primera fue tras la fuerte caída de los precios del petróleo que tuvo lugar en 2014-2015. Se debió a dos factores que entraron en juego al mismo tiempo. En primer lugar, Estados Unidos aumentó masivamente su producción de petróleo de esquisto y, en segundo lugar, los saudíes incrementaron su producción en un mercado inundado por el nuevo petróleo de esquisto.

Dado que los saudíes apoyan la postura rusa en las reuniones de la OPEP y que el petróleo de esquisto estadounidense ya tiene precio en el mercado, hoy no se dan ninguna de esas dos circunstancias.

La segunda vez que el precio del petróleo ruso cayó por debajo de 60 dólares fue durante el confinamiento.

Si Rusia no vende a los precios impuestos, Europa tendrá que abastecerse en otros países a un precio mucho más elevado. También habrá escasez de petróleo, ya que Bruselas es incapaz de compensar los suministros rusos. Serán tiempos de inflación y escasez.

La historia recordará sin duda la gran crisis energética europea de este año como uno de los fenómenos económicos más extraños jamás registrados. Bruselas está destruyendo la economía para imponer unas sanciones a Rusia que no tienen ningún impacto real sobre la política exterior de Rusia.

Con la llegada del frío invernal, la Comisión Europea haría bien en cambiar de rumbo porque, de lo contrario, las calles le obligarán a hacerlo por las malas.

El rublo no estará tan fuerte el año que viene

El rublo ha sido una de las pocas divisas que ha superado al dólar este año. Una divisa fuerte ha ayudado a la economía y al Banco Central ruso, pero poco a poco empieza a debilitarse. Es sólo cuestión de tiempo que el dólar vuelva a los 70 rublos o más.

Muchas divisas se han debilitado frente al dólar este año, a diferencia del rublo, que se apreció un 18 por cien por dos motivos. En primer lugar, el gobierno impidió las fugas de capital al extranjero. En segundo lugar, por el superávit del comercio exterior. Los ingresos por exportaciones han aumentado y las importaciones han caído bruscamente.

El elevado tipo de cambio del rublo en el contexto de las sanciones ha impedido que se desarrolle la inflación. En un contexto de subida de precios, todos los bienes importados se han abaratado en realidad. Los ingresos por exportación también aumentaron considerablemente, debido al mayor coste de los productos vendidos para la exportación.

Los precios de algunos de estos productos ya habían subido durante la pandemia debido a las interrupciones en las cadenas de suministro. Los ingresos de muchos exportadores rusos este año han alcanzado niveles récord, a pesar del fortalecimiento del rublo. El beneficio neto de Gazprom en el primer semestre se multiplicó por 2,6 hasta alcanzar la cifra récord de 2,5 billones de rublos.

Las importaciones ha aumentado a causa de las sanciones, pero la fortaleza del rublo ha hecho que sean más baratas. Un rublo fuerte ha ayudado al Banco Central a bajar el tipo de interés oficial y normalizar las condiciones de préstamo.

Sin embargo, la situación de este año ha sido excepcional y es poco probable que se repita en 2023.

En primer lugar, existe la amenaza de una disminución de los ingresos rusos por exportaciones debido al embargo de la Unión Europea y los topes al precio del petróleo. Esto acabará empeorando la situación de la balanza de pagos y comercial de Rusia, pero las consecuencias no se verán en el tipo de cambio del rublo hasta la primavera del año que viene.

A finales de diciembre, las exportaciones rusas de petróleo podrían perder unos 0,5 millones de barriles diarios. A partir del año que viene, los volúmenes podrían reducirse aún más, ya que también entrará en vigor el embargo sobre los productos petrolíferos rusos.

En segundo lugar, las sanciones contra las exportaciones rusas tienen un impacto inmediato en los ingresos del país. Los ingresos presupuestarios procedentes del petróleo y el gas solían representar entre el 35 por cien y el 40 por cien de los ingresos totales, y este año se espera que su cuota aumente hasta el 45 por cien. Cuanto más caros sean los recursos energéticos en los mercados mundiales, más dinero recibirá Rusia por su venta en divisas. Pero para alimentar los fondos del Tesoro, este dinero debe convertirse primero en la divisa local. Por lo tanto, cuanto más bajo esté el rublo frente a otras divisas, más dinero ingresará el Estado en la moneda local.

Olga Samofalova https://vz.ru/economy/2022/12/7/1189873.html

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