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Día: 4 de diciembre de 2022 (página 1 de 1)

Los crímenes de guerra en los Balcanes vuelven a la actualidad

Una comisión internacional independiente ha investigado el sufrimiento de los pueblos de la región de Srebrenica entre 1992 y 1995, durante la Guerra de los Balcanes. Fue presidida por Gideon Greif, historiador israelí especializado en la historia de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los Balcanes. Greif es un erudito de renombre mundial. Ha sido investigador y profesor, entre otras, en las universidades de Tel Aviv, Viena, Austin y Miami.

La Comisión también incluyó a Yukie Osa, vicepresidenta de la Universidad Rikkyo de Tokio, experta en Srebrenica y asistencia humanitaria internacional, y al profesor Roger W. Byard, patólogo forense, que ocupa la cátedra de patología de la Universidad de Adelaida, en Australia.

Los demás miembros de la comisión también son todos eminentes especialistas en sus respectivos campos, entre ellos dos estadounidenses, un italiano, un nigeriano, un austriaco, un serbio y un alemán.

Como es imposible detallar las 1.105 páginas del voluminoso informe redactado por la Comisión (1), resumiremos algunos puntos, basados en el artículo publicado por Nikola Mircovic el 11 de julio del año pasado (2).

Las autoridades serbias de la República Srpska encargaron el estudio y pidieron a Greif que lo dirigiera. La formación académica de Greif le otorga autoridad y competencia para este trabajo de investigación, y para evitar las habituales acusaciones de “negacionismo”.

La Comisión critica al Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia por recurrir al término “genocidio”, que se ha acabado desvirtuando completamente. En ningún momento hubo voluntad por parte de los serbios de exterminar a todos los musulmanes bosnios, ni en Srebrenica ni en ningún otro lugar de Bosnia-Herzegovina.

La investigación se centra en la zona de Podrinje y en los cinco barrios de la ciudad de Srebrenica: Srebrenica, Bratunac, Zvornik, Milici y Vlasenica. El informe recuerda que el día de Navidad (7 de enero de 1993, Navidad ortodoxa) entre 3.000 y 4.000 soldados del Ejército de Bosnia y Herzegovina (ARBiH) llevaron a cabo un ataque masivo en los alrededores de Bratunac, especialmente en Kravica. Durante la campaña todos los serbios fueron expulsados de sus viviendas y los pueblos fueron saqueados y quemados.

Las incursiones se llevaron a cabo desde la base de retaguardia de la ARBiH en Srebrenica, que se había convertido en una zona exclusivamente musulmana. Al principio de la guerra, pues, los bosnios ya había realizado la limpieza étnica, casi 2.000 serbios habían muerto y muchos estaban desaparecidos. 150 aldeas serbias en la República Srpska habían sido destruidas.

Los medios de comunicación occidentales nunca mencionaron la tragedia sufrida por la población serbia de la región, del mismo modo que los bombardeos ucranianos sobre la población civil del Donbas, que causaron miles de víctimas, también son ignorados hoy.

La tragedia se ocultó deliberadamente para señalar con el dedo acusador únicamente a los serbios. Desde el comienzo de la Guerra de los Balcanes se desató una campaña masiva de intoxicación para demonizar a los serbios. Los imperialistas que patrocinaban la desintegración de Yugoslavia se esforzaron para enfrentar a unos pueblos con otros. El mismo patrón se repetirá unos años después en Kosovo. Los medios de comunicación sirvieron para desacreditar a los serbios ante la opinión pública mundial. Incluso inventaron la existencia de campos de concentración serbios para llevarlos al campo del Eje del Mal.

Ante el Tribunal Penal Internacional sólo compareció un bosnio, Naser Oric, que fue uno de los cabecillas de la limpieza étnica en Srebrenica. Fue absuelto porque el Tribunal se creó para condenar únicamente a los serbios.

Durante su ofensiva sobre Mosul, el 13 de junio de 2014 el Califato Islámico ejecutó sumariamente a 1.700 soldados irakíes que estaban presos en Tikritt (7), pero no hubo ninguna condena por genocidio. Los defensores de los derechos humanos no han considerado oportuno crear un tribunal especial para juzgar las masacres y los crímenes cometidos por los yihadistas. Sin embargo, se preocupan mucho de la Guerra de Ucrania, donde han reservado a los rusos el papel de “malos de la película”.

Las conclusiones de la investigación han provocado, como era de esperar, reacciones violentas por parte del gobierno bosnio, que ha cuestionado la imparcialidad de la Comisión. Greif no se ha librado del habitual linchamiento mediático. El gobierno alemán decidió no concederle la medalla de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, lo que no es sorprendente porque Alemania fue una de las potencias que destruyo Yugoeslavia y desató la Guerra de los Balcanes.

En una entrevista con el diario israelí Haaretz, Greif dice que le han informado extraoficialmente de que ya no recibiría el premio y acusó a la Hermandad Musulmana de Bosnia de arruinar su reputación.

Sin embargo, la Comisión no exonera en absoluto a las tropas serbias de ser culpables de crímenes de guerra, sino todo lo contrario. Se estima que entre 1.500 y 3.000 combatientes de la 28 División bosnia fueron capturados por el ejército serbio y asesinados.

(1) https://incomfis-srebrenica.org/
(2) https://stratpol.com/guerre-de-bosnie-icsr-est-formel-il-ny-a-pas-eu-de-genocide-a-srebrenica

El gobierno chino acaba con la delirante política de ‘covid cero’

Gracias a las protestas obreras y populares, en China ha llegado el momento de la relajación de las restricciones sanitarias. El viernes varias ciudades flexibilizaron la aplicación de la política de “covid cero”, empezando por el abandono de las pruebas masivas diarias que pesaban como una losa sobre la vida cotidiana de millones de personas.

En Chengdu, al suroeste de China, ya no exigen un resultado negativo reciente para acceder a los lugares y transportes públicos, sino que se requerirá un pasaporte sanitario.

Pekín autoriza a los hospitales a atender a los pacientes que no tengan un resultado negativo en la prueba de la PCR de hace menos de 48 horas, a pesar de que la denegación de atención por ese motivo ha sido responsable de varias muertes, incluida la de un bebé, que ha conmocionado especialmente a los chinos.

Otras ciudades se están tomando la libertad de reabrir restaurantes, centros comerciales y escuelas. En particular, la capital de Xinjiang, Urumqi, permite a sus cuatro millones de habitantes volver a los supermercados, hoteles, restaurantes y estaciones de esquí.

Hasta China venía exigiendo pruebas de PCR casi diarias para acceder a lugares públicos, con cuarentenas regulares de empresas, edificios, barrios e incluso ciudades enteras.

Los funcionarios se han visto obligados a teletrabajar cuando pueden, y los trabajadores no pueden llegar a sus fábricas. En primavera, la capital económica china, Shanghai, fue sometida a un confinamiento estricto. Todas estas medidas han acabado por desbordar a los chinos tras dos años y medio de restricciones infundadas.

A pesar de la represión policial, la protesta, que culminó el pasado fin de semana, se extendió rápidamente a las grandes ciudades del país como Pekín, Shangai, Guangzhou y Wuhan. Para el gobierno ha sido la ola de protestas más extendida desde hace décadas.

Sorprendidas por la magnitud del movimiento, las autoridades parecen dispuestas a suavizar sus políticas sanitarias. Al no hacer pruebas masivas PCR, el número de “casos” se reducirá ostensiblemente, como en los demás países del mundo, sirviendo de pretexto para dar por finalizadas las restricciones.

El miércoles el viceprimer ministro Sun Chunlan admitió ante la Comisión Nacional de Salud que “el enfoque de China sobre el virus se enfrenta a nuevas circunstancias y nuevas tareas”. Sun Chunlan no resistió la tentación de aferrarse al mito: la variante ómicron es menos peligrosa y la vacunación ha logrado sus frutos.

Ni una cosa ni la otra son ciertas. Las restricciones no se impusieron ni se van a eliminar por motivos sanitarios. Ni en China ni en ningún otro lugar del mundo.

Airbus no se libera del titanio ruso

El titanio, indispensable para la aeronáutica moderna, no está afectado por las sanciones contra Rusia. “Nos sancionaríamos a nosotros mismos”, dijo el director de Airbus, Guillaume Faury. Si los rusos dejan de suministrar a la industria aeroespacial mundial, “sería el fin de la historia”, sentenció Faury.

Sin embargo, Airbus quiere desembarazarse de las importaciones rusas. Quiere pero no puede, al menos para la producción de aviones comerciales. El fabricante europeo de aviones recibe la mitad de su suministro de titanio de Rusia.

El director de la rama militar de Airbus, Michael Schoellhorn, asegura que el proceso de desvinculación del titanio ruso es cuestión de meses, “no de años”. No lo tienen fácil. El número de países que producen titanio de calidad aeroespacial y productos semiacabados para aviones y motores es muy limitado.

Rusia produce aproximadamente una quinta parte de los suministros mundiales. Muchos países tienen minerales de titanio, ilmenita y rutilo, pero la capacidad de convertirlos en su forma pura, que después se mezcla en aleaciones para fines industriales, es mucho más limitada.

La empresa rusa Vsmpo es el mayor productor mundial de titanio, una materia prima esencial para la construcción de aviones porque es fuerte, resistente a la corrosión y mucho más ligero que el acero. Casi la mitad del titanio mundial se utiliza en el sector aeronáutico.

De las 240.000 toneladas de titanio producidas al año, Japón representa la mitad, Rusia entre el 30 y el 40 por cien, y Kazajistán completa el lote. Detrás hay un desierto: Estados Unidos abandonó la producción en 2020, mientras que China es un gran productor de titanio, pero muy poco de calidad aeroespacial.

Un tercio de los suministros de titanio para Boeing y la industria aeroespacial estadounidense también dependen de Rusia. En agosto el director de Raytheon, Greg Hayes, dijo que varios fabricantes de aviones de negocios que son clientes de su división Pratt & Whitney Canada se van a quedar sin motores este año.

En julio Rusia impidió que un exportador ruso de titanio vendiera a una importante empresa aeroespacial occidental. Putin podría cerrar todas las exportaciones de titanio en cualquier momento, redirigiéndolas a China, como ha hecho con el petróleo.

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