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Día: 16 de octubre de 2022 (página 1 de 1)

Disminuye la superficie mundial dedicada a la producción de alimentos

Uno de los postulados básicos del malthusianismo siembre ha sido que la población mundial crece exponencialmente, mientras que los recursos para alimentarla no siguen ese ritmo. Por eso la superficie mundial dedicada a la agricultura también estaba aumentando exponencialmente, lo que supone una “explotación de la naturaleza” y una destrucción de los ecosistemas según los seudoecologistas.

Así ha sido durante cierto tiempo, aunque no por los motivos que dicen los partidarios de la doctrina del “planeta finito”, sino porque los colonialistas expulsaron de las mejores tierras a los nativos, que se vieron obligados desbrozar los bosques para roturar nuevos terrenos cultivables.

Desde los años sesenta la superficie mundial dedicada al cultivo de alimentos disminuye entre 11 y 12 millones de hectáreas anuales. México es un ejemplo reciente. En 2015 comenzó a reducirse la superficie cultivada, que el año anterior había alcanzado a la cifra máxima de 22.2 millones de hectáreas. En 2020 fueron 4 millones menos (1).

Este cambio “marca un momento histórico en la relación de la humanidad con el planeta”, dice Our World In Data (2): el desarrollo de las fuerzas productivas ha logrado alimentar a una población creciente sembrando menos cultivos. En 1961 eran necesarias 0,45 hectáreas de tierra cultivada para alimentar a una persona. En 2011 esa superficie se ha reducido a 0,20 hectáreas.

Una agricultura intensiva empieza a sustituir a otra extensiva. En lugar de cultivar tierras vírgenes en todo el mundo, se han invertido cantidades masivas de capital en una explotación cada vez más intensiva de las tierras agrícolas existentes.

El planeta no es finito por la geografía, porque tenga una superficie limitada, sino por la economía. Hay tierras que no son rentables para las empresas capitalistas en un momento del desarrollo de las fuerzas productivas y, a lo máximo, se destinan a cultivos de supervivencia y autoabastecimiento de la poblacion local.

Ahora bien, unas tierras que ahora no son rentables, pueden serlo en el futuro y las que son rentables pueden serlo aún más. La producción agraria puede aumentar con menos tierras, alimentando a una población creciente.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las grandes potencias capitalistas empezaron a subvencionar a la agricultura para reducir los salarios de los trabajadores de la ciudad. El dinero público permitió alimentar a los trabajadores urbanos por muy poco dinero. Al reducirse la parte de salario dedicado a la subsistencia más básica, permitió otro tipo de gastos, creado así la leyenda del “estado de bienestar”.

Los agricultores cobraban más subvenciones cuanto más producían, lo que provocó un efecto típico de superproducción, el intento de buscar salidas al exceso en el mercado mundial y, en consecuencia, la caída de los precios que perjudicó, principalmente, a los países periféricos, que luego han seguido el mismo camino que el centro.

La superproducción agraria es el desmentido más contundente a las falacias del malthusianismo. Demostraba que el hambre en el mundo no era cosecuencia de una producción agraria insuficiente para alimentar a la población mundial. Es al revés: el hambre aumenta a medida que aumenta la producción mundial de alimentos.

La agricultura se ha vuelto cada vez más dependiente de las subvenciones públicas y de la industria de los fertilizantes y pesticidas. Ya es una rama de la industria química y, finalmente, con los transgénicos, de la bioquímica. Si la superficie cultivada de forma tradicional se reduce, la de transgénicos aumenta.

(1) https://www.jornada.com.mx/notas/2022/10/05/politica/sin-superarse-reduccion-de-superficie-cultivada-en-el-pais-advierten-cna-y-sader/
(2) https://ourworldindata.org/peak-agriculture-land

Soldados ucranianos entrenados por Estados Unidos hundieron dos barcos rusos

Soldados ucranianos entrenados por Estados Unidos hundieron dos barcos rusos en junio, según Bill LaPlante, uno de los máximos responsables del Pentágono, en una entrevista publicada por Defense News. El incidente se produjo apenas dos meses después de que Washington proporcionara a Ucrania la información que le ayudó a hundir el Moskva, entonces el buque de guerra más poderoso de Rusia en el Mar Negro.

Washington entrenó a cazas en el uso de misiles antibuque Harpoon durante el fin de semana del Día de los Caídos, a principios de este año. “A la semana siguiente, dos barcos rusos fueron hundidos”, dijo LaPlante.

La noticia llegó menos de una semana después de que se informara de que Washington había organizado maniobras con Kiev para preparar la contraofensiva de Jerson, lo que subraya que los ejércitos estadounidense y ucraniano son la misma fuerza armada. Esta noticia refuerza la preocupación de que Estados Unidos esté inmerso en una guerra de agresión a gran escala con Rusia, tal y como argumentó recientemente Kelley Vlahos.

Estados Unidos no se esfuerza por disimular que está en guerra con Rusia, mientras hace todo lo posible por no estacionar un soldado estadounidense, ni ondear una bandera en Ucrania, escribe Vlahos.

Esta guerra por delegación plantea múltiples problemas. En primer lugar, Estados Unidos quiere alargarla lo máximo posible con el fin de maximizar el daño infligido a los intereses estratégicos de Rusia.

“Las guerras por delegación han sido durante mucho tiempo un medio de competencia entre grandes potencias, ya que permiten a un bando infligir dolor al otro sin una confrontación directa de armas”, escribió Hal Brands, del American Enterprise Institute, el pasado mes de mayo. “El secreto de esta estrategia es encontrar un socio local, un apoderado dispuesto a matar y morir, y luego proporcionarle las armas, el dinero y la información necesarias para infligir duros golpes a un rival vulnerable”, añadió.

En abril el antiguo primer ministro británico, Boris Johnson, una pieza clave en la estrategia de Estados Unidos en Ucrania, ayudó a desbaratar una negociación de paz. Los dirigentes occidentales tienen poco interés en animar a Moscú y a Kiev a poner fin a la guerra porque están convencidos de que prolongar el choque ayuda a “desangrar” a Rusia.

El riesgo es una escalada hacia un enfrentamiento directo. Los peones de la CIA ya están presentes en suelo ucraniano y las fuerzas de operaciones especiales están estacionadas en las cercanías.

“Si Estados Unidos y la OTAN buscan la derrota incondicional de Rusia por medios no convencionales -guerra por delegación y guerra económica-, ¿podemos esperar razonablemente que Moscú acepte los términos de un conflicto indirecto que aproveche nuestras fuerzas?”, escribe George Beebe, del Quincy Institute. “¿Durante cuánto tiempo se abstendrá Moscú de tomar represalias directas contra Occidente?”

Si la OTAN ha volado los gasoductos Nord Stream y el puente de Krech, ¿por qué Rusia no puede hacer lo mismo?, ¿no habría que esperar algún tipo de represalias, como el corte de los cables submarinos por los que circulan las redes digitales por todo el mundo?

La Casa Blanca anunció hace unos días que quería que el Congreso autorizara una ayuda militar adicional de 7.000 millones de dólares a Ucrania, además de los cerca de 13.000 millones de dólares de ayuda letal ya asignados por Estados Unidos. Este dinero demuestra que Washington sigue centrándose en el campo de batalla y no en la mesa de negociaciones.

La especulación de rostro humano: BlackRock

BlackRock es uno de los mayores impulsores de las llamadas inversiones ESG, políticamente correctas porque promueven el medio ambiente, las causas sociales y una administración impecable.

El fondo buitre, que gestiona 10 billones de dólares en el mundo, se empeña en aparentar algo muy distinto de lo realmente es: la personificación misma de la especulación sin escrúpulos.

La inversiones ESG apoyan el capitalismo de rostro humano, en las que el beneficio no es lo primordial. El objetivo es canalizar fondos hacia las empresas en función de su compromiso con los objetivos verdes y causas nobles, como la diversidad racial y de género.

El capitalismo es cada vez más verde y, a su vez, en el capitalismo lo verde es una mina de oro.

BlackRock es, con diferencia, el mayor proveedor de fondos políticamente correctos en Estados Unidos y, además, cada movimiento que realiza en “inversiones sostenibles” tiene un efecto dominó masivo en las demás industrias.

“La inversión ambiental, social y de gobierno (ESG) consiste en invertir en el progreso y reconocer que las empresas que resuelven los mayores desafíos del mundo pueden estar mejor posicionadas para crecer”, escribe el fondo buitre en su página web (*).

El cabecilla de BlackRock, Larry Fink, lleva varios años sosteniendo que “el riesgo climático es un riesgo de inversión”.

“La mayoría de las partes interesadas -desde los accionistas hasta los empleados, pasando por los clientes, las comunidades y los reguladores- esperan ahora que las empresas desempeñen un papel en la descarbonización de la economía mundial”, escribía Fink en la carta de este año. “Pocas cosas tendrán más impacto en las decisiones de asignación de capital -y, por tanto, en el valor a largo plazo de su empresa- que la eficacia con la que navegue por la transición energética mundial en los próximos años”.

Al mismo tiempo, Blackrock es uno de los mayores inversores en petróleo, si no el mayor. Sólo en Texas tiene más de 100.000 millones de dólares invertidos en el negocio de los combustibles fósiles.

El crecimiento de las inversiones y empresas ESG ha sido asombroso. Más de 35 billones de dólares en activos en todo el mundo supervisan el clima y la sostenibilidad, con un aumento del 55 por cien desde 2016.

Inversores, bancos y empresas se han adherido a una serie de alianzas, desde la Alianza Financiera de Glasgow para el Net Zero (GFANZ) hasta la Alianza Mundial de Inversiones Sostenibles (GSIA), los Principios de Inversión Responsable (PRI) y el Instituto Internacional de Gestión de Conflictos (IICM), comprometiéndose a reducir sus propias emisiones de carbono y las de sus carteras.

Los administradores del índice brusátil S&P500 mencionan ahora los ESG una media de nueve veces al trimestre en sus presentaciones de resultados, en comparación con sólo una vez, o ninguna, en 2017.

(*) https://www.blackrock.com/mx/intermediarios/estrategias/inversion-sostenible/integracion-de-esg

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