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Mes: septiembre 2022 (página 6 de 13)

Zelensky ha vendido Ucrania en Wall Street

El 6 de septiembre Zelensky abrió la Bolsa de Nueva York diciendo a Wall Street que su país está abierto para que las empresas extranjeras lo exploten. Luego hizo sonar simbólicamente la campana en una transmisión en línea.

Ucrania está “abierta a los negocios”. Las empresas extranjeras son libres de ir a explotar sus abundantes recursos y su mano de obra mal pagada. El gobierno de Kiev quiere vender patrimonio público por 400.000 millones de dólares.

En un discurso de lanzamiento del programa de privatizaciones, llamado Advantage Ukraine, Zelensky ofreció a Wall Street “la oportunidad de invertir en proyectos por valor de cientos de miles de millones de dólares”.

La agencia de noticias Business Wire publicó un comunicado de prensa del gobierno ucraniano en el que Zelensky se jactaba: “Los más de 400.000 millones de dólares en opciones de inversión que aparecen en Advantage Ukraine abarcan las asociaciones público-privadas, la privatización y las empresas privadas. Un equipo de banqueros de inversión e investigadores nombrado por el Ministerio de Economía de Ucrania, apoyado por la Usaid, trabajará con las empresas interesadas en invertir”.

Zelensky citó al presidente de la bolsa, Lynn Martin, quien dijo que la mayor bolsa del mundo, defiende la libertad, la protección del inversor y el acceso sin restricciones al capital. “Nos complace dar la bienvenida al presidente Zelensky virtualmente al podio de la campana de la Nyse [bolsa de Nueva York], un símbolo de la libertad y la oportunidad que nuestros mercados de capitales estadounidenses han permitido en todo el mundo. Nos sentimos honrados de que el Presidente haya elegido la Bolsa de Nueva York para marcar el inicio de Advantage Ukraine y comprometerse con la comunidad empresarial mundial”.

El comunicado de prensa citaba a los grandes monopolios tecnológicos estadounidenses Google, Alphabet y Microsoft, que salivaron ante las posibilidades económicas que ofrece Ucrania.

El gobierno ucraniano ha contratado a la empresa británica de relaciones públicas WPP para dirigir la operación publicitaria de Advantage Ukraine. Zelensky coordinó su campaña publicitaria en la Bolsa de Nueva York con un editorial en el Wall Street Journal en el que instaba a los capitalistas estadounidenses a que invirtieran en el futuro de Ucrania.

“Me comprometí con mi gobierno a crear un entorno favorable a la inversión que hiciera de Ucrania la mayor oportunidad de crecimiento en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, escribió Zelensky.

“Para crear un entorno seguro y transparente para la actividad empresarial, Ucrania está tratando de obtener garantías de inversión tanto del Grupo de los Siete como de la Unión Europea, reformando el sistema fiscal del país y estableciendo un nuevo y sólido marco jurídico. Nuestro país ya ha adoptado normas y leyes que permiten a las empresas crear estructuras corporativas transparentes, atraer inversiones extranjeras con mayor facilidad y utilizar mecanismos adicionales para proteger los activos intangibles. Las condiciones favorables nos permitirán establecer a Ucrania como un potente centro de TI [tecnologías de la información] y aplicar ideas empresariales innovadoras de forma rápida y eficaz. Ucrania es una tierra de oportunidades sorprendentes. Les invito personalmente a dejarse sorprender por nuestro potencial y a invertir en el futuro de Ucrania”, concluyó Zelensky

En julio se convocó una reunión de gobiernos y empresas privadas en Suiza en la que se planearon las políticas económicas privatizadoras a imponer en Ucrania al finalizar la guerra. Los participantes publicaron propuestas para recortar los derechos laborales, abrir los mercados, bajar los aranceles, desregular las industrias y vender las empresas públicas a los especuladores privados.

El economista Michael Hudson compara las nuevas leyes de emergencia impuestas por el gobierno ucraniano con las brutales políticas aplicadas por la dictadura de Pinochet en Chile tras un golpe de estado respaldado por la CIA en 1973.

—https://multipolarista.com/2022/09/09/zelensky-selling-ukraine-wall-street/

Recesión y desindustrialización: Europa regresa a la Edad Media

Los partidarios del decrecimiento están de enhorabuena. La revista Forbes dice que Europa se encamina a una “profunda recesión” y a una desindustrialización que devolverá al Viejo Continente a una “edad oscura”.

La revolución industrial surgió, precisamente en Europa, con la máquina de vapor y el carbón que la puso en funcionamiento. El mundo moderno nació de una energía abundante, lo que no es posible con los precios actuales de la luz.

Forbes asegura que no estamos ante una crisis a corto plazo. Europa va a padecer en sus propias carnes situaciones dramáticas que hasta ahora sólo conocía por los periódicos, cuando se referían a países lejanos. El Presidente francés Macron ha dicho que la época de la opulencia es el pasado. Nos esperan la inflación y el racionamiento.

Los informes del banco Barclays hacen las mismas previsiones: “Ahora esperamos una recesión más profunda y prolongada y una inflación elevada más persistente debido al impacto de los precios más altos de la energía, un ciclo de endurecimiento más decisivo del Banco Central Europeo y una demanda más débil”.

El Barclays prevé una recesión en la eurozona en el cuarto trimestre que persistirá hasta el segundo trimestre de 2023, con una contracción del 1,7 por cien del PIB real. El de España retrocederá un 1,6 por cien.

Unos países estarán peor que otros. Alemania será el más perjudicado debido a su fuerte dependencia del gas ruso y a los cuellos de botella en el transporte de gas en Europa.

Por su parte, la agencia de calificación Fitch habla de una “tormenta perfecta para la economía mundial”. En su informe coincide en que la eurozona y Reino Unido entrarán en recesión a finales de este año.

“Hemos vivido una especie de tormenta perfecta para la economía mundial en los últimos meses, con la crisis del gas en Europa, una fuerte aceleración de las subidas de los tipos de interés y la profundización del desplome inmobiliario en China”, señala.

Se avecinan revueltas populares, según todos los pronósticos. Las protestas no han hecho más que empezar, lo mismo que los despidos y los cierres de empresas.

Estados Unidos quiere eliminar a China del mercado mundial

La estrategia de contención de Estados Unidos con China pasa al siguiente nivel. En la actualidad, Washington está tratando de imponer una red de acuerdos comerciales y económicos en la región de Asia-Pacífico, vinculando a sus actores con compromisos para restringir la interacción con China en las cadenas de suministro regionales de mercancías clave, empujando así a Pekín a la periferia del mercado mundial.

Estados Unidos ha asignado a los países del sudeste asiático el papel de ariete contra la economía china. El objetivo final del gobierno de Biden es claramente el debilitamiento económico de Pekín.

Como parte de esa política, Estados Unidos inició en mayo la creación del Marco Económico Indo-Pacífico (IPEF). La reunión ministerial de sus participantes se celebró la semana pasada en Los Ángeles. Esta estructura debería incluir a 14 países de la región, con la excepción de China.

Esta iniciativa estadounidense no tiene nada que ver con la economía. Sirve como instrumento de facto de la competencia estratégica con China en el Indo-Pacífico disfrazada de cooperación económica internacional.

Washington ha desarrollado cuatro líneas de trabajo principales en el marco del IPEF: comercio, trabajo y economía digital; energía limpia y descarbonización; cadenas de suministro; e impuestos y anticorrupción. El plan no incluye la reducción de los impuestos sobre los bienes importados a Estados Unidos desde los países de la región. Al final, el acceso al mercado estadounidense seguirá siendo difícil para varios miembros de la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) del IPEF, que llevan tiempo buscando. Es dudoso que la iniciativa estadounidense aporte beneficios económicos considerables a sus participantes.

Estados Unidos impone sus normas de condiciones laborales y la llamada “descarbonización” sin tener en cuenta las peculiaridades tecnológicas de la industria, lo que impide un desarrollo económico normal.

Otro objetivo del IPEF es frenar la integración económica real en la región en el formato de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), donde China está presente como miembro de pleno derecho. Se basa en un acuerdo regional de libre comercio que ha establecido un equilibrio de intereses para todos los países de la RCEP.

Como resultado, la composición de las dos estructuras es casi idéntica. De los 15 países miembros del RCEP, 11 estados participaron en la iniciativa estadounidense IPEF. Y de los miembros del IPEF, además de Estados Unidos, India y Fiyi, los otros 11 países se han unido al RCEP. El objetivo del gobierno de Biden es claro: persuadir u obligar a otros países a abandonar la cadena industrial china y crear rutas logísticas cerradas con un círculo limitado de países sometidos a Estados Unidos.

Estados Unidos está prestando especial atención en la agenda del IPEF a expulsar a China de las cadenas de suministro mundiales en la producción de semiconductores y establecer su propio control sobre ellas. Bajo el pretexto de la demagogia de “garantizar altos niveles de seguridad”, Estados Unidos está formando activamente una alianza llamada Chip 4. Además de Estados Unidos, se supone que incluye a Japón, Corea del Sur y Taiwán.

El objetivo de esta alianza es la Ley Chips y Ciencia firmada por Biden a principios de agosto para aumentar la producción de semiconductores en Estados Unidos. Uno de los objetivos de la ley es hacer frente a la fuerte dependencia de Estados Unidos de los semiconductores importados para la industria electrónica, que se puso de manifiesto durante la pandemia.

El problema se resolverá obligando a los principales fabricantes de circuitos integrados del mundo a romper la cooperación con China. La ley prohíbe a las empresas (no sólo a las estadounidenses) ampliar la producción de semiconductores en China de acuerdo con tecnologías avanzadas durante 10 años después de haber obtenido subvenciones y exenciones fiscales para establecer sus centros de producción en Estados Unidos.

Esta es una situación muy controvertida para Washington. La ley es criticada tanto por las empresas estadounidenses como por los productores asiáticos, ya que sufrirán un daño importante y difícil de reparar si se rompen las relaciones con China. Los principales productores de chips, como Apple, Intel, Samsung y la taiwanesa TSMC, no podrán mejorar su producción en China continental, lo que significa que, a pesar de sus enormes inversiones, no podrán fabricar productos baratos y, por tanto, sufrirán enormes pérdidas.

Por ejemplo, unas 30 empresas que participan en la cadena de suministro de Apple tienen fábricas en Shanghai, incluida Foxconn, uno de los principales centros de montaje de la empresa estadounidense. Además, las fábricas situadas en China importan semiconductores de otros países y regiones y los convierten en productos acabados, que se exportan a distintas partes del mundo. El ejemplo de la surcoreana Samsung Electronics ilustra el grado de interdependencia de las empresas asiáticas en este sector. El beneficio neto de sus empresas chinas para 2021 es de 7.980 millones de dólares, el 13 por cien de la cifra total.

En general, los planes de Washington son tan grandiosos como difíciles de realizar. Pero llevarán al colapso de la división del trabajo establecida en el sudeste asiático, exacerbando la subida de los precios mundiales y pudiendo desencadenar una crisis en sectores económicos enteros del mundo desarrollado, incluido Estados Unidos.

Alexandre Lemoine http://www.observateurcontinental.fr/?module=articles&action=view&id=4245

España adiestrará a los reclutas del ejército ucraniano en Zaragoza

En junio el Ministerio de Defensa británico lanzó una iniciativa para adiestrar a 10.000 reclutas del ejército ucraniano en Reino Unido cada 120 días. Desde entonces, otros países, incluidos los miembros de la Unión Europea, han anunciado su participación en el programa, entre ellos España (*).

España acogerá a 20 soldados ucranianos en Zaragoza para que se formen en combate, desminado y medicina de guerra.

A finales de agosto, los ministros de Defensa de la Unión Europea aceptaron el principio de una misión de asistencia militar europea para Ucrania. El objetivo era “mejorar el funcionamiento del ejército ucraniano, que se enfrenta a grandes desafíos”, según Borrell. “Podemos responder mejor poniendo en común nuestras capacidades”, dijo.

Otros países europeos han acogido a soldados ucranianos en su territorio para entrenarlos. Pero se trataba sobre todo de enseñarles a utilizar el material de guerra que se les había prometido.

Durante una visita a la capital ucraniana el 13 de septiembre el ministro de Defensa danés, Morten Bodskov, también se ha sumado a la iniciativa británica.

“Habrá entrenamiento en Dinamarca. No puedo dar más detalles, pero habrá entrenamiento del ejército ucraniano en Dinamarca”, dijo Bodskov, mientras que 130 instructores militares daneses participan en la formación de reclutas ucranianos en Reino Unido.

Hasta el pasado mes de junio, Dinamarca tenía una cláusula de exención de defensa dentro de la Unión Europea. Tras un nuevo referéndum, finalmente renunció a esta cláusula, que ahora le permite participar en la Política Común de Seguridad y Defensa y, por lo tanto, en las operaciones militares europeas.

(*) http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2022/09/14/defensa-militares-ucranianos-campo-maniobras-san-gregorio-1599602.html

La constitución de una alianza militar contra Rusia: el Tratado de Kiev

La presidencia ucraniana acaba de publicar el Tratado de Seguridad de Kiev (*), cuya redacción ha dirigido muy discretamente Anders Rasmussen, antiguo secretario general de la OTAN, con la contribución de ex primeros ministros, ex ministros, altos funcionarios y académicos occidentales. El Tratado prevé el establecimiento de un mecanismo para la intervención militar de la OTAN y los países aliados en la Guerra de Ucrania. El objetivo no es sólo convertir a toda Ucrania en una plataforma de lucha contra Rusia, sino sobre todo destruir a la propia Rusia.

“Las garantías de seguridad deberían codificarse en un documento de asociación estratégica conjunta llamado Pacto de Seguridad de Kiev, cofirmado por un grupo central de socios que actuarían como garantes de la autodefensa de Ucrania. Esto podría incluir, entre otros, a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Polonia, Italia, Alemania, Francia, Australia, Turquía y los países nórdicos, bálticos y centroeuropeos. Además del Documento de Asociación Estratégica, Ucrania y algunos Estados garantes pueden firmar acuerdos bilaterales sobre cuestiones específicas relacionadas con las garantías de seguridad entre Ucrania y los Estados garantes. Además de los principales garantes, varios niveles de países podrían sumarse a cuestiones adicionales o específicas relacionadas con las garantías de seguridad”.

Se trata de una coalición con diferentes grados de implicación, incluyendo un grupo estable de países plenamente implicados. El propósito general de esta coalición es la defensa de Ucrania, que se convierte así en el nuevo interés general de estos países:

“El formato Rammstein, también conocido como Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, formado por unos 50 países, podría constituir la base de este grupo más amplio, que podría formalizarse en una coalición de voluntades. Deben tomarse medidas para que Ucrania pueda disuadir y, en caso necesario, defenderse de otro ataque armado o actos de agresión. Para ello, Kiev necesitará grandes fuerzas de defensa, capacidades sólidas y una industria de defensa fuerte y reformada. Esto debe estar apuntalado por una inversión sostenida en su base industrial de defensa, por importantes transferencias de armas y apoyo de inteligencia por parte de los aliados, y por fuerzas bien entrenadas y ejercitadas”.

No se trata formalmente de una defensa, sino que también está previsto el ataque. Para que la arruinada Ucrania pueda convertirse en el campo de batalla de esta guerra mundial, se requiere un esfuerzo bélico por parte de los países mencionados para fortalecer la potencia económica e industrial del país, además de la militar.

Hay dos áreas. Una de ellas es la militar, la otra es la económica. Según el documento, Ucrania debe participar en las maniobras de la OTAN y de la Unión Europea, beneficiarse de la formación de su ejército, de la transferencia gratuita de tecnología, de la reconstrucción de su industria militar, de la entrega de armas, etc. Es como el artículo 5 del tratado de la OTAN, del que Ucrania no forma parte:

“El proceso de toma de decisiones debe basarse en el principio de las consultas colectivas seguidas de las contribuciones individuales. A petición de Ucrania, los garantes se reunirán para celebrar consultas colectivas en un plazo muy breve (por ejemplo, 24 horas) y decidirán ampliar las garantías sobre la base de una coalición de voluntades (por ejemplo, 72 horas)”.

Así pues, los garantes tienen 72 horas para convertirse en beligerantes, en cuanto firmen esos acuerdos, puesto que ya reconocen la “agresión rusa”. En otras palabras, no se realizará ninguna consulta nacional y las poblaciones europeas, en particular, se encontrarán en guerra, sin tener nada que decir al respecto. El texto también especifica que no es una alternativa al ingreso de Ucrania en la OTAN. Una premisa quizás, porque si se aprueba este texto, se romperá la última barrera psicológica y sólo quedará por dar un paso simbólico.

En cuanto al aspecto económico, los países garantes y beligerantes pierden el poder de decisión sobre las sanciones adoptadas contra Rusia. No obstante, esos países están hoy divididos, tanto en materia de gas como de visados. Bajo la apariencia de Ucrania, la OTAN podrá determinar la política exterior de los países firmantes:

“Sin perjuicio del mecanismo de sanciones descrito a continuación, los garantes deben abstenerse de levantar las sanciones contra Rusia acordadas desde 2014, hasta que Moscú: a) cese su agresión contra Ucrania; b) garantice que no atacará a Ucrania en el futuro; c) compense a Ucrania por los daños causados durante la invasión. Cualquier decisión de levantar o suspender temporalmente las sanciones, como parte de un acuerdo de paz negociado, debe tomarse en estrecha coordinación con Ucrania. El acuerdo de garantía de seguridad debe contener una disposición que establezca la reimposición de las sanciones (disposiciones de reactivación) en caso de nuevos ataques o agresiones. Las sanciones deben mantenerse hasta que Rusia deje de ser una amenaza para la soberanía ucraniana […]

“El paquete de sanciones debe ser iniciado y aplicado por los garantes de la seguridad de Ucrania, en estrecha coordinación con otros organismos internacionales como el G7 y la UE. Otros países afines que apoyan las sanciones (por ejemplo, Suiza, Noruega, Singapur, Corea del Sur, Australia y otros) también deberían ser invitados a unirse”.

Para ayudar económicamente a Ucrania, se propone embargar propiedades y fondos rusos, para ayudar a reconstruir Ucrania.

“Cuando esta guerra termine, debemos asegurarnos de que Rusia no pueda volver a invadir Ucrania. La mejor manera de hacerlo es que Ucrania tenga una gran fuerza militar que pueda resistir cualquier futuro ataque ruso”, subrayó Rasmussen. La construcción y el mantenimiento de una fuerza de este tipo requerirá décadas de compromiso por parte de los aliados de Ucrania, añadió Rasmussen.

Es la muerte política y económica de los países miembros de esta coalición beligerante, formada directamente por la OTAN en nombre de la defensa de Ucrania. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso lo subrayó en estos términos:

“Poner a los países occidentales en total dependencia, obligarles a seguir con esa ayuda al régimen de Kiev, es incinerarlos. Imagínese, se propone hacer esto a los Estados, que ahora están pensando en cómo pueden sobrevivir al invierno […] Ahora los países desarrollados han caído instantáneamente al nivel de los países subdesarrollados, que no saben cómo calentarse”, dijo Zakharova.

La portavoz añadió que a los países que ya se encuentran en esta situación “también se les ofrece una servidumbre tan terrible, que tienen que firmarla con toda su sangre, lo que será un horror sin fin”.

Para la OTAN se trata de la aniquilación de Rusia como potencia. La Alianza militar intenta limitar el campo de batalla principal a Ucrania principalmente y, en la medida de lo posible, extenderlo a Rusia.

(*) https://www.president.gov.ua/en/news/andrij-yermak-ta-anders-fog-rasmussen-prezentuyut-rekomendac-77729

150 países se enfrentan en 2023 a una hambruna sin precedentes por la caída de las exportaciones y la producción de arroz

Esta noticia tendría que abrir todos los telediarios del mundo, pero no es así. India, que representa más del 40 por ciento de todos los envíos de arroz en todo el mundo, ha impuesto severas restricciones a todas las exportaciones futuras al menos durante este año, lo que es sin duda una catástrofe alimentaria de la que apenas se habla. Leer más

El más fiel vasallo de Estados Unidos en Europa: Polonia

El pasado mes de mayo el Primer Ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en el Foro Económico Mundial de Davos, exigió que Alemania cerrara unilateralmente el Nord Stream I antes de finales de año. Antes, había propuesto añadir el cierre del gasoducto al paquete de sanciones del Golden Billion (*) justo después del inicio de la última fase (provocada por Estados Unidos) del conflicto en Ucrania hace 6 meses. Ahora conocemos el desastre que ha supuesto el corte de las exportaciones rusas para la estabilidad europea, algo que era de esperar, pero que debería hacer que los observadores se pregunten: ¿por qué quería Polonia que ocurriera?

Desde el principio, esta potencia que aspira a la hegemonía sobre Europa Central y Oriental ha impulsado las políticas antirrusas más radicales posibles, y sus dirigentes han llegado a jactarse de haber establecido el estándar mundial de la rusofobia. El “nacionalismo negativo” explica en parte la constitución del nacionalismo polaco en los últimos años, que ve a los polacos obsesionados con una supuesta diferenciación de los rusos, en lugar de abrazar un “nacionalismo positivo” que remite al orgullo y no recurre a la comparación con los demás.

La otra razón es mucho más estratégica, y tiene que ver con el deseo de sabotear los intentos de los principales países europeos de maximizar su autonomía estratégica. En particular, Polonia teme que una Alemania fuerte imponga su visión hegemónica del continente a todos los demás países, empezando por su vecino oriental. Así, los dirigentes polacos han decidido seguir una política doble: presentarse como la principal fuerza antirrusa en Europa, para convertirse en el principal socio de la hegemonía unipolar en declive del continente, y al mismo tiempo intentar llevar a Alemania al suicidio económico.

El primero de estos dos ejes se ha perseguido desplegando una furia rusófila, y el segundo se ha impulsado instando constantemente a Berlín a cerrar el gasoducto Nord Stream I, bajo el falso pretexto de la “solidaridad con las democracias”, una retórica manipuladora que el embajador polaco en la India acaba de mencionar al intentar presionar a Delhi para que condene y sancione a Moscú. Aunque el cierre del gasoducto prometía perjudicar los propios intereses de Polonia, Varsovia apostó por la idea de que su pueblo no protestaría más que eso, adoctrinado como está con el “nacionalismo negativo”.

Polonia considera que sus intereses estratégicos más amplios, destinados a socavar el ascenso de Alemania en la escena mundial, son mucho más importantes que sus intereses a corto plazo, perjudicados por el corte de gas ruso al continente. Polonia ha planeado desde el principio equivocarse con Alemania y promulgar políticas contraproducentes que debilitarían irremediablemente su autonomía estratégica frente a Estados Unidos, y permitirían así a Washington restablecer su menguante hegemonía unipolar sobre Berlín y el bloque dibujado e influenciado por el poder alemán.

El propósito subyacente de estas acciones es conseguir que Estados Unidos favorezca a Polonia en detrimento de Alemania como su principal vasallo en Europa, como recompensa por obedecer perfectamente las demandas antirrusas de Washington, y conseguir que Berlín debilite irreversiblemente su autonomía estratégica, permitiendo a Estados Unidos reafirmar su control hegemónico sobre todo el continente. Es poco probable que Alemania pueda volver a competir con Estados Unidos.

Este resultado se habría conseguido incluso antes si Alemania se hubiera sumado al descabellado plan polaco de sancionar el Nord Stream I hace seis meses, cuando Morawiecki pidió a Alemania que anunciara que cortaría unilateralmente las importaciones de gas a través del gasoducto para finales de año. A través de estos objetivos de desestabilización, Polonia esperaba conseguir que Alemania se debilitara a sí misma y a la Unión Europea, y poder responsabilizarse de ello, para reafirmar la hegemonía estadounidense en el continente, y evitar para siempre cualquier acercamiento a Rusia.

Por muy lejano que pareciera este segundo escenario, hasta hace poco todavía era teóricamente posible que una Alemania estratégicamente autónoma reparara sus relaciones con Rusia después de algún tiempo, siempre y cuando los fundamentos económicos del dirigente de facto del bloque europeo se mantuvieran relativamente estables, y pudiera así mantener cierta independencia de la hegemonía estadounidense en declive. Fue precisamente por esta razón por la que Polonia quería que Alemania cortara Nord Stream I: para que el objetivo de su guerra híbrida saboteara sus propios intereses nacionales objetivos.

Independientemente de lo que uno pueda pensar del corte del Nord Stream I y de si es o no realmente el resultado de problemas técnicos, este acontecimiento está arruinando a Alemania y consignándola a la condición de vasallo de Estados Unidos, en plena consonancia con el gran diseño estratégico que Polonia ha estado persiguiendo durante los últimos seis meses, como se ha explicado anteriormente. Las dificultades socioeconómicas sin precedentes que la crisis energética amplificada promete infligir a millones de personas en la Unión Europea hacen que este último acontecimiento sea extremadamente impopular, lo que probablemente provoque algunas miradas muy oscuras en dirección a los pensadores estratégicos polacos.

Aunque Polonia no es responsable en última instancia de lograr el resultado que lleva esperando tanto tiempo -al fin y al cabo, son los problemas técnicos los que justifican el cierre del gasoducto y no la propia voluntad de Alemania-, Varsovia no quiere que se la asocie con las inmensas dificultades que este desarrollo ha infligido a los pueblos de Europa. Quería que Berlín asumiera la culpa, lo que habría llevado al colapso final de la influencia de su objetivo, pero ahora los responsables de la percepción en los principales medios de comunicación pueden culpar tranquilamente a Moscú, mientras intentan que todo el mundo olvide que ese era el objetivo de Varsovia todo el tiempo.

Polonia no quiere ser recordada por la energía que sus dirigentes gastaron para lograr precisamente la situación actual, porque cientos de millones de personas están sufriendo como resultado: por eso es tan importante ahora que los activistas den prioridad a asegurar que todo el mundo conozca la realidad de este hecho “políticamente inconveniente”. Los europeos tienen derecho a saber que todo esto es el resultado de una guerra híbrida polaco-estonia contra Alemania, en pos de los amplios objetivos estratégicos explicados anteriormente, aunque el punto álgido de la crisis se deba a la invocación de problemas técnicos y no a que Berlín haya caído en la trampa de cerrar el grifo por sí mismo.

Andrew Korybko https://oneworld.press/?module=articles&action=view&id=3213

(*) La expresión “golden billion” es típica en los medios rusos en los últimos años. Se refiere a la población de los países más desarrollados, que disfrutan de un alto nivel de vida, a costa del resto del mundo, empobrecido y expoliado.

Estados Unidos se prepara para una intervención más agresiva en la Guerra de Ucrania

La guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia fue instigada por las grandes potencias para incorporar a Ucrania a la Alianza militar. La guerra ya ha provocado la muerte de decenas de miles de soldados y civiles ucranianos, la muerte de decenas de miles de soldados rusos, el colapso total de la economía ucraniana y la pérdida de más de una cuarte parte de su territorio.

Los principales beneficiarios de la guerra son los contratistas de defensa estadounidenses y europeos, que están registrando los mayores pedidos en décadas, y las empresas energéticas estadounidenses, que han aumentado enormemente sus exportaciones de energía al mercado europeo a precios récord, obteniendo enormes beneficios.

A pesar del desastre económico que amenaza a Europa, Estados Unidos y la OTAN no hacen más que intensificar su compromiso con la guerra. El lunes la Casa Blanca pidió al Congreso que asigne 11.000 millones de dólares adicionales a la guerra en Ucrania, además de los más de 50.000 millones ya asignados hasta la fecha.

Biden está eliminando casi todas las restricciones que quedaban a la participación de Estados Unidos en la guerra. En un artículo titulado “Por qué Estados Unidos se está volviendo más descarado con su apoyo a Ucrania”, The Hill asegura de que “Biden está armando a Ucrania con armas que pueden causar graves daños a las fuerzas rusas y, a diferencia del comienzo de la guerra, los funcionarios estadounidenses no parecen preocupados por la reacción de Moscú”.

El artículo cita a William Taylor, antiguo embajador de Estados Unidos en Ucrania: “Con el tiempo, el gobierno [de Biden] ha reconocido que puede proporcionar a los ucranianos armas más grandes, más capaces, de mayor alcance y más pesadas, y los rusos no han respondido”.

“Los rusos van de farol y les gusta exagerar, pero no fueron provocados. Al principio el gobierno de Biden estaba preocupado -y todavía lo está en cierta medida-, pero el miedo a provocar a los rusos ha disminuido”.

Como no se ha provocado a Rusia, la respuesta de los estadounidenses es intensificar su participación en la guerra hasta conseguir el resultado necesario.

El mes pasado “funcionarios de defensa dijeron que Estados Unidos enviaría por primera vez a Ucrania drones de vigilancia ScanEagle, vehículos MaxxPro fuertemente blindados y sistemas de misiles guiados antitanque Tow, así como una variedad de nuevas municiones”.

Eso se suma a los misiles antirradiación de alta velocidad AGM-88, así como a un aumento masivo del número de Himars (Sistemas de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad) de largo alcance.

“En el futuro numerosos informes indican que Estados Unidos planea enviar municiones de artillería Excalibur guiadas con precisión, armas que pueden viajar hasta 70 kilómetros y que ayudarían a los ucranianos a apuntar a posiciones y puestos de mando rusos de difícil acceso”, sostiene The Hill.

Un funcionario estadounidense dijo: “Creo que el instinto de la gente en los departamentos y agencias, en particular Estado y Defensa y la comunidad de inteligencia, creo que su instinto es ser más previsor y más agresivo… Tenemos mucho más espacio en nuestro lado, creo, para tomar medidas que ayuden a Ucrania sin tener un temor injustificado de cómo va a reaccionar Putin”.

Los medios de comunicación estadounidenses aplauden la ofensiva ucraniana, que la Casa Blanca utiliza como pretexto para ampliar la participación de Estados Unidos en la guerra. Hasta la fecha Estados Unidos ha suministrado cientos de drones y aviones, cientos de vehículos, decenas de miles de misiles y millones de cartuchos. Pero, como señala The Hill, esto es sólo un anticipo mientras Estados Unidos se prepara para una intervención “más agresiva” en la guerra.

Europa renuncia a poner topes al precio del gas

La Comisión Europea sigue dando tumbos. Quiere hacer algo pero no sabe qué. Ahora ha renunciado al plan de poner un límite a los precios del gas, sea ruso o no, como parte de las medidas para hacer frente a la crisis energética.

La semana pasada la Comisión Europea dijo que propondría un objetivo obligatorio de la Unión Europea para reducir el consumo de electricidad en las horas punta, un tope a los ingresos de los generadores de electricidad y las empresas de combustibles fósiles, y un tope a los precios del gas ruso como medidas inmediatas para rescatar los mercados europeos de la crisis.

“Propondremos un tope al gas ruso. El objetivo aquí es muy claro”, dijo el miércoles pasado la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Sin embargo, los Estados miembros de la Unión Europea siguen divididos en cuanto a la limitación de los precios del gas ruso. Al menos diez de los 27 gobiernos se opondrían a esta medida. Alemania, la mayor economía de Europa y el miembro de la Unión Europea más afectado por el gasoducto Nord Stream, ahora clausurado, no está a favor del proyecto.

Otro grupo de países de la Unión Europea, entre los que se encuentran Francia y Polonia, ha presionado para que se limite el precio del gas importado. Sin embargo, la Comisión Europea desconfía de esta idea, ya que un tope de este tipo perjudicaría la capacidad de Europa para atraer grandes volúmenes de gas licuado si los precios son más altos en otros lugares.

Por lo tanto, es poco probable que se incluya un límite al precio del gas en la propuesta de la Comisión, aunque el borrador del proyecto todavía está sujeto a cambios.

Sin embargo, el ejecutivo europeo presiona para que se establezca un límite a los ingresos de los productores de energía nuclear y renovable y una tasa sobre los beneficios adicionales de las empresas de combustibles fósiles, incluido el sector del refinado.

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