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Día: 19 de agosto de 2022 (página 1 de 1)

‘Los que protestan contra el alza del coste de la vida son la ultraderecha y los antivacunas’

Los que se manifestan contra la vacunación obligatoria y los confinamientos han encontrado un nuevo pretexto: la crisis energética, ha dicho el ministro de Interior del estado alemán de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul, en una entrevista con la cadena NT.

Reul reveló que los servicios de seguridad alemanes estaban vigilando a los “extremistas” que planean infiltrarse en las protestas. Los disturbios ya se están planificando a través de la aplicación de mensajería Telegram, que el gobierno alemán ha intentado prohibir.

“Los manifestantes ya no hablan del coronavirus o de la vacunación. Ahora están utilizando indebidamente las preocupaciones y temores de la gente en otros ámbitos […] Es casi algo así como la formación de unos nuevos enemigos del Estado”.

Los alemanes han entrado en pánico comprando estufas, leña y calefactores eléctricos mientras el gobierno les dice que los termostatos se limitarán a 19ºC en los edificios públicos y que los estadios deportivos y las salas de exposiciones se utilizarán como “espacios de calentamiento colectivo” este invierno para ayudar a los que no pueden permitirse el lujo de pagar las facturas de la energía, que se han disparado.

A pesar de los posibles apagones, fallos en la red eléctrica y escasez de gas, el ministro afirma que tales protestas “alimentan las teorías de la conspiración”. La demagogia política ha fabricado un nuevo comodín. Cada vez que alguien protesta, lo califican de “ultraderechista”. Es un argumento que comparten tanto Reul como la ministra federal de Interior, Nancy Faeser.

Al igual que durante la pandemia, la charlatanería gubernamental nutre la represión política. Calificar a los que se preocupan por calentar su casa y poner un plato de comida en la mesa este invierno como “enemigos del Estado” es una atrocidad para justificar la intervención, tanto de la policía como del servicio secreto. Es algo que ya ha comenzado en Alemania.

“Los disturbios a causa de la crisis energética harán que los los disturbios contra el confinamiento parezcan una fiesta infantil de cumpleaños”, dijo la semana pasada el presidente de la Oficina de Protección de la Constitución de Turingia, Stephan Kramer al canal ZDF.

“Las protestas y los disturbios masivos son tan concebibles como los actos concretos de violencia contra las cosas y las personas, así como el terrorismo clásico para derrocarlo”, añadió Kramer.

—https://rmx.news/article/new-enemies-of-the-state-german-nrw-interior-minister-slaps-worrying-label-on-potential-winter-energy-protests/

Los curros de mierda

Casi 50 millones de trabajadores abandonaron sus empresas en Estados Unidos tras dos años de pandemia. Lo llamaron “la gran dimisión” (big quit), que el año pasado afectó a un 3 por cien de la fuerza de trabajo, un máximo en dos décadas.

Muchas empresas contrataron a trabajadores que ya estaban en su puesto, en un contexto de gran demanda y escasa oferta. Después de que la economía estadounidense cayera en picado en 2020, la actividad volvió a repuntar el año pasado, provocando mecánicamente una fricción en el mercado laboral entre la oferta y la demanda.

Las empresas no encontraban mano de obra y tuvieron que mejorar las condiciones laborales. “Se buscan trabajadores en la industria de la madera para puestos altamente remunerados”, decía la prensa española el año pasado (1). “La falta de mano de obra cualificada se ha convertido en un problema para la mayoría de economías continentales”, titulaba El País (2).

Estos días los medios de comunicación australianos hablan de “penuria de mano de obra”, después de dos años de cierre de fronteras. La tasa de paro es del 3,4 por cien, un porcentaje desconocido desde los años cuarenta. Casi medio millón de puestos de trabajo están vacantes, el doble que antes de la pandemia. El gobierno le va a dar la vuelta a las restricciones sanitarias de la pandemia para permitir la llegada de 200.000 emigrantes al año.

La pandemia alteró la relación de muchos trabajadores con sus empresas. En muy pocos días, con la pandemia millones de trabajadores pasaron a teletrabajar a tiempo completo, mientras que otros pasaron a trabajar a jornada reducida durante largas semanas. Este periodo ha llevado a cuestionar el papel social de ciertos puestos de trabajo.

Pero este fenómeno no es ni mucho menos reciente. David Graeber acuñó el concepto de “curros de mierda” (bullshitt jobs), que dependen de muchos factores. La mayor parte de las veces los expertos hablan de la formación o la experiencia del trabajador. Unas veces las empresas no encuentran mano de obra cualificada y otras ofrecen “curros de mierda” a trabajadores con estudios, cualificación y experiencia previa en ell puesto.

Hay determinados puestos que las empresas sólo son capaces de cubrir porque siempre hay alguien al que no le queda más remedio que aceptar ciertas condiciones laborales miserables.

El cierre de las empresas durante la crisis de 2008 obligó a los trabajadores españoles a emigrar masivamente al norte de Europa. Esa mano de obra no ha regresado por la diferencia salarial.

Hasta Biden lo recomendó el año pasado, cuando los empresarios se lamentaban de que no encontraban mano de obra suficiente: “¡Súban los salarios!”, les dijo.

Una cadena de restaurantes de Sidey regala 5.000 dólares (3.500 euros) a los trabajadores en el momento de firmar el contrato. El ejemplo debería cundir en todo el mundo.

(1) https://www.antena3.com/noticias/economia/buscan-trabajadores-industria-madera-puestos-altamente-remunerados_202109046133bed53668b600013bf6be.html
(2) https://elpais.com/economia/2021-10-17/europa-busca-trabajadores.html

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