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Día: 16 de julio de 2022 (página 1 de 1)

Los rusos no se pueden descargar los sistemas operativos de Microsoft

Los rusos no se pueden descargar los sistemas operativos de Microsoft desde los servidores de la multinacional. La empresa estadounidense no ha explicado el motivo. Ni siquiera ha reconocido que el bloqueo es consecuencia de las sanciones económicas impuestas a Rusia.

Desde junio las actualizaciones y descargas de las versiones más recientes del sistema operativo Windows están interrumpidas en Rusia. No se han observado en ninguna otra parte del mundo, lo que descarta un problema técnico.

En marzo Brad Smith, presidente de Microsoft, difundió un comunicado diciendo que había tomado la decisión de suspender todas las nuevas ventas de sus productos y servicios en Rusia. Muchos rusos han pagado una licencia de Windows 10 pero no pueden migrar a Windows 11, que es gratis.

Las descargas con una red privada virtual (VPN) funcionaban sólo si los servidores estaban situados en el extranjero, lo que apoya la idea de que se trata de una medida voluntaria de Microsoft para restringir las descargas en Rusia.

El bloqueo reforzará la política oficial de prescindir de Windows a largo plazo. Hace años que el Kremlin promueve los sistemas operativos de código abierto, como Linux. En la administración pública hace años que está prohibido instalar Windows, para prevenir el espionaje.

Otra alternativa: la piratería. Rusia es uno de los países donde las copias irregulares de las aplicaciones informáticas circulan más profusamente.

Pronto también tendrá problemas con los microprocesadores. Aunque existe una industria autóctona, no está al nivel de las mejores. La reactivación del sector requerirá un esfuerzo de décadas e inversiones colosales, que ascienden a decenas de miles de millones de euros.

La destrucción sistemática de la agricultura europea

Hace muchos años que la agricultura europea está en coma. El campo sólo interesa para pasar un buen fin de semana y queremos mantenerlo como si fuera un jardín. Es típico de los domingueros.

Primero se llamó PAC (política agraria común) y ahora “Green New Deal”. Antes se justificaba por una cierta política económica y ahora por motivos seudoecologistas, pero es más de lo mismo: una crisis de superproducción que sólo se puede resolver con la destrucción del medio rural.

Ya no sólo contamina la industria, sino también el campo. El objetivo de la Unión Europea es acabar con el 10 por cien de las tierras de cultivo. Una cuarta parte de ellas se deberán reconvertir a la agricultura ecológica. En el resto plantarán árboles para repoblar los bosques, que hoy gustan más que los cultivos.

El gobierno británico paga 100.000 libras a los agricultores que abandonen sus explotaciones (1) y, como ya hemos expuesto en una entrada anterior, en Holanda el gobierno quiere acabar con un tercio de las instalaciones campesinas (2).

En Austria cada día son más los agricultores que abandonan sus explotaciones, de forma silenciosa y desapercibida. Han sido traicionados por sus supuestos representantes de la Unión de Agricultores Demócrata Cristiana.

La lucha contra las políticas ambientales de Bruselas se ha convertido en una cuestión de vida o muerte, mientras en los supermercados comienzan a eliminar los productos agrarios tradicionales, animales y vegetales, para sustituirlos por insectos y gusanos “ricos en proteínas”.

La Comisión Europea empieza a hablar de “Farm to Fork”: del campo a la mesa, y vende la moto como un intento de lograr que los sistemas alimentarios sean “justos, saludables y respetuosos con el medio ambiente”.

La agricultura europea debe reducir a la mitad el empleo de fertilizaantes, plaguicidas y productos fitosanitarios. Hace apenas unos días, Alemania aceptó las normas europeas sobre los nitratos y las actuales protestas en Holanda son consecuencia del intento de reducir su empleo en los sembrados y las cabañas.

Si el suelo tiene menos nutrientes, el rendimiento por hectárea será aún menor, la agricultura europea será mucho menos rentable de lo que ya lo es, necesitará aún más subvenciones… o se la dejará morir de inanición.

En Bruselas sólo miran las cifras y no se han enterado de que, cualitativamente, los tomates son mucho más importantes que los móviles.

(1) https://www.farmersjournal.ie/english-farmers-to-be-paid-to-retire-692718
(2) https://mpr21.info/los-agricultores-holandeses-se-levantan-contra-la-agenda-2030-del-gobierno/

Allianz advierte a las empresas sobre la magnitud de las revueltas en el mundo

En junio del año pasado un informe de la aseguradora mundial Allianz alertó a las empresas sobre las crecientes protestas y disturbios populares debido a la crisis económica internacional.

Según Verisk Maplecroft, consultora de riesgo y estrategia mundial, los levantamientos son “inevitables”, principalmente en las economías emergentes. Pero también en los países más ricos, cuya protección social se tambalea.

Preocupada por el alcance del movimiento de protesta mundial, establece un paralelismo con las protestas por los precios de los combustibles y los fertilizantes en Perú, y las revueltas en Sri Lanka relacionadas con la crisis económica. “¿Podrían estos acontecimientos ser una señal de nuevos disturbios en otras partes del mundo?”, se pregunta.

Las secuelas de la pandemia, la guerra de Ucrania, la inflación galopante, la escasez de alimentos y la crisis energética empujarán a una población hambrienta a rebelarse. Los dos años de confinamientos, toques de queda y cierres de empresas han creado el caldo de cultivo en todo el mundo.

Según Kristalina Georguieva, directora del Fondo Monetario Internacional, “nos enfrentamos a una crisis sobre otra crisis” debido a los efectos combinados de los confinamientos y la Guerra de Ucrania. El aumento de la inflación es un “peligro inminente” al que hay que hacer frente inmediatamente, ya que la seguridad alimentaria también está amenazada, dice Georguieva.

“La alternativa es terrible: más hambre, más pobreza y más malestar social, especialmente para los países que han luchado por escapar de la fragilidad y el conflicto durante muchos años”, añade.

El senador francés Alain Houpert teme nada menos que una “guerra civil fría” y la ONU también ha advertido del aumento de los precios de los alimentos y de la ralentización de las cadenas de suministro a causa de la guerra. Según el Secretario General, Antonio Guterres, “todo esto está golpeando a los más pobres y sembrando las semillas de la inestabilidad política y el malestar en todo el mundo”.

Las protestas crecen en épocas de carestía y restricciones

En el punto álgido de la pandemia, las protestas contra las restricciones se sucedieron con regularidad en todo el mundo. Según Allianz, eran “una respuesta a una serie de acontecimientos sin precedentes”. La aseguradora añade que “las protestas han tenido lugar en un contexto de creciente malestar civil en todo el mundo”. De hecho, según el Índice de Paz Global, “las protestas, huelgas y disturbios se dispararon un 244 por cien entre 2011 y 2019”, unido a la polarización política tras la crisis económica de 2008.

Las manifestaciones, bloqueos y disturbios se intensificaron con las medidas coercitivas impuestas con el pretexto de la pandemia. Los objetivos de las movilizaciones del año pasado, incluidos los convoyes de la libertad,  era protestar contra las restricciones sanitarias impuestas por los gobiernos, especialmente en Canadá.

Lo que Allianz lamenta es que las pérdidas de las empresas hayan sido tan grandes. Al protestar contra la subida de los carburantes, en 2018 el movimiento de los chalecos amarillos hizo que los comerciantes franceses perdieran casi 1.100 millones de dólares de ingresos en pocas semanas.

En Chile se produjeron importantes protestas por el aumento de los precios del metro, lo que supuso 3.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas. Poco después, la muerte de George Floyd en Estados Unidos provocó protestas en todo el país, que supusieron más de 2.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas.

El informe también relata los disturbios de 2021 en Sudáfrica, que causaron pérdidas por valor de 1.700 millones de dólares.

Unas revueltas impulsadas por las redes sociales y la ‘desinformación’

Para Allianz y los grandes monopolios, las víctimas de la situación son ellos. En todo el mundo las protestas han ganado terreno en los dos últimos años por culpa de las redes sociales, cuya desinformación habría “espoleado el malestar civil”, dice Allianz.

Para finales de este año, la consultora Verisk prevé un aumento de las protestas civiles en casi 75 países. Según el informe, eso se debe a que las redes sociales no están “reguladas”, lo que “ha permitido que la desinformación se difunda sin control, proporcionando una plataforma para los teóricos de la conspiración”. Estos se han “centrado en tres áreas principales: el sentimiento antivacunas y de libertades civiles, la desconfianza en el gobierno y las dificultades económicas”.

Los capitalistas culpan a las víctimas. Ven el mal en en la búsqueda de información, la libertad de expresión y el rechazo de las mentiras y la propaganda que los políticos de todo tipo defienden como la única verdad.

El Barómetro de Confianza de Edelman de este año “revela que la preocupación por el uso de las noticias falsas como arma había alcanzado al 76 por cien de los encuestados en todo el mundo”. Aunque la pandemia ha afectado “a algunos sectores y grupos étnicos de forma desproporcionada, también se ha abierto la posibilidad de la radicalización”.

Se ha extendido por todo el mundo una sensación de malestar por las decisiones del gobierno. Para Allianz es un sentimiento de ansiedad sólo porque los disturbios civiles afectarán a las empresas.

Más vale prevenir

La aseguradora advierte a las empresas que “es probable que la influencia de las redes sociales contribuya a alimentar los disturbios civiles en un futuro próximo”. Considera que los disturbios civiles podrían provocar “el deterioro de los edificios, la interrupción de las operaciones, la denegación de acceso o la pérdida de atractivo para los inversores”.

Los objetivos principales de los disturbios serán “los edificios gubernamentales, las infraestructuras de transporte, las cadenas de suministro, los locales de venta al por menor, las empresas de propiedad extranjera, las gasolineras, los centros de distribución de bienes esenciales y las empresas de turismo y hostelería”.

Las empresas deberían revisar sus pólizas de seguro en caso de un aumento de la lucha política y social, y “actualizar sus planes de contingencia según sea necesario, teniendo en cuenta las vulnerabilidades de su cadena de suministro”. Además, “las pólizas de seguro de bienes pueden cubrir los siniestros en algunos casos, pero las aseguradoras ofrecen una cobertura especializada para mitigar el impacto de las huelgas, los disturbios y las conmociones civiles”.

“Los disturbios civiles son cada vez más una exposición crítica para las empresas que el terrorismo”, dijo Srdjan Todorovic. “La naturaleza de la amenaza está cambiando, ya que algunas democracias se vuelven inestables y algunas autocracias reprimen fuertemente la disidencia. Los disturbios pueden producirse simultáneamente en varios lugares, ya que las redes sociales facilitan la convocatoria rápida de las movilizaciones. Eso significa que las grandes cadenas comerciales podrían sufrir múltiples pérdidas en un solo evento”. Concluye asegurando que “tal y como están las cosas, no espero que el malestar social disminuya pronto”.

—https://www.francesoir.fr/societe-economie/allianz-entreprises-revoltes

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