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Día: 27 de mayo de 2022 (página 1 de 1)

La crisis alimentaria en el mundo no es consecuencia de la Guerra de Ucrania

Hace días que los medios de intoxicación insisten en que la carestía de trigo en el mundo es “culpa” de Rusia porque bloquea los puertos del Mar Negro e impide la salida de las exportaciones ucranianas. Rusia bloquea 22 millones de toneladas de grano en los puertos ucranianos, dice la prensa ucraniana. Rusia no es un país bloqueado sino que es quien bloquea, una herramienta que utiliza para presionar al “mundo entero”. El Secretario General de la ONU pide a Rusia que permita “la exportación segura del grano almacenado en los puertos ucranianos”. Por su parte, The Economist cita al director del Programa Mundial de Alimentos: “En los próximos nueve meses veremos hambrunas, veremos la desestabilización de las naciones y veremos migraciones masivas”.

El bocazas de Zelensky llega a afirmar que Rusia le está robando el trigo a Ucrania y los medios acompañan el embuste con unas imágenes de la empresa estadounidense de satélites Maxar que muestran a las tropas rusas con las manos en la masa, en pleno latrocinio en los puertos ucranianos. Las imágenes han sido difundidas por la CNN a todo el mundo y son una manipulación: son del puerto de Sebastopol, o sea, de Crimea, que forma parte de Rusia desde 2014.

Maxar es la misma empresa que exhibió las imágenes obtenidas vía satélite mostrando a las tropas rusas cometiendo la matanza de Bucha. La cadena Sky también ha mostrado imágenes del puerto de Odesa, donde más de un cuarto de millón de toneladas de grano están atascadas desde hace meses sin poder salir al mar.

Ucrania no es el único país del mundo que exporta trigo. Más bien ocupa el quinto lugar, por detrás de países como Estados Unidos, Canadá o Francia. También de Rusia, que es uno de los mayores productores mundiales. Exporta el doble que Ucrania, lo cual supone un 18 por ciento del mercado mundial. Pero las remesas están sometidas a las sanciones económicas.

Es enternecedora esa súbita preocupación de las grandes potencias por el hambre en el mundo. Antes nunca hubo carestía de trigo y ahora la situación ha cambiado porque los puertos ucranianos no pueden llevar alimento al mundo.

Ucrania sigue exportando su trigo a través de Rumanía

Lo cierto es que los puntos fronterizos ucranianos están congestionados y su red ferroviaria también a causa de la llegada de ayuda militar, aparte de que los bombardeos rusos la han inutilizado en buen parte.

A pesar de ello, Ucrania sigue exportando grano a través de los puertos rumanos, que es una de las pocas formas que tienen de pagar el armamento que les llega. Los puertos rumanos siguen operando con normalidad, especialmente el de Constanza. Sólo en el mes de mayo exportarán 1,5 millones de toneladas de grano ucraniano a través de Rumanía, y es posible que exporten el doble, tres millones, en un futuro próximo.

El transporte por carretera traslada los cultivos a los puertos rumanos fluviales del Danubio, un río navegable por el que se lleva a cabo la carga a la Unión Europea en barcazas. No obstante, las imágenes satelitales muestran que los puertos rumanos, tanto el de Constanza como los del Danubio, están sobrecargados por los mismos motivos que la red ferroviaria ucraniana: los cargamentos de armas también congestionan el tráfico fluvial en el Danubio.

Hay propuestas para utilizar los puertos del Adriático e incluso Lituania se ha ofrecido para exportar el grano ucraniano a través de su red ferroviaria y sus puertos. Pero eso no le interesa a la OTAN.

Rusia no bloquea el tráfico civil en el Mar Negro. El Ministerio ruso de Defensa ha abierto una versión marítima de los corredores humanitarios terrestres. Tienen 80 millas náuticas de largo y 3 millas náuticas de ancho. Cada 15 minutos la Marina rusa transmite por radio la ubicación del carril seguro a través de los canales internacionales de radio VHF.

El hambre y la crisis alimentaria mundial

La crisis alimentaria mundial no ha sido desencadenada por la guerra actual en Ucrania, sino que comenzó a mediados del año pasado.

Las cosechas mundiales de trigo son las peores en más de 20 años debido a la sequía, que han reducido la producción y las exportaciones. Por ejemplo, entre otros países, India ha prohibido las exportaciones de trigo, lo que ha reducido la oferta mundial y ha disparado los precios.

Sin embargo, Rusia ha obtenido una de las mejores cosechas de trigo de los últimos tiempos y su política de ventas es la misma que con el gas. Ha dividido a los países en amigos y enemigos. Está dispuesto a vender trigo a quien quiera saltarse las sanciones y comprarlo; para los enemigos lo que cambia es el precio: tienen que pagar en rublos a precios de mercado, es decir, muy por encima de su cotización del año pasado.

Pero el gobierno ucraniano se opone a las exportaciones de trigo ruso y ha pedido a Turquía que prohíba el tránsito por el Estrecho del Bósforo de los barcos cargados de grano ruso. Recientemente, Egipto y Líbano no permitireron atracar a un barco ruso porque “el cargamento había sido robado a Ucrania”. El barco tuvo que atracar en Siria.

Al comienzo de la guerra Ucrania bloqueó sus propios puertos, atrapando a los barcos que permanecían atracados en ellos y colocando minas a lo largo de la costa. El gobierno ucraniano ha puesto condiciones a la navegación civil y los cargueros atrapados no pueden abandonar el puerto. El Ministerio ruso de Defensa ha informado de que Kiev impide la salida de sus puertos a 75 barcos extranjeros de 17 países distintos, pero ¿quién hace caso a lo que dice Rusia?

Los medios negaron que Ucrania hubiera colocado minas marinas para detener un posible asalto anfibio ruso en sus costas, principalmente en la región de Odesa. Los “expertos” occidentales se hicieron eco de la posición ucraniana de que era Rusia quien había colocado las minas.

Las minas ucranianas quedaron a la deriva en el Mar Negro. Se calcula que colocaron entre 200 y 400 minas de ancla alrededor de Odesa y en el noroeste del Mar Negro. Algunas de ellas se soltaron de sus cadenas durante las tormentas y luego derivaron hacia el sur por la corriente, obligando a cerrar temporalmente el tránsito marítimo por el Estrecho del Bósforo en varias ocasiones.

Una de las minas fue neutralizada por la Marina rumana. Naturalmente, se trataba de una antigua mina marina con marcas ucranianas, pero ningún medio occidental informó de ello.

Debido al peligro que suponen las minas, la navegación está prohibida hasta nuevo aviso en ciertas zonas marcadas. ¿Quién debe limpiar los puertos ucranianos de minas? ¿Ucrania o la OTAN? Quizá Ucrania también le de la vuelta a este asunto y pretenda que se encarguen de ello “los países ribereños del Mar Negro”, como si las mismas estuvieran flotando en el agua por casualidad…

La OTAN prepara una provocación naval en el Mar Negro

¿Por qué la OTAN y Ucrania insisten en exportar el trigo por el puerto de Odesa? La explicación la dio el lunes el periódico británico The Guardian. Por encargo de la OTAN, Reino Unido trabaja en un plan propuesto por Lituania para enviar buques de guerra al Mar Negro para escoltar a los exportadores de grano ucraniano que viajen a Odesa. “Gran Bretaña apoya en principio el llamamiento a una coalición naval ‘de voluntarios’ para impulsar las exportaciones a través del Mar Negro”, decía el periódico.

El ministro lituano de Asuntos Exteriores, Gabrielius Landsbergis, justificaba la provocación improvisando un embuste típico: “No hay forma de almacenar este grano, ni una ruta alternativa adecuada”.

“Las fuerzas navales aliadas limpiarán la zona del puerto de minas rusas para garantizar el transporte”, continuó el ministro lituano. Es posible que el delirante plan se encubra con el taparrabos de una resolución de la ONU, aprobada por razones humanitarias para paliar el hambre en el mundo. La escolta naval circularía bajo pabellón internacional, es decir, como si no fuera la OTAN. La guerra se internacionalizaría: el mundo contra Rusia.

La provocación iría acompañada, en vivo y en directo, de las correspodientes imágenes de las televisiones del mundo. Una batalla contra el hambre a la que nadie se opondría.

Pero hay quien no tiene ninguna clase de escrúpulos, como la ministra de Asuntos Exteriores británica, Liz Truss, que quiere que las fuerzas navales británicas participen en la expedición naval. “A Reino Unido le gustaría que los buques navales británicos se unieran a la escolta si se pudieran resolver los aspectos prácticos, incluyendo la limpieza del puerto [de Odesa] de minas y el suministro de armas de mayor alcance a Ucrania para defender el puerto contra un ataque ruso”, dijo Truss.

El objetivo es que la OTAN consiga un punto de apoyo en el Mar Negro para recibir armas con mayor rapidez y convertir a Odesa en un puesto de avanzada ante las narices mismas de Rusia.

Estados Unidos ha aprobado la entrega de misiles antibuque a Ucrania para atacar a la flota rusa del Mar Negro, aunque lo más probable que esas entregas ya se han realizado en secreto. Los misiles británicos Brimstone ya están en servicio operativo en el ejército ucraniano.

La guerra cognitiva de la OTAN (el cerebro como teatro de operaciones militares)

Más allá de su carácter estrictamente técnico y bélico, la OTAN desarrolla investigaciones prospectivas en torno al “futuro contexto militar” a través de la confluencia de conocimientos militares, industriales y académicos.

En esta misión, resulta fundamental la labor del “Mando Aliado de Transformación” (“Allied Command Transformation” o ACT), conducido por el general francés Philippe Lavigne y que mantiene una estructura de 24 “Centros de Excelencia” dedicados a la formación y a la investigación y repartidos por casi todo el planeta.

Uno de estos Centros es el conocido como “NATO Strategic Communications Centre of Excellence”, también designado como StratCom, que tiene su sede en Riga, capital de Letonia, y que, a su vez, es el responsable del “Innovation Hub” o “Centro de la Innovación” (iHub), fundado en 2013 en la base de Norfolk (Virginia Estados Unidos).

Al frente del “Innovation Hub” se encuentra el oficial francés Francois du Cluzel, ex profesor de la Escuela Militar Interarmas de Coëtquidan, en Francia, y posterior investigador sobre habilidades cognitivas en la Universidad John Hopkins y el Imperial College de Londres. En la actualidad, du Cluzel es considerado como uno de los principales expertos en todo lo relacionado con las guerras del futuro y con los procesos de transformación de los conflictos armados.

El iHub fue concebido desde un inicio como el “cerebro” de la OTAN. Se trata de un ámbito vanguardista, especializado en la investigación prospectiva sobre novedosas técnicas de guerra. Sin embargo, su principal campo de análisis es el de las llamadas “capacidades cognitivas” aplicadas al campo militar en cuestiones tan diversas como la fabricación de “soldados biónicos” y, sobre todo, los nuevos métodos de propaganda en enfrentamientos bélicos.

La idea general de la OTAN es trascender el esquema tradicional e “híbrido” compuesto por cinco sectores de enfrentamientos bélicos que tienen lugar, de manera estratégica y articulada, en el aire, la tierra, el mar, el espacio y el ámbito cibernético.

De esta manera, el iHub propone un sexto teatro de operaciones: el cerebro humano. Sus implicaciones son revolucionarias, a la vez que temible. Según lo describe Francois du Cluze en el informe “Cognitive Warfare” (de 2020 y financiado por la OTAN) “mientras que las acciones desarrolladas en los cinco sectores (tradicionales) ‎‎se ejecutan para obtener un efecto sobre el campo humano, el objetivo de la guerra cognitiva es ‎convertir a cada persona en un arma”.‎

Así, tal como lo expresa du Cluzel, “la guerra cognitiva tiene un alcance universal, desde el individuo hasta los estados y las organizaciones multinacionales”. Y para desarrollarse “se alimenta de las técnicas de desinformación y propaganda dirigidas a agotar los receptores de información”.

Por tanto, desde la perspectiva cognitiva, nadie permanece ajeno al conflicto: por el contrario, “todo el mundo contribuye a él, en diversos grados, consciente o inconscientemente”. A través de internet y de las redes sociales, todos proporcionamos “un conocimiento invaluable sobre la sociedad” en que vivimos, especialmente, en “sociedades abiertas” como las occidentales.

En definitiva, “el cerebro será el campo de batalla del siglo XXI”. Y así, resulta probable que “los conflictos futuros entre las personas ocurran primero digitalmente y después físicamente en las proximidades de los centros de poder político y económico”.

La guerra cognitiva plantea, por tanto, un nuevo esquema de confrontación y, aunque originalmente fue ideada como una herramienta de naturaleza defensiva, resulta claro que su principal objetivo es “dañar a las sociedades y no solo a las fuerzas armadas”.

Más allá de las consecuencias políticas, económicas y geopolíticas de la actual crisis entre Rusia y las potencias occidentales, hoy dicho conflicto se presenta como un campo preferencial para la experimentación de los principales aspectos de la guerra cognitiva, tal como en la actualidad se plantea desde la OTAN, en una estrategia que apunta a la vez a la polarización de opiniones y a la radicalización de grupos y sectores políticos.

Así, las actividades de propaganda, las campañas de desinformación, y la operatividad en torno a internet, los medios hegemónicos y las distintas redes sociales, se configuran como elementos centrales de un conflicto que se expande no sólo en términos territoriales sino también en el sistema de creencias y en la subjetividad de cada uno de nosotros.

Daniel Kersffeld https://www.pagina12.com.ar/423290-conflicto-rusia-ucrania-la-guerra-cognitiva

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