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Día: 22 de abril de 2022 (página 1 de 1)

Israel se acerca al yuan chino y se aleja del dólar

El banco central de Israel ha realizado los mayores cambios en su asignación de reservas en más de una década. El yuan chino (renminbi) junto a otras monedas se suman a unas reservas que superaron los 200.000 millones de dólares el año pasado por primera vez.

A partir de este año, la combinación de divisas pasará del trío formado por el dólar estadounidense, el euro y la libra esterlina a incluir el dólar canadiense y el australiano, así como el yen y el yuan. Las incorporaciones marcan un cambio en las directrices generales de inversión del Banco de Israel, dijo el vicegobernador Andrew Abir.

El aumento de las reservas de divisas de Israel ha llevado al banco central a ampliar su horizonte de inversión, dice Abir. En otras palabras, Israel está reduciendo su inversión en el dólar y el euro para aumentar su inversión en yuanes.

Tras los debates del comité monetario del año pasado, la libra y el yen representarán el 5 por cien y las monedas de Canadá y Australia el 3,5 por cien cada una. Según el nuevo enfoque, la cuota del yuan se fija en el 2 por cien para este año, según el informe anual del banco central israelí publicado a finales del mes pasado.

Para reflejar los cambios, la cuota del euro bajará de algo más del 30 por cien al 20 por cien, su nivel más bajo en al menos una década, mientras que el dólar representará el 61 por cien, frente al 66,5 por cien. La ponderación de la libra, en cambio, casi se duplicará hasta el 5 por cien, volviendo a un nivel no visto desde 2011.

Los fundamentos del sistema financiero internacional siguen, pues, evolucionando rápidamente en una dirección bastante clara.

Los nazis ucranianos secuestran y torturan a un atleta judío de artes marciales

Los nazis ucranianos han secuestrado y torturado al atleta judío de artes marciales Maxim Ryndovskiy, tres veces medallista mundial. En los vídeos aparece con un grave corte en la cabeza mientras sus captores le gritan. También ha aparecido una foto suya con graves heridas en la cara.

El diario Marca ha informado de que Ryndovskiy había sido asesinado, pero aún no se ha podido verificar.

La identidad de los secuestradores no se ha revelado.

Las fotos y vídeos se han difudido en Telegram. Muestran la parte superior de la cabeza de Ryndovskiy cubierta y sólo se le identifica por sus tatuajes, entre ellos una estrella de David judía en la rodilla izquierda.

Ryndovskiy se convirtió en objetivo de los nazis ucranianos tras visitar las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk. Había entrenado en un gimnasio de MMA en Chechenia con atletas rusos antes del inicio de la guerra en Ucrania.

Es judío y en las últimas semanas ha publicado mensajes contra la guerra en su canal de Twitch, lo que ha enfurecido a los nazis ucranianos.

El secuestro y tortura de Ryndovskiy indica que, amparados por la OTAN, los nazis utilizan la guerra con Rusia para aterrorizar a sus enemigos políticos.

El 6 de marzo los medios de comunicación ucranianos informaron de que Mijail y Alexander Kononovich, del Partido Comunista de Ucrania, prohibido por el gobierno, habían sido detenidos por el servicio secreto ucraniano (SBU) por difundir opiniones “prorrusas”.

Desde el comienzo de la guerra, varios miembros del partido opositor prorruso Plataforma por la Vida también han sido amenazados o detenidos. El dirigente del partido, Viktor Medvedchuk, se vio obligado a huir del arresto domiciliario tras recibir varias amenazas de muerte.

Medvedchuk, que es amigo personal de Putin, fue acusado de traición en mayo del año pasado. Varias cadenas de televisión afiliadas a él han sido clausuradas por el gobierno de Zelensky.

Antes de que comenzara la guerra el 24 de febrero, los sondeos de opinión indicaban que el partido Plataforma por la Vida iba en cabeza o quedaría en segundo lugar en unas elecciones parlamentarias.

Esto habría socavado seriamente el papel de Kiev como títere de la OTAN.

En 2014, tras el Golpe de Estado apoyado por Estados Unidos contra el presidente electo Viktor Yanukovich, los grupos nazis, como Sector Derecho, el C14 o el Batallón Azov, han cometido regularmente crímenes contra opositores políticos y minorías étnicas, en medio del silencio del gobierno ucraniano.

Su lista de delitos incluye ataques a los campamentos gitanos, que incluyen incendios provocados, el asesinato de varios periodistas y la muerte de un niño de tres años en un asesinato político frustrado. Varias personas han sido atadas a las farolas en la vía pública, para humillarlas e incluso azotarlas.

El secuestro de Ryndovskiy es otro ejemplo del poder de los nazis ucranianos, fortalecido por la avalancha de material bélico procedente de las potencias occidentales, que tienen carta blanca para eliminar a los opositores a la guerra.

Espionaje a los políticos españoles: mucho ruido y pocas nueces

Como si estuviéramos leyendo un cuento de hadas para críos, o viendo una película de dibujos animados, nos encontramos ante una pandilla de demócratas que están alarmados, dicen, por el motivo de un espionaje por medio de una aplicación informática dentro de sus teléfonos.

Claman al cielo algunas señorías, diciendo que se está vulnerando el estado de derecho, que se debe crear una comisión de investigación parlamentaria, que se tienen que pedir responsabilidades, que… y después de unas declaraciones con mucho deleite y poco provecho, sentados en sus sillas parlamentarias, cobrando cada mes un buen sueldo, esperan que el temporal esparza y sin más consideraciones que las derivadas de la sacrosanta Constitución y los famosos derechos escritos en ella, esperan que el agua vuelva a su cauce.

Y los llamados “activistas sociales”, nombre estrafalario si hay que definirlo de alguna manera, también se desgarran las vestiduras porque los han espiado.

Es auténticamente pueril pensar que el Estado no hará uso de todos sus instrumentos, tanto legales como ilegales para saber que dicen y hacen sus amigos y enemigos, pues una de las premisas para mantener el estatus de poder es disponer de los más mínimos detalles de las personas que de una forma u otro pueden ayudar a mantenerlo. Y si en algún momento se desvela lo que hacen los servicios secretos, es debido a que otros intereses contrapuestos en esta lucha por el poder, abren la caja de Pandora y esparcen unas pequeñas migajas para tener entretenido al personal televidente.

Es una competencia asignada a los servicios secretos espiar, controlar, seguir, chantajear, amenazar y si conviene matar. Aquí y en cualquier lugar del mundo. Y si esto no lo tienen en cuenta las persones u organizaciones que dicen querer cambiar el estado de las cosas, pero hacen el mismo papel que los pavos cuando se acerca la Navidad. Enchufados permanentemente al móvil, explicando venturas, aventuras y desventuras, almacenando centenares de datos de otras personas, teléfonos, correos, etc., no hacen sino facilitar el trabajo de los servicios secretos.

Una de las premisas básicas, de cualquiera que pretenda formar parte de una organización más o menos enfrentada con el poder establecido es la discrecionalidad, es tener cuidado que nadie pueda saber lo que se tiene entre manos, es lo que años atrás se llamaba “vigilancia revolucionaria” que gracias a la cual los sistemas represores no pudieron realizar más estragos.

Pero, parece ser que se ha puesto toda la fe en un catecismo llamado Estado de Derecho, y que los administradores de turno de este Estado se deben a los ciudadanos. Bien es verdad que desde la escuela ya se llenan las cabezas con estas mentiras y después las armas de destrucción informativa van haciendo el resto.

Carlos Barrachina, en una impresionante investigación sobre el papel de los militares en la transición española (1), hace un análisis exhaustivo sobre los servicios secretos españoles, desde el CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), posteriormente el SECED (Servicio Central de Documentación) dedicado a controlar la “subversión interna”, el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa) y después CNI (Centro nacional de Inteligencia).

El SECED nace a partir del movimientos estudiantil de 1968, y organiza un servicio de información dentro de las universidades (posteriormente recibe el nombre de “Organización Contrasubversiva Nacional” (OCN) que inicialmente disponía de unos cinco mil colaboradores en doce delegaciones regionales, y que a partir de 1972 intensifica las relaciones, -al mismo tiempo que espía y controla-, con grupos políticos clandestinos, grupos económicos y sociales y con todo tipos de personas que con el paso de los años serían los que conformarían la nueva clase política.

Nos habla del archivo Jano (por el nombre del dios romano de las dos caras), en el cual bajo la cobertura de defensa contra la subversión y el terrorismo, tenía espiados, archivados, controlados con pelos y señales, no a supuestos terroristas, sino a empresarios, políticos, sindicalistas, clérigos, profesionales, etc., que una vez conocidas sus virtudes y debilidades, serían necesarios para una tranquila transición mediante la operación “Promesa”. Asimismo, por medio de la operación “Lucero” los servicios secretos prepararon con tiempo la muerte de Franco. Y por medio de la operación “Alborada” movieron todos los resortes para organizar la coronación del Rey. Como también organizaron la vuelta de Tarradellas, así como en su momento ayudaron a organizar el golpe de estado interno del PSOE en su XXVI Congreso realizado en Suresnes (Francia) en octubre de 1974.

Según el general Peñaranda, organizador de este archivo, la filosofía no era controlar la gente “peligrosa”, sino todo lo contrario, la prueba es que de unas ocho mil fichas de personas, tan solo unas doscientas eran calificadas como de “no deseables”. El objetivo era saber más que nadie de las personas que podían tener la posibilidad de ocupar algún cargo en el futuro.

El control y espionaje sobre las personas es más viejo que andar descalzo y los servicios secretos españoles no son diferentes de cualquier otro, y también como cualquier otro, está en riesgo de que algunas migajas de sus actividades se hagan públicas como ocurrió el 12 de Junio de 1995 cuando el diario El Mundo publicaba a primera página: “El CESID lleva más de 10 años espiando y grabando a políticos, empresarios y periodistas”.

Aquella información supuso la dimisión del Vicepresidente del Gobierno, Narciso Serra, del Ministro de Defensa, Julián García Vargas y del director del CESID, Emilio Alonso Manglano. Y se inició una etapa de reorganización de los servicios secretos que culminó con la aprobación de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del Centro Nacional del Inteligencia (CNI) (2).

El 23 de mayo de 1984 el CESID creó el proyecto “Gabinete de Escuchas” que recogía la forma de “pinchar” los teléfonos móviles por medio del “Centro de Vigilancia del Espectro Radioeléctrico”. La declaración ante la fiscalía del director del CESID Emilio Alonso Manglano en fecha 19 de junio de 1995, dice así: “En 1984 se adquirió un equipo profesional que podía cubrir el 30% del área de Madrid. Este sistema estaba compuesto por un receptor de la marca Rohde Schwarz capaz de recibir emisiones entre 20 y 500 MHz. Dicho receptor se completaba con una grabadora para obtener registros de las emisiones detectadas”.

Y en el mes de septiembre de 1995, el diario El Mundo publicaba documentos que relacionaban el Gobierno con la guerra sucia contra lo que denominaban terrorismo. Entre estos documentos estaba el acta fundacional de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) y la afirmación del conocimiento que tenía desde 1983 el CESID así como habían informado de ello a Felipe González.

Todo ello acabó con un arresto de cuatro meses para el coronel Juan Alberto Perote, y aquí paz y allá gloria (3).

Han pasado los años y parece una antigüedad de museo las cámaras fotográficas, los micrófonos escondidos, las antenas y las cintas magnetofónicas, pues ahora los instrumentos utilizados son mucho más sofisticados, vía satélite, dotados de algoritmos, de reconocimientos de voz, de cara, de ubicación, de escucha permanente…, y para hacerlo funcionar centenares o miles de especialistas informáticos reclutados en todas las universidades.

Pero da la impresión que el estado mental mayoritario no es consciente que vivimos efectivamente en una parodia del Mundo Feliz de Huxley y que una obsesión de la clase y casta dominante es obtener el control total y permanente de la población para recoger en cada momento inquietudes, desalientos, euforias, enfados, desafecciones, obediencias… y poder actuar en consonancia, al tiempo que se imparten las órdenes oportunas en los espacios propagandísticos escritos y audiovisuales para modular comportamientos y maneras de pensar.

Así pues, no es ninguna novedad que los servicios secretos espíen a quién crean conveniente. Es su función. De lo que se trata es de no facilitarles la tarea por parte de aquellas personas que dicen querer pensar en otra manera de vivir y otro tipo de sociedad.

Pero es todavía más preocupante que “amplios sectores sociales” a todos niveles imploren que se pongan cámaras de reconocimiento en las calles, en las escuelas, en los mercados, en los espacios deportivos, de ocio… para “nuestra seguridad”. Así pues no hay que lamentarse de lo que hacen los servicios secretos, puesto que pronto mucha gente, como ha pasado durante la proclamada pandemia que se convirtieron en “policías de balcón” denunciando al vecino o vecina que salía a la calle, ahora harán de espías para velar quién echa la basura al contenedor equivocado, son los aprendices sin sueldo de los servicios secretos españoles.

Tenemos que pensar una utopía si no queremos vivir una distopía.

(1) Carlos Barrachina, El regreso a los cuarteles: militares y cambio político en España 1976-1981
(2) Antonio Díaz Fernández. Universidad de Burgos. El servicio de inteligencia español a la luz de la teoría de la organización https://www.resdal.org/producciones-miembros/art-diaz-05.pdf
(3) https://www.elmundo.es/espana/2017/05/10/59119d72268e3e85668b459d.html

El FBI revela nuevos informes sobre la intervención del gobierno saudí en los atentados del 11-S

Aprovechando que las miradas están puestas en Ucrania, el FBI ha desclasificado un informe de más de 500 páginas que elaboró en 2017 sobre los ataques terroristas del 11-S. El documento confirma algo ya sabido: la intervención del gobierno saudí en los atentados.

El atentado del 11 de septiembre fue un acontecimiento traumático que configuró de forma irrevocable la política exterior e interior de Estados Unidos durante todo el siglo, provocando la mayor ola de desastres para el mundo que se ha conocido. Sin embargo, cuando salen a la luz nuevas informaciones que implican a un gobierno aliado en la ejecución del atentado, a casi nadie parece importarle.

La publicación del informe rompe 70 años de una complicidad que comenzó con el Pacto del Quincy. Es un toque de atención hacia el gobierno de Riad, cada día más enfrentado a Estados Unidos y más proclive a escuhar al Kremlin.

El informe gira en torno a Omar Al-Bayumi, un espía saudí que operaba en San Diego bajo la cobertura de una empresa de aviación propiedad del gobierno de Riad. Al-Bayumi ayudó a dos de los secuestradores del 11-S a trasladarse a Estados Unidos mientras se preparaban para llevar a cabo su ataque. La mayor parte de los responsables directos de los atentados eran saudíes y sólo quedaba conocer los detalles concretos de la intervención del dirigentes de Riad.

El verdadero papel de Al-Bayumi era conocido desde el primer momento de los atentados, tanto por sus vínculos con yihadistas, como por un empleo que nunca tuvo, como por el hecho de que conoció a dos de los secuestradores en un restaurante, antes de encontrarles un piso en San Diego, firmar su contrato de alquiler, actuar como avalista, pagar su primer mes de renta e integrarlos en la comunidad saudí local.

Según un comunicado del FBI de junio de 2017, desde finales de la década de 1990 hasta el 11 de septiembre de 2001, Al-Bayumi “recibió un sueldo mensual como ayudante de la Presidencia General de Inteligencia saudí (GIP)”, la principal agencia de espionaje del país. Sin embargo, su participación en la inteligencia saudí no fue confirmada en el momento del informe oficial de la Comisión del 11-S. En otro documento de 2017, el FBI dijo que “hay un 50% de posibilidades de que [Al-Bayumi] tuviera conocimiento de los atentados del 11-S”.

Al-Bayumi cobraba del antiguo embajador saudí en Estados Unidos, el príncipe Bandar Bin Sultan Alsaud, amigo de la familia de Bush desde hace mucho tiempo, a la que informaba directamente. Toda la información que Al-Bayumi reunía sobre “personas de interés en la comunidad saudí de Los Ángeles y San Diego y otros asuntos, se transmitía a Bandar”.

Esta revelación es especialmente explosiva porque Bin Sultan no sólo era miembro de la Casa Real saudí, sino también un amigo íntimo de Bush y, en general, muy cercano a la clase política estadounidense, hasta el punto de que se le apodaba “Bandar Bush”. Amigo íntimo del padre de Bush durante más de dos décadas (“Me siento como un miembro de tu familia”, le escribió en 1992), posteriormente donó un millón de dólares a la biblioteca presidencial del padre de los Bush.

Esta amistad se extendió al joven Bush, cuyo padre le aconsejó que consultara a Bin Sultan cuando se preparaba para lanzar su campaña presidencial. Su relación era tan estrecha que Bin Sultan fue una de las primeras personas con las que habló Bush cuando decidió invadir Irak. Los dos hombres se reunieron en la Casa Blanca dos días después del atentado del 11-S y fumaron puros en el balcón. Luego unos aviones fletados, violando una prohibición de aterrizaje en todo el país, recogieron a 160 miembros de la familia real, miembros de la familia Bin Laden y otros dignatarios saudíes y los sacaran del país.

Si Al-Bayumi tenía conocimiento previo de los atentados, también lo sabía Bandar Bin Sultan, lo que significa que puso sobre aviso al gobierno de Estados Unidos y, seguramente, al propio Bush en persona.

Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania

Sobre el terreno, Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania, ha asegurado Georges Malbrunot, un periodista que acaba de regresar del frente tras viajar allí con una expedición de mercenarios extranjeros.

Malbrunot, corresponsal del diario francés Le Figaro, ha mantenido una entrevista con la cadena CNews. Afirma haber acompañado a varios mercenarios franceses, dos de los cuales ya habían combatido en Oriente Medio.

“Me sorprendió, y a ellos también, descubrir que para reunir al ejército ucraniano, bueno, los estadounidenses están al mando”, dijo Malbrunot, añadiendo que él y los mercenarios “estuvieron a punto de ser detenidos” por los estadounidenses, que decían estar al mando. El periodista reveló entonces que les habían obligado a firmar un contrato “hasta el final de la guerra”.

“¿Y quién está al mando? Son los estadounidenses, los vi con mis propios ojos”, dice Malbrunot, quien también añade: “Creí que estaba en compañía de las brigadas internacionales, y me encontré frente al Pentágono”.

Malbrunot también menciona la entrega por parte de Estados Unidos de drones suicidas Switchblade a Ucrania, algo que mencionó Lloyd Austin, el Secretario de Defensa de Estados Unidos en un mensaje en las redes sociales en el que revelaba que los soldados ucranianos estaban siendo entrenados para utilizar los drones en Biloxi, Mississippi.

Citando una fuente de la inteligencia francesa, Malbrunot también aseguró que las unidades SAS británicas de las fuerzas especiales “también han estado presentes en Ucrania desde el comienzo de la guerra, al igual que las unidades Delta estadounidenses”.

Rusia parece haber entendido perfectamente la guerra secreta lanzada en Ucrania por los mercenarios extranjeros instalados en la región desde febrero.

Tanto Reino Unido como Estados Unidos han declarado públicamente que ni un solo soldado “pisaría suelo ucraniano”, pero aparentemente la presencia militar de Estados Unidos y Reino Unido ha estado allí desde el comienzo de la guerra.

“Las encuestas realizadas en el período previo a la guerra han demostrado que la abrumadora mayoría de los estadounidenses quiere que nuestro gobierno se mantenga al margen, pero nuestros dirigentes lo saben mejor, y están más que felices de arriesgar una tercera guerra mundial para defender el régimen títere en Ucrania”, escribe Chris Menahan.

El Pentágono es una mina de oro para la industria de guerra

La Guerra de Ucrania ha desencadenado una ola de aumentos en los presupuestos militares, tanto en Estados Unidos como en Europa, por lo que la industria armamentista, esencialmente estadounidense, está de fiesta.

Pero antes de que estallaran las hostilidades, los caciques de las principales empresas armamentistas ya se preparaban para aumentar sus ventas. En una conferencia telefónica de enero de este año con los inversores de su empresa, Greg Hayes, director general de Raytheon Technologies, se jactó de que la perspectiva de una guerra en Europa oruental y otros puntos calientes del planeta sería buena para el negocio: “Vemos, yo diría, oportunidades de ventas internacionales… Las tensiones en Europa del este, las tensiones en el Mar de China Meridional, todas esas cosas ejercen presión sobre algunos de los gastos de defensa allí. Así que espero que obtengamos algún beneficio de ello”.

A finales de marzo, en una entrevista concedida a la Harvard Business Review tras el inicio de la guerra en Ucrania, Hayes defendió que su empresa se beneficiaría de la guerra: “Así que no me disculpo por ello. Creo que una vez más reconocemos que estamos ahí para defender la democracia y el hecho es que acabaremos beneficiándonos de ella con el tiempo. Todo lo que se está enviando a Ucrania hoy, por supuesto, proviene de reservas, ya sea del DoD [Pentágono] o de nuestros aliados de la OTAN, y eso es una gran noticia. Con el tiempo tendremos que reponerlos y obtendremos un beneficio para el negocio en los próximos años”.

Ucrania sólo pone los muertos

La guerra en Ucrania será, en efecto, un impulso para empresas como Raytheon y Lockheed Martin. En primer lugar, estarán los contratos de reabastecimiento de armas como el misil antiaéreo Stinger de Raytheon y el misil antitanque Javelin producido por Raytheon/Lockheed Martin que Washington ya ha suministrado a Ucrania por miles. Sin embargo, el mayor flujo de beneficios provendrá de los aumentos asegurados en el gasto de “seguridad nacional” tras la guerra, aquí y en Europa, justificados, al menos en parte, por la invasión rusa de Ucrania y el desastre que siguió.

Las transferencias directas de armas a Ucrania ya reflejan sólo una parte del dinero extra para las empresas militares estadounidenses. Sólo en este año fiscal tienen garantizados importantes beneficios de la Iniciativa de Ayuda a la Seguridad de Ucrania (USAI) del Pentágono y del programa de Financiación Militar Extranjera (FMF) del Departamento de Estado, que financian la adquisición de armas y otros equipos estadounidenses, así como la formación militar. Son los dos principales canales de ayuda militar a Ucrania desde el momento en que los rusos tomaron Crimea en 2014. Desde entonces, Estados Unidos ha comprometido unos 5.000 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania.

Todo estaba previsto antes de la guerra

El 31 de marzo del año pasado, antes del inicio de la guerra, el Mando Europeo de Estados Unidos declaró una “crisis potencial inminente”, dados los cerca de 100.000 efectivos rusos ya presentes a lo largo de la frontera con Ucrania. A finales del año pasado el gobierno de Biden prometió 650 millones de dólares en armas a Ucrania, incluyendo equipos antiaéreos y antiblindaje como el misil antitanque Javelin de Raytheon/Lockheed Martin.

Desde el 24 de febrero Estados Unidos ha prometido unos 2.600 millones de dólares en ayuda militar al país, con lo que el gobierno de Biden ha entregado ya más de 3.200 millones de dólares.

Parte de esa ayuda se incluyó en un paquete de gastos de emergencia para Ucrania en marzo, que exigía la compra directa de armas de la industria de defensa, incluyendo drones, sistemas de cohetes guiados por láser, ametralladoras, munición y otros suministros. Las principales empresas armamentistas buscarán ahora más contratos con el Pentágono para entregar el armamento adicional, incluso mientras se preparan para reponer las existencias del Pentágono ya entregadas a los ucranianos.

En este frente, de hecho, las empresas militares tienen mucho que celebrar. Más de la mitad de los 6.500 millones de dólares asignados al Pentágono como parte del plan de gastos de emergencia para Ucrania están destinados a reponer las reservas del Departamento de Defensa. En total, los legisladores asignaron 3.500 millones de dólares al esfuerzo, 1.750 millones más de lo que había solicitado el Presidente. También aumentaron la financiación del programa FMF del Departamento de Estado para Ucrania en 150 millones de dólares. No hay que olvidar que esas cifras no incluyen la financiación de emergencia para los costes de adquisición y mantenimiento del Pentágono, que están garantizados para proporcionar flujos de ingresos adicionales a los principales fabricantes de armas.

Pero todavía quedan muchos bocados en la manzana de la ayuda militar a Ucrania. Biden ya ha dejado claro que “vamos a dar a Ucrania las armas para luchar y defenderse en los difíciles días que se avecinan”. Es de suponer que se están preparando más acuerdos.

Otro efecto secundario positivo de la guerra para Lockheed, Raytheon y otros traficantes de armas como ellos es la presión ejercida por Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Mike Rogers, para acelerar la producción de un misil antiaéreo de nueva generación que sustituya al Stinger. En su audiencia de confirmación en el Congreso, a principios de este mes, William LaPlante argumentó que Estados Unidos también necesitaba más “líneas de producción en caliente” de bombas, misiles y drones.

El Pentágono es una mina de oro

Sin embargo, para los fabricantes de armas estadounidenses, los mayores beneficios de la guerra en Ucrania no serán las ventas inmediatas de armas, por importantes que sean, sino el cambio de la naturaleza del debate actual sobre el gasto del Pentágono en sí mismo. Los portavoces de la industria bélica ya apuntan al desafío a largo plazo que supone China. La Guerra de Ucrania no es más que el último grito de guerra para aumentar el gasto militar. Incluso antes de la guerra, el Pentágono iba a recibir al menos 7.300.000 millones de dólares durante la próxima década, más de cuatro veces el coste del plan nacional de Biden de 1.700.000 millones de dólares (Build Back Better), que ya ha sido bloqueado por los miembros del Congreso, que lo han calificado de “demasiado caro” por un amplio margen. Dado el actual repunte del gasto del Pentágono, esos 7.300.000 millones de dólares pueden resultar una cifra mínima.

Dirigentes del Pentágono, como la subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks, han mencionado a Ucrania como una de las razones del proyecto de presupuesto de seguridad nacional récord de 813.000 millones de dólares del gobierno de Biden, calificando la invasión rusa de “amenaza aguda para el orden mundial”. En otras circunstancias, este presupuestó se habría considerado asombroso, ya que es superior al gasto en el momento álgido de las guerras de Corea y Vietnam y más de 100.000 millones de dólares más de lo que el Pentágono recibía anualmente en los momentos estelares de la Guerra Fría.

A pesar de su tamaño, los republicanos del Congreso -a los que se han unido un número importante de sus colegas demócratas- están presionando para conseguir más. Cuarenta miembros republicanos de los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y del Senado han firmado una carta dirigida a Biden en la que piden un aumento del 5 por cien en el gasto militar por encima de la inflación, lo que podría añadir hasta 100.000 millones de dólares a la solicitud de presupuesto. La diputada Elaine Luria acusa a Biden de “recortar el presupuesto de la Marina” porque planea retirar algunos barcos viejos para dejar espacio a los nuevos. La queja se presentó a pesar de que el servicio planea gastar 28.000 millones de dólares en nuevos buques en el presupuesto del año que viene.

El gasto militar sólo beneficia a la industria de guerra

El aumento en la financiación de la construcción naval forma parte de un paquete de 276.000 millones de dólares propuesto en el nuevo presupuesto para la adquisición de armas y la investigación y el desarrollo. Es donde los cinco principales contratistas de armas -Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics y Northrop Grumman- ganan más dinero. Estas empresas ya se reparten más de 150.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono cada año, una cifra que se disparará si Biden se sale con la suya. Para poner esto en contexto, solo una de estas cinco empresas principales, Lockheed Martin, recibió 75.000 millones de dólares en contratos del Pentágono solo en 2020. Esa cantidad es considerablemente superior a todo el presupuesto del Departamento de Estado, lo que demuestra lo sesgadas que están las prioridades de Washington, a pesar de la promesa de Biden de “dar prioridad a la diplomacia”.

El nuevo submarino de misiles balísticos de clase Columbia, construido por la planta de General Dynamics Electric Boat en el sureste de Connecticut, verá incrementado su presupuesto de 5.000 a 6.200 millones de dólares. El gasto en el nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) de Northrop Grumman, el Ground Based Strategic Deterrent, aumentará aproximadamente un tercio al año, hasta los 3.600 millones de dólares. Se espera que la categoría de defensa y neutralización de misiles, una especialidad de Boeing, Raytheon y Lockheed Martin, reciba más de 24.000 millones de dólares. Los sistemas de alerta de misiles basados en el espacio, un componente clave de la Fuerza Espacial creada por Trump, aumentarán de 2.500 millones de dólares a 4.700 millones de dólares en el presupuesto previsto para este año.

F-35: chatarra para el desguace de última generación

Entre todos estos aumentos, sólo hubo una sorpresa: una propuesta de reducción de las compras del avión de combate F-35 de Lockheed Martin de 85 a 61 aviones. El avión tiene más de 800 defectos de diseño identificados y sus problemas de producción y rendimiento son legendarios. Afortunadamente para Lockheed Martin, este recorte no ha ido acompañado de una reducción proporcional de la financiación y que Suiza y Alemania están comprando F-35. Mientras que los aviones de nueva producción pueden reducirse en un tercio, la asignación presupuestaria real para el F-35 se reducirá en menos de un 10 por cien, de 12.000 millones de dólares a 11.000 millones.

Desde que Lockheed Martin obtuvo el contrato del F-35, los costes de desarrollo se han duplicado con creces, mientras que los retrasos en la producción han hecho retroceder el avión casi una década. Sin embargo, se han vendido tantos aviones de este tipo que los fabricantes no pueden satisfacer la demanda de repuestos. La eficacia en combate del F-35 ni siquiera puede probarse adecuadamente, porque los programas informáticos de simulación no sólo no están acabados, sino que ni siquiera hay una fecha de finalización prevista. Por lo tanto, el F-35 está a años luz de producir aviones que realmente funcionen como se pretende, si es que eso es posible.

Una serie de sistemas de armamento que, en el contexto de la guerra de Ucrania, tienen garantizada un derroche de dinero, son tan peligrosos o disfuncionales que, como el F-35, deberían ser eliminados. Por ejemplo, el nuevo ICBM (misil balístico intercontinental). El ex secretario de Defensa William Perry calificó a los misiles balísticos intercontinentales como “una de las armas más peligrosas del mundo”, ya que un presidente dispondría de sólo unos minutos para decidir su lanzamiento en caso de crisis, lo que aumentaría enormemente el riesgo de una guerra nuclear accidental basada en una falsa alarma. Tampoco tiene sentido comprar portaaviones de 13.000 millones de dólares cada uno, sobre todo porque la última versión tiene problemas incluso para lanzar y aterrizar aviones -su función principal- y es cada vez más vulnerable a los ataques de misiles de alta velocidad de última generación.

Los pocos puntos brillantes del nuevo presupuesto, como la decisión de la Armada de retirar el inútil e inviable Buque de Combate Litoral -una especie de “F-35 de los mares” diseñado para múltiples tareas que no realiza bien- deberían ser anulados. La Cámara de Representantes, por ejemplo, cuenta con un poderoso Caucus de Cazas de Ataque Conjunto, que en 2021 hizo que más de un tercio de todos los miembros de la Cámara presionaran para conseguir más F-35 de los que el Pentágono y las Fuerzas Aéreas solicitaron, como probablemente volverán a hacer este año. Un grupo de construcción naval, copresidido por los diputados Joe Courtney y Rob Wittman, luchará contra el plan de la Armada de retirar los barcos viejos y comprar otros nuevos. Preferirían que la Armada mantuviera los barcos viejos y comprara otros nuevos con más dinero de sus impuestos. Asimismo, la “Coalición ICBM”, formada por senadores de estados con bases o centros de producción de ICBM, tiene un historial casi perfecto de lucha contra los recortes en el despliegue o la financiación de estas armas y, en 2022, saldrá a defender su asignación presupuestaria.

La modernización del Pentágono

Desarrollar una política de defensa sensata, realista y asequible tendría que incluir cosas como la reducción del número de contratistas privados en el Pentágono, cientos de miles de personas, muchas de las cuales se dedican a tareas totalmente redundantes que podrían ser realizadas de forma más barata por empleados civiles del gobierno o simplemente eliminadas. Se calcula que una reducción del 15 por cien del gasto en contratistas permitiría ahorrar unos 262.000 millones de dólares en 10 años.

El plan de “modernización” del Pentágono, de tres décadas y casi dos billones de dólares, para construir una nueva generación de bombarderos, misiles y submarinos con armamento nuclear, así como nuevas ojivas, debería, por ejemplo, abandonarse por completo, de acuerdo con la estrategia nuclear de “disuasión estricta” desarrollada por la organización de política nuclear Global Zero. El impacto militar mundial de Estados Unidos -una invitación a nuevos conflictos que incluye más de 750 bases militares en todos los continentes excepto en la Antártida, y operaciones antiterroristas en 85 países- debería, como mínimo, reducirse en gran medida.

Una revisión estratégica relativamente minimalista podría ahorrar al menos un billón de dólares en la próxima década, lo suficiente para hacer un buen desembolso inicial para inversiones en salud pública, o para empezar a reducir los niveles récord de desigualdad de ingresos.

Por supuesto, ninguno de estos cambios puede producirse sin desafiar el poder y la influencia del complejo militar-industrial en el Congreso. Una nueva fiebre del oro del gasto en defensa es un desastre a punto de ocurrir para todos los que no formamos parte de ese complejo.

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