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Día: 4 de marzo de 2022 (página 1 de 1)

Los villanos veraces

En la pelea de gallos última entre Pablo Casado, presidente del PP, e Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad madrileña, se demuestra que, para acercarse un mínimo a la verdad de las cosas, hay que detenerse y fijarse en los testimonios de los villanos, de los «malos» de esta película.

Cuando se trata de las élites, el procedimiento jurídico administrativo español se vuelve exquisitamente formalista para eludir los quids de la cuestión, los meollos, los busilis. Un
hermano de Ayuso es acusado de llevarse una cuantiosa «mordida» por una adjudicación hecha por la presidenta a un amigo de ambos hermanos para la venta de unas mascarillas en plena pandemia. Se dice que el chanchullo es «legal», pero no se dice nada sobre qué hay de cierto acerca de la desorbitante comisión cobrada.

Los fontaneros del aparato político del PP, al servicio de Casado, contratan a unos detectives para que investiguen esa comisión descubriendo el chollo del hermanísimo de su hermana Ayuso. Una Ayuso que finge escandalizarse por haber sido «espiada» por su propio partido, esto es, por la forma seguida para revelar sus maniobras fraudulentas obviando el fondo de la cuestión, esto es, dilucidar la verdad, responder a si es verdad o no lo que dicen los villanos.

Ya sabemos que detrás están las ambiciones políticas de estos personajillos y otros intereses, pero ahora se trata de una corruptela destapada entre ellos mismos. De zancadillas entre correligionarios que ahora se tiran a degüello.

Es como cuando Amedo, gran villano de los GAL, empezó a soltar verdades cuando un (bi)ministro, Belloch, le cortó el grifo de la guita de la guerra sucia a los esbirros. Sólo un rencoroso Amedo decía la verdad, al menos parte de ella, mientras mentían quienes hasta un minuto antes le pagaban la soldada.

Lo mismo pasa cuando un Bárcenas, que se siente traicionado por los suyos, empieza a «largar» verdades sobre las corrupciones del «caso Gurtel». aunque pronto calló.

O, para acabar, las verdades del comisario Villarejo, otro villano, que sólo cuando se ve apurado, empieza a «recordar» episodios de las cloacas del Estado. En los comienzos de la «transición» también se dieron casos de villanos que contaban «la verdad».

La conclusión que sacamos de tanta molicie y putrefacción es que, en este sistema podrido y purulento, donde hay que andar con una pinza en la nariz (y una mascarilla en la boca), sólo se puede hacer caso a los villanos. Los politiqueros, los jueces, policías, falsimedia, mienten.

La OMS contrata con Deutsche Telekom el pasaporte general de vacunas

La Organización Mundial de la Salud ha firmado un contrato con la empresa alemana Deutsche Telekom para desarrollar un sistema mundial de verificación electrónica de los pasaportes de vacunas contra cualquier clase de virus o bacterias.

En el contrato aparece T-Systems, una filial de Deutsche Telekom, encargada de desarrollar una aplicación informática basada en los códigos QR, también se utilizarán para otras vacunaciones, como la de la poliomielitis o la de la fiebre amarilla.

Los 194 Estados miembros de la OMS almacenarán de forma unificada los pasaportes. La aplicación permite la lectura de los códigos QR de los certificados electrónicos de vacunación en todo el mundo.

En un comunicado, T-Systems dijo el miércoles que la OMS ayudaría a sus 194 Estados miembros a aplicar la tecnología de verificación nacional y regional.

El comunicado no revela los detalles financieros del contrato.

“La sanidad es un área de crecimiento estratégico para T-Systems”, dijo Adel Al-Saleh, presidente y director ejecutivo de T-Systems.

T-Systems ya ha colaborado con SAP para desarrollar la aplicación alemana de seguimiento y verificación informática de la vacunación contra el coronavirus y un sistema europeo de verificación digital de la cartilla de vacunación, similar al que utilizan los veterinarios con los perros.

La filial de Deutsche Telekom ya ha colaborado previamente con la OMS en el desarrollo de aplicaciones informáticas para gestionar los certificados de vacunación de la Unión Europea, una iniciativa que han implementado más de 60 países, y en la creación del Servicio de Pasarela de la Federación Europea (EFGS), que garantiza que las aplicaciones de rastreo del coronavirus de los Estados miembros funcionen fuera de las fronteras de la Unión Europea.

Zelensky nombra a un criminal de guerra nazi como gobernador de Odesa

El miércoles el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, nombró a Maxim Martchenko, que anteriormente comandó el conocido Batallón neonazi Aidar, como jefe de la región de Odesa. Marchenko es responsable de los crímenes cometidos por las hordas ucranianas en el Donbas, en cuyas operaciones de castigo intervino el Batallón Aidar.

El Batallón está financiado por el oligarca Igor Kolomoiski, contra quien también hay abiertos varios procedimientos en Rusia por crímenes de guerra.

Después de dirigir el Batallón, Martchenko fue ascendido. En 2017 se convirtió en subcomandante de la 92 brigada mecanizada y luego pasó a ser comandante de la 28 brigada mecanizada.

El gobierno de Kiev ha destituido al anterior gobernador de la región de Odesa, Serguei Grinevetsky, porque sospecha que es leal a Moscú.

La noticia del nombramiento de Martchenko es una provocación para una ciudad que es un símbolo de resistencia al régimen nazi de Kiev. Odesa no se ha curado de la tragedia del incedio de la Casa de los Sindicatos en 2014 y el Batallón Aidar es una de las más odiosas de las grandes unidades militares ucranianas. Se distinguió por los crímenes de guerra masivos, de los que informó hasta la prensa antirrusa.

Martchenko podría provocar más víctimas civiles en caso de un asalto a la ciudad. El mando ucraniano intentará convertir a Odesa en una fortaleza asediada como Jarkov para ganar tiempo y seguir con la leyenda en torno a la “resistencia ucraniana”. Un diputado nacido en Odesa, Anatoly Wasserman, teme que el cabecilla de Aidar organice redadas masivas en la ciudad contra personas sospechosas de simpatizar con Rusia, que son muchas en la capital del Mar Negro.

“Marchenko tiene tiempo para organizar operaciones de barrido en la ciudad, pero es de esperar que estas acciones sean pronto frustradas por las unidades de las fuerzas armadas rusas que ya se acercan a la ciudad”, dijo Wasserman.

“Sospecho que Marchenko no podrá defender Odesa durante mucho tiempo. Para cuando nuestras tropas lleguen, no habrá prácticamente nadie que pueda hacer frente a la situación, sencillamente porque la mayoría de las tropas preparadas para el combate se han quedado en el sureste de Ucrania. Kiev ha concentrado prácticamente todos sus recursos en las fronteras de las repúblicas del Donbas, mientras se prepara para una nueva ofensiva. El hecho de que estos terroristas sigan bombardeando las Repúblicas Populares es una prueba de ello. Ahora están disparando a la gente sólo por desesperación”, añade Wasserman.

“Martchenko no se molestará en rescatar a los vecinos de Odesa, en evacuarlos. Intentará causar el máximo daño a las tropas rusas y, antes de marcharse, destruirá el potencial industrial de la ciudad, como sus instalaciones portuarias. Así que la situación allí será difícil”, afirma Konstantin Sivkov, vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias de Cohetes y Artillería. “Para no poner en peligro a los habitantes de la ciudad, dado que Odesa está densamente poblada y que la propia ciudad es grande en términos de superficie, es probable que nuestros militares elijan tácticas diferentes a las utilizadas en Jerson”, pronostica Sivkov.

No obstante, no se puede descartar que las tropas pasen de largo y dejen Odesa embolsada durante un periodo de tiempo relativamente largo. “Las unidades de las AFU [ejército ucraniano] estacionadas en la ciudad no tienen armas serias, por lo que Odesa quedará cercada sin posibilidad de que salga toda la gente. Y avanzaremos, quizá hasta Transnistria”, cree Sivkov.

Ayer la región de Odesa convirtió en una línea del frente sur después de que la ciudad de Jerson cayera en poder del ejército ruso. El camino hacia la ciudad está ahora abierto. En dirección a la costa, el nudo más importante es Nikolaev. Después llegará el cerco de Odesa, donde es posible realizar un desembarco anfibio con el apoyo de las fuerzas de Nikolaev.

El terreno cerca de Odesa es favorable para una operación de desembarco. El ejército ruso asignará tareas especiales no sólo a las fuerzas terrestres, sino también a las fuerzas navales y a las unidades de marina.

No cabe esperar una oposición seria de la marina ucraniana en aguas de Odesa. Tras la incorporación de Crimea a Rusia, la base principal de la flota ucraniana pasó a ser Odesa, y más concretamente, la base naval Yug.

De los 16 barcos ucranianos, seis ya han sido hundidos y el resto están dañados. El buque insignia de la Armada ucraniana, la fragata Hetman Sagaidachny, estaba en reparación en Mykolayiv cuando comenzó la operación rusa. El buque fue hundido por su propia tripulación.

Sólo las unidades terrestres que permanecen en Odesa pueden suponer algún peligro para los movimientos del ejército ruso.

Rusia tiene razón

La guerra de Ucrania no comenzó la semana pasada y la historia tampoco. Cualquiera se puede remontar en el tiempo hasta donde sea preciso para comprender que desde hace un siglo las relaciones internacionales están marcadas por los imperialistas con un único objetivo: acabar con la URSS y luego con Rusia.

También puede echar un vistazo a lo que ocurrió con Yugoslavia en los años noventa para comprobar que los imperialistas, capitaneados por Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN, quieren destruir la configuración misma de los Estados de Europa central y oriental, para crear otros en su lugar, al estilo de Kosovo, plenamente sometidos a sus dictados.

En tiempos de Clinton, la secretaria de Estado, Madelaine Allbright, dijo que Rusia era un país demasiando grande para que se lo quedaran los rusos. Resumía así los planes imperialistas hacia Rusia: crear otro reino de taifas, estados minifundistas empobrecidos, mafiosos y fácilmente manejables. Como Ucrania, sin ir más lejos, que ha sido certeramente calificado como una “colonia” del siglo XXI.

Rusia tiene razón, lucha por su superviviencia y ejerce su derecho a la legítima defensa frente a Estados Unidos y la OTAN. El artículo 51 de la Carta de la ONU reconoce ese derecho a todos los países, porque en el mundo real nadie pone la otra mejilla. “Si vis pacem, para bellum” (No hay mejor defensa que el ataque), reza un principio básico de la guerra, que va acompañado de otro, no menos bueno: “Quien da primero, da dos veces”.

A los imperialistas nunca les ha bastado la liquidación de la URSS, que siempre consideraron como un primer paso. La Guerra Fría no fue sólo una pugna ideológica, sino política y militar. No acabó en 1991. Tampoco acabó con el desmantelamiento del Pacto de Varsovia, ni con la creación de una red de estados clientelares que antes pertenecieron a la URSS, ni con la instalación en ellos de bases militares preparadas para destruir a Rusia.

No es ninguna casualidad que cuando la OTAN emprendió la guerra contra Yugoslavia, al frente estuviera un criminal de guerra, como Javier Solana, dirigente y antiguo ministro del PSOE, y que ahora al frente de las relaciones internacionales de la Unión Europea esté Josep Borrell, con el mismo historial que el el anterior.

Desde hace un siglo, en las guerras que el imperialismo ha desatado en Europa, la socialdemocracia siempre ha jugado el mismo papel, y a su sombra se mueven una retahíla de oportunistas de todos los colores, unidos por su fidelidad a las agresiones y las guerras.

Para justificar su complicidad con el imperialismo, los oportunistas crean cortinas de humo con las víctimas que van a llevar al cadalso: Slobodan Milosevic, Muamar El-Gadafi, Saddam Hussein, Bashar Al-Assad, Vladimir Putin… Con ellos agotan el repertorio de descalificaciones, que son siempre las mismas. La gama de jefes de Estado a eliminar va desde sicópatas hasta dictadores. Las víctimas forman un prototipo de mandatarios que no existe entre sus verdugos.

Pero la Guerra de los Balcanes no tuvo nada que ver con Milosevic, con que si era un burgués o un revolucionario, un demócrata o un autócrata. La de Libia no tuvo nada que ver con Gadafi, con que si había sido elegido en las urnas o no, con que si respetaba los derechos humanos o no. Lo mismo cabe decir de los demás. ¿Aún no se han enterado? Los imperialistas no atacan a ciertos países para mejorar la calidad de sus dirigentes políticos.

Otra cortina de humo: la de los falsos pacifistas y los equidistantes, que ponen a ambos bandos en la misma balanza, mezclan a los agresores con los agredidos para sembrar la confusión. Todos son malvados. Todos son igualmente malvados. Ninguno se guía por buenas intenciones, ni deseos piadosos.

Es un craso error. Cuando un país, como Rusia, está siendo agredido desde hace tres décadas en muy diversos escenarios y por fuerzas hegemónicas, a los gobiernos sólo les cabe exigir que hagan frente a esos ataques y los revolucionarios de verdad deberían ponerse al frente de esa batalla.

En una guerra no hay neutrales. Quien se mantiene al margen está con el más fuerte, con el agresor y con el imperialista. El orden internacional creado en 1945 por la Carta de la ONU se estableció para acabar con el fascismo y con los Estados fascistas como Ucrania, para impedir que se convirtieran en plataformas de guerra contra sus vecinos. Rusia no ha desatado una guerra sino que está tratando de impedirla. Lleva haciéndolo desde 1917 porque ha sido la víctima propiciatoria de toda clase de guerras, desde la guerra civil en los años veinte del siglo pasado, hasta la Segunda Guerra Mundial, que no fue otra cosa que un intento de acabar con la Unión Soviética.

En una guerra hay que tener la cara muy dura para hacer pasar a la víctima por el verdugo.

El ciudadano Borbón es un ladrón

Ayer me quedaron cuatro cosas por decir en la entrevista de La Base de Pablo Iglesias. Me había preparado para hablar del archivo de las causas del emérito por parte de la fiscalía Anticorrupción, pero por falta de tiempo se me quedaron en el tintero cuatro ideas:

  1. Esto que ha pasado no tendría que haber pasado de ninguna manera. La Fiscalía anticorrupción nunca tendría que haber cerrado esos expedientes. La inviobilidad de la que habla la Constitución no se refiere a actos -y negocios- privados. Aceptar que el ciudadano Juan Carlos de Borbón en la práctica sea impune para todo es una barbaridad contraria a todo derecho. Es indenfendible que no se pueda hacer otra cosa, que tenemos las manos atadas, solo porque interpretamos una ley torticeramente. Y más cuando la fiscalía considera poco menos que probados los delitos investigados, y todavía un poco más. El ciudadano Borbón es un ladrón. La inviolabilidad cubre su actuación pública como rey, porque de sus errores serían responsables los cargos políticos que los refrendan. Pero como persona, como individuo y ciudadano, nadie refrenda sus actos, ¿o sí?

  2. Es la segunda vez que se aprovecha el momento mediático para minimizar la gravedad de un escándalo relativo a la monarquía. La primera fue la declaración del Estado de Alarma por la pandemia, que dejó el escándalo de la apertura de diligencias en Suiza en segundo plano. Y ahora se aprovecha el contexto de la Guerra de Ucrania. Una burdísima manipulación de la opinión pública para evitar que haya protestas. Pero el malestar seguirá ahí…

  3. Políticamente, ya es hora de dar un puñetazo en la mesa y decir “¡hasta aquí hemos llegado!” y no andarse con cortesías. Esto no es un problema judicial -que la justicia no es independiente en España lo sabemos todos- sino político. No se puede pasar por alto que ha sido “el gobierno más progresista de la historia” el que ha cerrado vergonzosamente las investigaciones. Esto pasará factura política, porque las nuevas generaciones son de sensibilidad abiertamente republicana. Por una “cuestión reputacional”, esto no tendría que haber pasado nunca.

  4. Ya como mínimo, como minimísimo, habría que poner los medios para que no se repita la misma situación con Felipe VI, modificando de inmediato la redacción de las leyes necesarias y la propia Constitución, para dejar claro y cristalino que todos somos iguales ante la ley y que los Borbones no tienen licencia para robar.

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