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Día: 6 de febrero de 2022 (página 1 de 1)

Turquía mira hacia el otro costado

A Turquía le ha ocurrido lo mismo que a Rusia: ha estado suspirando tanto tiempo por encontrar un hueco en la Unión Europea, que se ha olvidado que miraba hacia el lado equivocado. El futuro está en los países de oriente.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán es otra muestra de su error y el gobierno de Ankara quiere llenar el vacío en Asia central creando una alianza estratégica con Azerbaiyán y Pakistán. Erdogan ha visitado Azerbaiyán más de 20 veces durante su mandato.

Pakistán es una potencia nuclear y tiene un ejército que siempre necesita nuevo armamento. Por su parte, Azerbaiyán es un gran pozo petrolífero y en la guerra con Armenia, en la que triunfó, su ejército ha experimentado las ventajas de colaborar con los turcos.

Turquía ha incluido a Azerbaiyán y Pakistán en su programa TF-X de aviones de combate de nueva generación. Las exportaciones turcas de armas y tecnología aeroespacial a Azerbaiyán se quintuplicaron en 2020. Turquía es ahora el cuarto proveedor de armas de Pakistán, superando a Estados Unidos.

A principios de 2020, el presidente Erdogan y el primer ministro pakistaní, Imran Khan, firmaron una docena de memorandos de entendimiento en la sexta sesión del Consejo de Cooperación Estratégica de Alto Nivel, la mitad de ellos relacionados con la guerra.

Erdogan no excluye de su foco a Irán o Bangladesh, con los que pretende formar una alianza temporal con fines concretos. Sin embargo, las maniobras militares “Tres Hermanos 2021”, en las que participaron Turquía, Azerbaiyán y Pakistán, que tuvieron lugar el pasado mes de septiembre, despertaron la preocupación de Teherán, que las percibió como una amenaza para su seguridad, especialmente porque la minoría turca en Irán se estima en un 20 por cien de la población total.

Teherán no tardó en tomar represalias con un ejercicio militar “Fatehan Jaybar” cerca de la frontera entre Irán y Azerbaiyán.

Para consolidar la influencia política en Afganistán, el gobierno turco ha establecido estrechas relaciones con Qatar, su aliado en el Golfo Pérsico. A principios de diciembre del año pasado, Erdogan se reunió con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, y firmó 12 memorandos de entendimiento en los sectores de defensa, sanidad, turismo y educación.

Ese mismo mes, Irán, Azerbaiyán y Georgia acordaron también la construcción de una carretera que unirá el Golfo Pérsico con el Mar Negro y estará conectada a las líneas ferroviarias entre Islamabad y Estambul, en un intento de estimular las relaciones comerciales, especialmente con Irán, que ha estado sometido a la máxima presión económica por parte de Estados Unidos.

El problema más importante de Turquía es China, por su apoyo a los uigures y por el interés de China en Afganistán y en Pakistán. No obstante, tanto para China, como para Irán y Rusia, lo más importante es que Ankara afloje sus lazos con la OTAN y la Unión Europea y mire hacia el otro costado.

Pandemia y deriva fascista

La historia no deja lugar a dudas: las pandemias, tanto si son reales como ficticias, suponen una declaración de guerra, o la ley marcial o ambas cosas simultáneamente. Uno de los ejemplos es el ghetto de Varsovia, cuando los nazis quisieron mantener los barrios “limpios” de una inexistente epidemia de tifus, a costa de encerrar a una parte de la población en determinados recintos.

Al comienzo de la pandemia actual se habló en términos militares, pero tras la declararon de la guera al virus, lo que hicieron los gobiernos fue declarar la guerra a su propio pueblo, encerrándolo en sus viviendas (si las tenían) y preservando la “distancia social” de unos con otros.

El año pasado la Universidad de Cambridge volvió a recordar el estrecho vínculo entre la pandemia y la represión política (*). “La salud y la política pueden estar más entrelazadas de lo que imaginábamos”, dicen los autores.

El miedo es, como siempre, una de las claves porque el verdadero poder político no consiste sólo en moldear el pensamiento político de las masas, sino su conducta, sus hábitos y su comportamiento. El poder es una fuerza capaz de lograr que millones de personas hagan lo que nunca hubieran imaginado siquiera, como ponerse una mascarilla, por ejemplo.

No hay factor más enfermizo que el miedo. La salud es una preocupación que llega a convertirse en verdadera obsesión. Hay quien cree que va a preservar su salud alejándose de otras personas, cuya cercanía le puede perjudicar o contagiar. Incluso hay quien durante las fiestas de fin de año ha renunciado a compartirlas en familia porque prefieren aislarse. Hasta sus más allegados se han convertido en enemigos.

El estudio de la Universidad de Cambridge, el mayor realizado hasta ahora para investigar los vínculos entre las epidemias y la ideología, revela una fuerte conexión entre el miedo al contagio, con el conformismo político y, en consecuencia, la pérdida de la capacidad crítica, de lucha y de rebeldía, materializada en los aplausos públicos y colectivos a las 7 de la tarde.

Pero no se trata sólo de una actitud pasiva. Las epidemias conducen a grandes masas de la población al apoyo activo a las medidas represivas y a exigir más medidas o medidas más severas. Es algo que ya apareció en la época del sida y que al comienzo de la pandemia se llamó “gestapo de balcón”, es decir, vecinos que se dedicaban a espiar y denunciar a la policía.

En España la actual pandemia ha supuesto el apogeo de la ley mordaza, que el gobierno de coalición se había comprometido a derogar y de la que usó y abusò en abundancia, por más que resultara ilegal, lo mismo que los estados de alarma.

Por si no fuera suficiente con la policía y el ejército, han salido a la calle bandas de matones para imponer las restricciones sanitarias. El miedo ha conducido a altercados y enfrentamientos en los espacios públicos y medios de transporte, con agresiones a quienes no portaban la preceptiva mascarilla o no guardaban la distancia de seguridad.

“Encontramos una relación consistente entre la prevalencia de las enfermedades infecciosas y la preferencia psicológica por la conformidad y las estructuras de poder jerárquicas, pilares de la política autoritaria”, afirma el autor principal del estudio, el doctor Leor Zmigrod, especialista en psicología de la ideología política.

“Las tasas más altas de enfermedades infecciosas predijeron actitudes y resultados políticos como el voto conservador y las estructuras legales autoritarias. A través de múltiples niveles geográficos e históricos de análisis vemos que esta relación emerge una y otra vez”, añadió Zmigrod.

“Estos hallazgos son una señal de advertencia de que los comportamientos que evitan las enfermedades tienen profundas implicaciones para la política”, apunta Zmigrod. “El covid-19 podría moldear las tendencias de las personas hacia la conformidad y la obediencia, y esto podría convertirse en preferencias políticas autoritarias, patrones de voto y leyes”, concluye el director de la investigación.

Los autores abordan la investigación desde el punto de vista individual, pero con mayor énfasis se pude decir lo mismo de los colectivos y grupos políticos, sociales y sindicales, convertidos durante la pandemia en auténticas correas de transmisión de las políticas públicas, incluidas las represivas, que han aceptado de manera casi unánime.

(*) https://jspp.psychopen.eu/index.php/jspp/article/view/7297

Facebook pierde usuarios por primera vez en su historia

Las persistentes tropelías de Facebook comienzan a pasar factura. La pérdida de usuarios demuestra que su mejor momento ya ha pasado. En el último trimestre del año pasado el número de usuarios activos se ha redujo por primera vez en 18 años.

Otras filiales del holding, como Instagram y WhatsApp, siguen la misma senda, con un estancamiento en el número de usuarios, por lo que pronto empezará su caída. Cuando millones de personas han estado enganchadas al teclado como nunca antes por los dos años de confinamiento, son muy malas noticias.

El miércoles su valor en bolsa de Facebook se desplomó, perdiendo un 25 por ciento en una sesión, lo que supone 200.000 millones de dólares que se esfuman.

La recaudación por publicidad ha sido inferior a la prevista, en un momento pandémico en el que los anuncios en las redes sociales se han disparado.

La división Reality Labs, encargada del desarrollo de los negocios de realidad virtual, cuyos resultados específicos se detallaron por primera vez, registró una pérdida neta de 10.200 millones de dólares el año pasado.

Todas las sucursales de Facebook se enfrentan a la competencia de otras plataformas, como Tiktok, mucho más dinámicas.

Todo va mal en el holding de Mark Zuckerberg, que se ha ganado su infamia a pulso. Ahora mismo es sinónimo de censura de textos y espionaje a sus propios usuarios. Está por ver si el cambio de nombre a “Metaverso” engaña a alguien y lava la cara de la red social.

A otros monopolios tecnológicos no les va mejor. Desde principios de año Google, Apple, Amazon, Microsoft y Netflix han perdido cerca de un billón de dólares, una caída sin precedentes.

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