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Día: 12 de enero de 2022 (página 1 de 1)

Una enfermedad mortal para la democracia

Creonte: ¡Cómo! ¿Ha de ser la ciudad la que ha de dictarme lo que debo hacer?
Creonte: ¿Es que incumbe a otro que a mí el gobernar a este país?
Hemón: No hay ciudad que pertenezca a un solo hombre.
Creonte: Pero ¿no se dice que una ciudad es legítimamente del que manda?
(Antígona)

Estas palabras escritas por Sófocles (442 a.n.e) hace más de dos mil cuatrocientos años, deben haber sido el espejo en el cual se han mirado y regocijado las hordas gobernantes mundiales desde marzo de 2020. Así como en la tragedia griega el resultado de la acción de Creonte tiene como resultado la desesperación y la muerte, la acción de los que han actuado como él han sembrado el mundo de desesperación y muerte. Y en su afán autoritario niegan cualquier posibilidad de razonamiento.

Y los Creontes mundiales, agazapados en una legitimidad servil respaldada por los dioses de las grandes corporaciones, incluso han negado por primera vez desde Antígona, despedir a los muertos. “¿Cómo hemos podido aceptar, tan solo en nombre de un riesgo que era imposible de precisar, que las personas a las que apreciamos, y los seres humanos en general, no solo muriesen solos –algo que nunca había sucedido en la historia desde Antígona hasta hoy–, sino que sus cadáveres fuesen incinerados sin funerales? (1)

“El entierro de los muertos, el riesgo personal, el desdén por los reglamentos abstractos, el suicidio como acto de inmolación, es lo que antepone Antígona a la Ley mala, la ley abstracta. La que acusa a los que mantienen la norma estatal sin el respaldo moral que pueda convencer al último o a la última de las discrepantes… si perdemos el cuidado más hondo, el del abrazo y la visita a nuestros muertos, esto es, el tema de las grandes leyendas de la humanidad, nos será más difícil el rudo debate con los mercaderes de la muerte estadística, que como parece abstracta, la consideran como la cuota necesaria para seguir dominando el mundo” (2).

Lo que nos ha traído la impuesta pandemia ha sido un esfuerzo inimaginable para borrar cualquier signo de humanidad en los habitantes del planeta. La pérdida de humanidad es necesaria para conseguir las metas propuestas por el “nuevo espíritu del globalismo” que precisa de seres amorfos, obedientes, centrados solamente en sí mismos capaces de pisotear incluso a sus seres queridos para poder alcanzar la gloria de pertenencia a una sociedad posthumana o transhumana, en la cual las personas estén regidas por sofisticados algoritmos que decidan su comportamiento en el momento de tomar decisiones respecto a sí mismos y en relación al conjunto de la sociedad.

Ciertas clases sociales hace tiempo inmemorial que han relegado a la basura los rasgos característicos de la raza humana, lo cual hemos comprobado durante estos dos últimos años. Mientras una parte de la sociedad se hundía en la desesperación, la muerte y la pobreza, los organizadores de este apocalipsis han amasado en un breve período temporal, fortunas inmensas que los han convertido en los auténticos amos del mundo.

¿Pero y el proletariado mundial?, que ha sido junto a la desmembrada clase media, el objeto de este descalabro, al igual que en las grandes guerras. Y así como en las guerras se ha comprometido en la salvación de los capitales de “su clase dominante” esperando con ello una gratificación posterior, o imaginando que con su sacrificio se convertirían en sujetos de la historia, en esta nueva versión del agonismo del capital caracterizado por la presencia de enemigos invisibles, también se ha comprometido en la salvación de su clase dominante y ha defendido la puesta en circulación de armas de destrucción masiva.

Pero a diferencia de otras guerras mundiales, en la actual las armas se disparan contra la población indefensa ya que el supuesto “enemigo” no se sabe donde radica, ni tan solo si existe. Dicen que se trata de inocular las nuevas armas de destrucción en el interior de cada ciudadano para disponer de ellas ante la agresión de este enemigo invisible. Pero ya se está dando el caso que dichas armas explotan en el interior de cada individuo. Son daños colaterales, dicen los expertos.

Aceptado el sacrificio de participar en esta guerra, armados con algo inexplicable e inescrutable, protegido por el derecho de patente, el mundo se encamina presto a una aventura en la cual cualquier semejante puede ser portador del enemigo invisible. Y para conjurar este peligro nada más indicado que ser portador de un certificado de “limpieza de sangre” como salvoconducto, quedando los que no disponen de él como potenciales fuerzas enemigas a las cuales es preciso aislar, reprimir y si es preciso eliminar tanto social como físicamente.

En esta guerra, que inicialmente estaba encabezada por militares, policías y sayones, se han ido incorporando huestes del más variado colorido. Ahora, con porte militar, cualquier camarero o camarera, dependientes de comercio, porteros de cines, teatros y espectáculos varios se han investido de autoridad para poder exigir los certificados de limpieza de sangre a las personas que pretendan introducirse en unos espacios de los cuales estos pobres asalariados con contratos precarios, se sienten por primera vez en su vida “dueños” de la vida ajena y actúan como representantes de la legalidad otorgada por los nuevos dioses.

A este extremo ha llegado la degeneración del proletariado.

El sacrificio a los nuevos dioses tecnológicos, pandémicos, algorítmicos, mediáticos, políticos y académicos, ha sido considerado por una parte importante de la población mundial como un compromiso con los causantes de la desesperación y la muerte a la espera de una anunciada retribución al amparo de la nueva normalidad conocida como “el gran reinicio” de una carrera hacia un futuro ignoto.

Los que ya hemos visto nacer y crecer dos o tres generaciones, mantenemos el recuerdo de un tiempo en el cual el enemigo no era invisible, sino tangible y perteneciente a una clase social antagónica. Tal vez dentro de dos o tres generaciones posteriores renazca un nuevo proletariado que se niegue a ser el complemento de los actuales dioses y se niegue a obedecer cuando se le intente inocular estas armas de destrucción masiva y se le impida despedir y enterrar a sus muertos.

(1) Trazos de Antígona en pandemia. Carlos Gutiérrez, Juan Jorge Michel Fariña. Universidad de Buenos Aires, https://www.aesthethika.org/Trazos-de-Antigona-en-pandemia
(2) https://www.pagina12.com.ar/261547-antigona

Kazajistán: algunas tramas del golpe de Estado salen a la luz

Kazajistán sigue el modelo Gaidó: la semana pasada la agencia Reuters elevó a Ablyazov a la categoría de “jefe de la oposición” (1) y, en consecuencia, máximo promotor de la desestabilización. En 2017 el Financial Times realizó un retrato de las andanzas de Ablyazov (2).

Se formó en física nuclear, pero tras la caída de la URSS se pasó al lado más oscuro del capitalismo. Cuando el Presidente Nazarbayev privatizó el Banco BTA, se apoderó de un pedazo del pastel y lo utilizó para apropiarse de unos 5.000 millones de dólares.

En 2009 empezó a tener problemas con Nazarbayev y huyó del país. El Banco BTA colapsó, dejando un agujero de unos 10.000 millones de dólares de deuda, siendo uno de sus principales acreedores el Royal Bank of Scotland, que tuvo que ser rescatado por el gobierno británico.

Como muchos olicarcas de la antigua Unión Soviética, Ablyazov se trasladó a Londres, que le concedió asilo político. Ucrania, Rusia y Kazajistán han emitido órdenes de búsqueda y captura en su contra. Kazajistán le ha condenado a cadena perpetua y Rusia a 15 años de cárcel. Incluso tiene varias causas judiciales abiertas contra él en Londres. Después de que mintiera descaradamente bajo juramento a un tribunal británico sobre la propiedad de la casa de 20 millones de dólares en la que vivía, un juez le condenó a 22 meses de prisión.

Pero Ablyazov nunca entró en una prisión británica porque tenía muy buenos padrinos. Había contratado a varias empresas pantalla de la CIA, el MI6 y el Mosad, que se preparaban para derrocar a Nazarbayev.

Luego reapareció en Roma y después en Francia, siempre acompañado de juicios y órdenes de detención en su contra. Contrató a varias empresas de relaciones públicas y abogados para defenderse. Un juez británico acabó impidiendo su extradición a Rusia. El deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia le garantizaron la impunidad.

En la década de los noventa, el colapso de la URSS y el ascenso de los magnates procedentes de la antigua URSS promocionó a Londres como centro financiero y asilo de toda clase de delincuentes de cuello blanco.

En los últimos años, Ablyazov ha sido acusado de varios intentos de golpe de Estado en Kazajistán, apadrinados por su propio partido político, Opción Democrática, que está prohibido. El magnate no oculta su programa político: “Occidente debe sacar a Kazajistán de la órbita de Moscú, o el presidente ruso Vladimir Putin arrastrará al Estado de Asia Central a una estructura similar a la soviética”.

Occidente debe entrar en la batalla. “De lo contrario, Kazajistán se convertirá en Bielorrusia y Putin impondrá metódicamente su programa: el renacimiento de una estructura como la de la Unión Soviética”, dice Ablyazov.

En junio de 2020 Richard Moore, antiguo embajador británico en Turquía entre 2014 y 2018, se hizo cargo del MI6 en Kazajistán. Moore lleva mucho tiempo alimentando los planes de Turquía en Asia central, sin los cuales no se entiende el papel de la OTAN, ni los intentos de desestabilizar el Xinjiang chino

Turquía es el ariete del imperialismo británico en Asia central. Con Moore al frente, el servicio secreto británico ha intensificado considerablemente sus actividades en Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Tanto las organizaciones panturquistas como los grupos yihadistas se reforzaron para neutralizar la influencia de Moscú y Pekín en la región.

(1) https://news.trust.org/item/20220107123824-knnua
(2) https://www.ft.com/content/1411b1a0-a310-11e7-9e4f-7f5e6a7c98a2

En diez meses las vacunas contra el coronavirus han causado 12 veces más muertes que todas las demás en 51 años

Los datos publicados por la Administración de Productos Terapéuticos (TGA) del Ministerio de Sanidad australiano confirman que, en un periodo de tan solo diez meses, se han notificado doce veces más muertes por reacciones adversas a las vacunas contra el coronavirus que por todas las demás vacunas disponibles combinadas en un periodo de 51 años.

La TGA regula la calidad, el suministro y la publicidad de los medicamentos, los dispositivos patológicos, los productos médicos, los productos sanguíneos y la mayoría de los demás productos terapéuticos.

En febrero del año pasado una solicitud de Médicos por la Ética del Covid reveló que la TGA autorizó la vacuna de Pfizer a ciegas. No comprobó los datos extremadamente limitados de los ensayos clínicos y considerarla segura para ser inyectada.

En un principio la TGA intentó dilatar el suministros de la información solicitando una prórroga de 6 meses. Los demandantes tuvieron que presentar una queja ante la Oficina del Comisionado de Información y la TGA respondió confirmando que nunca había visto o solicitado los datos de los pacientes a Pfizer y que simplemente aceptaba el informe de Pfizer sobre su estudio como un hecho.

Los datos de la TGA indican que en un periodo de 10 meses se han producido 8 veces más acontecimientos adversos y 12 veces más muertes por vacunas que las registradas para todas las demás vacunas disponibles combinadas desde el 1 de enero de 1971.

La TGA cuenta con una base de datos de efectos adversos notificados (*) que proceden de un amplio abanico de fuentes, como los ciudadanos, los médicos de cabecera, otros profesionales de la salud y la industria de productos terapéuticos.

Si se busca “vaccine” en la base de datos y se seleccionan las cuatro vacunas disponibles en Australia, con parámetros de fecha del 1 de enero de 1971 a 27 de diciembre de 2021, se concluye que en esos 51 años se han puesto a disposición del público australiano 128 vacunas diferentes, excluyendo las del coronavirus, y se han producido 19.545 informes individuales para las 128 vacunas combinadas, incluyendo 62 muertes.

Si se vuelve a buscar en la base de datos “vacuna covid-19” con el parámetro de fecha del 1 de enero de 2021 al 27 de noviembre de 2021, se encuentran 98.017 informes, incluyendo 725 muertes.

Eso significa que ha habido 12 veces más muertes, 5 veces más informes de efectos adversos y 8 veces más informes de efectos adversos debidos a las vacunas contra el coronavirus que los informados para todas las demás vacunas disponibles combinadas durante un período de 51 años.

(*) https://apps.tga.gov.au/Prod/daen/daen-entry.aspx

La antesala del hambre: los precios mundiales de los alimentos alcanzan máximos históricos

El año pasado los precios mundiales de los alimentos se dispararon hasta alcanzar máximos históricos, lo que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los llamados “países en desarrollo”.

Aunque en 2020 ya se produjo un repunte respecto a 2019, la situación ha empeorado en el último año.

El índice de la FAO, que sigue la evolución de los precios de los cinco productos básicos más comercializados en el mercado mundial (cereales, aceites, carne, azúcar y productos lácteos), ha alcanzado efectivamente los 125,7 puntos, lo que supone un aumento del 28 por cien respecto a 2020 y el nivel más alto desde 2011.

Aunque este aumento afectó a todos los productos, la tendencia fue especialmente marcada en el caso de los aceites vegetales, los cereales y el azúcar. En el caso de la primera materia prima, los precios aumentaron un 65,8 por cien respecto a 2020, alcanzando un máximo histórico.

Los precios de los cereales subieron un 27,2 por cien interanual, alcanzando su nivel más alto desde 2012. El maíz y el trigo han llevado este impulso con aumentos respectivos del 44 por cien y el 31 por cien, en comparación con 2020, debido a las tensiones de la oferta. En el caso del azúcar, el índice alcanzó en 2020 un máximo no visto desde 2016.

Aunque el aumento general es problemático para los habitantes de los llamados “países en desarrollo”, que gastan gran parte de sus ingresos en productos básicos, la FAO afirma que podría continuar este año. “El aumento de los precios de los insumos, la pandemia de coronavirus y las incertidumbres climáticas dejan poco margen para el optimismo sobre la vuelta a unas condiciones de mercado estables”, advierte Abdolreza Abbassian, economista jefe de la FAO.

El organismo alimentario espera que el aumento de los precios de los alimentos contribuya a una factura mundial de importación de alimentos de 1,75 billones de dólares el pasado año.

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