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Día: 21 de noviembre de 2021 (página 1 de 1)

En Europa se ha desatado el infierno contra los pasaportes sanitarios

A lo largo del fin de semana se han celebrado manifestaciones contra la vacunación obligatoria y las restricciones sanitarias en Suiza, Croacia, Italia, Irlanda del Norte, Países Bajos y Macedonia del Norte.

En varios lugares las manifestaciones se han celebrado a pesar de las prohibiciones expresas de la policía, aprobadas con el pretexto de la pandemia.

La consigna de los obreros italianos de Trieste, “La gente como nosotros nunca se rinde”, se ha convertido en la consigna más coreada en las manifestaciones de las principales capitales europeas.

Como relatamos ayer, en Holanda, tras las cargas policiales, estallaron disturbios en las calles del centro de Rotterdam. La policía abrió fuego contra los manifestantes. Hay siete personas heridas y 51 detenidos, aunque se espera que haya muchos más tras estudiar las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Un testigo presencial, fotógrafo de prensa, declaró a los medios locales que vio casquillos de bala “por todas partes en el suelo”. El partido político Leefbaar Rotterdam afirmó que la ciudad se había transformado en una “zona de guerra”.

Horas después, miles de personas se volvieron a reunir en Ámsterdam. El colectivo organizador, United We Stand Europe, desconvocó la manifestación porque en Rotterdam “se había desatado el infierno”. Pero las personas se reunieron a pesar de todo y desfilaron pacíficamente por las calles de la ciudad, vigilados de cerca por la policía.

Un número similar de manifestantes desafiaron el toque de queda y desfilaron ayer por la ciudad de Breda, al sur de Holanda, cerca de la frontera con Bélgica, portando pancartas con lemas como “No al confinamiento”.

Los organizadores dijeron que se oponían a los planes del Primer Ministro Mark Rutte de excluir a los no vacunados de los bares y restaurantes.

El gobierno holandés ha dicho que quiere aprobar una ley para que las empresas puedan restringir la entrega de pasaportes de vacunas sólo a las personas totalmente vacunadas o que se hayan recuperado del “covid”, lo que excluiría a las personas que den negativo en los tests.

Austria

Las violentas escenas de Rotterdam reflejaron la reacción de gran parte del continente a planes similares anunciados por Austria, Alemania, la República Checa y Eslovaquia, y se informa de que Italia y Grecia también están estudiando medidas para restringir los movimientos de las personas no vacunadas.

Anoche estalló la violencia en Viena cuando 10.000 manifestantes salieron a la calle para manifestarse contra el nuevo confinamiento y la vacunación obligatoria. La policía desplegó unos 1.300 efectivos, que utilizaron megáfonos para decir a los manifestantes que era necesario llevar mascarilla, a lo que hicieron caso omiso.

Cantando “¡Resistencia!” y haciendo sonar silbatos, los manifestantes empezaron a avanzar lentamente por la circunvalación interior de la ciudad. Muchos ondeaban banderas austriacas y llevaban pancartas en las que se burlaban de los dirigentes del gobierno, como el canciller Alexander Schallenberg y el ministro de Sanidad Wolfgang Mueckstein.

Algunos llevaban batas de médico; otros, sombreros de papel de aluminio. La mayoría de las pancartas se centraban en la anunciada vacunación obligatoria: “Mi cuerpo, mi elección”, decía una. Otro pregonaba: “Defendemos a nuestros hijos”.

A media tarde, la multitud había aumentado a unas 35.000 personas, según la policía, y marchaba por la vía de circunvalación interior de Viena antes de volver a dirigirse al centro.

La policía fue fotografiada deteniendo a dos manifestantes. Un portavoz dijo que se habían producido 10 detenciones, por infracción de las restricciones sanitarias.

Los austriacos protestan contra el nuevo confinamiento y la vacunación obligatoria, que el gobierno dijo ayer que se pondría en marcha el 1 de febrero. El canciller austriaco, Alexander Schallenberg, dijo ayer que el país permanecerá confinado durante 10 días, después se reevaluará la situación y podría prolongarlo otros 10 días más.

La mayoría de los comercios cerrarán y se cancelarán los eventos culturales. Los ciudadanos sólo podrán salir de sus casas por determinadas razones, como comprar alimentos, ir al médico o hacer ejercicio.

Las vacunaciones en Austria se han estancado en una de las tasas más bajas de Europa Occidental, por debajo del 66 por ciento. “No hemos conseguido convencer a suficientes personas para que se vacunen”, dijo el canciller Alexander Schallenberg en una conferencia de prensa. “Duele que todavía haya que tomar estas medidas”, añadió el hipócrita.

Italia

En Italia 3.000 personas acudieron al Circo Máximo de Roma para protestar contra los pasaportes de vacunas exigidos en los lugares de trabajo, restaurantes, cines, teatros, centros deportivos y gimnasios, así como para viajar en tren, autobús o ferry de larga distancia, incluso dentro del país.

En Irlanda del Norte, varios centenares de personas que se oponen a los pasaportes de vacunas protestaron ante el ayuntamiento de Belfast, donde el sábado se inauguró el mercado navideño, que exigía una prueba de vacunación o un test negativo para entrar.

El gobierno de Irlanda del Norte votó esta semana la introducción de certificados de vacunación para la entrada en clubes nocturnos, bares y restaurantes a partir del 13 de diciembre.

En Zurich dos mil personas protestaron contra un próximo referéndum para la aprobación de la ley de restricciones pandémicas del gobierno.

En Croacia miles de personas se reunieron en la capital, Zagreb, portando pancartas contra la vacunación y las restricciones a las libertades y derechos fundamentales de las personas.

En el norte de Macedonia, cientos de manifestantes antivacunas se manifestaron el sábado por la tarde en el centro de Skopje contra las órdenes de las autoridades sanitarias para vacunar a la población a la fuerza.

La situación se puede reproducir en la República Checa y Eslovaquia. A principios de esta semana , este país de 5,5 millones de habitantes ha reforzado las restricciones a las personas que no se han vacunado.

Alemania

El gobierno alemán también ha introducido restricciones de movilidad a los no vacunados. Se les ha prohibido el acceso a los restaurantes.

El ministro de Sanidad, Jens Spahn, ha dicho que las vacunas por sí solas no reducirán el número de “casos”. Cuando le preguntaron si Alemania podía descartar un confinamiento total al estilo austriaco, Spahn respondió: “Ahora estamos en una situación -aunque esto produzca una alerta informativa- en la que no podemos descartar nada”. Estamos en una situación de emergencia nacional”, dijo en una rueda de prensa.

El gobierno alemán decidirá las nuevas restricciones sanitarias en función de que las tasas de hospitalización alcancen determinados umbrales, mientras que el viernes sus primeros estados -Sajonia y Baviera- cancelaron todos sus mercadillo navideños.

El martes, Munich, la capital del estado de Baviera, se convirtió en la primera gran ciudad alemana en cancelar su mercadillo navideño por segundo año consecutivo. Las cancelaciones de Sajonia significan que el famoso mercadillo navideño de Dresde también se cancela.

En Alemania se celebran cada año unos 2.500 mercadillos navideños, muy apreciados por los vecinos que acuden a saborear vino caliente y castañas asadas, y a comprar baratijas de temporada en chalets de madera.

Antes de la pandemia, los mercadillos alemanes atraían a unos 160 millones de visitantes nacionales e internacionales al año, que aportaban unos ingresos de entre 3.000 y 5.000 millones de euros.

En Francia, el presidente Emmanuel Macron ha dejado claro que cree que los altos niveles de vacunación deberían ser suficientes para evitar futuros confinamientos.

Gran Bretaña está poniendo en marcha las terceras dosis -o refuerzos- para compensar la disminución de la eficacia de las dos primeras dosis.

La lucha de los chalecos amarillos cumple tres años

El movimiento de los chalecos amarillos se inció a finales de 2018 a causa de la subida de los precios de la gasolina por los nuevos “impuestos verdes”, un asunto que sigue de máxima actualidad hoy en Europa.

Hasta que el año pasado impusieron los confinamientos, miles de personas se reunieron espontáneamente en refinerías, rotondas y autovías, además de las calles, para protestar por las subidas de los precios.

El movimiento marca la señal del despliegue en Europa de nuevos movimientos sociales de lucha caracterizados por la espontaneidad y, en consecuencia, por la falta de un programa político. Quienes debieron ponerse al frente no existen (o no lo hicieron), e incluso lo despreciaron recurriendo, como ahora, al mito de que eran “de extrema derecha”.

Como cualquier movimiento espontáneo, los chalecos amarillos no se arrugaron nunca frente a la brutal represión policial y respondieron en la medida de sus posibilidades. “No se puede hacer una tortilla sin romper antes los huevos”, ha sido una de sus consignas.

Hasta las actuales movilizaciones contra el pasaporte de vacunas, los chalecos amarillos protagonizaron el movimiento de masas más importante desde Mayo de 1968. La lucha creció imparable no por sus motivaciones inmediatas, sino por la existencia de un malestar de fondo, que es característico de Europa y que se está reproduciendo en la lucha contra los pasaportes de vacunas y demás medidas de represión sanitaria.

En su punto álgido, hubo más de 300.000 manifestantes en las calles en contra del gobierno, pero hubo jornadas en las que participaron hasta 1.300.000 personas cortando las carreteras de Francia. No fueron batucadas ni procesiones festivas.

Sólo en el primer año de manifestaciones la policía detuvo a más de 10.000 manifestantes, que dieron lugar a 3.100 condenas y 400 penas de prisión. Se registraron entre 10 y 13 muertes en las manifestaciones, cerca de ellas o después de ellas, y entre los miles de heridos, 24 manifestantes perdieron un ojo tras ser alcanzados por balas de goma disparadas por la policía. Muchas otras fueron hospitalizadas con lesiones graves causadas por la brutal represión policial.

Pero lo que obligó al gobierno francés a ceder no fue el número sino, sobre todo, la determinación del movimiento. Macron tuvo que suprimir el impuesto sobre los carburantes e incluso recientemente ha prometido un bono de 100 euros a seis millones de personas de bajos ingresos para compensar el aumento de los precios de la gasolina.

Como tantos otros, el movimiento quedó paralizado el año pasado por los confinamientos y cuando volvió a levantar cabeza no era el mismo de antes porque a los problemas originales se habían sumado otros, derivados de la brutalidad sanitaria. Los que siguen en la batalla se han sumado a la lucha contra el pasaporte de vacunas.

Las condiciones siguen ahí latentes para que vuelva a explotar un fuerte movimiento popular de protesta. La emisora Europe 1 informó en un sondeo confidencial de que los ánimos siguen muy caldeados en Francia. “Una medida malinterpretada, una novedad o una controversia podrían encender la pólvora”, concluía.

En primavera hay elecciones presidenciales y Macron tiene que impedir otra revuelta masiva si quiere mantener la poltrona.

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