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Día: 14 de noviembre de 2021 (página 1 de 1)

AstraZeneca deja de vender vacunas ‘a precio de coste’

La farmacéutica AstraZeneca había prometido vender su vacuna “a precio de coste” mientras durara la pandemia, pero parece que la pandemia no se va a acabar nunca. La Organización Mundial de la Salud no tiene en perspectiva decretar el final de esta pesadilla. ¿Para qué?

Eso le impide seguir vendiendo vacunas “a precio de coste” porque, a diferencia de la competencia, no ganaría dinero con ello y el capitalismo impone las condiciones del mercado. Por lo tanto, AstraZeneca va a subir los precios de su vacuna.

Oxfam ya acusa a la empresa británica de incumplir su promesa y abandonar las filas de la caridad y el altruismo.

La explicación de la farmacéutica es pintoresca: la pandemia está entrando en una fase endémica. Acabará formando parte de la vida cotidiana en el futuro, de eso que llaman la “nueva normalidad”.

Salimos del confinamiento, pero luego volvemos a entrar por decreto gubernativo y porque la “incidencia acumulada” se ha disparado.

Nos ponemos mascarilla para entrar y nos la quitamos al salir, porque en un sitio hay virus y en el otro no.

No podemos salir de casa sin el móvil, que es como la vieja cartera de piel donde guardamos nuestro salvoconducto más preciado: un pasaporte de salud que nos permite conservar nuestro puesto de trabajo.

El mundo nunca imaginó que el miedo se podía digitalizar e introducir en un código de barras para que empresas como AstraZeneca ganaran dinero.

El Tercer Mundo declara la guerra a las vacunas

“¿Por qué en Papúa Nueva Guinea tienen pavor a las vacunas?”, se pregunta un columnista de El País (*). Solo un 1,7 por ciento de los habitantes de esta región suroeste del Pacífico han recibido la pauta completa. Algunos responsables de la campaña de vacunación han sido amenazados de muerte y atacados porque los consideran parte de una “campaña de terror”.

La oposición frontal a las vacunas es algo característico de las colonias del Tercer Mundo, que tienen una amplia experiencia con todo tipo de fármacos que se han ensayado en sus cuerpos, con consecuencias drámáticas que los imperialistas y sus cómplices se cuidan muy bien de silenciar.

Los “progres” se lamentan de que las vacunas no han llegado al Tercer Mundo. Han tenido buena suerte (hasta ahora). Pero a los países a los que han llegado, no se quieren vacunar porque los que siempre han sido esclavos saben apreciar muy bien el verdadero significado la libertad. En Benin el antiguo Secretario General de la Confederación Sindical de Trabajadores, Paul Esse Iko, se ha opuesto a los planes del gobierno para vacunar obligatoriamente a la población.

El viernes los dirigentes sindicales de Guadalupe se reunieron para anunciar una huelga general indefinida a partir del lunes contra la vacunación obligatoria y los pasaportes sanitarios.

La oposición generalizada a las vacunas amenaza con enviar a la calle a miles de trabajadores, a pesar de lo cual no aceptan vacunarse. Mañana empezarán a llegar las cartas de despido.

En la rueda de prensa, Maité Hubert M’Toumo, secretario general de la UGTG, lo dejó muy claro: “Desde septiembre, el Estado francés ha decidido reabrir las hostilidades […] todos los médicos, las enfermeras pueden recibir una carta para prohibirles trabajar. Esto significa que, a partir del lunes, el Estado francés, que hablaba de guerra, acaba de declararnos la guerra. La situación es catastrófica, miles de trabajadores están afectados y quieren despedirlos descaradamente, sin plazo de impugnación. No podemos aceptarlo, no es posible. El pueblo de Guadalupe está en peligro y desde el momento en que se declara la guerra, estamos obligados a responder. A partir del lunes, la guerra está declarada, nada funcionará, tenemos que organizarnos para que nada funcione: lunes, martes, miércoles, jueves… todos los días”.

“No tenemos elección, tenemos que estar juntos, todas las categorías socioprofesionales, todos los guadalupeños. A partir del lunes habrá dos bandos, el del Estado francés que ha decidido mancillarnos y el de todos los que se oponen a lo que quieren poner en marcha. Y el otro bando que quiere proteger el país para vivir en libertad. El presidente francés dijo que las vacunas son la libertad, por lo que la libertad está condicionada a una vacuna, una vacuna que no está controlada, una vacuna que genera efectos secundarios cada vez más graves. ¿Esto es libertad? No es posible. Así que a partir del lunes, ¡se declara la guerra!”

En julio la intersindical de los trabajadores de Martinica ya inició una huelga general contra la vacunación obligatoria, que se prolongó hasta el mes pasado con un claro triunfo de los trabajadores. El director del Hospital Universitario anuló la orden de exigir al personal del hospital el pasaporte sanitario para entrar a trabajar.

En Polinesia el vicepresidente del gobierno, Tearii Alpha, fue destituido la semana pasada porque no se quería vacunar.

(*) https://elpais.com/actualidad/the_conversation/2021-11-12/por-que-en-papua-nueva-guinea-tienen-pavor-a-las-vacunas.html

Como en 1939, Polonia tiene una ‘tormenta perfecta’ en sus fronteras

Oficialmente la Segunda Guerra Mundial empezó en Polonia en 1939 y, como hemos expuesto en otra entrada, no sólo fue responsabiidad del III Reich sino del propio gobierno polaco. Polonia fue víctima y verdugo de sí misma.

Ahora el gobierno polaco sigue el mismo juego. Lo mismo que otros países del este de Europa, no admite emigrantes y ha cerrado las fronteras con Bielorrusia. Como en otras ocasiones, la desdicha de miles de personas del Tercer Mundo se utiliza como arma para viejos conflictos, en este caso la Unión Europea y Rusia, que ya arrastran los pies en la crisis de la energía.

La OTAN aprovecha la ocasión para una de sus provocaciones características: acumular más material de guerra en las fronteras de Rusia con la pretensión de matar dos pájaros de un tiro: puede hacer retroceder a Bielorrusia, donde ya intentaron un Golpe de Estado durante el verano, y propiciar una solución de la Guerra del Donbas por la fuerza bruta.

En el este la Unión Europea se buca enemigos cuando debería buscar amigos. No hay más que escuchar a sus portavoces para ver el atolladero en el que se han metido. ¿Por qué no han autorizado formalmente la entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 en plena crisis del gas? Porque no les basta con el gosoducto: quieren imponer los precios a Rusia, es decir, evadir el sacrosanto “libre mercado”.

Lo mismo ocurre en la frontera polaca. Están convencidos de que Lukashenko es un títere vergonzoso de Putin. Se equivocan de nuevo. Cuando Merkel habla con Putin para que controle a Lukashenko, siempre obtiene la misma respuesta: habla tú con él. Eso no impide que Bruselas siga buscando por los desvanes algún tipo de sanciones que aún no hayan impuesto a uno (Lukashenko) u otro (Putin).

En la cuestión del gas la Unión Europea se está perjudicando a sí misma y el único motivo por el que no abre el grifo del Nord Stream 2 es porque supone, una vez más equivocadamente, que Rusia sale mucho más perjudicada.

La Unión Europea arrastra importantes problemas internos, el último de los cuales es el de Polonia, que ha declarado la superioridad de sus normas internas sobre las de Bruselas. Bielorrusia no necesita recurrir a los emigrantes para asestar un golpe a Unión Europea.

Hay que decirles claramente a los parásitos que llenan las oficinas de la Unión Europea que no es la primera crisis emigratoria que tienen que enfrentar. Ya les ocurrió antes en la frontera entre Grecia y Turquía, que solucionaron aflojando la blletera: Erdogan se llevó 5.000 millones de euros por mantener a los emigrantes dentro de las fronteras de su país.

Los europeos no tuvieron ninguna clase de escrúpulos para entregarle dinero a Erdogan, pero organizarían un escándalo mayúsculo si hicieran lo mismo con Lukashenko.

Trasladar de rebote el problema de los refugiados a Rusia es más de lo mismo, como los ciberataques, como las manipulaciones electorales… No hay nada nuevo. Si Putin fue capaz de manipular a Trump, con mucha razón puede hacer lo mismo con Lukashenko.

La crisis fronteriza refuerza a Polonia en sus aspiraciones a tomar de la Unión Europea sólo aquello que les interesa, las armas y el dinero, mientras rechazan el resto, asuntos como el aborto, por poner sólo un ejemplo. Ha logrado arrastrar en su defensa tanto a la OTAN como a la Unión Europea gracias a su vecindad con Rusia y Bielorrusia, que siempre son bazas muy poderosas.

Las amenazas de Bruselas contra Varsovia se han convertido en su contrario: en declaraciones de apoyo incondicional, lo cual va a multiplicar los desafíos del gobierno polaco hacia la Unión Europea.

Hasta ahora la presión de la OTAN contra Rusia estaba en el flanco sur, el Mar Negro y el Donbas. La crisis de los emigrantes la ha traslado al norte, donde Rusia ha trasladado los bombarderos Tu-22M. Pero Polonia no es Ucrania. Por más que se haya incorporado a la OTAN, Estados Unidos no puede manejar al gobierno de Varsovia como maneja al de Kiev.

Tras la caída de la URSS en 1990 prometieron un mundo sin fronteras. Treinta años después hay más fronteras (y más pasaportes) que nunca y todas ellas se están cerrando progresivamente con alambradas y ejércitos armados hasta los dientes.

10.000 trabajadores de John Deere en huelga desde hace dos meses

La UAW [el sindicato del motor] y el movimiento obrero de Iowa siguen movilizados desde octubre. La comunidad y los medios de comunicación simpatizantes apoyaron firmemente a los 10.100 trabajadores en huelga de John Deere and Company. Los trabajadores del mayor fabricante de maquinaria agrícola de Estados Unidos se tomaron con razón la primera oferta de contrato de John Deere [fechada el 10 de octubre] como un insulto. Ofreció un aumento salarial del 5 por cien tras un año de beneficios récord. Habían sido considerados trabajadores esenciales, pero aparentemente ninguno lo era tanto como el director general de Deere, John May, que ganó 15,6 millones de dólares en 2020, un aumento del 160 por ciento.

Decenas de negocios ofrecieron descuentos en comidas, bebidas, cortes de pelo, servicios quiroprácticos, equipos de pesca e incluso una sesión gratuita de lanzamiento de hachas en Davenport [la tercera ciudad más grande de IOWA]. El Sindicato de Minoristas y Grandes Almacenes (RWDSU) de North Liberty [un suburbio de Iowa City] donó 3.700 kilos de alimentos a los huelguistas. El vicepresidente del RWDSU Local 110, Bob Dixon, dijo: “Se trata de la codicia de las empresas… la gente tiene que unirse como miembros del sindicato y trabajadores para luchar contra esto”.

El dirigente demócrata del Senado de Iowa, Zacharia Wahls, y otros cargos electos demócratas declararon su firme apoyo, al igual que la Federación de Trabajadores de Iowa, los Teamsters, el Sindicato de Agricultores de Iowa y el senador Bernie Sanders. El secretario de Agricultura del gobierno Biden -y antiguo gobernador de Iowa (1999-2007)- Tom Vilsack visitó un piquete en Ankeny [situado en el condado de Polk]. “Os merecéis un salario justo y un trato justo“, dijo Vilsack a los trabajadores. Les agradeció el apoyo a su campaña para gobernador en 1998: “La UAW me ha apoyado desde el principio. No olvidas a la gente que estuvo contigo”.

El día de las elecciones en el estado de Iowa [2 de noviembre de 2021] fue también el día en que los miembros de la UAW votaron el contrato renegociado, después de haber rechazado abrumadoramente el primer proyecto de contrato el 10 de octubre. El segundo proyecto de contrato renegociado entre Deere y la dirección de la UAW preveía un aumento inmediato del 10 por ciento y dos aumentos adicionales del 5 por ciento a lo largo de un contrato de seis años. Los trabajadores recibirían una bonificación de 8.500 dólares tras la ratificación del contrato. Deere también hizo algunas concesiones en materia de asistencia sanitaria y pensiones, pero se mantuvo el sistema salarial de dos niveles, en el que los “trabajadores adicionales” cobran bastante menos que sus compañeros que realizan el mismo trabajo.

Muchos miembros del sindicato, preocupados por cobrar a medida que se acercan las vacaciones, consideraron que era el momento de “reclamar la victoria” y volver al trabajo. Pero la mayoría no estuvo de acuerdo y rechazó el segundo acuerdo por un 55 por ciento a 45 por ciento. Algunos dicen que el rechazo refleja un descontento continuo con sus propios dirigentes sindicales. Otros señalan la incertidumbre sobre el plan propuesto por la empresa para la mejora continua de los salarios, que se basa en un sistema de incentivos complejo y, por tanto, incierto. Muchos señalan también la sensación generalizada de que la dirección de John Deere no les respeta, a pesar de su lealtad y su duro trabajo, durante la pandemia de covid.

El resentimiento se endureció cuando John Deere obtuvo una orden para limitar el número de trabajadores de los piquetes a cuatro. La orden llegó a prohibir los bidones de fuego para calentarse por la noche. Las tensiones aumentaron aún más cuando Richard Rich, miembro de la UAW y de 56 años de edad, inspector de almacén en Deere durante 15 años, fue atropellado y murió trágicamente por un coche mientras cruzaba una carretera mal iluminada cerca de un piquete.

El apoyo público no parece haber disminuido y los sindicatos de Iowa siguen apoyando a la UAW. El Hawkeye Area Labor Council de Cedar Rapids, la Hermandad Internacional de Trabajadores de la Electricidad (IBEW 405) y la Federación de Trabajadores de Iowa City se encuentran entre los que recogen y entregan artículos domésticos y sanitarios a los huelguistas.

La dirección de Deere insiste en que el contrato que está sobre la mesa es su “última, mejor y definitiva oferta”. Según el Des Moines Register, un ejecutivo de Deere también hizo una amenaza velada de compensar la ralentización de la producción nacional trasladando parte del trabajo a plantas en el extranjero. La gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, y los senadores Charles Grassley y Joni Ernst, todos ellos republicanos, aún no han comentado la posibilidad de que los puestos de trabajo de sus estados se transfieran a trabajadores de otros países.

¿Avanzará el movimiento obrero de Iowa? Ambas partes están en conversaciones, pero el resultado es difícil de predecir. La mayoría de los huelguistas actuales son jóvenes y tienen poco conocimiento de la historia del movimiento obrero de Iowa para motivarlos. No saben que la UAW fue precedida por los Farm Equipment Workers, que sindicalizaron a John Deere hace más de 70 años (véase el libro del historiador laboral Toni Gilpin The Long Deep Grudge: A Story of Big Capital, Radical Labor, and Class War in the American Heartland, Haymarket Books, marzo de 2020).

Muchos miembros de la UAW con los que hablé recientemente desconocían que la legislatura de Iowa, dirigida por los republicanos, estuvo a punto de destruir los sindicatos del sector público en 2017 al eliminar el capítulo 20 [código para los términos y condiciones de empleo de los trabajadores del sector público], una ley de negociación colectiva de Iowa que había funcionado de forma eficaz y justa -sin huelgas- desde la década de 1970. A pesar de los valientes esfuerzos del Centro Laboral de la Universidad de Iowa por informar y educar a los trabajadores, aún nos queda mucho camino por recorrer.

La buena noticia es que el asalto republicano a la negociación colectiva en el estado de Iowa no ha tenido éxito. Aunque los sindicatos deben celebrar una votación de recertificación cada vez que se renegocia un contrato, más del 50 por ciento de los trabajadores deben votar “sí” para conseguirlo, ¡los que no votan se cuentan como votos negativos! Contra todo pronóstico, casi todos los sindicatos del estado consiguieron que la mayoría de los empleados votaran “sí” para su recertificación.

El camino que queda por recorrer es pedregoso, pero el movimiento sindical está avanzando en Iowa.

Dave Leshtz, The Nation, 11 de noviembre de 2021

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