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Día: 9 de noviembre de 2021 (página 1 de 1)

La política colonial siempre fue una política criminal: el caso de Burundi

Burundi fue una colonia alemana hasta que 1918 la Primera Guerra Mundial procedió a un nuevo reparto del mundo entre las grandes potenias imperialista. Pasó a poder de Bélgica. Ahora una comisión parlamentaria investiga los crímenes cometidos por Bélgica durante la colonización de África, incluido Burundi.

Uno de los temas de la investigación se refiere al asesinato del príncipe Louis Rwagasore poco antes de la descoloniazación. El hijo del Mwami (el rey de Burundi) había ganado las elecciones para dirigir su partido, Uprona, y había sido nombrado Primer Ministro, preparando la independencia de su país.

El escritor Ludo de Witte, que también ha investigado el asesinato de Lumumba, forzó al parlamento belga a organizar la comisión de investigación y acaba de publicar otro libro sobre la descolonización de Burundi.

La política colonial siempre fue una política criminal. Creó Estados artificiales y promovió la división y enfrentamiento entre los pueblos originarios para dominarlos. Cuando el llegó el momento de la descolonización, trató de aupar al poder a sus lacayos, a los dóciles. Cuando no los encontró, no vaciló en asesinar a los nuevos dirigentes africanos, como ocurrió con Lumumba.

Burundi siguió el ejemplo del Congo. El papel de   lo ocupó Louis Rwagasore, un personaje díscolo del que anunciaron su muerte con bastante antelación. Entre la muerte de uno y otro sólo transcurrieron unos pocos meses. Era la sumisión o el tiro en la nuca.

El 13 de octubre de 1961, menos de un mes después de su victoria electoral y dieciséis días después de su nombramiento como Primer Ministro, Louis Rwagasore fue asesinado en la terraza de un restaurante de Bujumbura. Tenía 29 años.

El asesino fue un griego, Jean Kageorgis, ayudado por tres cómplices. Fueron detenidos, juzgados y condenados a muerte por un tribunal burundés. Antes de su ahorcamiento Kageorgis gritó: “No soy el único que ha matado a Rwagasore”.

El burundés era muy diferente a Lumumba, un africano autodidacta que había evolucionado desde la propia cultura autóctona. Rwagasore era un príncipe de sangre, hijo del rey Mwambutsa. Había estudiado en las universidades de Amberes y Lovaina, es decir, conocía la cultura europeaa la perfección.

Conscientes de las rivalidades entre dos ramas de la familia real, los Batare y los Bezi, los colonialistas belgas se afanaron por ahondar la rivalidad, considerando a los Batare como “moderados” y los Bezi como “nacionalistas” hostiles al dominio belga.

Pero la población burundesa permaneció fiel al Mwami, “el padre de la nación”, el garante de las cosechas y la prosperidad, y su hijo fue elegido masivamente por hutus y tutsis, en la capital y en las colinas.

Con un pie en la tradición y otro en la modernidad colonial, Rwagasore tenía todas las bazas para llevar a Burundi a la independencia. Sólo le faltaba el aval de los colonialistas que, tras su victoria electoral, evocaron sin reparos la hipótesis del asesinato.

En 2018 el gobierno de Burundi acusó oficialmente a Bélgica de ordenar el asesinato de Rwagasore. “El verdadero patrocinador, el Reino de Bélgica, una potencia colonial de la época que se oponía ferozmente a la independencia inmediata de Burundi, aún no ha rendido cuentas”, dijo el portavoz del gobierno en un comunicado.

El gobierno burundés anunció la creación de una comisión para investigar los asesinatos de Rwagasore y su familia, refiriéndose a los dos hijos, que murieron a una edad temprana pocos meses después de su desaparición.

El gobierno también acusó a Bélgica de tener “una parte de responsabilidad en las diversas crisis político-étnicas que han asolado a Burundi desde su independencia”.

En su obra Ludo de Witte recuerda que Balduino, el rey de Bélgica, dirigió personalmente los asesinatos, tanto de Lumumba como de Rwagasore. La Familia Real estaba dominada por la reacción pura y dura de la época: colonialistas y fascistas, especialmente vinculados también a su consorte, la española Fabiola.

La polarización étnica de Burundi, sus guerras civiles y sus crímenes políticos impunes , añade De Witte, no son fruto del destino, sino de una independencia fallida y de las maniobras divisorias de los colonialistas.

La vacunación obligatoria colapsa aún más el transporte de viajeros en Estados Unidos

La vacunación obligatoria impuesta los trabajadores de la aviación civil y pasajeros por el gobierno de Biden, que ha entrado en vigor hoy, amenaza con colapsar aún más el transporte de viajeros.

La tripulación de vuelo ya ha padecido numerosos fallecimientos a causa de las vacunas, por lo que casi la mitad del personal de la TSA (Administración de Seguridad del Transporte) aún no se ha vacunado.

Southwest, American y otras aerolíneas nacionales ya están teniendo que cancelar vuelos porque los pilotos y el personal rechazan las inyecciones. Las operaciones de transporte aéreo se verán aún más perturbadas de lo que ya están debido a la inminente escasez de personal.

A partir de hoy los trabajadores que se nieguen a vacunarse o a presentar una prueba de vacunación estarán sujetos a medidas disciplinarias, que pueden incluir el despido o la terminación del servicio federal, ha dicho Kiran Ahuja, director de la Oficina de Gestión de Personal.

A los contratistas federales también se les ha acabado el plazo para cumplir con el requisito de vacunación obligatoria del gobierno. American Airlines y Southwest Airlines, ambas contratistas federales, siguen luchando por mantener los aviones en el aire mientras el personal no vacunado se ve obligado a abandonar el trabajo.

El senador Roger Wicker de Missouri, miembro del Comité de Transporte, y el diputado John Katko de Nueva York, miembro del Comité de Seguridad Nacional, han dirigido una carta dirigida a David Pekoske, administrador de la TSA, para saber si hay planes de emergencia para garantizar la seguridad de los vuelos.

Los trabajadores sanitarios también están sometidos a la misma norma imperativa: o vacunación o despido.

Una feminista de primera hora en China: Qiu Jin

Conocida como la Caballero del Lago de los Espejos, Qiu Jin (1875-1907) fue una de las primeras revolucionarias, feministas y poetas de finales de la dinastía Qing (1644-1911). Luchadora contra el feudalismo chino y defensora del elevado papel que correspondía a las mujeres en la sociedad y en la historia, Qiu fue decapitada tras un levantamiento antifeudal fallido.

Nacida en el seno de una familia moderadamente acomodada con raíces en Shanyin, provincia de Zhejiang, Qiu creció interesada en la lectura, la equitación y la esgrima. Al ver sus intereses, su familia le proporcionó una buena educación y esperaba que encajara en una sociedad aburguesada.

A los 21 años se casó con una familia rica por acuerdo de su padre. Unos cuatro años después del matrimonio, el marido de Qiu fue ascendido a funcionario de la corte imperial de Pekín. Sin embargo, al vivir con un hombre que tenía una visión más convencional que ella, Qiu pronto se cansó de su relación mundana y se fue a Japón en 1904 para estudiar.

Destacada por su oratoria apasionada, su estilo de vestir masculino y sus pensamientos revolucionarios, conoció a muchos revolucionarios y se unió a las sociedades secretas de la época, como la Guangfuhui, dirigida por Cai Yuanpei, y la Tongmenghui, dirigida por Sun Yat-sen. Regresó a China en 1905.

Tras recibir una suma de dinero de la familia de su marido, Qiu creó en 1907 una revista en la que abogaba por la liberación de la mujer, incluyendo la independencia financiera, la libertad en el matrimonio, la educación y las profesiones, así como la abolición del concubinato y la práctica de los pies atados, una aberrante tradición que lisaba los pies de las mujeres para crear una figura y dar forma a una manera de caminar que gustase a los hombres.

Influida por la democracia occidental, Qiu estaba decidida a derrocar el corrupto gobierno Qing dirigido por la familia real manchú. Aprendió artes marciales, el manejo de la espada y la fabricación de bombas. Trabajó con su prima Hsu Hsi-lin en la organización y unión de sociedades secretas, escondidas en una escuela de niñas. El 6 de julio de 1907 Hsu fue capturada por las tropas imperiales antes de un levantamiento planeado y confesó su participación tras el interrogatorio.

El 13 de julio Qiu fue detenida en la escuela de la que era directora. Aunque negó su participación, el gobierno encontró pruebas incriminatorias y la ejecutó en Shaoxing, provincia de Zhejiang. Le cortaron la cabeza en una ceremonia pública. Se dijo que su vida sólo se habría salvado si hubiera escrito una carta de confesión. Pero ella se negó y sólo escribió un poema: “El viento de otoño y la lluvia de otoño me angustian tanto”.

Fue enterrada por un amigo en el Lago del Oeste de Hangzhou y se convirtió en una mártir para los revolucionarios, comunistas y, naturalmente, las mujeres chinas. En 2011 una película recordó su trayectoria revolucionaria.

Los aguacates se ponen bajo el punto de mira de los seudoecologistas

El imperialismo dicta lo que es mejor para nuestra salud, queramos o no, y también dicta lo que debemos comer, nos guste o no. No se trata sólo de la carne, sino de una fruta, como los aguacates, que el diario británico The Guardian ha puesto bajo el punto de mira de los seudoecologistas (1).

La conclusión que nos quieren inculcar es que el aguacate es un artículo de lujo que se produce a gran escala, como si fuera un alimento básico. Los trabajadores no deberían regodearse de ese tipo de manjares, reservados a un público más selecto.

La campaña de The Guardian contra el aguacate comenzó en 2018, cuando se hizo eco de las protestas de los campesinos chilenos porque los cultivos dedicados a la exportación secaban los acuíferos (2). El periódico descubría el saqueo característico de las grandes potencias y las consecuencias sopbre la agricultura local del Tercer Mundo, que son las mismas para el aguacate que para cualquier otra mercancía o materia prima dedicada a la exportación.

No hay, pues, nada nuevo bajo el sol. El aguacate es el “oro verde”, una fruta con grandes propiedades nutritivas, la demanda mundial se dispara cada año y los grandes productores, como México, dedican la producción a abastecer el mercado mundial.

En Estados Unidos sólo un tercio de los aguacates que se consumen se cultivan en el interior del país. De los dos tercios restantes, nueve de cada diez proceden de México. El otro 10 por ciento procede de Chile, Perú y la República Dominicana, según el New York Times (3).

Los precios se disparan. En Estados Unidos aumentó en 2019 un 130 por ciento en comparación con el año anterior (4). El manjar resulta inaccesible para los bolsillos de la población local que los cultiva y para los trabajadores de las grandes metrópolis que los consume, a los que no queda otro remedio que la comida basura.

A los argumentos económicos, The Guardian suma los seudoecologistas: la huella de carbono y el excesivo consumo de agua. Como suele ocurrir, las políticas verdes hacen de la necesidad virtud: el aguacate y sus derivados, como el guacamole, deben ser un artículo de lujo porque es bueno para “luchar” contra el cambio climático.

(1) https://www.theguardian.com/food/2021/nov/01/end-of-the-avocado-why-chefs-ditching-the-unsustainable-fruit
(2) https://www.theguardian.com/environment/2018/may/17/chilean-villagers-claim-british-appetite-for-avocados-is-draining-region-dry
(3) https://www.nytimes.com/2017/01/27/business/economy/importers-tax-mexico.html
(4) https://www.bbc.com/mundo/noticias-49209380

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