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Día: 18 de junio de 2021 (página 1 de 1)

El capitalismo mundial se dirige hacia una etapa prolongada de inflación y estancamiento

En todo el mundo suben los precios de las materias primas y los productos de primera necesidad. En España el gobierno del PSOE y Podemos ha subido el precio de la electricidad. España es el segundo país de Europa donde más suben los precios del combustible. Aprovechando el confinamiento, el precio de algunos alimentos básicos se ha disparado hasta un 46 por ciento.

La inflación se ha vuelto a poner de moda. Es una “bomba de relojería”, dice el Deutsche Bank. Para frenar el colapso, los bancos centrales más importantes se han lanzado a fabricar papel moneda muy por encima de la capacidad de producción de la economía mundial, lastrada por el desempleo endémico, la caída de la demanda y los cierres de empresas, como Airbus en Cádiz.

El capitalismo mundial se dirige hacia una situación de estancamiento e inflación. Los bancos centrales dudan si seguir fabricando dinero de papel, cuando las necesidades de reactivación son mayores, después del desastre causado el año pasado por los confinamientos, despidos y cierres colectivos.

No tienen muchas alternativas. Si siguen con la política de emisión a ultranza de dinero fiduciario cuando la presión inflacionista se afianza, el remedio podría ser peor que la enfermedad.

Hasta ahora, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo dicen que la inflación es transitoria y que, en consecuencia, deben seguir poniendo favoreciendo la creación de dinero fiduciario.

La inflación en Estados Unidos

La Reserva Federal afirma que la inflación es consecuencia del cuello de botella en la cadena de suministro y otros factores extraordinarios, y que la inflación empezará a descender más adelante a lo largo del año. En consecuencia, asegura que no endurecerá su política monetaria hasta que la inflación se sitúe sistemáticamente por encima del 2 por ciento y el mercado laboral, y la economía en general, muestren una mejora sustancial.

Pero las voces de alarma son cada vez más estridentes. El Financial Times ha publicado un artículo titulado “Una nueva era económica: ¿ha vuelto la inflación para siempre?” El periódico señala que, en diciembre de 1964, la Reserva Federal acordó que la economía estadounidense podía hacer frente a unos niveles de gasto crecientes sin una presión significativa sobre el alza de los precios.

Las previsiones fallaron, dice el periódico. Comenzó un período de 17 años en el que la inflación superó en ocasiones la tasa anual del 10 por cien. El período acabó con las políticas deflacionistas de Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, que condujeron a dos de las recesiones más graves de la posguerra a principios de los años ochenta.

El antiguo secretario del Tesoro, Lawrence Summers, es otro de los que advierten de que el déficit fiscal del gobierno de Biden, unido a los bajos tipos de interés y la emisión de dinero, llevarán a los niveles de inflación de los años setenta del siglo pasado.

La perspectiva de una inflación galopante se vio reforzada por los datos publicados por el Departamento de Comercio el mes pasado. El índice de gastos de consumo personal básico, que excluye los costes volátiles de los alimentos y la energía, subió un 3,1 por ciento respecto a hace un año. El aumento en marzo fue del 1,9 por ciento. Si se incluyen los costes de alimentación y energía, el aumento es del 3,6 por ciento.

El Wall Street Journal habla del comienzo de un “cambio de paradigma”. Si la Reserva Federal tiene que intervenir para contener la inflación, la situación puede resultar incontrolable.

En las últimas tres décadas ha funcionado un círculo virtuoso. Cada vez que los mercados financieros han sufrido problemas y crisis importantes, la Reserva Federal ha podido intervenir con más apoyo, en condiciones de tasas de inflación bajas y decrecientes.

Tras la crisis de 2008 la Reserva Federal realizó grandes compras de activos en el marco de su programa de flexibilización cuantitativa y llevó los tipos de interés a niveles históricamente bajos. La justificación de este programa era que unos tipos de interés más bajos empujarían a los inversores hacia activos de mayor riesgo y conducirían a un mayor crecimiento económico.

Sin embargo, no ha ocurrido nada de eso. Como cabía esperar, el dinero cayó en manos de los especuladores, que lo utilizaron para realizar grandes pelotazos bursátiles.

El año pasado, el castillo de naipes financiero, levantado durante la década anterior, estaba a punto de derrumbarse. El mercado de 21 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense se congeló. La pandemia, con sus confinamientos, cierres y toques de queda, fue un alivio para los especuladores, dice el Wall Street Journal. La Reserva Federal intervino para sostener el sistema, duplicando sus tenencias de activos financieros tóxicos de 4 a 8 billones de dólares en menos de un año.

Ahora el círculo virtuoso está a punto de transformarse en vicioso. El director de inversiones de Artemis Capital Management, Christopher Cole, asegura que la Reserva Federal ha garantizado a los especuladores que no endurecerá la política monetaria hasta que la inflación haya aumentado durante un periodo de tiempo considerable.

Según Cole, esto significa que restringirá el crédito, mientras el aumento de la inflación ya está causando problemas a los mercados financieros, lo que alimentará la volatilidad, empeorando la situación. “El problema es que si tenemos inflación -inflación real- eso elimina la capacidad monetaria de la Fed para apoyar el crédito”, dice.

La dirección futura de la política monetaria se está discutiendo en el seno de la Reserva Federal. Las actas de la reunión de finales de abril señalan que varios miembros consideran necesario comenzar a discutir un plan para “ajustar el ritmo de las compras de activos”.

En una entrevista concedida al Financial Times, el presidente de la Reserva Federal de San Luis, James Bullard, afirmó que había indicios de que el mercado laboral se estaba endureciendo, a pesar de que los datos mostraban que el empleo seguía estando ocho millones por debajo de los niveles anteriores al confinamiento.

La inflación en la Unión Europea

La inflación en la eurozona alcanzó el 2 por ciento el mes pasado, la primera vez que alcanza el objetivo del Banco Central Europeo en más de dos años. Pero la posición oficial del Banco Central Europeo, expresada por su presidenta Christine Lagarde, es que la subida de precios es temporal. El Banco Central Europeo tendrá que decidir si continúa o reduce sus compras de activos por valor de 80.000 millones de euros al mes.

Lagarde dice que es demasiado pronto para decir que el Banco Central Europeo va a frenar sus compras de bonos y, de hecho, “es innecesario discutir cuestiones a largo plazo”.

Las economías virtuosas del norte de Europa presionan a Lagarde para que flexibilice las compras de bonos sobre la base de una mejora de las perspectivas de inflación y crecimiento económico. Pero el Banco Central Europeo se enfrenta a una complicación: cualquier ralentización de las compras de bonos, y la consiguiente subida de los tipos de interés, tendrá un impacto significativo en los miembros más endeudados de la eurozona, como España y otros países periféricos que no podrán seguir pagando sus deudas.

Es algo que todo el mundo sabe desde hace mucho tiempo. No hay dinero capaz de pagar las deudas generadas por el capitalismo. No lo había antes de la pandemia y mucho menos después. Se trata justamente de eso: de dejar de pagar algunas deudas. Veremos cuáles exactamente.

El pueblo, ¡qué gran invento!

Dejé caer el otro día la necesidad de la clase dominante de “fabricar” héroes de cara al pueblo. No por sistema, sino de vez en cuando, salvo que se trate, como sugerí, de miembros de las FSE (antes FOP) o deportistas. Los primeros realizan “hazañas” (sobre todo, bélicas, como institutos armados que son), y los segundos “gestas”. Por cierto y haciendo un paréntesis, las FSE son Fuerzas de Seguridad del… Estado, no de las masas, aunque a los Estados fascistas, como el español, les gustaría fundir ambos conceptos en uno solo: Estado y masas. Eso es el Estado “totalitario” bajo el capitalismo. Y a eso aspiran.

Cavilando con estas quisicosas, me acordé de una tragedia ferroviaria, de triste recuerdo, que tuvo lugar hace ocho años en el descarrilamiento del tren Alvia Madrid-Ferrol a la altura de Santiago de Compostela. Los medios de comunicación convencionales y ordenancistas convinieron en destacar el comportamiento solidario y la reacción espontánea del pueblo prestando ayuda y socorro mutuo e inmediato a los malhadados del siniestro.

Se le lisonjea al pueblo, qué bien. Ahora es “pueblo” y no “público”. Pero todo se espectaculariza, sobre todo si hay morbo o se crea, desde el último caso ocurrido en Tenerife hasta las campañas navideñas para recolectar alimentos o dinero para los pobres. El pueblo ofrece antihéroes anónimos; del público -que es en lo querrían convertirnos a todos- se entresaca alguien a quien se personifica y se convierte en héroe por un día. Volviendo al descarrilamiento es tal el énfasis y desgañitamiento que destilan en sobar y enjabonar al “pueblo” -esas buenas gentes sencillas- que tal pareciera que lo acaban de descubrir. Como si no terminaran de creerse -ignorando el verso machadiano de que todo viene del pueblo- que el pueblo es capaz de prestar sin interés ayuda a quien lo necesita y sin que se lo pidan.

Acostumbrados como están a engañar, alienar, manipular y hasta sodomizar al “pueblo” si te descuidas, al personal, a la gente, fingen sorprenderse de este antidarwinismo social y ayuda mutua kropotkiniana ajena a la lucha por la vida en la jungla de asfalto que es la antropología capitalista (en tiempos medievales era la teología; en tiempos capitalistas, sobre todo, imperialistas, es la antropología) a la que contribuyen a mantener y reproducir vendiéndose peor que las rameras.

Vuelven a mentir. Jamás han creído en el “pueblo” ni en la “ciudadanía” salvo cada cuatro años para que les legitimen en las urnas y dar carta blanca a nuevos latrocinios y desgracias. Siempre que dicen, simulando adularlo, como quien mastica agua, algo imposible, que “el pueblo no es tonto” es que piensan justo lo contrario pues, si no lo creyeran, sobraría el comentario. La burguesía, que ya no tiene más aspiración que mantenerse en el machito y conservar sus propiedades o agrandarlas si puede, no tiene, empero, más objetivo que la contrarrevolución permanente: impedir que la desalojen. Y ello… porque tienen algo que perder, que no son las cadenas que engrillan al proletariado. Y para ello aliena, embrutece y cloroforma al colectivo. Y atomiza al individuo sumiéndolo en “su” problema, el individuo “deslocalizado”, desahuciado. Él se lo buscó. Sálvese el sistema y perezca el individuo.

Es como -lo leí por ahí- subir en un autobús. Hay dos momentos: primero, cuando todo el mundo puede sentarse sin compañía y así lo hacen, y después, cuando no hay más remedio que sentarse con otra persona (que, por supuesto, no tenga pintas raras). Si te sientas al lado de alguien pudiendo hacerlo solo, eres sospechoso de no se sabe bien qué. Quizá, potencialmente, de dar la vara. Esto, hoy, se evita con auriculares encasquetados en los pabellones auditivos, cuando no nace ya uno con ellos puestos, ¿no es cierto?

Estas cosas -dar conversación se decía antes- ya no pasan. Si alguien habla alto, todos pegan la hebra (tampoco estamos en el deshumanizado Metro de Nueva York). Se impone lo social, pero nos quieren burbujas inyectables con la aguja hipodérmica del discurso dominante que es el de la ideología dominante y predominante, y en tiempos de plandemia ni les cuento. Pero, aprovechando una tragedia, cuyas causas son estructurales pero lo fácil es culpar al maquinista, como en las películas detectivescas al mayordomo, a una persona, han decidido pasar la mano por el lomo del “pueblo”. Y estos idiotas, que toman sus miserias espirituales por condición universal, les preguntan por qué hacen lo que hacen -como quien pregunta a un extraterrestre- y les responden que cualquiera en su lugar también lo hubiera hecho. Menos ellos, pero toca agasajar a quien paga y no manda.

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