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Biden ha firmado al menos 37 órdenes ejecutivas en su primera semana. El récord para cualquier presidente, y más que los cuatro presidentes anteriores juntos. ¿Qué nos dicen estas órdenes, o cualquiera de sus otros movimientos, sobre los planes futuros de la administración demócrata? Nada bueno, lamentablemente. Leer más
A Alfredo Grimaldos
Situábamos en una entrega anterior a Alfredo Grimaldos en una corriente «purista» del flamenco, pero, nos importa decir, no renuente o cerrada a innovaciones que lo enriquecieran, sino a lo que se entendía como desvirtuación y hasta degeneración del cante personificada en, como decíamos en el artículo anterior, Pepe Marchena, que lo superficializó, o un Juanito Valderrama a quien Fernando Quiñones trata despiadadamente: «filoxera de gorgoritos y repipieces que nada tienen que ver con el cante por alegrías». Contra esto se manifestaban quienes acudían a los cabales (Grimaldos dirigió una revista titulada «Cabal») a escuchar lo depurado, aún en minoría, y no el gorgorito, socolor de mayoritario. O más «popular», lo que lleva a hacerse la pregunta que se hacía la peña en los años sesenta-setenta del siglo pasado: ¿popularización o elevación del arte flamenco? Pregunta, por cierto, con ecos maoístas. ¿Continuar elevando el flamenco hasta alcanzar sus más altas formas expresivas o popularizarlo en desdoro de un (supuesto) tarro quintaesenciado? El problema, el dilema, es falso. Es la unión de los dos. Para elevar una cosa es necesario conocer su base. Por otra parte, ¿a partir de qué flamenco comenzamos a «elevar»? ¿A partir del flamenco de las juergas de los señoritos (a cuyos cortijos tenía que ir, para comer, un Valderrama, por ejemplo, entre otros) y toreros? ¿O lo elevamos a partir de su origen que no es otro que el pueblo?
El flamenco es la cultura revolucionaria de todo un pueblo, más sentimiento que música. La más bella muestra de que Andalucía no es la imagen tópica de una pandereta y unos cascabeles, señoritos, caballos, toros y demás hipotipos que constituyen el nacional-flamenquismo. El más originario y primitivo es la toná, y de ahí, la siguiriya, el martinete o una serrana que dice:
Por la Sierra Morena
va una partía
y al capitán le llaman
José María.
No será preso
mientras su jaca torda
tenga pescuezo.
El capitán José María no es otro que José María «el Tempranillo». Es evidente la simpatía con que es tratado quien pasara por ser un bandolero. Ahora bien, ¿por qué estas siguiriyas, y otras, son hoy tan desconocidas? Es claro que se trataría de, una vez minusvaloradas, cuando no eliminadas, esas letras «subversivas», engordar la especie que informa del flamenco como una «melancólica resignación». Y si es verdad que el cante bueno duele, no alegra, sino duele, un sentimiento, que decía Manuel Torre, también lo es el «marchenismo», los «tablaos» para turistas, el destrozo de las «sevillanas» como moda, Manolo Escobar, etc. Sin olvidar que, como dicen los buenos cantaores, «pa cantar siempre bien están los jilgueros», es decir, que unas veces se canta bien y otras no tan bien, pero jamás trinos facilones. O que la «politización» del flamenco no vino -contra lo dicho por «flamencólogos» duchos- de los Gerena o Meneses o Morente, sino de los «Antonio Molinas», los «Valderramas», etc. Una «despolitización» paradójica.
Reproduciremos a continuación unas letras, pocas, de los Cantes de Pepe Taranto y Laura Díaz, que son quejío y denuncia, desgarro y apuntamiento.
Juegan con las dos barajas
el pueblo debe saber:
una pá seguir ganando
la otra para no perdé.
Haremos una montaña:
una montaña haremos,
si tó los puños unimos
y piedrecitas ponemos.
¿Qué remedio te quea?
sino te quieres ver
metiíto en el yugo
como ahora te vés.
Sigues las reglas del juego,
y debiera darte vergüenza;
estás engañando al pueblo.
Nunca tú conseguirás
romper los lasos del pueblo
por mucho que tú lo intentes.
Pero sí conseguirás
unir los hombres en un frente.
Nochesitas oscuras
de espinos y fronteras
tienen que saltar
mare, el que se revela
(las faltas de ortografía son propias de quien no fue enseñado a leer ni escribir)
A gusto yo nunca he vivío
yo vivo rabiando
tú tienes la culpa
espada y bastón
que yo esté penando.
No tengo yo que perder
ni menos mis compañeros
si yo me curo la hería
y las «caenas» yo pierdo.
No es menos el que se equivoca
que aquel de mucho saber
que errores se cometen
luchando para vencer.
No merece compasión
quien siendo esclavo no quiere
encontrarle solución.
Levanta, hermano, no humilles
tu corazón jornalero
Que el trigo te siente libre
entre tus puños de acero.
El trigo se siembra a mano
y a mano lo siembro yo
otro viene y se lo lleva
y a mí me queda el sudor.
De las minas de la unión
yo salgo negro de pena
tengo a mi hijo en prisión
por levantarse en la huelga
pa acabar la explotación.
Ayer te vi yo entre rejas
una estrella nos unía
no desesperes hermano
que ya se está acercando el día
compañero de mis venas.
Tengo el corazón partío
de tanto gritar y gritar
los gritos que yo estoy dando
alguien los escuchará.
Como puede notarse, son letras de extracción y sabor agrominero de tintes anarquistas.
Más información:
– Alfredo Grimaldos: fulgores revolucionarios y pasiones flamencas
– El flamenco con la resistencia antifascista
Discretamente el gobierno del Reino Unido ha aprobado una nueva ley que permite a la policía acceder a los datos confidenciales del Servicio Nacional de Salud (NHS) de las personas sujetas a cuarentena (*).
El NHS obtiene los datos médicos a través de una página web o una llamada telefónica cuando una persona da positivo en las pruebas de coronavirus y se le pide que se aísle durante 10 días. El NHS también puede solicitar y recopilar información sobre cualquier persona que haya estado en contacto con la anterior.
La línea de separación entre el sistema de salud y la policía ha desaparecido.
En virtud de la reforma del Reglamento de Protección de la Salud, la policía puede acceder a los datos obtenidos en las pruebas y el rastreo “con el fin de prevenir, investigar, detectar o perseguir las infracciones de este Reglamento”.
Las infracciones incluyen la celebración de reuniones multitudinarias de más de 30 personas o la apertura de un local comercial que haya sido objeto de una orden de cierre en virtud de las normas de contención del coronavirus.
El gobierno ha aprobado esta reforma sin contar con el Parlamento.
La confidencialidad de los informes médicos es la base de cualquier sistema sanitario público y, sin embargo, el gobierno británico ha acabado con ella cuando más necesaria es.
La nueva norma disuadirá a la población de hacerse pruebas de coronavirus o de proporcionar información médica a nadie, y menos al sistema de salud.
No es la primera vez que el gobierno británico es criticado por sus ataques a la confidencialidad médica. El verano pasado se reveló que la aplicación de localización de contactos del NHS británico violaba las leyes de protección de datos y almacenaba informes personales de los usuarios durante 20 años.
No sólo los datos confidenciales divulgados por el NHS suscitan una preocupación creciente, sino que la forma en que se recogen estos datos también infringe las libertades fundamentales.
Se supone que la aplicación de rastreo de contactos del NHS es obligatoria, pero a los ciudadanos británicos se les niega el acceso al trabajo si no la utilizan. Además, los usuarios han sido amenazados con visitas de la policía si se niegan a descargar la aplicación.
La policía del Reino Unido también ha sido criticada por tomar medidas contra los ciudadanos que han infringido el confinamiento y por pretender entrar en los domicilios privados de los sospechosos de infringir las medidas sanitarias.
(*) https://www.legislation.gov.uk/uksi/2021/97/regulation/4/made
Al menos 24 ancianos de un asilo de Pemberley House de Basingstoke, Hampshire, murieron tras recibir las primeras vacunas contra el coronavirus. En tres semanas han muerto más de un tercio de los recluidos en el asilo.
Además, la vacunación ha desatado un número inusual de contagios, uno de los peores brotes conocidos hasta la fecha. El brote se notificó por primera vez el martes 5 de enero, y el 60 por ciento de los residentes dieron positivo en los tests de coronavirus.
El asilo puede albergar hasta 72 ancianos y está gestionado por la empresa privada Avery Healthcare, que cobra alrededor de 1.350 libras esterlinas a la semana por la atención residencial.
El brote comenzó cuando los residentes empezaron a recibir las primeras vacunas contra el coronavirus, pero la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) asegura que no hay pruebas de que la vacuna fuera responsable de las muertes.
Sin embargo, en otro asilo, Seagrave House, en Northamptonshire, otros nueve ancianos murieron también después de recibir la vacuna. El asilo está administrado por la empresa privada.
El consejo del gobierno de la MHRA afirma que “no se puede contraer Covid-19 a través de la vacuna, pero es posible que se pueda contraer Covid-19 y no tener síntomas hasta después de la cita de vacunación”, y añade que pueden pasar “una o dos semanas” después de la primera dosis para desarrollar la protección.
Un portavoz de la empresa dijo: “Estamos profundamente entristecidos por la pérdida de varios de nuestros residentes en nuestra residencia de ancianos de Basingstoke, y nuestros pensamientos están con todos los familiares y amigos que han perdido a sus seres queridos durante este momento tan difícil”.
“El personal ha trabajado y sigue trabajando incansablemente durante la pandemia para proteger a los residentes y a los demás. Nuestra prioridad sigue siendo apoyar el bienestar de los residentes, las familias y el personal mientras trabajamos juntos para superar esta prueba».
<h6>https://www.dailymail.co.uk/news/article-9198345/24-elderly-residents-die-Hampshire-second-tragedy-Midlands-leaves-nine-dead.html
https://www.dailyecho.co.uk/news/19043944.coronavirus-outbreak-22-deaths-pemberley-house-care-home/</h6>