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Día: 21 de enero de 2021 (página 1 de 1)

Israel cuestiona la vacuna: más de 12.000 personas han dado positivo tras ser inoculadas

Más de 12.400 personas han dado positivo en el test de coronavirus en Israel después de recibir la vacuna de Pfizer. Esta cifra incluye a 69 personas que recibieron la segunda dosis, según el Ministerio israelí de Sanidad.

El responsable del gobierno de Israel encargado de la pandemia, Nachman Ash, dijo que la primera dosis de la vacuna de Pfizer proporciona menos protección contra el coronavirus de lo que la empresa farmacéutica estadounidense había indicado inicialmente.

También advirtió que puede que no proteja contra las nuevas cepas del virus.

Ash cuestionó hoy la eficacia de la vacuna, informó la Radio del Ejército el martes por la tarde, según indica la Agencia AJN. Mucha gente se infectó entre la primera y la segunda dosis de la vacuna de Pfizer, dijo Ash.

“Parece ser que la protección ofrecida por la primera dosis es menos efectiva de lo que habíamos pensado”, dijo. Los datos sobre el efecto protector contra el virus de la primera dosis son “más bajos de lo que Pfizer presentó”, agregó.

Más de dos millones de israelíes recibieron su primera dosis de Pfizer y, hasta el momento, más de 400.000 fueron vacunados con la segunda. El país es el que más rápido avanza en el mundo con la vacunación en términos de población.

https://cactus24.com.ve/al-menos-12-mil-personas-dieron-positivo-a-covid-a-pesar-de-haber-recibido-vacuna-pfizer/

Muere un anciano en Castellón después de recibir la vacuna en el asilo

Un anciano que ya tenía puesta las dos dosis de la vacuna de Pfizer ha fallecido en el asilo Viver de las Aguas, en el municipio de Viver, en Castellón. No ha trascendido su nombre.

El primer pinchazo se lo administraron el 29 de diciembre y el segundo el 19 de enero.

En el asilo no se había detectado ni un sólo caso de coronavirus a lo largo de toda la pandemia y tras la vacunación de los ancianos, ya tienen el suyo.

El fallecido fue vacunado el pasado 29 de diciembre, al igual que el resto de los residentes del asilo privado. A los días de haberse vacunado esta persona residente sufrió un accidente y fue trasladado a un hospital. Allí le sometieron a un test PCR y el resultado fue positivo. Gracias a ello, los “expertos” aseguran que ha muerto… de coronavirus. No han necesitado realizar ninguna autopsia.

La aparición de la infección motivó que se realizaran pruebas a los residentes y a los trabajadores del centro y que se confirmara el brote en un asilo que hasta entonces no había registrado ni un solo caso.

El pasado mes de octubre, cuando el coronavirus volvió a aparecer en la Comunitat Valenciana, el asilo decidió cerrar las puertas y el contacto de los residentes con los familiares pasó a ser meramente telefónico, o como mucho, llegaron a verse desde la zona del jardín unos y desde la vía pública los otros.

Cuando después de realizar las PCR empezaron a aparecer resultados positivos en el centro, tanto entre los encerrados como entre los trabajadores, el brote se comunicó a las familias.

No es la primera vez que detectan contagios en un asilo después de haber vacunado a los ancianos. En otra localidad de la provincia de Castellón, en Vinaròs, el pasado lunes se comunicó que se habían detectado 21 positivos. Las dosis de Pfizer se administraron en esa residencia el pasado 31 de diciembre.

El 4 de enero realizaron pruebas a todos los ancianos y trabajadores del asilo de Vinaròs y los resultados fueron todos negativos. Pero era otro de los muchos “erores”: después de que un anciano presentara síntomas, se realizó una nueva prueba el 9 de enero y en ella 14 ancianos dieron positivo esta vez, al igual que cinco trabajadores y dos monjas.

Es una lotería que se ha reproducido en numerosos asilos, donde han empezado a aparecer “contagios” después de recibir las vacunas.

https://www.diariosur.es/sociedad/salud/muere-covid19-anciano-20210115113640-ntrc_amp.html

Sin confinamiento ni restricciones: 7 muertos por coronavirus en Taiwán

A medida que se van conociendo más datos sobre la pandemia, los “expertos” muestran su perplejidad abiertamente. No nos referimos a los patanes que salen en los platós de televisiones, sino a los que se ven obligados a confrontar sus doctrinas con la realidad, que es el fundamento mismo de laa ciencia.

Las revistas médicas, como The Lancet, son buena muestra de esos balbuceos y recientemente le ha tocado el turno a Taiwán, una isla lo suficientemente cercana a China continental como para temer que la pandemia tuviera un crecimiento explosivo. Cuando en enero del año pasado comenzó la ola de histeria, los “expertos” pronosticaron que Taiwán tendría el mayor número de “casos” fuera de China continental (1). Se volvieron a equivocar.

Pero una vez más, las expectativas no se han cumplido, a pesar de que Taiwán ha adoptados menos medidas restrictivas que Suecia. El gobierno isleño se ha limitado a realizar pruebas de coronavirus en la frontera y a introducir algunos controles menores. A pesar de ello, las cifras de la pandemia son elocuentes: ha tenido 7 muertos y 573 “casos” para una población cercana a los 24 millones y una de las mayores densidades de población por kilómetro cuadrado.

Los fallecidos tenían edades comprendidas entre los 40 y 80 años y la mayoría padecía problemas de salud previos.

Esa paradoja ha obligado a los “expertos” a volver a saltar al ruedo para explicar lo inexplicable (2) y sus argumentos, que carecen de cualquier apoyo probatorio, son de una inconsistencia preocupante porque los hechos apuntan hacia otra quiebra de la doctrina del contagio y de las medidas de prevención aprobadas para prevenirlo.

Como en otros países asiáticos, también en Taiwán muchas personas se ponen mascarillas desde hace años a causa de la contaminación, pero no todos las llevan y, desde luego, los unos no atosigan a los otros para que se la pongan.

Gracias a la experiencia previa del Sars de 2003, Taiwán disponía de equipos para realizar pruebas de coronavirus en masa desde el primer momento, pero no lo hizo. Sólo relizó tests a una persona por cada 100.000 habitantes.

Esa política sanitaria, que contradice las recomendaciones del la OMS, es correcta y se inscribe en un marco más amplio que alcanza a los medios de comunicación: Taiwán no ha desatado la histeria ni la intimidación entre la población y los trabajadores sanitarios.

En relación con ello hay que poner la política informativa del gobierno frente a la no-pandemia, que consistió en informar abierta y verazmente de la situación, sin estridencias, ni alarmas innecesarias. “El secreto es no tener secretos”, dice La Razón (3). No todos los gobiernos pueden decir lo mismo.

En una situación de histeria, lo más difícil es mantener la serenidad y el gobierno de Taiwán lo ha logrado por su experiencia previa con el Sars, que tuvo uno de sus epicentros más importantes precisamente en la isla.

Otra de las explicaciones del éxito de Taiwán es simple: no pertenece a la OMS. Por eso mismo es completamente lógico que la OMS se niegue a reconocer la eficacia de política sanitaria contra la pandemia implementada en Taiwán (4): se han quedado con el culo al aire.

(1) https://www.dw.com/es/as%C3%AD-es-como-taiw%C3%A1n-logr%C3%B3-contener-el-brote-de-coronavirus/a-52737879
(2) https://www.thelancet.com/journals/lanwpc/article/PIIS2666-6065(20)30044-4/fulltext
(3) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52101470
(4) https://www.larazon.es/actualidad/20200405/jbbtuu7b5zbs5jryrvzwelfvbe.html

En Cuba no hay pandemia pero el gobierno hace como si la hubiera

A falta de argumentos propios, los reformistas acogen los de autoridad, remiténdose a lo que dicen y hacen algunos gobiernos del mundo que a ellos les sirven de referencia, como el cubano. La política del gobierno cubano frente a la pandemia, es equivalente o muy parecida a la de los demás, lo cual demuestra que la salud pública es ciencia pura: está por encima de las clases y de la lucha de clases.

Cuba avala las políticas sanitarias canónicas de la OMS, como avala -por cierto- muchas otras cosas (que son altamente discutibles).

También hay otra coincidencia con otras políticas de otros países del mundo: las medidas restrictivas implementadas en Cuba no tienen su origen en ninguna pandemia y, por lo tanto, las motivaciones reales hay que buscarlas en otro lugar.

En Cuba no ha habido y no hay ninguna pandemia. El número de muertos que se atribuyen al coronavirus es de 167, una cifra insignificante, sobre todo si se tienen en cuenta que en la isla fallecen anualmente más de 100.000 personas. No aparece, pues, ningún exceso de mortalidad.

Si se examina el catálogo de enfermedades con mayor efecto sobre la mortalidad en la isla, las cifras del coronavirus ni siquiera aparecerían. Por ejemplo, a la neumonía y la gripe se le atribuyen más de 8.000 muertes al año. Las enfermedades respiratorias causan más de 4.000.

Si la pandemia hubiera tenido la más mínima incidencia en Cuba, las televisiones nos hubieran saturado con “informaciones” y, sobre todo, con imágenes.

A nadie debería caberle ninguna duda de que Cuba tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Desde luego que ningún otro en América Latina se le aproxima siquiera. La mortalidad infantil (4,2 por cada mil nacimientos) es inferior a la de Estados Unidos.

Pero al mejor cirujano se le queda un enfermo en la mesa de operaciones y lo mismo ocurre con la política sanitaria, cuya vinculación con la política económica es en Cuba más evidente aún que en otros países. La Isla exporta sanidad. Es su mayor fuente de divisas, muy por encima del turismo. En 2019 la sanidad cubana aportó 6.400 millones de dólares para equilibrar la balanza de pagos.

Al mercado internacional no se puede ir con mercancías alternativas; hay que competir con las mismas reglas del juego y por eso Cuba hace y dice lo mismo que la OMS y la mayoría de países del mundo. Cuba no necesita confinamientos, ni mascarillas. Tampoco necesita vacunas, pero ha creado una, no para vacunar a su población sino porque tiene intención de venderla a los países que se la demanden.

Como el resto del mundo, a falta de enfermos, Cuba envuelve su política sanitaria contra la pandemia en una nube ficticia de “casos”, “positivos” y “contagiados” que, desde el punto de vista médico son irrelevantes porque son personas completamente sanas.

La política sanitaria es tanto peor cuanto más se supedita a la política económica, aunque en el caso de Cuba hay que agradecer que con el coronavirus no haya llegado a los extremos aberrantes que alcanzó con otra pandemia anterior: la del Sida.

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