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Mes: diciembre 2020 (página 3 de 14)

La naturaleza clasista del confinamiento: el caso de Rusia

El 84 por ciento de los niños rusos confinados en sus casas presentan síntomas más o menos graves de trastornos mentales, según una investigación del Ministerio de Salud.

La mitad de los trastornos son depresiones y la otra mitad astenias, sin mencionar la desmotivación por el aprendizaje.

El Ministerio de Sanidad ruso ha publicado los resultados de un estudio sobre las consecuencias de la enseñanza a distancia (*) que confirma las preocupaciones de quienes reclaman el fin del confinamiento.

Hay que aclarar que la investigación se ha llevado a cabo sólo en las escuelas públicas porque sólo en ellas han impuesto la enseñanza en línea, lo cual demuestra, por enésima vez, la naturaleza clasista y no sanitaria de la pandemia. ¿Acaso el virus circula más en las escuelas privadas que en las públicas?

El hecho es que, una vez más, han sido los niños más desfavorecidos los que se han visto sometidos a un experimento de desocialización y enseñanza a distancia cuyas peores consecuencias se manifestarán a largo plazo.

Ninguno de estos experiimentos absurdos tienen explicación: los negocios -igualmente privados- de hostelería se deben cerrar por el toque de queda, pero las escuelas privadas deben permanecer abiertas porque -al parecer- el virus se frena a sus puertas.

El cierre de las escuelas públicas es, pues, otro experimento de educación a distancia, que supone la negación misma de la educación a aquellos niños que no se pueden pagar una formación presencial. En otras palabras, es el fin de la educación universal.

Lo que no podemos ni siquiera suponer como hipótesis es que al gobierno ruso no le importa la salud de los niños ricos y por eso permite que se contagien yendo a la escuela.

Evidentemente es al revés: lo que no le importa es la salud de los niños pobres y con el pretexto de su salud física aniquila su salud síquica. De ahí que, como otros gobiernos del mundo, el ruso haya comenzado a incrementar los presupuestos dedicados a la atención sicológica y a la salud mental… aunque la atención sicológica sea también a distancia, es decir, que nunca podrá ser tal atención.

Están habituando a los niños desde pequeños a permanecer encerrados en sus casas, con un móvil en la mano o ante una pantalla de televisión. Es el intento de destruir una generación y moldear una sociedad de discapacitados permanentes.

(*)https://www.kommersant.ru/doc/4616598?from=main_11

Las operaciones de bandera falsa contra Rusia involucran ataques informáticos igualmente falsos

Primero el Kremlin se apoderó de Crimea. Luego envenenó a los Skripal en Gran Bretaña y a Navalny en Alemania. También llegó a un acuerdo con Trump para colarse por la puerta trasera en los despachos de la Casa Blanca. La última canallada son los ataques a los servidores informáticos del Pentágono.

En Estados Unidos ya aparecen libros sobre las mil y un fechorías de Putin, junto a otros que destapan las cortinas de humo. De los primeros se hacen eco agencias como Reuters (1), así que damos la información por recibida. Queda hablar de los otros para ver el lado oscuro de la Luna.

El investigador británico David J. Blake acaba de publicar “Loaded for Guccifer 2.0”, donde asegura que se trata de operaciones de bandera falsa de Estados Unidos y la OTAN destinadas a contener a Rusia o, en otras palabras, cortinas de humo, pura intoxicación mediática (2).

Otros investigadores independientes, como Stephen McIntyre, en el sitio “The Forensicator” (3), ya advirtieron que la piratería informática rusa es ficción para consumo propagandístico.

Ahora Blake reitera que las operaciones sicológicas y las acusaciones de piratería contra Rusia las iniciaron Estados Unidos y la OTAN en 2014, tras el Golpe de Estado en Ucrania, cuando Rusia recuperó el control de la península de Crimea y apoyó la secesión del Donbas.

Dichas operaciones se inspiraron en los piratas CyberBerkut de Ucrania y Guccifer de Rumania. En 2014 la OTAN creó un “Fondo Fiduciario de Ciberdefensa” para desatar operaciones falsas de piratería informática contra Estados Unidos y otros miembros de la OTAN, que luego serían atribuidas a los rusos.

El primer caso fue la intrusión en el servidor del Partido Demócrata en 2016 que sirvió de hilo conductor para atacar a Trump. Sin embargo, los correos electrónicos y documentos fueron filtrados por el FBI y el contratista de seguridad cibernética CrowdStrike, cuyo fundador, Dmitri Alperovitch, es miembro del Consejo Atlántico, es decir, un sicario de Estados Unidos y la OTAN.

El pirata Guccifer que se atribuyó la responsabilidad de la intrusión es el propio Alperovitch (4), mientras que la infraestructura técnica, incluyendo el sitio web dcleaks.com, fue proporcionados por contratistas de Estados Unidos y la OTAN en Rumania, un país miembro de la OTAN.

El antiguo director del FBI, Robert Mueller, afirmó que estaba investigando el ataque, que atribuyó a grupos de piratas informáticos rusos que identificó como CozyBear y FancyBear sobre la base de la información proporcionada por CrowdStrike y Alperovitch.

Otras intrusiones, incluyendo la del Parlamento alemán en 2015 (5), también eran de bandera falsa y se basaron en la misma infraestructura técnica controlada por la OTAN. Blake lo demuestra sobre la base de la información archivada de los antiguos propietarios de las direcciones IP, servidores de nombres y certificados de seguridad SSL, todos los cuales apuntan al Pentágono, la OTAN y el gobierno ucraniano.

En el caso de la penetración en los servidores del Partido Demócrata, Blake afirma que CrowdStrike añadió “huellas dactilares rusas falsificadas” incrustando documentos de CyberBerkut previamente publicados. Sin embargo, CrowdStrike cometió varios errores técnicos que revelan su zona horaria en Estados Unidos (6).

Las informaciones sobre los falsos piratas rusos no revelan ningún dato o sólo detalles insignificantes. Pero algunas preguntas siguen sin respuesta, como el papel del funcionario asesinado del DNC, Seth Rich, y la verdadera fuente de Wikileaks.

(1) https://lta.reuters.com/article/eeuu-ciberseguridad-idLTAKBN28O23E
(2) https://loadedforguccifer.wordpress.com
(3) https://theforensicator.wordpress.com/cf-files-metadata-analysis http://g-2.space/
(4) https://defyccc.com/wp-content/uploads/CrowdStrike-Guccifer-2.0.pdf
(5) https://www.abc.es/internacional/abci-merkel-confirma-autoria-rusa-ataque-informatico-parlamento-aleman-202005131754_noticia.html
(6) http://g-2.space/

La primera reacción alérgica grave a la vacuna Moderna aparece en Estados Unidos

El primer caso de reacción alérgica a la vacuna de Moderna ha aparecido en un médico de Estados Unidos, según el New York Times. El paciente se recuperó rápidamente de la alergia gracias al tratamiento. La empresa dijo que estaba dispuesta a estudiar el incidente, pero se negó a comentar el caso.

El oncólogo geriátrico del Centro Médico de Boston, Hossein Sadrzadeh, reconoció que había desarrollado una reacción alérgica grave minutos después de recibir una inyección de la vacuna Moderna el 24 de diciembre.

“Después de recibir la vacuna, estaba taquicárdico, pero sentí que era ansiedad porque me asusté después de enterarme de las reacciones a la vacuna de Pfizer en Estados Unidos, especialmente para los alérgicos a los mariscos como yo”, dijo Sadrzadeh a la CNN.

Añade que su ritmo cardíaco pasó a 150 cuando normalmente es de 75. Según él, seis o siete minutos después de la inyección de la vacuna, tuvo un extraño hormigueo y entumecimiento en la lengua y la garganta.

En un comunicado, un portavoz del Centro Médico de Boston confirmó que el doctor Sadrzadeh recibió la vacuna de Moderna el jueves. Según el documento, el doctor sintió que estaba desarrollando una reacción alérgica. Se le permitió autoadministrarse su EpiPen personal.

Fue trasladado a la sala de emergencias, evaluado, tratado, observado y dado de alta. Ya está mejor.

Moderna dijo que estaba dispuesta a investigar el incidente con cuidado, pero que no comentaría un caso aislado de reacción alérgica. Según el New York Times, este es el primer caso de una reacción alérgica causada por la vacuna de Moderna.

Tales efectos secundarios ya han sido reportados en Estados Unidos para la vacuna desarrollada conjuntamente por Pfizer, la competencia de Moderna.

https://www.nytimes.com/2020/12/25/health/Covid-moderna-vaccine-allergies.html

Ha muerto George Blake, el agente doble que espió al gobierno británico para el KGB

Ha muerto George Blake, el agente doble que espió al gobierno británico para el KGB durante la Guerra Fría. La información ha sido difundida por el portavoz de la inteligencia rusa (SVR), Serguei Ivanov, a través de la agencia de prensa Tass.

“El legendario oficial de la inteligencia […] George Blake, falleció hoy. Amaba sinceramente nuestro país y admiraba las proezas de nuestra gente durante la Segunda Guerra Mundial”, ha dicho Ivanov.

Tenía 98 años de edad y una de las biografías más fascinantes del siglo pasado. Era el último de los grandes espías con vida, de los topos que la antigua Unión Soviética logró reclutar en plena Guerra Fría. Propinó a la CIA algunos de los más duros reveses de su historia, como ya expusimos en otra entrada.

Antiguo miembro de la resistencia antifascista en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, se hizo agente del MI6, el servicio de inteligencia exterior británico durante la Guerra Fría. Blake ofreció sus servicios a los soviéticos en los años 50, tras haber sido testigo de los bombardeos estadounidenses contra los civiles en Corea, donde estaba destinado.

Suministró los nombres de centenares de espías al KGB, algunos de ellos ejecutados por la inteligencia rusa, y reveló la existencia de un túnel secreto en Berlín-Este, usado para espiar a los soviéticos, desbarando así la Operación Oro. Fue denunciado por un agente doble polaco y condenado en 1961 a 42 años de cárcel en Gran Bretaña, pero consiguió escaparse cinco años más tarde con ayuda de una cuerda y del apoyo de sus compañeros de celda.

En su rocambolesca huida logró atravesar el Telón de Acero y pasó al este. En Moscú se le consideró un héroe y recibió el rango de coronel de los servicios de inteligencia soviéticos.

En 1990 publicó su autobiografía en Moscú, titulada: “No hay opción”.

Era sobrino del dirigente comunista egipcio Henri Curiel, asesinado en París en 1978, de quien hablamos en una entrada anterior.

Más información:
– El oscuro espía del KGB que infligió a la CIA el mayor golpe de su historia
– El primer ciudadano del Tercer Mundo

El Tribunal Constitucional de Austria prohibe las mascarillas en las escuelas

Tras la declaración oficial de pandemia, en mayo el gobierno austriaco, una coalición de reaccionarios y ecologistas, impuso dos medidas a los colegios públicos. Una fue el uso obligatorio de mascarillas por los jóvenes y los docentes y el otro la división de las aulas para que acudieran alternativamente unos días una parte de los alumnos, que el resto de la semana debían permanecer en sus domicilios.

Todas las personas presentes en los edificios escolares, excepto durante el recreo, debían llevar un dispositivo de protección, cubriendo la boca y la nariz, decía la orden gubernamental.

Desde entonces los padres de dos niños iniciaron un calvario judicial que acabó el miércoles en el Tribunal Constitucional con la declaración de que las mascarillas obligatorias y la alternancia de clases violaban el principio de igualdad, el derecho a la intimidad y el derecho a la educación.

Ambas medidas tomadas por el gobierno son “ilegales”, según el Tribunal Constitucional, porque el ministro de Sanidad no ha sido capaz de explicar de manera comprensible por qué considera necesarias las medidas controvertidas para frenar la pandemia.

En Austria las mascarillas ya padecieron un revés el mes pasado. El Ministerio de Salud encargó a las cuatro universidades austríacas un estudio para analizar la propagación del coronavirus en las escuelas. La conclusión fue que había “poca” y, además, que no había “una diferencia significativa entre los niños y los maestros”.

Los investigadores realizaron pruebas a 10.156 alumnos y profesores asintomáticos de primaria y secundaria al azar en 243 escuelas de todo el país entre el 28 de septiembre y el 22 de octubre. Sólo 40 de ellos eran portadores del virus, con una prevalencia del 0,39 por ciento. Entre los niños, el 0,37 por ciento eran positivos, en comparación con el 0,57 por ciento de los adultos, una diferencia demasiado pequeña para ser significativa, según el estudio.

Lo mismo que en otros países, en Austria la obligatoriedad de las mascarillas ha sido poco más que un cachondeo. En marzo quisieron imponerla sólo en los supermercados, porque no había para toda la población. “La situación en el mercado mundial es tensa”, dijo el canciller austriaco Sebastian Kurz el 29 de marzo.

¿Cómo remediar la obligatoriedad cuando hay carencia? La solución la dio el propio Kurz: las mascarillas caseras también sirven, siempre y cuando cubran la boca y la nariz de las personas. Cualquier trapo era suficiente. Una auténtica tomadura de pelo.

En Chequia ocurrió algo parecido. Desde el primer minuto obligaron a la población a ponerse unas mascarillas que no existían y el Presidente del gobierno, Andrej Babis, escribió en su cuenta de Twitter que bastaba con ponerse una de tela porque reducía la propagación del virus en un 80 por ciento.

En Eslovenia fue mucho peor: además de las mascarillas obligaron a la población a ponerse guantes. El delirio ha alcanzado grados muy diversos según cada gobierno.

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Addenda:

Con escasas excepciones, los medios de todo el mundo han callado la noticia, que apareció en revistas especializadas, como Medical Express:

https://medicalxpress.com/news/2020-12-austrian-court-overturns-virus-mask.html

Pero no es de actualidad, porque desde julio una parte sustancial de la legislación represiva aprobada por el gobierno austriaco durante la primera ola de la pandemia ha sido derribada por el Tribunal Constitucional.

Desde entonces la prensa local lleva despotricando por el desprecio que muestra hacia los derechos fundamentales, mientras fuera de Austria el resto de medios guarda silencio.

Que en julio el Tribunal Constitucional anulara una parte de las medidas represivas aprobadas con el pretexto de la pandemia sólo era cuestión de tiempo, dijo el periodico Wiener Zeitung:

https://www.wienerzeitung.at/meinung/leitartikel/2068898-Blamage-mit-Anlauf.html

“La Constitución no es sólo un pasatiempo para los juristas, sino que sirve para proteger los derechos fundamentales”, expuso Der Standard sobre la primera sentencia contra las medidas gubernamentales:

https://www.derstandard.at/story/2000118923354/ein-urteil-gegen-schlamperei-in-der-corona-politik

El mes pasado el gobierno austrico amenazó a los profesores que se negaron a hacerse las pruebas de coronavirus a ponerse mascarillas en la aulas:

https://www.thelocal.at/20201125/austria-teachers-who-refuse-coronavirus-tests-may-be-forced-to-wear-ffp2-masks-in-classroom

Sin embargo, la prensa de Malasia sí publica la noticia:

https://www.malaysianow.com/out-there-now/2020/12/24/austrian-court-rules-split-classes-masks-in-schools-illegal/

Pero ¿por qué las grandes cadenas de comunicación de todos los países se callan como perros?, ¿les gustan las cadenas?

El FBI publica los documentos que relacionan al hijo de Biden con Ucrania

Desde hace un año el FBI tiene en su poder los correos electrónicos del hijo de Biden fechados en abril de 2014, poco después del Golpe de Estado fascista, que reflejan dos acontecimientos paralelos: el viaje oficial del padre a Kiev y la entrada del hijo en la dirección de Burisma, la empresa ucraniana de gas.

El FBI los ha mantenido en secreto hasta ahora para no perjudicar a Biden en las elecciones presidenciales. De esa manera los medios pudieron decir que no había pruebas, que se trataba de un bulo de Trump y últimamente de desinformación procedente de Rusia.

Mientras el padre se dedicaba a la política, el hijo orquestaba los chachullos. En los mensajes el joven Biden se refiere a su padre como “el grandote” o “mi chico”, como si fuera el mozo de los recados y su visita oficial a Kiev era un “valor añadido” para la empresa, que debía pagarle la correspondiente coima.

El hijo de Biden, abogado de profesión, ha cimentado su carrera en medio de la mugre, de los grupos de presión, los enchufes y las prebendas, y el Golpe de Estado de Ucrania no era más que otro servicio al cliente que BSF, el despacho de abogados Boies Schiller & Flexner, al que pertenece Biden, debía facturar.

Ascendía a 25.000 dólares mensuales, “con honorarios adicionales si es necesario para el trabajo adicional que se pagará a BSF para nuestra protección”, escribió Biden hijo en uno de sus mensajes, lo cual era independiente “de nuestros respectivos acuerdos relativos a la participación en la Junta Directiva”.

Era una máquina tragaperras. La empresa ucraniana pagó 250.000 dólares a BSF el 5 de julio de 2014 y más de 3 millones de dólares hasta 2016 a una empresa relacionada con Biden y su socio Archer, llamada Rosemont Seneca Bohais.

Los correos electrónicos fueron entregados al FBI en diciembre pasado como parte del disco duro de un ordenaador portátil que pertenecía a Hunter Biden y que había sido “olvidado” en un taller de reparación de Delaware. El dueño del taller, John Paul Mac Isaac, les dio una copia del disco duro bajo la amenanza de comparecer ante un gran jurado.

El abogado de Mac Isaac, Brian Della Rocca, confirmó que los correos electrónicos estaban en el disco duro de Biden. Pero al principio ambos, el padre y el hijo, dijeron que era “desinformación rusa” para alterar las elecciones.

Hasta el director de inteligencia, John Ratcliffe, tuvo que salir al paso para afirmar que los Biden mentían. Ahora el disco duro está aportado como prueba ante los tribunales. Por lo demás, los mensajes corroboran las informaciones obtenidas por otras fuentes, incluidos los testigos que ya han declarado sobre el asunto.

Más información:
– Elecciones y guerra sucia: comienza la carrera electoral hacia la Casa Blanca
– La segunda destitución de Trump pasa por Ucrania (que no está muy lejos de Rusia)
– Cuanto más internet, más control social
– Un tercio del equipo de transición del Pentágono de Biden está financiado por la industria armamentista

Los grandes monopolios tecnológicos están en la cuerda floja

En muy poco tiempo los gigantes digitales, como Facebook, Amazon o Microsoft, han acumulado tanta riqueza y poder que, en algunos casos, es mayor que el de muchos Estados, entre otros motivos porque su mercado es de alcance mundial.

No es sólo un problema económico. Los monopolios viruales son capaces de cambiar el comportamiento de millones de personas en todo el mundo y de influir sobre las elecciones y, desde luego, sobre las compras y el empleo.

En la medida en que con la “nueva normalidad” se imponga una sociedad sin contacto directo entre las personas, el poder monopolista de las grandes empresas tecnológicas se acrecentará, ganando terreno con la venta al por menor en línea, las redes sociales y el transporte.

El monopolismo se complementa con las bases de datos, la recopilación, el análisis y la compraventa de la información de las empresas y los usuarios.

Pero el monopolismo, como explicó Lenin, es la pescadilla que se muerde la cola. Acumula tanto poder que genera suspicacias, poniendo en marcha diversas cortinas de humo, como la “protección de los consumidores”.

El 9 de diciembre la Comisión Federal de Comercio y 48 estados de Estados Unidos demandaron a Facebook con el objetivo de desmantelar la empresa obligándola a vender dos de sus principales filiales: Instagram y WhatsApp. Lo mismo le ha ocurrido a Google.

El Estado no hizo nada para que Facebook comprara esas empresas y ahora quiere que las venda. Tras la colonización llega la descolonización. Es algo similar a lo que ya ocurrió con Standard Oil y la ATT, por lo que es posible que las consecuencias sean las mismas… o más irrelevantes, incluso.

El gobierno va a tener muchos problemas para fraccionar los monopolios tecnológicos recurriendo a argumentos viejos, como la manipulación de los precios porque la mayor parte de los servicios digitales son gratuitos.

Es posible que lo intenten por medio del control del mercado de la publicidad, una invocación muy endeble.

Desde luego que no van a recordar la manipulación de los algoritmos, la desinformación, las agresiones a la intimidad, la especulación bursátil, la gestión del capital riesgo, el manejo de información privilegiada, la imposición del trabajo precario o la persistente evasión fiscal.

Pero hay algo aún más importante que la teoría económica burguesa califica como “monopolio natural” y que en el mundo virtual es el “efecto de red”: cuantos más usuarios están enganchados a las plataformas digitales, más alta es la barrera de entrada a las nuevas empresas, incapaces de ofrecer niveles competitivos de utilidad a los usuarios. Una empresa que tiene a su página de Facebook como escaparate, no encuentra el mismo mercado en ninguna otra red social.

Los problemas que plantean los monopolios tecnológicos no tienen solución dentro del capitalismo. Para ello habría que nacionalizarlos y convertir a las empresas de telecomunicaciones en servicios públicos, una de cuyas obligaciones fundamentales es preservar la intimidad y la confidencialidad de los datos de sus usuarios.

El papel de Google dentro del complejo militar industrial de Estados Unidos

“No diseñaremos o distribuiremos inteligencia artificial en áreas como armas u otras tecnologías cuyo propósito principal pueda ser causar daño a personas”. “Creemos que Google no debería estar en el negocio de la guerra”.

Sundar Pichai, CEO de Google y de su matriz, Alphabet, hizo esta promesa en público en una entrada del blog de la multinacional. Fue en una publicación de hace dos años, en el que el ejecutivo del buscador más conocido de la red defendía los principios éticos que movían al gigante a la hora de profundizar en la inteligencia artificial.

Además, cientos de trabajadores enviaron una carta pidiéndole a los directivos que dejasen a la empresa al margen de ese “negocio de la guerra”. Dos años después, Forbes revela que este compromiso de Google no era tan férreo como cabía pensar.

A través de GV —antes Google Ventures—, el brazo inversor de la multinacional, la empresa participa en algunas empresas que están ganando muchísimo dinero con contratos con, entre otros, el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En concreto, dos empresas, Orbital Insight y Planet, han ganado más de 30 millones de dólares en contratos con el Departamento de Defensa norteamericano en los últimos 3 años. Y ambas están participadas por GV, un fondo de 5.000 millones de dólares que se separó de Google en 2009 pero que sigue moviendo el dinero de Alphabet.

En 2016 GV entró en Orbital Insight y un año después lo hizo en Planet. La primera, con base en Palo Alto. La segunda, en San Francisco. 

Orbital es una empresa de software que fue fundada por el exdirector de Google Books, James Crawford. Su inteligencia artificial trabaja masivamente con imágenes satelitales, grabaciones de drones y datos de geolocalización de 800 millones de dispositivos móviles para indicarle aparentemente a sus clientes qué cosas han cambiado en la Tierra y por qué importa. Ha sido útil para rastrear la deforestación de la Amazonia, pero también para detectar cabezas nucleares en Corea del Norte o encontrar campos de talibanes en Afganistán.

Planet, por su parte, fue fundada por ingenieros de la NASA y tiene 150 satélites en órbita. Su propósito es crear la mayor constelación de satélites artificiales. Su principal capacidad es la de poder poner en órbita de forma muy barata satélites pequeños. Estuvo valorada en 1.800 millones de dólares en 2018, tras una ronda de financiación. Google se hizo con el 16 por ciento de la empresa, después de entregarle su filial dedicada a lo mismo, Terra Bella, a la propia Planet. Su participación se ha diluido a un 13 por ciento.

Inteligencia artificial para rastrear al enemigo

Orbital, por ejemplo, ha levantado entre febrero del 2017 y julio de este año 10 millones de dólares para desarrollar una inteligencia artificial para el Departamento de Defensa de Estados Unidos en el marco de un programa llamado Datahub, que serviría para, mediante imágenes satelitales, “rastrear patrones de vida del enemigo 24 horas 7 días a la semana, bajo cualquier clima y tanto de día como de noche en grandes áreas”, según unos documentos presupuestarios del Pentágono.

GV ha estado en todas las rondas que ha protagonizado Orbital, tanto en la Series A de 9 millones de 2015. Lideró la del año siguiente, de 15 millones. La última ronda en la que GV participó de Orbital fue en una Series D, en noviembre del año pasado, que levantó 50 millones de dólares. La empresa, por lo menos, también participa en proyectos humanitarios. Pero la mayor parte de sus ingresos dependen de sus lazos con agencias de inteligencia y militares norteamericana.

Esto es algo que no tiene muy contentos incluso a gente dentro de la propia empresa. Según un antiguo responsable de equipos, Orbital entiende que su tecnología nunca se podrá utilizar para identificar objetivos de un bombardeo. “Pero una vez identificas un edificio para el gobierno, este hará lo que quiera con él”, reconoce.

Orbital perdió el contrato del programa Datahub, pero eso no quiere decir que la empresa no quiera nuevas adjudicaciones de la defensa estadounidense: según los registros, la empresa ha gastado 300.000 dólares en hacer lobby en el Congreso estadounidense.

Solo los gobiernos son buenos clientes

Planet, por su parte, ha levantado incluso más capital que Orbital: alrededor de 400 millones de dólares desde que fue fundada en 2010. El negocio de Planet es similar al de Orbital Insight en tanto que es una mezcla de cuestiones humanitarias, clientes privados y contratación gubernamental. Y de hecho espera aumentar su colaboración con la administración estadounidense en los próximos años.

Lo intentará gracias a un contrato llamado EnhancedView de la Oficina de Reconocimiento Nacional de Estados Unidos, que provee a la administración norteamericana de imágenes de satélite, y quiere ser la principal proveedora de este tipo de recursos a las instituciones de la potencia.

Una aplicación que permite comunicarse a través de la mirada

Sin embargo, tres extrabajadores de la empresa aclaran que ha habido malestar en la plantilla por los contratos de defensa, lo que ha desembocado en que varios de ellos abandonasen la empresa. «Inicialmente, la empresa era muy altruista. Querían lanzar satélites en beneficio de todo el mundo (…) Después descubrieron que en realidad los que pueden pagar grandes cantidades por esta tecnología solo son los gobiernos».

Uno de los antiguos trabajadores de la empresa incide incluso en que Planet oscila en una fina línea entre lo que dicen sus directrices éticas y lo que el gobierno estadounidense les exige.

Estas dos, además, no son las únicas empresas implicadas en el negocio de la guerra en las que Google participa de un modo u otro. GV también está invirtiendo en rondas de SpinLaunch, una empresa que quiere poner satélites en órbita utilizando una suerte de brazo-catapulta todavía en desarrollo. Aunque la idea en un principio no tiene por qué ser militarista, la empresa consiguió en 2019 un contrato de 2,5 millones de dólares con la Unidad de Innovación en Defensa del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En otras palabras: SpinLaunch, en la que participa GV, el brazo inversor de Google, pronto podría estar colaborando en el despliegue de más satélites espías del ejército estadounidense.

https://www.businessinsider.es/invierte-google-industria-guerra-forbes-779475

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