La web más censurada en internet

Día: 10 de noviembre de 2020 (página 1 de 1)

‘No hay un exceso de mortalidad por coronavirus en Argentina’, dice el antiguo viceministro de Sanidad

El antiguo viceministro de Sanidad de Argentina, Néstor Pérez Baliño, ha afirmado en la cadena de radio 99.9 que los números del coronavirus son similares a los que el año pasado tuvieron la gripe y la neumonía.

El impacto del coronavirus en la Argentina ha tenido distintos puntos de análisis, pero un factor en común: un seguimiento cotidiano de cifras de contagios y muertes como no ha sucedido con otro tipo de afecciones similares en años anteriores.

Pérez Baliño hizo un desglose comparándolo con cifras de fallecimientos por gripes o problemas respiratorios el año pasado. Los resultados, los comentó en la radio: “Tenemos que analizar qué nos pasó y dónde estamos ahora. Nos pasó que el confinamiento estricto no tuvo el efecto esperado y Argentina hoy está entre los países con mayor mortalidad y contagiosidad por cantidad de habitantes”.

Para el cardiólogo hay otras medidas que resultan más efectivas que el confinamiento: “Tenemos que ver en qué situación estamos, porque las medidas extremas nunca son buenas ,y menos atemorizar a la población. El trastorno de salud mental, trae problemas inmunológicos”.

Los números que se repiten día a día en los medios, no están por encima de los que se tuvieron el año pasado: “La mortalidad en Argentina del coronavirus vino a desplazar a la mortalidad que se producía por gripe y neumonía. El año pasado hubo cerca de un millón de personas contagiadas por gripe y neumonía, es decir, los que tenían síntomas. De ellos fallecieron cerca de 32.000 pacientes. Todos los años sucede esto. Este año llevamos algo más de un millón de contagios, aunque ahora se testean casos asintomáticos porque se los busca, y estamos en el mismo número de fallecimientos”.

Este tipo de actividad viral suele suceder todos los años, pero va mutando la forma: “Es habitual en las virosis. La que llega primero genera la mayor mortalidad. Se llama sustitución mórbida. No tenemos un exceso de mortalidad, pero eso no quiere decir que no haya que cuidarse”.

El miedo que se ha instalado genera cambios en la vida de las personas: “No debemos tener la sensación de que vamos caminando y al lado nuestro pasa gente con coronavirus que nos puede contagiar. La población que está infectada es muy baja. Cuando uno va en su actividad, en la calle, no tiene que ir tan atemorizado”.

Para el doctor Pérez Baliño la diferencia radica en el seguimiento diario de contagios y muertes: “Estamos en una situación similar a la de todos los años, pero esta vez la población conoce los números. Como es un virus nuevo, hay que tener más precaución hasta que empiece a bajar la circulación”.

Una guerra contra la clase trabajadora bajo el disfraz de una guerra terapéutica

¿Cómo se puede mantener la epidemia para justificar y legitimar el golpe de estado sanitario moderno llevado a cabo con medios altamente tecnológicos de condicionamiento psicológico, si no es mediante una política médica medieval? Porque la actual crisis sanitaria es sobre todo una crisis del sistema de salud, incapaz de gestionar una simple epidemia de gripe por falta de medios médicos y de material sanitario sacrificado en el altar del capital.

¿Cómo se puede justificar y legitimar la aceleración de la destrucción de infraestructuras económicas consideradas obsoletas desde el punto de vista del gran capital, si no es mediante una segunda ola de propaganda sanitaria viral, basada en un tratamiento de la información que produce ansiedad y es capaz de provocar psicosis colectiva?

Hoy en día, el toque de queda, que ha hecho arder todas las libertades individuales con el ruido de las botas (*), acaba de ser superado por un nuevo confinamiento penitenciario, una política de arresto domiciliario forzoso que el peor dictador nunca podría haber imaginado.

La política de confinamiento es el último intento desesperado de un sistema capitalista en recesión, acelerado por la irrupción del coronavirus al que falsamente culpa del colapso de la economía, para tratar de resolver las contradicciones del capital mediante una operación de destrucción de infraestructuras “arcaicas”, que se han vuelto inoperantes para la valorización del capital, con el fin de reconstruir un nuevo orden mundial basado en una economía digital desmaterializada, con una mano de obra catatónica y atomizada, dispuesta a aceptar condiciones de trabajo extremadamente desventajosas para asegurar su supervivencia.

Ya a principios de año, con el fin de frenar la epidemia de Covid-19, en el pánico y la improvisación, muchos gobiernos, afligidos además por una crisis económica más mortal que el coronavirus, incapaces de alinear el equipo médico y un ejército de médicos sacrificados en los últimos años para combatir el virus de manera eficaz y humana, de manera maquiavélica, ya habían decretado masacrar estratégicamente a la población mediante el confinamiento, esta arma psicológica de destrucción masiva que se supone debe eliminar el virus de la protesta popular que se ha propagado por todo el mundo en los últimos años, a fin de evitar el estallido de levantamientos sociales en un contexto de crisis económica marcado por la programación de quiebras de empresas y aumentos exponenciales del desempleo.

Hoy en día, tras un breve período de levantamiento del confinamiento carcelario, este arresto domiciliario forzoso impuesto a la mitad de la población mundial, la libertad condicional, con la remisión de la pena acompañada de sanciones que implican la privación de movimientos y reuniones, junto con la colocación bajo vigilancia policial, está llegando gradualmente a su fin. De vuelta a la prisión de la vivienda. En efecto, el Estado, este juez de la aplicación de sentencias (socialmente crueles, económicas y políticas, en un contexto de represión multiformes), como dictador compulsivo, reincide. Después de la aplicación del toque de queda, el regreso en vigor del confinamiento, que se asemeja a un verdadero bloqueo.

En verdad, en esta crisis del Covid-19, ¿debemos temer al virus natural invisible (controlable con medios sanitarios abundantes y eficaces) o al aparente microbio despótico del estado visiblemente destructivo, imposible de controlar y neutralizar, excepto a través de la revolución social? Una cosa es cierta: el internamiento de ciudadanos inocentes con buena salud, decretado en nombre de la supuesta protección de los ancianos y vulnerables, en nuestra era altamente tecnológica supuestamente dotada de infraestructuras médicas de última generación, es un desafío en más de un aspecto.

Sin duda, el confinamiento, una medida “medieval”, por usar las palabras del profesor Didier Raoult, es algo que ningún dictador habría desautorizado.

Algunos se preguntan, en una visión conspirativa, sobre el misterioso Estado autor de la invención del virus ideado por algún laboratorio malicioso. La verdadera pregunta que habría que plantearse sería más bien: dado que los virus siempre han existido, conociendo su tasa de letalidad (la tasa de mortalidad de Covid-19 es muy inferior al 0,5 por ciento, esencialmente entre la población más anciana y vulnerable), ¿por qué se ha despertado tanto pánico entre la población si no es para legitimar el confinamiento en las prisiones, decretado con fines inicialmente no declarados y no jurados. Sin embargo, hoy en día estos diseños están saliendo a la luz, cuando examinamos la incesante actividad gubernamental de los diversos estados en la mayoría de los países, ilustrada por el inconmensurable número de leyes liberticidas promulgadas en los últimos meses.

Es evidente que, tras la epidemia de coronavirus, cada Estado intenta proteger su poder despótico introduciendo medidas de seguridad y de destrucción de la libertad, decretadas con el pretexto de gestionar la crisis sanitaria de Covid-19. En realidad, bajo el disfraz de la guerra virológica, las clases dominantes están librando una guerra de clases contra las clases trabajadoras y los proletarios. Los gobernantes aprovechan la pandemia para agravar las leyes antisociales y endurecer la dictadura estatal “ordinaria”, reforzada por la militarización de la sociedad. Asistimos impotentes a un verdadero y permanente “golpe sanitario” perpetrado en muchos países (especialmente en la órbita occidental, países bajo el dominio del gran capital financiero -Italia, España, Portugal, Francia, Israel, etc.) para imponer su nuevo (des)orden económico mundial desmaterializado y financiado.

Curiosamente, casi un año después del estallido de la epidemia de Covid-19, cuando se supone que estamos en guerra contra el coronavirus, en lugar de equipo médico y personal de enfermería para protegernos, seguimos teniendo derecho, como forma de medicación, a una artillería de leyes represivas y al confinamiento acompañado del despliegue de personal militar (¿para curarnos contra nuestro letal virus de protesta?).

Una cosa es cierta, paradójicamente pero no sorprendentemente, las primeras repercusiones rentables de esta crisis sanitaria sólo benefician a las clases dominantes, política y económicamente, respectivamente a través del endurecimiento de su poder estatal despótico y el fortalecimiento de su hegemonía financiera. De hecho, aprovechando nuestro miedo y nuestra paralización, causados por el tratamiento mediático ansioso de la pandemia Covid-19, nuestro arresto domiciliario, el estado de sitio, el toque de queda y la prohibición de reuniones y manifestaciones, las clases ricas de todo el mundo han hecho aprobar en pocos meses en sus Estados cientos de leyes de regresión social y represión política que ningún tirano habría pensado en imponer.

Al mismo tiempo, estas clases dominantes han establecido el “socialismo para los ricos” para salvar su riqueza mediante rescates bancarios, subsidios corporativos, exenciones fiscales, nacionalización de ciertos sectores, y han perpetuado y agravado el “capitalismo para los pobres”. Como observamos, la gestión de la llamada crisis “sanitaria” se limita más a una operación (temporal) de rescate sanitario de la economía de los capitalistas en profusión, alimentada con dinero público en forma de impuestos diferidos pagados por los futuros trabajadores, que a la protección de la vida de los enfermos que siguen deliberadamente abandonados a sí mismos sin una atención efectiva.

Con cinismo, a pesar de la gravedad de la crisis sanitaria, con un sistema de salud que necesita equipo médico vital, los Estados han liberado mil veces más dinero para subvencionar fideicomisos, bancos y becas que para proporcionar ayuda financiera y material a los hospitales y otras estructuras sanitarias, que todavía están dramáticamente subequipadas. De hecho, en todos los países, aparte de los belicosos discursos de incentivo, el sector de la salud no se ha beneficiado de ninguna medida concreta en forma de adquisición de equipo médico, del que todavía hay una cruel carencia en las instituciones de atención de la salud, la construcción de nuevos hospitales y la contratación de personal de enfermería.

Sea como fuere, a pesar de los intentos de neutralizar la protesta social y política mediante el confinamiento y los toques de queda, los pueblos oprimidos y el proletariado ya han discernido el origen de la actual crisis sanitaria y económica. Más allá del misterioso virus invisible agitado como un espantapájaros por las clases dominantes para aterrorizar al pueblo y justificar y legitimar la militarización de la sociedad (materializada por la represión, las detenciones y el encarcelamiento en algunos países afectados desde hace mucho tiempo por el virus de la dictadura), se está revelando el misterio del origen de las actuales crisis virales sanitarias y económicas. El “paciente cero” ha sido identificado por todos los pueblos que han sido golpeados: es el capitalismo patógeno. Hoy en día, el virus capitalista ha mutado en su versión peligrosa, cuyos primeros síntomas letales se pueden observar. El gran capital ya está haciendo pagar a las clases trabajadoras (y a las clases medias y a los pequeños estratos empresariales que se han vuelto económicamente inútiles), reducidas al desempleo y al empobrecimiento absoluto, el colapso económico de su sistema.

Una cosa es cierta: el mundo entero está siendo testigo de la bancarrota de un sistema económico en decadencia, la debacle del orden social dominante, el fracaso histórico de una clase burguesa moribunda, la negligencia criminal de los estados, el intento de militarizar la sociedad impulsado por las clases dominantes para salvar desesperadamente su sistema en decadencia.

Afortunadamente, esta crisis sin precedentes de gran magnitud está, sin embargo, empezando a desencadenar profundos cambios de conciencia, interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico dominante, aspiraciones reales de transformación de la sociedad. Hay que reconocer que la onda expansiva inicial, causada por el repentino colapso de la economía y el amontonamiento de cadáveres cruelmente entregados a la cremación, había dejado a la población paralizada. Sin embargo, hoy en día, la ira subterránea está rugiendo, fermentando gradualmente, ciertamente aumentando, y la voluntad de transformación social y política se está manifestando.

En todo caso, si históricamente el capitalismo constituyó originalmente una respuesta económica progresiva a los límites esterilizadores del feudalismo, hoy en día representa un obstáculo, incluso un peligro, para la evolución humana, para el desarrollo de las fuerzas productivas, obligando a los pueblos oprimidos y al proletariado, especialmente a los trabajadores, a tener que superarlo a su vez mediante el establecimiento de su modo de producción superior basado en relaciones sociales humanas igualitarias fundadas en una democracia horizontal autogestionaria. Especialmente en este período de la pandemia de Covid-19, que requiere la puesta en común, a escala mundial, de toda la riqueza, los recursos y los conocimientos científicos, más allá de los intereses nacionales (a menudo vinculados a las clases poseedoras, los únicos propietarios de la riqueza y el Estado) para trabajar colectivamente por el control de la economía y el rápido diseño de una vacuna que se administrará gratuitamente a todas las víctimas en todo el mundo.

Khider Mesloub,https://www.lematindalgerie.com/deuxieme-vague-de-coups-detat-sanitaires

(*) En el Magreb llaman “ruido de botas” a lo que aquí conocemos como “ruido de sables”, es decir, al golpe de Estado o la amenaza militar del mismo

La pandemia es una trola

El comportamiento de nuestros mandarines ante la supuesta plaga sanitaria que padecemos nos hace pensar que no podemos creernos ni una sola palabra de lo que nos cuentan. Eso de que estamos siendo atacados por un virus, que ha causado decenas de miles de muertos y que se va a llevar por delante nuestra economía y nuestra forma de vida es una invención. Así que no nos lo creamos. Es una trola que se inventaron para tenernos entretenidos y ocultar sus incapacidades y desvaríos.

Porque a nadie le cabe en la cabeza que si en este país, como dicen, se hubiesen producido más de 50.000 fallecimientos, de ellos mil en Galicia, y casi millón y medio de diagnosticados, estuviésemos en la incertidumbre y en la dejadez en la que estamos. No puede haber los muertos que nos dicen mientras se retrasan las medidas a adoptar, o son contradictorias pese a tratarse del mismo enemigo. No entenderíamos, si estuviésemos en esa situación de emergencia, que se dictasen restricciones por sorpresa, a no ser que sea para pillar desprevenido al virus. Ni que fuesen vigentes hoy sí y mañana no, porque creen que el microbio, o lo que sea, se toma días de descanso. Tampoco permitirían, y mucho menos subvencionarían, que cientos de participantes de una vuelta ciclista entren y salgan a su antojo de ciudades que llevan semanas aisladas.

La situación no puede ser la que nos cuentan. Nadie en su sano juicio aceptaría que un responsable sanitario en pleno caos responda «los necesarios» al ser preguntado por la cantidad de trabajadores del Centro de Seguimiento de Contactos. Y si la cosa fuese tan seria, los españoles haríamos como los alemanes y dedicaríamos el 14 por ciento de nuestro PIB a la gestión de la pandemia y no el 3,6 por ciento.

Tengamos la certeza de que, aunque solo fuese por respeto a los muertos, a sus familias y a los que se sufren en las ucis y hospitales, no osarían protagonizar trifulcas más propias de una barra americana que de unos mandatarios. Olvidarían los rendimientos electorales y se tomarían las cosas en serio. Pero si no lo hacen es porque esto de la pandemia no deja de ser una trola. Un embuste. Que en eso son especialistas.

Ernesto S. Pombo, https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2020/11/07/pandemia-trola/0003_202011G7P17992.htm

La ‘segunda ola’ de la pandemia es otro fraude científico, afirma el doctor Mike Yeadon

El doctor Mike Yeadon es un científico británico con una prestigiosa carrera al que los medios de comunicación han preferido darle la espalda a partir del momento en que se sintió en la necesidad de hablar sobre las inconsistencias en torno a la actual pandemia y las medidas restrictivas que ha adoptado el gobierno de Reino Unido. Algunos de sus tweets han sido eliminados. No obstante, Yeadon -quien fue director científico y vicepresidente de Pfizer y jefe del área de Investigación Respiratoria y de Alergia de esa farmacéutica- ha logrado expresarse en distintas entrevistas. Vale la pena escucharle ahora que crecen las expectativas en torno a la vacuna contra el coronavirus.

”No tengo nada que ganar. No soy una persona política y nunca me he involucrado con ningún tipo de campaña, pero ahora siento la necesidad de decir algo porque hay un fraude en marcha”, advirtió Yeadon en una entrevista reciente.

”La pandemia es real, las personas se han enfermado, muchas personas fueron hospitalizadas y murieron. Pero cuando empezaron a testear de manera masiva a la población, ahí es cuando comencé a sospechar, empecé a analizar los datos y me di cuenta de que no nos están diciendo cuál es el porcentaje de falsos positivos que arroja el test PCR”, aclaró el científico.

En opinión del especialista la pandemia en Reino Unido terminó al final del verano en aquel país. “Creo esto porque cerca de un tercio de la gente tuvo inmunidad previa por haberse expuesto a virus relacionados -así es como funciona el sistema inmune-, pero otro tercio se ha expuesto durante la pandemia y ahora son inmunes. Y, si estoy en lo cierto, quedan muy pocas personas en el país sin inmunidad, lo que no justifica lo que el gobierno nos dice que está ocurriendo”, puntualizó.

Yeadon subraya que la PCR nunca se ha utilizado en la escala en que está siendo utilizada. “Creo que está arrojando actualmente una enorme cantidad de falsos positivos, esto significa que el test da positivo incluso cuando no hay presencia del virus en la muestra”, detalló.

No hay un exceso de mortalidad

El científico hace hincapié en que las actuales muertes que se están registrando en Reino Unido no pueden ser atribuidas en su totalidad al coronavirus. El problema es que se define como “muerte por coronavirus” a quienes mueren por cualquier razón dentro de los 28 días de un test positivo. “Lo que estoy diciendo es que las personas están muriendo, siempre lo hacen: mueren alrededor de 1.700 personas por día, 620.000 por año. No creo que la gente esté muriendo ya por coronavirus, están muriendo por otros virus respiratorios y otras causas no respiratorias”, enfatizó.

Yeadon insiste en que decir que hay una pandemia en marcha es falso. “Muchos me dirán que estoy loco y que lo que digo es equivocado, pero les pediría a todos ellos que chequeen cualquier base de datos que hable de ‘mortalidad total’ y, al hacerlo, verán que el número de muertos en promedio cada día está absolutamente dentro de los rangos normales para esta época del año. No es para nada más alto, de hecho, está un poco más bajo y el número de muertes por causas respiratorias está más bajo que el promedio de los últimos cinco años en octubre”, argumentó.

En Reino Unido no hay exceso de muertes por todas las causas ni exceso de muertes por causas respiratorias. “Con solo mirar los datos públicos, dada mi formación, es fácil para mí saber que no hay exceso de muertes. Y con certeza sostengo fuertemente que cuando uno ha sido infectado y ha sobrevivido luego de un virus respiratorio, uno es inmune”, remarca.

«Estoy cansado de escuchar a las personas decir que los anticuerpos están disminuyendo y se van. Pero los anticuerpos no son tan importantes en la defensa inmune contra los virus. Son las células T las que importan”, puntualiza.

Por otra parte, Yeadon resalta que el gobierno británico está mintiendo respecto de la verdadera situación en torno al coronavirus. “He provisto por escrito, en podcasts y ahora en vídeos todas las evidencias que cualquiera puede necesitar para determinar que el gobierno, por las razones que sean, está mintiendo. La pandemia no está agudizándose. Si fuera así, debería haber exceso de muertes y no las hay”, reiteró.

Respecto del aumento de muertes que se registró en su país en los últimos días, Yeadon citó la explicación de una amiga suya patóloga: “Estas muertes no corresponden principalmente a personas muy mayores, son mujeres y varones por igual -mientras que el covid mata un poco más a hombres que mujeres- y lo que realmente duele es que no se trata de muertes respiratorias sino que la mayoría muere por infartos cardíacos, accidentes cerebrovaculares y cánceres no tratados. Todas cosas que le pueden pasar a uno, a sus vecinos o a su familia cuando el gobierno le niega el acceso al sistema de salud durante seis meses”.

”No estoy diciendo que esas muertes no existan, sino que se han realizado tantos tests en tantas personas, incluyendo a las personas hospitalizadas. Y cuanto más larga es la estadía hospitalaria, más veces le realizan el test y, por lo tanto, aumenta la posibilidad de un falso positivo. Eso es lo que creo que están pasando”, puntualizó.

Confinamientos inútiles

También es interesante la explicación que Yeadon dio de por qué los confinamientos no logran realmente protegernos del virus. “La conclusión de epidemiólogos suecos de renombre sobre cómo debía manejarse esta pandemia es que uno no se puede esconder de los virus respiratorios. Se dispersarán por el país sin importar lo que uno haga. Esta idea de esconderse del virus es un invento. Me da mucha pena que la gente crea que al confinarse pueda escaparle al virus. No es como el clima, que cuando uno sale, el huracán ya pasó. Cuando uno sale, está exactamente en el mismo lugar que estaba antes”, graficó.

El tipo de confinamiento impuesto tampoco es acertado, por ejemplo al prohibir que los miembros de una familia se encuentren, dentro o fuera de la casa. “Estos no son los lugares más importantes para la transmisión”, advirtió, para luego añadir: “La transmisión a gran velocidad ocurrió a comienzos del año en los hospitales, como siempre ocurre. No es culpa de los hospitales. La razón por la que los hospitales se convierten en un lugar para la gran transmisión de enfermedades es porque son para personas enfermas. Por eso, a pesar de que tienen especialistas en control de infecciones, es muy difícil evitarlo”. Además de los hospitales, Yeadon opina que los hogares de ancianos, los supermercados y toda la cadena de suministro, junto al hecho de que un millón de personas trabajen en el sistema de salud británico, permitieron que el virus se expandiera en su país.

”La evidencia es que en los países donde no hubo confinamiento pero sí se tomaron ciertas precauciones, como Suecia, tuvieron exactamente el mismo perfil de muertes que en Reino Unido”, contrastó. El número total de muertes en Reino Unido es del 0,06%. Suecia también tuvo un 0,06% de mortalidad de su población y ahora están viviendo con normalidad, apuntó el científico.

Inmunidad y vacunación

Yeadon también es rotundo respecto a las dudas sobre la inmunidad frente al actual virus pandémico: “Cuando uno es infectado por un virus respiratorio, puede producir síntomas, puede enfermar y si uno es muy vulnerable, puede matarnos, como la gripe. Pero cuando uno sobrevive, y el 99,94% de la población de Reino Unido sobrevivió a la pandemia, yo les aseguro que son inmunes. Es la primera lección de Inmunología. Abran cualquier libro de texto de Inmunología sobre Infección por virus respiratorio. Allí encontrarán los pasos que conducen a la inmunidad a través de las infecciones por virus respiratorios. No se habla de los ‘pasos que podrían conducir a la inmunidad si un político lo dice’”.

Tras aclarar que es “provacunas” y que él, su esposa y sus hijos se han vacunado con las vacunas que les correspondían, Yeadon dice que en el caso del Sars-CoV-2 -que mata a una de cada 500 personas y que el promedio de edad de las muertes es de 83 años- “sería genial si tuviéramos una vacuna para esas personas, podría brindarles algunos meses más de vida, no mucho más. Pero las personas mayores no mueren por el Sars-CoV-2 sino porque contrajeron un virus respiratorio, cualquiera de ellos te puede matar a esa edad, incluso una gripe”.

Por eso, insiste en que tener una vacuna para personas muy vulnerables sería bueno, “pero nadie más la necesita”. “No se vacuna a toda la población porque una en un millón puede tener un mal resultado ante el virus”, destacó.

Otro aspecto crucial que el científico señaló es que si se les “ofrece” a las personas vulnerables la vacuna, es importante el consentimiento informado.

Al hablar de la posibilidad de que la vacuna contra el coronavirus sea obligatoria y que ésta sea la única forma de volver a la normalidad, sostuvo que “algo con muy feo olor está ocurriendo”. En ese sentido, hizo hincapié: “Mirando los ensayos clínicos de las vacunas que se están desarrollando y testeando, hasta ahora solo se están fijando si las vacunas aumentan los anticuerpos, es todo lo que saben. Pero no saben si reduce cuán enfermo uno cae al contraer el virus, o si uno transmite el virus o si reducirá el número de muertes”.

”Por lo tanto, lo único que se sabrá al empezar a vacunar a las personas es que aumenta los anticuerpos. Pero, como he dicho, los anticuerpos no son la parte más importante del sistema inmune, sino las células T”, reitera.

Yeadon aconseja que si uno es una persona joven, de mediana edad, o incluso un poco más grande pero sana y no ha considerado aplicarse una vacuna contra la gripe, tampoco debería considerar hacerlo contra el coronavirus.

«El principal problema que tengo con esta noción de que sea obligatoria o incluso coercitiva –es decir, que no sea obligatoria pero si uno no se la aplica no puede viajar, etc.– es que eso es ilegal ante la ley internacional”, afirma para luego agregar: “Tras la Segunda Guerra Mundial, luego de las atrocidades del doctor Mengele y otros doctores en Japón, que realizaron experimentos en humanos que llevaron a su muerte, en el consenso postbélico se estableció una ley internacional por la cual ningún procedimiento médico puede realizarse en un ser humano sin su consentimiento informado y que las personas deben beneficiarse de ese procedimiento”.

«Por eso, si están diciendo que se tienen que vacunar o de lo contrario no podrán hacer compras, no podrán ir al trabajo o viajar, deben acudir a la Justicia. Eso es absolutamente ilegal”, finalizó Yeadon, quien cree que si la persona es muy vulnerable y tiene miedo, debe hablar con su doctor y considerar la aplicación de la vacuna, mientras todos los demás no la necesitan.

http://www.laprensa.com.ar/495563-Coronavirus-el-fraude-de-la-segunda-ola.note.aspx

Europa sigue al asalto de las conversaciones privadas de sus ciudadanos

El Consejo de la Unión Europea quiere volver a poner encima de la mesa el acceso a las conversaciones cifradas, un asunto que ya fue discutido entre 2015 y 2017. Se trata de abrir puertas traseras a los sistemas de cifrado de las comunicaciones que garantizan la confidencialidad de los mensajes.

En el primer artículo de los textos legales, los europeos tienen derechos; el segundo es el que habla de su anulación. En el caso del derecho a la intimidad, se trata de introducir autorizaciones para que la policía, los espías, los piratas o las empresas comerciales tengan acceso a las comunicaciones cifradas de extremo a extremo (P2P).

La Radio Austríaca ORF ha difundido (1) el borrador de una nota enviada por la Presidencia del Consejo de la Unión Europea a las delegaciones de otros países. El documento fechado el 6 de noviembre se titula: “Seguridad a través del cifrado y seguridad a pesar del cifrado” (2).

El cifrado de extremo a extremo P2P es un sistema de seguridad utilizado por WhatsApp, Apple iMessage, Signal y muchos otros servicios de mensajería, para impidir que terceros -incluso quien está a cargo del servicio- lea las conversaciones entre dos interlocutores. Si alguien intercepta un diálogo entre el emisor y el receptor, sólo obtiene una secuencia aparentemente inconsistente de números y letras.

Cuando el cifrado se aplica de extremo a extremo, las conversaciones sólo se pueden leer en los terminales de las personas involucradas en ellas. La policía sólo tienen una forma de acceder a esas comunicaciones: desbloquear el móvil del remitente o del destinatario.

Para invadir la intimidad de las personas, el repertorio argumental de la policía es siempre el mismo: proteger a los buenos vigilando a los malos. Hay sicarios que lo fundamentan de una manera un poco más sofisticada, pero no van más allá. Hay que sacrificar la libertad en aras de la seguridad.

Ese tipo de argumentos se venden por dos razones: la primera es que todo el mundo cree estar en el bando de los buenos y la segunda es que, como muestra la pandemia, están creando una sociedad de personas asustadas y atemorizadas por infinidad de riesgos, reales o ficticios.

Ese tipo de argumentos falaces se introducen en los propios proyectos legislativos: “Las autoridades competentes deben poder acceder a los datos de manera legal y selectiva, respetando los derechos fundamentales y el régimen de protección de datos, y sin degradar la seguridad cibernética”, afirma el documento del Consejo de la Unión Europea.

Dialéctica pura. Una cosa y la contraria. Es un símbolo de los equilibrios en el alambre que hacen todos los saltimbanquis: los europeos tienen derecho a la intimdidad y, al mismo tiempo, la policía debe poner interceptar sus mensajes privados.

Ese tipo de fraudes hipócritas han conducido a la situación actual, donde no hay buenos ni malos sino que todo el mundo (que puede) espía a todo el mundo. Por eso a principios de este año la Comisión Europea recomendó que en sus comunicaciones cotidianas sus funcionarios utilizaran Signal, una aplicación de comunicación cifrada de código abierto.

También es pura dialéctica: las instituciones europeas vigilan y son vigiladas. Los que vigilan quieren más facilidades para vigilar y cuando son vigilados quieren impedirlo. Todo depende del lado de la ecuación en la que se encuentren en cada momento.

Pero eso es difícil. Cuando debilitas una parte de un sistema de cifrado, lo debilitas para todos, en todas partes, reconoció Facebook (propietaria de WhatsApp) el año pasado. Cuando el fiscal general de Estados Unidos les pidió una puerta trasera para espiar a sus usuarios más fácilmente, Facebook respondió: “Las puertas traseras que están pidiendo en nombre de la ley y el orden sería un regalo para los chantajistas, los piratas y los regímenes represivos”.

Volvemos a la dialéctica: el derecho a la intimidad es bueno pero también malo. Con los sistemas de cifrado ocurre lo mismo: son buenos y malos al mismo tiempo. Se pueden utilizar mal, algo que el Consejo de Europa quiere prevenir: “Los delincuentes pueden incluir en su modus operandi soluciones de cifrado de disponibilidad inmediata y llave en mano. En su acto de equilibrio, nos recuerda que estas soluciones son creadas para un propósito legítimo”.

Los buenos son ellos; los malos todos los demás.

(1) https://fm4.orf.at/stories/3008930/
(2) https://files.orf.at/vietnam2/files/fm4/202045/783284_fh_st12143-re01en20_783284.pdf

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies