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Día: 16 de septiembre de 2020 (página 1 de 1)

El Banco Mundial tiene previsto prolongar la pandemia hasta marzo de 2025

Los documentos del Programa de Preparación y Respuesta Estratégica Covid-19 del Banco Mundial (1), indicados “Sólo para uso oficial”, tienen previsto prolongar la pandemia de coronavirus hasta marzo de 2025.

La fecha de inicio del programa la puso el Banco Mundial para abril de este año, por lo que el programa acabará tras más de cinco años de experimentación social y económica.

La denominación técnica de “Covid-19” no es de origen médico sino financiero. No procede de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sino del Banco Mundial. El sitio web de dicho Banco lleva un registro activo de las exportaciones de “Instrumentos y aparatos de prueba diagnóstica Covid-19 (902780) por países en 2018” (2), mientras que hasta febrero de este año la OMS no denominó como “Covid-19” a la enfermedad que causa el coronavirus.

Esta pandemia es un capítulo de la economía política que viene de lejos. En 2017 los países ya comerciaban con aparatos y reactivos para realizar pruebas de coronavirus. Tres años antes de que comenzara oficialmente la pandemia ya hay registros del Banco Mundial al respecto.

En otra entrada también hemos explicado que el laboratorio de Wuhan, al que se atribuye el origen del coronavirus, estaba financiado por Estados Unidos por orden de Anthony Fauci a través del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (3).

Al menos desde 2014 las investigaciones que allí se llevaban a cabo en el laboratorio versaban sobre los coronavirus de los murciélagos, lo cual ha sido divulgado por el Neewsweek (4) y National File (5). El sitio web del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas así lo reconoce públicamente (6).

Se trata, pues, de algo conocido sobre lo que no habría que insistir más, de no ser por el hecho que son muchos los que miran hacia otro lado. Dos años antes del inicio oficial de la pandemia, el 4 de abril de 2018, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas titulaba una entrada “Nuevo coronavirus emerge de murciélagos en China”.

La entrada decía que el “nuevo” coronavirus no parecía infectar a las personas, a diferencia del SARS-CoV y que no se habían detectado “casos” desde 2004. “Los investigadores del estudio identificaron el virus del SARS en cuatro granjas de cerdos de la provincia de Guangdong (China). La labor fue una colaboración entre científicos de la Alianza EcoHealth, la Facultad de Medicina de Duke-NUS, el Instituto de Virología de Wuhan y otras organizaciones, y fue financiada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud”.

Luego la investigación se publicó en la revista científica Nature.

(1) http://documents1.worldbank.org/curated/en/993371585947965984/pdf/World-COVID-19-Strategic-Preparedness-and-Response-Project.pdf
(2) https://worldbank.org/trade/comtrade/en/country/ALL/year/2018/tradeflow/Exports/partner/WLD/nomen/h5/product/902780
(3) https://mpr21.info/un-cuento-chino-el-laboratorio-de-wuhan/
(4) https://www.newsweek.com/dr-fauci-backed-controversial-wuhan-lab-millions-us-dollars-risky-coronavirus-research-1500741
(5) https://nationalfile.com/faucis-niaid-funded-wuhan-lab-scientists-to-research-bat-coronavirus/
(6) https://www.niaid.nih.gov/news-events/new-coronavirus-emerges-bats-china-devastates-young-swine

Las pandemias se han inventado para inflar el numero de fallecidos en ellas

Si algo ha quedado claro desde el inicio de la pandemia es que las cifras que han presentado la mayor parte de los países del mundo sobre los muertos por coronavirus son falsas o, por decirlo más finamente, “erróneas”.

También ha quedado claro que con el tiempo los métodos de recuento han ido cambiando sobre la marcha en la mayor parte de los países. Por lo tanto, o bien los datos previos son “erróneos”, o bien lo son los datos posteriores.

Las cifras que proporcionan los diferentes países no son compatibles entre sí porque cada uno de ellos certifica de una manera diferente las muertes que atribuye al coronavirus y cualquier estudiante de instituto, incluidos los epidemiólogos, sabe (o debería) que no se pueden sumar cantidades que no sean homogéneas.

Cuando se suman cantidades heterogéneas, se infla el número de fallecidos, lo cual es insólito porque en todo tipo de desgracias en masa ocurre lo contrario: para no alarmar a la población siempre se rebajan las cifras y se minimizan los daños.

Así ocurre siempre, excepto en las pandemias, donde se verifica el fenómeno inverso. Es la ley número uno de las pandemias: se han inventado para inflar el número de fallecidos en ellas.

En las pandemias una muerte tapa a otra. Como ya hemos expuesto en otra entrada, la legislación (española y autonómica) así lo establece, lo mismo que la propia OMS, que atribuye al coronavirus las muertes resultantes de cualquier enfermedad “clínicamente compatible con un caso Covid probable o confirmado. No puede atribuirse a otra enfermedad y debe contarse independientemente de las condiciones preexistentes del fallecido”.

En la inflación de muertes, los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental porque, aunque hubiera un número insignificantes de fallecimientos, su obsesiva visibilización en las pantallas da la impresión contraria.

La muerte vende, sobre todo en los medios de intoxicación. El objetivo de la inflación de muertes y su permanente recuento en las pantallas de televisión no tiene otro objeto que alarmar a la población y, naturalmente, atraer el máximo número de espectadores, convirtiendo a una desgracia en un espectáculo de circo en el que los expertos juegan el papel de payasos.

Cualquiera que sea la cifra de muertes que ha habido en la pandemia, es absolutamente increíble que un Estado moderno no sea capaz de contar el número de fallecidos, pero el hecho es que, a falta de datos, hay que recurrir a un medio indirecto: el exceso de mortalidad de este año en comparación con los anteriores.

Pero el exceso de mortalidad es otro baile de cifras. Las hay para todos los gustos y en España van desde las 25.000 hasta las 50.000, o sea el doble. Da lo mismo una cosa que otra porque el aspecto cuantitativo de los fenómenos interesa a muy pocos. Ante los números los espectadores dan media vuelta.

Con un número insignificante de muertos se puede provocar el mismo efecto de alarma general. Basta repetirlo una y otra vez para que el espectador sospeche que puede ser el siguiente, o quizá sus allegados. De esa manera se transforma en un sujeto temeroso, sumiso, dócil y, en consecuencia, fácilmente manipulable.

Si no hay muertes, las cifras de puede sustituir por “casos”, por “positivos” y por “contagiados” de manera que la fábrica del miedo nunca deje de producir.

Pero esa fábrica no va a parar nunca por sí misma. Alguien tiene que pararla. El problema es que quienes deberían hacerlo se han convertido en los máximos defensores del estado de guerra. Es una auténtica vergüenza.

Boston suspende las pruebas de coronavirus después de que arrojaran 400 falsos positivos

Un laboratorio de Boston suspendió las pruebas de coronavirus después de que una investigación descubriera que casi 400 de ellas arrojaron falsos positivos.

El 8 de agosto Orig3n, una empresa de biotecnología que cuenta con docenas de asilos como clientes, dejó de hacer pruebas a petición del Departamento de Salud Pública de Massachusetts. La suspensión se produjo días después de que el Estado comprobara que un número inusualmente alto de pruebas positivas erróneas.

Una investigación encontró que había por lo menos 383 resultados positivos que, al repetir las pruebas resultaron negativos, colocando a las personas en un “riesgo inmediato de daño”.

El 27 de agosto el Departamento de Salud Pública dijo que había notificado a Orig3n que había “tres deficiencias significativas de certificación” y que el laboratorio “puede enfrentarse a sanciones”.

Aproximadamente unos 60 asilos de ancianos siguen siendo o han sido clientes del laboratorio.

Uno de los asilos que recibió falsos positivos fue el centro de enfermería Pines Edge de la Comunidad de Jubilados North Hill en Needham. El miércoles Ted Owens, presidente de North Hill, dijo en un comunicado oficial que 18 trabajadores y un residente habían dado positivo en las pruebas.

Sin saber que las pruebas eran erróneas, el asilo encerró al anciano en aislamiento y los trabajadores fueron enviados a casa con una baja por enfermedad.

“Los costos para el centro también fueron significativos”, dijo Owens en su declaración. “Los falsos resultados positivos crearon un tremendo miedo y ansiedad entre los empleados, los residentes y los familiares de ambos”.

El 10 de agosto, después de dos nuevas pruebas que arrojaron resultados negativos, se permitió que el centro sacara al anciano recluido de su aislamiento y que los trabajadores pudieran volver a sus puestos.

Además de trabajar en los asilos de Massachusetts, el laboratorio también se asoció con el Departamento de Salud de Carolina del norte. En una declaración, el departamento dijo que romperá el contrato con Orig3n después de los falsos positivos.

El Departamento de Salud de Massachusetts asegura que el laboratorio carecía de materiales de prueba adecuados y no documentaba las prácticas de higienización diarias.

La dimensión de los errores en las pruebas de Orig3n no está clara, ya que el Departamento de Salud Pública no ha vuelto a probar cada muestra que la instalación procesó. Orig3n llegó a realizar decenas de miles de pruebas de coronavirus en los últimos 90 días en todo Estados Unidos.

https://www.nbcnews.com/news/us-news/coronavirus-testing-boston-lab-suspended-after-nearly-400-false-positives-n1239656

¡Otro chupito de novichok!

La Unión Soviética desarrolló armas químicas organofosforadas binarias para atacar el sistema nervioso de las tropas enemigas en un laboratorio de Asia Central.

Se llaman binarias porque el compuesto se vuelve letal cuando se combinan dos partes no letales.

Nadie lo utilizaría fuera de un laboratorio de seguridad porque es lo suficientemente poderoso para acabar con ejércitos enteros. Como arma, el novichok es un compuesto químico prohibido. Solo existe en muestras selladas y depositadas en laboratorios militares de Estados Unidos, Reino Unido y la República Checa (porque así lo han admitido los propios checos).

Si Navalny hubiera sido envenenado con un agente nervioso organofosforado antes o durante un vuelo en avión, todos los pasajeros del avión habrían muerto. Sin embargo, no ha ocurrido así. Ni en su caso ni en el de los Skripal.

Lo mismo que el coronavirus, el novichok es un veneno intelectual que se transmite a través de los medios masivos de comunicación.

Hasta ahora, las víctimas que los medios de comunicación han seleccionado para convertirlas en víctimas del veneno son figuras selectas de la oposición rusa.

Si en la pandemia alguien ha llevado al lenguaje cotidiano la expresión “nueva normalidad”, en el novichok han creado la de “altamente probable”.

La primera vez fue la antigua Primera Ministra británica Theresa May en el caso Skripal, que entró en las primeras planas de los noticiarios de la misma manera que ha desaparecido de ellas, sin que sepamos por qué.

Para provocar una grave crisis internacional es necesario mucho más que un suceso “altamente probable”.

Merkel parece decidida a seguir los pasos de Theresa May y, por relevante que sea su figura en las relaciones internacionales, es “poco probable” que sea ella la que haya orquestado el caso Navalny.

También es “poco probable” que Bielorrusia haya sido el detonante. La explicación hay que buscarla en el gasoducto NordStream 2.

Alemania ha cerrado sus instalaciones de generación de energía de carbón y nuclear en favor de la energía eólica y solar intermitente y poco fiable, elevando la factura eléctrica seis veces por encima de la de Rusia.

Alemania depende de NordStream 2 mucho más que Rusia, que puede suministrar gas natural licuado desde la ciudad ártica de Sabetta en la península de Yamal a través de sus nuevos buques rompehielos y las terminales de regasificación europeas.

Las sanciones de Estados Unidos no han podido impedir que el gasoducto se finalice. La presión ha sido tan fuerte que algunas empresas alemanas claudicaron y se apartaron de las obras, pagando grandes cantidades de dinero a Rusia en concepto de indemnización.

Veremos si el novichok logra lo que no han logrado las sanciones económicas: impedir una colaboración cada vez más estrecha entre Alemania y Rusia.

El gasoducto ha llegado a convertirse en una obsesión de Estados Unidos (*). En julio Mike Pompeo dijo que harían “todo lo posible” para evitar su entrada en funcionamiento. “Necesitamos más herramientas. Estamos preparados para usar esas herramientas si usted nos las proporciona”, admitió ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado.

¿Ha quedado un poco más claro en qué consisten exactamente esas “herramientas”?

(*) https://www.verityweekly.com/navalny-novichok-and-nord-stream-2/

Trump reconoce que estudió la ‘eliminación’ del Presidente sirio Bashar Al-Assad en 2017

Ayer Trump reconoció que en 2017 estudió la “eliminación” del Presidente sirio Bashar Al-Assad, pero que el jefe del Pentágono en ese momento, Jim Mattis, se opuso a ello.

Este reconocimiento contradice lo que Trump había dicho hasta ahora.

“Hubiera preferido eliminarlo. Me había asegurado de que estaba planeado” después del ataque químico de abril de 2017 atribuido al gobierno de Bashar Al-Assad, dijo Trump a la cadena Fox.

“Mattis no quería hacerlo. Mattis era un general muy sobrevalorado, y me deshice de él”, añadió.

En septiembre de 2018 Trump dijo todo lo contrario: que nunca había estudiado el posible asesinato de Bashar Al-Assad con el jefe del Pentágono. “Ni siquiera se ha discutido nunca […] Ni siquiera se consideró nunca”, dijo entonces Trump.

Estaba siendo interrogado en el despacho oval sobre un pasaje del libro “Miedo: Trump en la Casa Blanca”, del periodista Bob Woodward, en el que el Presidente llamaba a su secretario de defensa, Jim Mattis, y le decía, en términos muy directos, que quería asesinar al Presidente sirio.

El 20 de diciembre de 2018 Jim Mattis demitió de su puesto al frente del Pentágono, criticando en particular la estrategia diplomática de Trump tras el anuncio de la retirada de las tropas estadounidenses de Siria.

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