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Día: 15 de septiembre de 2020 (página 1 de 1)

Se llama ‘inversión’ cuando interesa a la burguesía y ‘gasto’ cuando interesa al proletariado

En los países parasitarios, como España, que esperan pasivamente que Bruselas les saque de la bancarrota, la verdadera naturaleza de la crisis económica no suscita muchos comentarios, sobre entre los “antisistema” porque son seguidores fervorosos del sistema.

En los países que tienen que poner el dinero encima de la mesa, como Alemania, los debates marchan de otra manera, por razones obvias, lo cual se refleja claramente en las campañas electorales. “¿Cuánto dinero nos va a costar el rescate de los países del sur?”, se preguntan.

Algunos se expresan como el garrulo del Presidente socialista del Eurogrupo dice que “la gente del sur se ha gastado su dinero en mujeres y alcohol y pide a la del norte que pague las deudas que han contraído por ello”.

El fantasma de Grecia vuelve a ponerse sobre el tapete, pero a gran escala. Hay que evitar que la situación de Grecia se reproduzca, dicen en Francia. Para ello hay que recortar el gasto social, las pensiones, los salarios y los servicios públicos.

Lo que interesa a la burguesía es inversión y lo que interesa al proletariado es un gasto, por no decir un despilfarro. Hasta el tendero más humilde sabe que se puede endeudar para invertir, pero no debe hacerlo para gastar.

Grecia ha sido y es un país consumido por las deudas y, cuando se trata de un país mediterráneo, es inevitable pensar que dichas deudas se han dilapidado en gastos superfluos, una especie de lujo del que se puede prescindir.

Sin embargo, pongamos un ejemplo de gasto por antonomasia, como es el gasto militar. A pesar de pertenecer a la OTAN, la situación en el Mediterráneo oriental muestra que Grecia es un país en guerra latente con Turquía, otro país de la OTAN.

A pesar de las reiteradas peticiones de todos los gobiernos griegos desde 1981, tanto la OTAN como los países europeos se han negado siempre a garantizar las fronteras de Grecia. Si Grecia hubiera gastado tanto como otros países europeos en su defensa, su gasto público total habría estado por debajo de la media de todos los países de la zona del euro.

Los presupuestos militares griegos son de 85.000 millones de euros. Sin ellos, en 2012 la deuda griega habría sido de 215.000 millones de euros, en lugar de 300.000 millones, lo que supone el 72 por ciento del PIB, es decir, menos que Alemania en la misma fecha (83 por ciento).

Ni la OTAN ni la Unión Europea garantizan la seguridad de Grecia porque los vendedores de armas son los acreedores, es decir, Alemania, Francia y Holanda con sus bancos respectivos. Para seguir manteniendo sus compras de armas, Grecia ha tenido que reducir su PIB un 27 por ciento, aumentar el paro en el mismo porcentaje y eliminar todas y cada una de las conquistas sociales.

Grecia puede decir que la deuda no ha aumentado, en efecto, pero como el PIB se ha reducido, en términos relativos, el endeudamiento es hoy mayor que antes: 180 por ciento del PIB, una quiebra que se sostiene a base de parches para mantener la ficción.

El país sigue debiendo dinero y las deudas se siguen pagando de la misma manera, con recortes sociales, con menos pensiones, más impuestos, la venta de los aeropuertos a una empresa pública alemana a precio de saldo, la privatización de las empresas básicas…

Pero no se confundan: este artículo no trata de Grecia sino de los países mediterráneos que siguen el mismo camino. Váyanse preparando porque esto no ha hecho más que empezar. ¿Para qué creen que han inventado el estado de alarma y el confinamiento?, ¿para qué creen que han puesto al PSOE y Podemos al frente del gobierno? Para hacer lo mismo que Syriza.

No hay ninguna pandemia en Brasil, no hay un exceso de mortalidad atípico respecto a años anteriores

Según la red Nacional de vigilancia epidemiológica de España (1) uno de los indicadores para evaluar el impacto de una epidemia sobre una población es el exceso de mortalidad.

Para la Organización Panamericana de la salud (OPS), el avance en el envejecimiento de la población y en las enfermedades no transmisibles (las infecciones) son algunos de los motivos por los cuales en muchos países se registran excesos de muertes durante algunos años, especialmente en los subdesarrollados. El riesgo de morir está fuertemente relacionado con la edad y las tasas de mortalidad por edad muestran riesgos aumentados en los extremos de edad de la vida.

Por tal motivo, casi todos los años, se registra un mayor número de decesos que el año anterior. Esto se relaciona con que cada vez hay más personas de edad avanzada y una de las causas más frecuentes de decesos son las infecciones respiratorias.

Para la OPS, “se hace necesario asumir que la cantidad de defunciones registradas para un área y período de tiempo pueden ser consideradas como una variable aleatoria,  aun cuando los datos provengan de registros de sistemas de estadísticas vitales completos” (2).

Al observar con detenimiento la evolución de cifras de muertes anuales de Brasil desde 2006 publicadas en el Registro civil (3), se ve que éstas venían incrementando año a año, siendo en el primer semestre donde se registra históricamente la mayor variación. Sin embargo, no es el año de la pandemia donde se observa el mayor aumento de muertes respecto al período equivalente anterior, sino que esto ocurrió en 2018.

Si se observa la evolución de cifras de muertes de Brasil de los últimos años, en el acumulado de enero a agosto, se ve que en 2018 hubo un 17% más de muertes respecto al año anterior; mientras que en el acumulado de enero a agosto de este año, la variación de decesos ha sido tan solo de 12% (vs el mismo período acumulado de 2019). En el acumulado de enero a agosto de 2016 vs 2015, el total de decesos fue un 14% superior. Con lo cual, no se observa un exceso de muertes atípico en Brasil en 2020, a pesar de la cantidad de imágenes o noticias que daban cuenta de que sí ocurría un fenómeno atípico. Los mayores excedentes de muertes en Brasil ocurrieron, según los datos que arroja el registro civil del país, en 2018 (17%) y 2016 (14%) (4).

La tendencia de aumento de muertes en el primer semestre del año en Brasil frente al mismo período del año anterior es una tendencia que se repite históricamente.

Hay algunas comparaciones que se han venido realizando este año que no han hecho más que contribuir a la confusión y a una percepción sesgada, donde se llega a la conclusión de que lo que ocurre en el mundo es mucho peor. Entre ellas: la comparación de cifras entre países, la cuantificación de un aumento de las infecciones respiratorias durante un período de crecimiento, omitiendo la comparación de dichas enfermedades vs mismo período de año anterior, la observación del aumento de “casos”, sin tener en cuenta los cambios en la definición y criterios de los mismos y los cambios en los métodos de recolección de la información (número de testeos y criterio para testear o no) o el estado de salud de los mismos.

Si bien suelen realizarse comparaciones y rankings entre países para evaluar qué región manejó mejor la pandemia, las mismas resultan poco válidas, ya que cada país posee diferencias en cuanto a la estructura poblacional, los períodos desde que ingresó el virus, la cantidad de testeos, los criterios de clasificación y medición, los recursos sanitarios y los factores ambientales, entre otros.

Según la isciii.com, “los sistemas de vigilancia difieren considerablemente de un país a otro, por lo cual no es posible usar los valores absolutos de los parámetros para hacer comparaciones válidas entre países. Sin embargo, sí es posible comparar un parámetro con el valor que tenía en temporadas anteriores en un mismo país. Por lo tanto, usando datos históricos, se puede describir la actividad de una epidemia (o pandemia) y compararla con temporadas anteriores, mediante descripciones cualitativas en base a umbrales de actividad” (5).

Según OPS, “La definición de caso es fundamental en el desarrollo de un sistema de vigilancia; y debe ser lo suficientemente específica para evitar que el número de casos falsos positivos sea excesivo. Para la detección de casos se requiere aplicar una definición estandarizada y estable, es decir no debe sufrir modificaciones en el tiempo (consistencia temporal), a fin de permitir comparaciones válidas durante el análisis de las tendencias del evento bajo vigilancia” (6).

Otro aspecto a tener en cuenta y que arrojará la ilusión de que estamos frente a una enfermedad más duradera es que “si se introduce una nueva prueba que detecta la presencia de enfermedad tempranamente en el período subclínico; el resultado práctico será un aumento en la incidencia, en la duración de la enfermedad y también en la prevalencia”.

(1) https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/GRIPE/GUIAS/Guia_Evaluacion_Gravedad_Epidemias_Gripe_28Marzo2019.pdf
(2) https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/34492/9789275319819-spa.pdf
(3) https://transparencia.registrocivil.org.br
(4) https://transparencia.registrocivil.org.br/registros
(4) Fuente: https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/GRIPE/GUIAS/Guia_Evaluacion_Gravedad_Epidemias_Gripe_28Marzo2019.pdf
(5) https://www.paho.org/col/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=publicaciones-ops-oms-colombia&alias=855-mopece3&Itemid=688

http://www.laprensa.com.ar/493622-No-hubo-exceso-atipico-de-muertes-en-Brasil.note.aspx

Las contundentes cifras sobre la pandemia de Suecia

La estrategia que adoptó Suecia para combatir el coronavirus ha despertado vehementes reacciones a favor y en contra. Cuando en marzo, a diferencia de todos los demás países de Europa, se apegó a su plan de larga data y se negó a introducir una cuarentena obligatoria, inmediatamente los ojos del mundo se volvieron hacia el “experimento sueco”.

Las autoridades alentaron el distanciamiento social y recomendaron que las personas mayores y vulnerables se protegieran, pero todas las escuelas para menores de 16 años permanecieron abiertas, al igual que los restaurantes y bares mientras continuaban los eventos de hasta 50 personas.

Tampoco decretó el uso obligatorio del tapabocas y muy poca gente lo utiliza en los supermercados, colectivos y subtes [metro] de Estocolmo.

El razonamiento dado por el arquitecto de la estrategia sueca, el epidemiólogo estatal Anders Tegnell, fue considerar la salud pública en general, y solo introducir medidas que fueran sostenibles a largo plazo.

En un principio, la audaz estrategia parecía haber fracasado. La infección se apoderó rápidamente de la capital sueca, en parte por el gran número de personas que visitaron los Alpes italianos en febrero; y muchas de las grandes residencias de ancianos tuvieron brotes. Ya a finales de abril las muertes per cápita en Suecia superaron drásticamente a las de las vecinas Noruega y Dinamarca, de las cuales más del 70 por ciento se produjo en geriátricos.

Sin embargo, seis meses después, la apuesta sueca comienza a dar sus frutos; al tiempo que otros países europeos vaticinan una segunda oleada de la pandemia. Si bien hubo un claro exceso de mortalidad en abril y mayo, desde junio las tasas de mortalidad de Suecia han vuelto a la normalidad. De hecho, desde fines de agosto, los decesos diarios no superan los cuatro y en la última semana solo se reportaron fallecimientos un día, según el sitio Our World in Data.

Y aunque junio vio un aumento en el número de casos nuevos, principalmente entre los jóvenes y principalmente debido al aumento de las pruebas, nunca se tradujo en más hospitalizaciones o muertes. De hecho, el número total de pacientes en cuidados intensivos con Covid-19 en este país de 10 millones de habitantes es actualmente 13.

Las infecciones comenzaron a caer rápidamente en julio y más aún en agosto hasta que se alcanzó el momento decisivo la semana pasada, según informó Evening Standard.

Hoy, Suecia no solo está por debajo del Reino Unido en nuevos casos positivos per cápita, sino que ha caído por debajo de sus vecinos escandinavos, Dinamarca y Noruega, anunciados como «naciones ejemplo» por su acción decisiva, pero que ahora sufren una aceleración de los contagios.

Los esperanzadores resultados de Suecia han suscitado una multiplicidad de teorías en todo el mundo. La densidad de población es diferente, dicen algunos; el alto número de hogares individuales significa que el virus no se propaga, dicen otros; son culturalmente fríos y no tienden a acercarse demasiado, dice otra teoría popular. Pero la posibilidad políticamente explosiva, que las autoridades sanitarias suecas defienden, es que están alcanzando un alto grado de la llamada «inmunidad colectiva» o «inmunidad de rebaño»; en otras palabras, que suficientes personas se han contagiado y ahora son inmunes y por lo tanto actúan como barreras contra la propagación del virus, explicó Evening Standard.

En una entrevista con el periódico The Observer en Londres este mes, Tegnell afirmó que hasta el 30 por ciento de la población del país podría ser inmune.

Si esto es cierto, las ramificaciones políticas son difíciles de estimar. Significaría que los encierros y las mascarillas podrían estar extendiendo, en lugar de resolver, la crisis, ya que la damnificación económica será muy difícil de sobrellevar en la mayoría de las regiones del mundo.

Y aunque el PBI sueco cayó un 8% en el segundo trimestre, la contracción fue de las menos intensas de Europa, si se tiene en cuenta los números de las economías de Alemania (-10,1%), Italia (-12,4%), Francia (13,8%) o España (-18,5%).

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/suecia-gran-vencedor-las-contundentes-cifras-coronavirus-nid2450028

Vístame la verdad

Escribe Engels: «La concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social, de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos y junto a ella la división social de los hombres en clases, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos. Según eso, la última causa de todos los cambios sociales (aquí el poeta Machado discreparía) y todas las revoluciones no debe buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y cambio; han de buscarse no en la filosofía, sino en la economía». ¡Y yo que quería interpretar el mundo y llega Engels, junto a su amigo y compañero Marx, y me lo transforma! Pero decidí seguir interpretando y no transformando nada. Eso me condujo derechamente al éxito en el supermercado de las ideologías.

En otras palabras: no es el onanismo mental el que mueve nada, sino el hecho de tener un puesto de trabajo y qué lugar ocupas en la cadena. Lo que mueve al mundo es la producción, el trabajo (por un salario o una renta) y el capital (ávido de plusvalía). No lo mueve -lo puede menear aparentemente- ni el lujo de la oligarquía ni el dinero negro ni la corrupción ni otras excrecencias de este podrido sistema. Un sistema -el capitalista- que nació chorreando sangre y pudre las conciencias buscando su complicidad o apatía. Lo que hay es filfa, paja, congrua y, sobre todo, mentira. Mienten porque no soportan la verdad. La verdad no puede ir desnuda. Es escandalosa. Por eso hay que ponerle ropaje y saquear el lenguaje. Pesa más la verdad que a Anteo sostener el atlas.

Por supuesto, no faltará quien diga, bueno, «esa es tu verdad». He aquí el «demócrata» para quien la verdad, sencillamente, no existe. Por lo tanto, carpe diem.

Argos panoptes y la pandemia panóptica

“Hacerse dueño de los hombres no por esclavitud o fuerza, sino por la disposición que les rodea, de las impresiones que se les producen.
Su principio básico es la vigilancia, su elemento más arcaizante, la mirada. Sin embargo, lo que cobrará importancia no es la mirada directa de un hombre a otro, sino la noción abstracta de vigilancia. Lo novedoso del panóptico es pues la celosía que oculta al inspector a los ojos de los reclusos. No es ya una persona, sino la presencia. Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en muchas otras, porque no está “sólo en los ojos sino que está en la piel de uno mismo” (1)

Jeremy Bentham, seguro había leído lo suficiente sobre los mitos y leyendas de la antigüedad grecorromana cuando en 1787 acuñó el término Panóptico para diseñar arquitectónicamente cárceles, hospitales, escuelas, talleres… para vigilar sin ser visto. En la primera de las 21 cartas de las que se compone su tratado, La Inspección, dice: “Se puede estar castigando al incorregible, guardando el demente, reformando el vicioso, confinando el sospechoso, empleando el ocioso, manteniendo el desvalido, curando el enfermo, instruyendo el obrero en cualquier rama de la industria, o entrenando la raza creciente en el camino de educación: en una palabra, así se aplique a los propósitos de prisiones perpetuas, o el cuarto de muerte, o prisiones para el encierro, o penitenciarías, o correccionales, o fábricas, o manufacturas, o sanatorios, u hospitales, o escuelas”.

Con su propuesta, los vigilantes, con solo dos ojos, podían ver y controlar a decenas, centenas, de personas, y éstas saber que constantemente estaban vigiladas, al igual que Argos Panoptes, el monstruo de los cien ojos de la mitología griega, (el sirviente de los dioses que “todo lo ve y nunca duerme” -Pan: totalidad, mundo. Optes: mirada, ojos-). El panóptico arquitectónico se convirtió en una instalación para la dominación de forma permanente, un mecanismo de observación desde un lugar escondido vigilando constante y minuciosamente consiguiendo un conocimiento total sobre la actitud de los vigilados para verificar si un individuo se conduce o no como debe, si cumple o no con las normas impuestas, si se disciplina, si se arrepiente,… creando un auténtico terror como el expresado por Prometeo: “¡Argos me está mirando de nuevo! ¡Mantenlo alejado, oh Tierra! Tengo miedo cuando veo esa miríada de ojos” (Esquilo, Prometeo encadenado)

El invento de Bentham tomó forma emblemática a partir de 1932 en Cuba durante la dictadura de Gerardo Machado: “La vigilancia en las circulares era extrema y con muy pocos vigilantes. Un guardia penetraba por el túnel de las circulares y se situaba en la torre central, la cual termina en su parte más alta con una garita, de tal forma que el vigilante no es observado por los reclusos, ni ellos saben cuando éste los observa debido a la forma de construcción y los penados tampoco conocen cuando ocurre el cambio de guardia, por lo que es una vigilancia siempre alerta bajo la mirada oculta” (2).

Aunque en Cuba, durante la guerra de independencia, el general español Valeriano Weyler Nicolau impuso en 1896 la denominada “reconcentración” convirtiendo las ciudades controladas por el ejército colonial en inmensos campos de concentración en los cuales los “ojos” de los militares españoles querían controlar a los campesinos e impedir que éstos ayudaran al ejército mambí.

La proclama que daba inicio a la reconcentración decía: “Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes”. Vigilancia, control y castigo que, salvando el tiempo y el espacio, tiene muchas similitudes con los denominados “confinamientos pandémicos” impuestos en multitud de países, cuyas consecuencias en las áreas alejadas de los centros del capitalismo mundial, han sido y son, miseria, hambre y desesperación de las gentes que sobrevivían de la llamada economía informal. Al parecer estas gentes son los modernos rebeldes o los colaboradores de los rebeldes, como decía Weyler. El historiador Raúl Izquierdo Canosa, autor de investigaciones sobre esta etapa de lucha del pueblo cubano, relata: “Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Guines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ‘¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre?’ Pues precisamente para eso hice la reconcentración” (3).

En diversos países se construyeron en el primer tercio del siglo XX multitud de panópticos para encarcelar a los transgresores de las normas establecidas, pero seguramente España se llevó la palma ya que disponía de este tipo de instituciones en Barcelona, Badajoz, Lugo, Madrid, Oviedo, Valencia y Vigo. Muchas más que en cualquier otro país.

Lo que Bentham no sabía es que su propuesta sería modernizada en el siglo XXI hasta un extremo tal, que el pobre Argos quedaría como un títere de feria en lugar de un héroe. Los millones de panópticos actualmente funcionando en todo el mundo a través de la arquitectura e ingeniería informática, los sistemas de detección vía satélite, las cámaras capaces de identificar rasgos físicos almacenados en gigantescas bases de datos tienen como única finalidad el control de la población y la modificación de su comportamiento. Y los modernos Argos Panoptes, leales servidores de los modernos dioses, aunque sólo tengan dos ojos físicos, disponen de miles de ojos virtuales y al igual que en los panópticos carcelarios, nadie los ve, pero todo el mundo sabe que está observado.

“En primer lugar, encontramos la ciencia al servicio del poder… Lo fundamental es que el sujeto se sienta vigilado y, en función de ello, actúe según esperan los resortes del poder” (4).

Esta ciencia, como otras ciencias, si bien es cierto que podrían utilizarse para conocer y reprimir en todo momento los fraudes fiscales, las evasiones de capital, la explotación de los emigrantes jornaleros del campo, los tráficos de drogas, los tráficos de personas, las redes de prostitución, los sobornos a funcionarios, la corrupción política… La ciencia y los encargados de ponerla en funcionamiento a través de la técnica, la usan para determinar quién asiste a una manifestación, quién plasma una opinión contraria al poder establecido en internet, quién camina por la calle sin bozal, quién sin disponer de techo ocupa una vivienda vacía propiedad de un banco, quién sin recursos “pincha” la electricidad, quién…

Michel Foucault, en Vigilar y Castigar, nacimiento de la prisión (1975), dedica el capítulo tercero al panóptico desde la mirada de finales del siglo XX, y es recomendable su lectura en estos momentos de legislaciones represivas e imposiciones irracionales con la excusa de una pandemia como trasfondo tal como define Jaime Chuchuca. “El poder está experimentando los efectos del Estado policíaco mundial ad hoc, físico y virtual, de dominio coactivo, pero también de consenso autocoactivo, porque se precisa la limitación de la libertad por la sobrevivencia. El panóptico pandémico es el síntoma de la crisis y se destruirá también por ella” (5).

Una trilogía compuesta por “Pandemia, Crisis, Panóptico”, la cual es invisible pero determina el que hacer y el que pensar de cientos de millones de personas está instalada, como si fuera el Olimpo, en lugares inaccesibles, ya sea un organismo internacional, una corporación industrial o un satélite artificial, desde los cuales pueden monitorizar cualquier movimiento susceptible de poner, aunque sea en entredicho, la pandemia, la crisis y la vigilancia panóptica. Y de forma irresponsable, los propios vigilados regalan miles de informaciones a través de sus teléfonos móviles que quedan todas registradas en las bases de datos de los modernos Argos, los cuales pueden utilizarlas en cualquier momento sin que el vigilado sea consciente ni haya dado autorización para ello.

Las llamadas Leyes de Protección de Datos, tan utilizadas para esconder los enormes sueldos y gratificaciones de los altos funcionarios de los servicios públicos (como en la corporación de Transportes de Barcelona) o de los “cargos de confianza” de distintos organismos políticos, o de los dirigentes de las grandes centrales sindicales y partidos políticos, o de los miembros de los consejos de administración de las grandes corporaciones, o de las amantes del rey emérito; por el contrario, son vulneradas cotidianamente por lo que respecta al resto de mortales a través del panóptico digital.

Hasta el momento de la llamada tercera revolución industrial en el último tercio del siglo XX, con la masiva introducción del “Chip” en todos los procesos industriales, de servicios i en las ciencias sociales, es decir, durante el sistema impuesto después de la segunda parte de la guerra mundial, imperaba en los países llamados industrializados, la sociedad del espectáculo a imagen del “Panem et circenses” del imperio romano: grandes espectáculos musicales, deportivos, teatrales, políticos, religiosos… junto a unos ingresos más o menos decorosos del proletariado primermundista y unos sistemas de asistencia social para los más desfavorecidos. Entre el entretenimiento y la barriga llena, el concepto de explotación y alienación iban perdiendo adeptos, aunque en otras partes del mundo la situación era radicalmente distinta. Era la eficacia del capital sobre el proletariado industrial, era la paulatina desaparición del internacionalismo proletario.

Pero un sistema que vive en crisis permanente, es decir, en reestructuración permanente, y la parte del pastel que se distribuía, cual anona romana, entre el proletariado de los países de los centros imperialistas es cada vez menor, ya no bastan los espectáculos para acallar las voces de protesta, ya no bastan cuando cientos de miles de personas se han visto privadas de su vivienda y de sus fuentes de ingresos. Puede acontecer que se inicien desde diversos lugares focos de protesta, de airada protesta, tal vez de solapada revuelta, tal vez de organización social. ¡Cuidado, peligran los beneficios! ¿Qué hacer?

La pandemia no se sabe todavía con certeza a que obedece, ni su origen, ni si es pandemia, pero lo que sí es cierto y comprobable son los enormes beneficios de las grandes corporaciones internacionales del mundo digital, que a su vez están emparentadas con los conglomerados químico-farmacéuticos y con los medios de comunicación de masas. Y las corporaciones industriales, también es cierto y comprobable, que bajo el manto de la pandemia están reestructurando sus capacidades productivas a nivel mundial.

Pero todo ello queda en segundo plano, pues los medios de comunicación solamente hablan de infectados, sintomáticos, asintomáticos, testados, en una vorágine sin precedentes de medias verdades, muchas mentiras, y muchas censuras. A su lado la resurrección del héroe en la mitología griega: Argos Panoptes, el gigante de los cien ojos que ha cambiado de apariencia convirtiéndose en cámara fotográfica y de video, con ojos ultravioleta, infrarrojos, cromáticos,… que se vehicularán vertiginosamente por el 5G, teniendo por aliado los servicios de inteligencia, las bases de datos, las policías y los incautos que hacen coro, al igual que en las tragedias griegas.

Tal vez debería hacerse un llamamiento a modernos Hermes informáticos que no estén al servicio de los dioses, sino del proletariado, para acabar con los Argos Panópticos al servicio del Poder, para conseguir que millones de ojos de millones de personas vigilen y controlen a unos pocos miles de vigilantes y a los científicos que están al servicio de éstos.

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera»
Pablo Neruda

(1) http://www.bib.uia.mx/tesis/pdf/014525/014525_03.pdf
(2) https://www.ecured.cu/Presidio_Modelo_(Isla_de_la_Juventud
(3) https://www.ecured.cu/Reconcentraci%C3%B3n_de_Weyler
(4) https://revistaqdc.es/del-panoptico-moderno-a-la-vigilancia-liquida-de-la-posmodernidad/
(5) Jaime Chuchuca Serrano. Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca. 25 Marzo 2020

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