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Día: 1 de marzo de 2020 (página 1 de 1)

China arrastra al capitalismo mundial a la recesión

Los defensores del decrecimiento están de enhorabuena: por primera vez desde 2008, la economía mundial está en recesión. El PIB mundial disminuirá en el primer trimestre de este año y en el segundo también.

Dos países del G8 ya están en recesión. En primer lugar Japón, la tercera economía más grande del mundo, cuyo PIB se redujo en un 1,6 por ciento en el cuarto trimestre del año pasado y se espera que siga disminuyendo en el primer trimestre de éste.

Al haber sufrido ya una caída del 0,3 por ciento del PIB en el cuarto trimestre de 2019, se espera que Italia también experimente un segundo trimestre consecutivo de recesión.

Pero ni Japón ni Italia son capaces de arrastrar al capitalismo a una recesión mundial. Desde hace unos quince años, la contribución de Japón al crecimiento mundial ha sido sólo de 0,06 puntos por año y la de Italia de 0,02 puntos.

En cambio, la contribución de China al crecimiento mundial es de 1,2 puntos por año desde 2000. Si el gigante asiático tropieza y su PIB se derrumba, aunque sólo sea temporalmente, el capitalismo mundial no podrá recuperarse.

El PIB de China está cayendo bruscamente en el primer trimestre de este año y se espera que la disminución trimestral sea de alrededor del 1 por ciento.

El crecimiento medio anual del PIB chino podría desplomarse hasta el 3,5 por ciento a lo largo del año, el nivel más bajo de la historia estadística moderna de China: el 3,9 por ciento.

Hablamos sólo del impacto directo de la recesión china; a ella hay que añadir la indirecta, que se verá primero en Asia y luego en todo el mundo. Todos los países y todos los sectores de actividad se verán afectados. No olvidemos que, por ejemplo, el 60 por ciento del crecimiento del sector del lujo en los últimos 15 años procede de China.

El turismo, los viajes y el comercio internacional se ralentizarán, si no se colapsan completamente con la tontería del coronavirus. Eso reducirá aún más el PIB.

El crecimiento del comercio mundial cayó a un mínimo del 1 por ciento el año pasado. Es evidente que, con la disminución de este año, el crecimiento del PIB mundial sufrirá todavía más.

Si bien hace diez años el capital financiero internacional pudo poner en marcha de nuevo la maquinaria con la “flexibilidad monetaria”, es decir, a base de endeudamiento, ahora ya no les quedan más cartuchos. La deuda mundial es impagable y dará lugar a quiebras en cadena de grandes monopolios.

Al tiempo: lo que oiremos dentro de poco en la televisión es que la nueva recesión mundial es consecuencia del coronavirus.

La seudoecología es ‘una caricia de dios’

La piedra angular sobre la que el imperialismo ha construido la seudoecología moderna es el malthusianismo, una ideología que trata de frenar el progreso de los explotados y oprimidos de todo el mundo, con el pretexto de que el progreso no existe, o bien de que es contraproducente (para el planeta).

La tierra es finita y en ella no caben todos; sólo hay sitio para un puñado de privilegiados. En consecuencia, hay que frenar el crecimiento de la población mundial, que en el Tercer Mundo es excedentaria. Los medios para hacerlo van desde la eugenesia, hasta la esterilización.

El padrino moderno del malthusiansmo es Paul Ehrlich, uno de los mejores prototipos de la miseria intelectual que impera en las universidades y academias de todo el mundo, que acaparan eso que los mequetrefes califican como “ciencia”.

Ehrlich es biólogo y demógrafo. Su obra “La explosión demográfica”, publicada en 1968, la han convertido en un resumen de la imbecilidad contemporánea, que es posible encontrar en los atosigantes documentales de la televisión sobre medio ambiente, contaminación, superpoblación, extinciones, desastres, ecología…

A una obra estúpida, como la de Ehrlich, de cuya publicación se han cumplido ya 50 años, le pesa el transcurso del tiempo. Se ha dedicado siempre a hacer predicciones catastróficas, al más puro estilo anglosajón, y todas ellas han demostrado ser falsas. Hasta la Wikipedia lo reconoce así, a pesar de lo cual sus tesis, lo mismo que las de Malthus, están en todas partes.

En 2012 la secta raeliana le nombró “Guía Honorífico de la Humanidad” por sus esfuerzos para detener la superpoblación mundial. Ehrlich se declaró públicamente orgulloso del premio que había recibido.

Una de las mayores fuerzas políticas que ha luchado siempre en todo el mundo contra el malthusianismo es el Vaticano que, sin embargo, en 2017 claudicó, al invitarle a intervenir en la Academia Pontificia de Ciencias, cuyos miembros son nombrados por el Papa, para dar una charla sobre otra de las paranoias contemporáneas: la extinción biológica.

El seudoecologista Paul Ehrlich
¿Que hacía un abortista en el Vaticano? La Academia Pontificia de Ciencias dijo que ellos también estaban preocupados por el “desequilibrio insostenible” entre la población mundial y lo que la tierra es capaz de producir. Ya saben: agotamiento de los recursos, pérdida de la biodiversidad…

Es el gran triunfo de las seudociencias, respaldado por el Vaticano y sus científicos… nada menos. Por su parte, Ehrlich no escatimó elogios hacia el Papa Francisco y su compromiso con el medio ambiente. “Estoy encantado de que el nuevo Papa esté llevando a la Iglesia en la dirección correcta”, dijo.

No siempre existió esa luna de miel. En su libro de 1994, “La cigüeña y el arado», Ehrlich había escrito que la posibilidad más prometedora para que el Vaticano cambiara su posición sobre el control de la natalidad y permitir “que la humanidad se salve a sí misma” es la determinación de muchos católicos fuera del Vaticano para impulsar ese cambio.

En un artículo de enero de 2013, dos meses antes de la elección de Bergoglio como Papa, sostuvo que el catolicismo era “peligroso” por su posición natalista.

Al año siguiente dijo que “el Papa y varios obispos son una de las fuerzas realmente malas y regresivas del planeta” por su “oposición al uso de anticonceptivos”.

En septiembre de 2015 consideró que la encíclica papal “Laudato Si” era “un delirio de tonterías” porque no veía el control de la población como la solución a la crisis ecológica.

Al mes siguiente pidió al Papa que rompiera con las enseñanzas católicas apoyando “los derechos de la mujer y la planificación familiar”.

Todo cambió tras la conferencia de 2017 y los católicos se quedaron pasmados. La revista LifeSiteNews le preguntó a Ehrlich sobre las últimas tendencias mostradas por Bergoglio (*). El biólogo dijo que le veía “más preocupado por los problemas ambientales, como la alteración del clima y la Sexta Gran Extinción que amenaza la vida de las generaciones futuras”.

Ante las vacilaciones del Papa argentino, muchos católicos levantaron la voz, en defensa de la ortodoxia católica tradicional porque, según decían, el Papa estaba adoptando un “enfoque diferente” sobre el control de la natalidad.

Michael Pakaluk escribió en Crux Now que era una “pesadilla” ver al Vaticano honrar a un “vicioso atacante de la Iglesia”. El mensaje central de Erhlich no se centra sólo en el aborto sino en el control de la población mundial, escribía. Por lo tanto, invitarlo a hablar en el Vaticano “implica implícitamente adoptar sus compromisos éticos”.

“Ehrlich no ha cambiado sus puntos de vista en 60 años […] Interviene [en la conferencia del Vaticano] para contribuir al debilitamiento de la enseñanza católica”, escribió Pakaluk.

Steven Mosher, presidente del Instituto de Investigación de la Población, dijo que el cambio de opinión de Ehrlich hacia el catolicismo estaba determinado por la “nueva dirección” que el Papa trataba de dar a la Iglesia. “La misma Iglesia que le ha estado denigrando durante décadas está ahora aparentemente abierta a sus puntos de vista apocalípticos”, dijo.

Reggie Littlejohn, fundadora de la ONG antiabortista “Derechos de las Mujeres sin Fronteras” (Women’s Rights Without Frontiers), calificó las opiniones de Ehrlich de “irreconciliables con la enseñanza católica oficial”.

No era la primera vez que a un antinatalista le invitaban al Vaticano. Otros malthusianos como Ban Ki-moon y Jeffrey Sachs también estuvieron tratando de convencer a los cabecillas católicos de que debían subirse al carro de las nuevas corrientes apocalípticas.

Una lectura apresurada de la encíclica papal “Laudato Si” apenas encontrará diferencias con cualquiera de los repugnantes artículos seudoecologistas que publican por aquí los colectivos progres y posmodernos. “El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”, dice el Punto 84. La humanidad no debería alterar lo que ha recibido directamente de las manos de dios…

(*) https://www.lifesitenews.com/news/pro-abortion-speaker-at-vatican-conference-pope-is-the-person-in-the-world

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