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Día: 2 de diciembre de 2019 (página 1 de 1)

Un comandante de las fuerzas de élite alemanas ha sido suspendido por sus conexiones con los nazis

Varios neonazis han sido descubiertos en las filas de las fuerzas especiales alemanas, lo que plantea nuevas preguntas sobre la unidad de combate de élite del Bundeswehr (ejército federal).

Un soldado del KSK, los comandos de operaciones especiales, será suspendido del servicio esta semana después de que una investigación interna descubriera sus vínculos con los nazis, según el periódico Bild am Sonntag.

Con sede en la pequeña ciudad de Calw, en el sur de Alemania, a los KSK se les asignan las misiones más secretas y peligrosas del ejército alemán, incluyendo operaciones antiterroristas y rescates de rehenes en zonas de guerra.

La central de inteligencia del Bundeswehr (MAD) investigó a dicho soldado durante un período de meses después de recibir un aviso de un denunciante. Los espías tratan de averiguar por qué la cadena de mando no conocía la afiliación nazi del soldado, que combatió en la Guerra de Afganistán.

Otros dos soldados son sospechosos de haber hecho el saludo a Hitler, que es ilegal en Alemania, durante una fiesta privada organizada por el cabo. Uno de ellos ya ha sido suspendido mientras que la investigación sobre el otro continúa.

La preocupación de que las fuerzas de élite se hubieran convertido en un caldo de cultivo del fascismo surgió el año pasado cuando se supo que un combatiente de la KSK desempeñaba un papel central en la organización secreta de un grupo de “preppers”, que es como se conoce a quienes realizan prácticas de supervivencia para cuando fuera necesario.

Las investigaciones subsiguientes del grupo llevaron a detenciones, incautaciones de armas y a la aparición de listas de muerte con nombres de políticos y militantes progresistas.

A principios de este año, una investigación separada de un soldado altamente condecorado del KSK condujo a la suspensión de sus conexiones dentro de los movimientos neonazis.

Aunque las actividades exactas de la investigación del MAD siguen siendo secretas, los medios de comunicación alemanes informan que en el verano que empezaron a prestar especial atención a la base de KSK en Calw debido a los múltiples indicios de que el fascismo prevalecía entre las tropas de élite.

En otoño, un informe publicado en Der Spiegel afirmaba que se habían abierto más de dos docenas de investigaciones sobre las tropas del KSK, un número notablemente alto para una unidad que se cree que contiene unos 1.100 soldados en servicio activo.

https://www.telegraph.co.uk/news/2019/12/01/german-elite-forces-facing-neo-nazi-scandal-commander-suspended/

Más información:

– Una red compuesta por 200 nazis opera clandestinamente dentro del ejercito alemán
– Los cuarteles del ejército alemán se llenan de parafernalia nazi
– En mayo de 2917 fue detenido un miembro del espionaje alemán cuando preparaba un atentado yihadista de falsa bandera
– En mayo de 2917 fue detenido un oficial del ejército alemán que preparaba atentados yihadistas de bandera falsa
– Detenido un espía alemán cuando preparaba un atentado yihadista de falsa bandera
 

La guera de las galaxias ya ha empezado

En torno a la Tierra orbitan casi 9.000 satélites, la mayor parte de los cuales son chatarra. Sólo unos 2.000 están activos. Además, hay unos 23.000 objetos de más de 10 centímetros de tamaño registrados por el ejército estadounidense que también giran alrededor del planeta a más de 20.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, cualquier colisión puede destruir un satélite y crear más chatarra.

Entre la chatarra hay fragmentos de misiles. En 2007 China destruyó uno de sus satélites con un misil y dos años después se produjo una colisión entre un satélite militar ruso y un satélite de comunicaciones.

Internet va a empeorar la situación. Los lanzamientos de satélites aumentarán. La constelación OneWeb incluirá 648 satélites. Kuiper, propiedad del sátrapa estadounidense Jeff Bezos, el de Amazon, constará de 3.236 unidades. SpaceX, fundada por Elon Musk, ya ha lanzado 120 satélites de su constelación Starlink desde mayo, que podrían incluir hasta 42.000 satélites.

Uno de los satélites de Starlink casi causó una colisión, obligando a la Agencia Espacial Europea a desviar su satélite Aeolus de su trayectoria a principios de septiembre para evitar el desastre.

El espacio exterior se ha militarizado. Las fuerzas aéreas ya se llaman fuerza aeroespaciales. Hay tantos satélites que las grandes potencias no saben ni cuántos hay, ni a quién pertenecen, ni la función que desempeñan.

Una parte importante de los satélites se dedican al espionaje. Otros no son más que bombas ambulantes preparadas poara destruir otros satélites. Unos satélites se lanzan al espacio para vigilar a otros. En 2017 el satélite espía ruso Louch-Olymp se acercó al satélite militar franco-italiano Athena-Fidus y desde entonces no ha dejado de arrimarse a uno o a otro.

Existen satélites kamikaze, como el ruso Cosmos 2499, que puede maniobrar para atacar a otro satélite, o dispositivos equipados con armas para capturar otro satélite, como el chino Shiyan-7.

Las grandes potencias cuentan con radares para el rastrear a los satélites de órbita baja (menos de 2.000 kilómetros), que es donde se encuentra la mayor parte de la chatarra espacial. También disponen de telescopios para las órbitas geoestacionarias (36.000 kilómetros).

La guerra de las galaxias ya ha empezado. Estados Unidos inauguró en agosto su mando espacial (Spacecom) con una ceremonia oficial en la Casa Blanca. “Es un momento histórico, un día histórico, que reconoce que el espacio está en el corazón de la seguridad y defensa nacional de Estados Unidos”, dijo Trump durante el brindis.

La fuerza espacial será la sexta arma del Pentágono y su presupuesto alcanza los 8.000 millones de dólares.

El científico que puso las nuevas formas de tortura a disposición de la CIA: Sidney Gottlieb

“Todavía estoy en estado de shock”, dice el escritor Stephen Kinzer por lo que ha sabido de los experimentos realizados por un científico del gobierno de Estados Unidos que pocos conocen por su nombre: Sidney Gottlieb.

“No puedo creer que esto haya sucedido”, relata tras publicarse un libro suyo con el sugerente título “Envenenador en jefe: Sidney Gottlieb y las investigaciones de la CIA sobre control mental” (1). Es una historia de la carrera de 22 años de Gottlieb, el químico que ejecutaba proyectos de control mental que tenían como objetivo ayudar a Estados Unidos en su lucha contra el comunismo desde la década de 1950 hasta la década de 1970.

Las investigaciones sobre los efectos de las drogas sobre el control del yo y las actividades volitivas respondían a una pregunta: ¿se puede obtener información gracias a las drogas que afectan al sistema nervioso superior? Si es así, ¿qué agentes son los mejores para ese propósito?”.

Kinzer cita un memorando de la CIA sobre el proyecto, posteriormente llamado Alcachofa (Artichoke). En los años 50 y 60 Gottlieb “dirigió la aplicación de cantidades y variedades de drogas desconocidas en muchas personas mientras buscaba la receta más adecuada para alterar la conciencia para moldear efectivamente los pensamientos y comportamientos de los sujetos”.

Gottlieb realizó pruebas de LSD en prisioneros, funcionarios del gobierno y pacientes de hospitales y a muchos no les informaron de que estaban experimentando en ellos con narcóticos.

Uno de los ejemplos citados es el caso letal de un oficial de la CIA que murió de una manera altamente sospechosa después de que Gottlieb supuestamente mezclara su bebida con LSD.

Más tarde diseñó venenos a medida cuando sus jefes plantearon la cuestión de “tratar” con un dirigente extranjero, con el siniestro médico finalmente interpretado por el actor Tim Blake Nelson, en la serie de Netflix “Wormwood” de la que ya hemos hablado aquí en otra entrada (2).

Kinzer esboza bastantes detalles nuevos en su libro, la primera biografía del científico. Por ejemplo, “Envenenador en jefe” describe la forma en que Gottlieb participó en sesiones de tortura en bases militares estadounidenses y permitió que su colega, un médico, le diera LSD a niños.

El libro señala que cuando “los científicos de [la Operación] Alcachofa ideaban un nuevo fármaco u otra técnica que querían probar […] le pedían a la estación de la CIA en Corea del sur que suministrara un lote [de] ‘sujetos prescindibles’”.

Un memorando de la CIA sugirió que esos sujetos eran necesarios para la prueba de una “nueva técnica importante” que no tenía nombre, pero agregaba: “la técnica no tiene problemas de eliminación después de la aplicación”.

El proyecto de Gottlieb involucró a jefes de estado extranjeros que pertenecían al campo antimperialista. Según los colegas citados por Kinzer, preparó “un tubo de pasta de dientes previamente envenenado” destinado al primer ministro congoleño Patrice Lumumba, aunque nunca se usó.

También dirigió un equipo científico que trabajaba en un extraño complot para deshonrar a Fidel Castro: creyendo que su fuerza se acumulaba en su barba, Gottlieb propuso que se rociaran sales de talio en sus botas para que se le cayera el pelo de la barba, “dejándolo abierto a ridiculizar y derrocar”.

Kinzer cree que sus 22 años con la agencia dejaron una huella significativa en la CIA como lo es hoy: dice que hay “una línea recta entre el trabajo y las técnicas de Sidney Gottlieb que los agentes estadounidenses enseñaron a los servicios de seguridad latinoamericanos en los años 60 y 70”.

“Estas técnicas también se usaron en Vietnam, y luego las técnicas de tortura y los llamados interrogatorios extremos que se usaron en Abu Ghraib y Guantánamo”, agregó Kinzer. Dado un “suministro efectivamente ilimitado” de LSD suministrado por la empresa farmacéutica Eli Lilly a la CIA, Gottlieb se convirtió quizás en “el estadounidense desconocido más poderoso del siglo XX”, afirma Kinzer.

Después de la CIA, el padre de cuatro hijos trató de reinventarse, trabajando con niños con problemas del habla. “Nadie tenía idea de lo que había hecho en el pasado, pero quedó atormentado por aquello”. Kinzer asume que cuando falleció en 1999 no se anunció oficialmente ninguna causa de muerte.

(1) https://www.amazon.com/Poisoner-Chief-Sidney-Gottlieb-Control/dp/1250140439/ref=sr_1_1?keywords=kinzer&qid=1573676166&s=books&sr=1-
(2) https://mpr21.info/2017/12/frank-olson-el-caso-del-asesino.html

Más información:

– Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
– Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
– Guía práctica del perfecto criminal
– Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá
– 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

Como la transición política, la transición ecológica también es una traición

Juan Manuel Olarieta

Los grandes movimientos seudoecologistas tienen su origen en los sectores más reaccionarios del imperialismo posterior a la Segunda Guerra Mundial. El capitalismo monopolista de estado es el auténtico motor de este movimiento y no los grupos verdes, cuyo papel es subordinado: son los Caballos de Troya de los anteriores, la correa de transmisión de la burguesía en las filas populares. Ayudan a disfrazarlo de algo que por sí mismo no es, como si hubieran surgido “desde la base”, como si tuvieran un carácter reivindicativo.

La acción combinada de unos (imperialistas) y otros (ecologistas) ha impulsado un movimiento unánime que ha llegado hasta los últimos rincones del mundo, impregnándolo todo. Una parte de los partidos se dedican al capítulo verde, una parte de los medios reserva un hueco a la información verde y así sucesivamente. Lo verde está por todas partes y, además, de una manera dramatizada, como crisis y como emergencia.

Para poder conseguir esa unanimidad, el seudoecologismo se ha convertido en una industria que se autofinancia, permitiendo que muchos vividores obtengan pingües beneficios de la histeria de masas que han levantado. Los verdes han creado desde nuevas bolsas de valores que antes no existían, hasta mercancías respetuosas con el medio ambiente, pasando por cátedras, universidades, ministerios, instituciones públicas (internacionales, nacionales, autonómicas, municipales) y privadas, medios de comunicación, movimientos políticos y sociales, escuelas y cursos de educación ambiental…

Esa unanimidad crea la impresión de que fenómenos como la emergencia climática son los más importantes y los más graves, por encima de cualesquiera otros, como la explotación del trabajo infantil, por ejemplo, o el hambre, o el analfabetismo, o la guerra, o la precariedad laboral, o los accidentes de trabajo.

“Los grandes medios de comunicación se han confabulado para asegurarse de que no se ignore la emergencia climática”, informa The Guardian (1). Más de 60 cadenas de comunicación del mundo entero se han adherido al proyecto Covering Climate Now para que nunca falten noticias sobre la crisis climática, es decir, para mantenerla en el candelero permanentemente, un verdadero lavado de cerebro.

No existe esa misma preocupación de los medios de comunicación por los 218 millones de niños esclavizados y explotados en el mundo, seguramente porque no es una cuestión tan candente. No hay agencias de prensa dedicadas única y exclusivamente a denunciar la explotación infantil, como la Agencia de Noticias Ecologista o Ecoportal, por ejemplo (2). Tampoco ningún país del mundo tiene ministerios contra la explotación del trabajo infantil porque la omnipresencia verde lo encubre todo pero, especialmente, se encubre a sí misma.

Que un movimiento de estas características oculte su propio origen imperialista es lo normal, porque siempre ocurre así. Que encubran también las motivaciones reales (económicas, de clase) de su impulso, también es normal. Que nos vendan la leche en cajas de cartón, también es lo suyo.

Pero el origen de la leche no está en la caja sino en las ubres de una oveja, o una cabra, o una vaca, o un camello, y lo mismo ocurre con el ambientalismo. Ahí está la raíz del problema: el recadero que lleva el mensaje de la reacción desde su origen hasta el más recóndito de los barrios, es un cómplice, un Caballo de Troya ecologista que no tiene vida propia, que es una mera correa de transmisión, el equipo de sonido a través del cual habla el imperalismo.

Luego llegan las lamentaciones, como ocurrió durante la transición política, y hablarán de “desencanto”, de “traición”, de “transacción”, como si los traicionados fueran ellos. Este es el segundo engaño. No señores: vosotros no estáis siendo engañados por los seudoecologistas sino que formáis parte del engaño. Estáis aparentando que no conoceis experiencias como las de Los Verdes en Alemania que, formando parte del gobierno, participaron directamente en la política imperialista de destrucción de los países balcánicos y en los bombardeos con armas radiactivas.

Si un medio de comunicación tan especialmente infame como la Cadena Ser, reserva un apartado para dar voz a “Ecologistas en Acción” (3), es porque dicha organización no tiene ningún carácter reivindicativo, no forma parte de ninguna lucha popular sino del entramado monopolista y propagandístico del Estado fascista.

Un sindicato podrido hasta el tuétano, como Comisiones Obreras, ha asumido la tarea de llevar la “emergencia climática” a las fábricas (4) para cumplir con el papel de correa de transmisión que los monopolios le han asignado: involucrar a la clase obrera en la política económica de los imperialistas.

Comisiones Obreras podría haber iniciado una campaña así contra los fondos buitre para que no desahucien a los trabajadores de sus viviendas y miles de problemas parecidos, absolutamente cruciales y realmente dirigidos contra el capitalismo, a diferencia de la transición ecológica. Hace falta ser un sinvergüenza integral para dirigirse a una familia a la que le han arrebatado su vivienda para decirle que tiene una urgencia, pero que es de tipo climatico.

Tanto si es real como si es ficticia, la crisis climática no tiene nada que ver con el capitalismo y, en consecuecia, la “lucha” contra ella es como la batalla de Don Quijote contra los molinos de viento. El pretendido “anticapitalismo” de los verdes encubre su contrario: es una parte del propio capitalismo. De ahí que el colectivo Burbuja pida que no se mezcle al movimiento ecologista con la lucha contra el capitalismo porque perjudica al “objetivo principal” que es “la preservación de los ecosistemas de forma que sean capaces de seguir sustentando a las sociedades humanas” (5). Lo importante es siempre que haya un buen ambiente.

Los seudoecologistas quieren convertir a los ecosistemas en materia inerte. Son conservacionistas, una ideología reaccionaria que, como cualquier otra, pretende mantener las cosas tal y como están actualmente. No sólo no quieren cambiarlos (perjudicarlos) sino que su objetivo es que permanezcan en el futuro tal y como están ahora, que los bosques sigan siendo bosques, los desiertos sigan estando desiertos, los lagos conserven el agua, los glaciares el hielo, los valles su fertilidad, las costas sus playas y las playas su arena.

“Sólo el ecologismo puede frenar al capitalismo”, titula La Marea (6), el típico medio que sirve de termómetro para medir el elenco de tonterías del reformismo posmoderno. El socialismo está pasado de moda; ya no es lo que fue (si es que alguna vez fue algo para los posmodernos). Con su énfasis en el desarrollo de las fuerzas productivas, el socialismo también resultaría perjudicial para el medio ambiente porque es “desarrollista”, una palabra que fue fetiche en los sesenta y que ahora se ha convertido en su contrario: el desarrollo económico es contraproducente (según los ecologistas).

La transición ecológica es como la transición política, o sea, una traición, y no servirá de nada reconocerlo dentro de 40 años. Hay que decirlo ahora, en plena cumbre climática de Madrid, y hay que señalar con el dedo acusador a los que engañan a sus afiliados diciéndoles que luchan contra el capitalismo.

En los setenta los traidores no fueron los fascistas. En lo que llevamos de siglo los traidores no son los capitalistas. En un caso y en otro, los traidores son sus cómplices, esos que presentan al capitalismo al revés: como anticapitalismo. No deberíamos dejarles que se hagan los locos por más tiempo: los traidores son esos que se llaman comunistas, anarquistas, anticapitalistas, sindicalistas, izquierdistas, antisistema… a pesar de que su actividad consiste en llevar agua al molino de la explotación.

(1) https://www.theguardian.com/environment/2019/jul/25/the-guardian-joins-a-major-media-initiative-to-combat-the-climate-crisis
(2) http://agenciaecologista.info/, https://www.ecoportal.net/
(3) http://cadenaser.com/tag/ecologistas_accion/a/
(4) CCOO quiere trasladar el debate de la transición ecológica y el cambio climático a los centros de trabajo, https://www.lacomarcadepuertollano.com/diario/noticia/2019_09_10/45
(5) https://www.colectivoburbuja.org/juan-carlos-barba/anticapitalismo-y-ecologismo-por-que-es-un-error-mezclarlos/
(6) https://www.lamarea.com/2014/06/10/solo-el-ecologismo-puede-frenar-al-capitalismo/

Los que luchan contra el capitalismo deberían impedir que las niñas trabajen en las fábricas de ladrillos

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