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Día: 24 de marzo de 2019 (página 1 de 1)

39 personas se han suicidado en los últimos 7 años al ser desahuciados de sus viviendas

Un desahucio no consiste sólo en arrojar a una familia de su casa. A veces es una pena de muerte porque 39 personas se han suicidado en los últimos 7 años al ser desahuciados de sus viviendas.

La última en quitarse la vida por causas relacionadas con un desahucio es una mujer de 70 años del municipio de Bescanó (Girona). El pasado martes, la comitiva judicial acudió a la vivienda para desahuciar a su propietaria y la encontraron muerta. Con ella son ya, al menos, 39 las víctimas por suicidio relacionados con los desahucios desde 2012.

Hace cuatro meses, otra mujer de 65 años se tiró desde la ventana de su vivienda en Chamberí (Madrid) ante su inminente desahucio. Minutos antes había llegado al lugar la comisión judicial, acompañada por la policía municipal, para materializar el desalojo de la vivienda por impagos del alquiler. Las unidades de emergencia no pudieron reanimar a la víctima, que se encontraba en parada cardiorespiratoria.

El verano pasado, un hombre de 50 años también decidió acabar con su vida saltando al vacío cuando iba a ser desahuciado de su vivienda en Cornellá de Llobregat (Barcelona), que compartía con su pareja. El desalojo se acordó tras un juicio verbal por impago de alquiler. El piso formaba parte de la cartera de activos inmobiliarios dudosos Quasar, perteneciente al Banco Santander y al fondo buitre Blackstone.

El número de desahucios ejecutados el año pasado fue de 59.671, según el Consejo General del Poder Judicial. Del total, el 62,5 por ciento fueron por impago del alquiler, y otros 18.945 se derivaron de ejecuciones hipotecarias.

Cada día 163 familias son expulsadas de sus casas por el capital, los bancos, los fondos buitres, los especuladores y quienes les consienten sus crímenes.

Ya saben: la Constitución “garantiza” el derecho a una vivienda digna…

https://lainspeccion.com/la-cifra-de-suicidios-relacionados-con-desahucios-asciende-a-39-en-los-ultimos-siete-anos/

Aurora Picornell: comunista balear asesinada por el franquismo

“Podéis matar a hombres, a mujeres, a niños como el mío que todavía no han nacido. ¿Pero, y las ideas? ¿Con qué balas mataréis las ideas?”. El imaginario colectivo atribuye esta frase a la activista Aurora Picornell, asesinada por el franquismo en la noche de reyes de 1937. Antes de abandonar la cárcel con las tropas del régimen, dicen que la joven se despidió de sus compañeras de celda, llevando con ella una bobina de hilo que prometió hacerles llegar si sobrevivía. Después de ser torturada, fue fusilada y enterrada en una fosa común. La bobina nunca regresó.

Picornell se ha convertido en un icono de la memoria histórica y del republicanismo, tanto que popularmente se le conoce como la Pasionaria de Mallorca. El auge de la figura de Picornell ha culminado con la instalación de un busto en su memoria en el barrio palmesano del que era vecina: El Molinar. Al acto, impulsado por el Ayuntamiento de Palma y el Consell de Mallorca en el marco de la iniciativa “Mallorca té nom de dona”, asistió la sobrina de Picornell, Catalina, cuyo padre también fue asesinado por el régimen.

Picornell fue un “personaje absolutamente rompedor”, una persona que consiguió desmontar “el rol tradicional de las mujeres” a principios del siglo XX, como comenta el historiador David Ginard Féron. Autor de Aurora Picornell: feminismo, comunismo y memoria republicana en el siglo XX (2018) y de Aurora Picornell: de la historia al símbolo (2017), Ginard es uno de los expertos más reconocidos en este ámbito. “Picornell es el icono perfecto: tiene un nombre emblemático, es mujer y, además, activista. Hasta hay camisetas de ella”, comenta.

Nacida en 1912, Picornell destacó desde muy joven en una sociedad cerrada, católica y tradicional como la mallorquina. Ginard comenta que Picornell se movió en dos ámbitos novedosos para la mujer de la época: el laicismo –en 1930 pasó a formar parte de la Liga Laica de Mallorca– y el feminismo –en 1928 hizo el prólogo del libro La mujer, ¿es superior al hombre?, de la escritora Margarita Leclerc. Picornell dio importantes pasos en el feminismo de los años 30 y fue la primera en impulsar actividades por el día de la mujer en Baleares en 1934.

Tras la instauración de la Segunda República, Picornell se incorporó en el Partido Comunista de España y se convirtió en “la figura más importante del partido en la isla, a pesar de ser solo una militante”, afirma Ginard. Su capacidad de oratoria, unida a su empatía y movilización constante, la llevaron a dar el salto al mundo sindical: como se dedicaba al textil, al igual que gran parte de las mujeres mallorquinas, organizó el Sindicato de Sastrería de Mallorca.

La sastre Picornell adquirió una “enorme popularidad”, como recuerda Ginard. “Incluso, las personas jóvenes escribían cartas a la prensa obrera diciendo que querían ser como ella”, recuerda el historiador. Por ello, no le sorprende que fuera una de las primeras personas en ser detenidas tras el golpe militar el 18 de julio de 1936. Mallorca estuvo, desde el principio, en la zona sublevada. Picornell fue llevada a la prisión provincial de Palma, mientras el régimen franquista tumbaba la República.

Poco tiempo duró en prisión: en la noche de reyes de 1937, del 5 al 6 de enero, el régimen la mató. Tenía 24 años. “Fueron unas circunstancias particularmente trágicas, la asesinaron junto a cuatro mujeres, una era una madre que estaba con sus dos hijas”, dice Ginard. Las cinco fueron asesinadas mediante la técnica de las “sacas de presos“: con una orden de liberación firmada por el gobernador civil, los agentes sacaban a los prisioneros para “ponerlos en libertad”, aunque en realidad terminaban matándoles a sangre fría.

Picornell y sus cuatro compañeras fueron asesinadas en el cementerio de Porreres. El cuerpo de la sastre fue enterrado en la fosa común del Camposanto y sus restos no han sido localizados. Pero la tragedia en torno a la Pasionaria de Mallorca no terminó tras su asesinato: el franquismo también mató a su padre y a sus dos hermanos. Además, su marido, al acabar la Guerra Civil, intentó organizar la resistencia en el Partido Comunista. Acabó detenido, torturado y asesinado (*).

Picornell ha vuelto a ser noticia tras la instalación de un busto suyo en el barrio de El Molinar (Palma), gracias a la iniciativa “Mallorca té nom de dona”, del Consell Insular. “El objetivo es poner, en el espacio público, nombres de mujeres que han significado mucho para la isla”, explica Jesús Jurado, vicepresidente segundo y conseller. La familia dice que está “muy contenta de que se reconozca la figura de Aurora y de que se haya hecho al menos un poco de justicia”.

No es casualidad que Picornell sea una de las mujeres escogidas para feminizar el espacio público. “Ella ha sufrido un proceso de simbolización. La sociedad la ha convertido, mientras estaba viva y una vez muerta, en un icono”, comenta Ginard. El historiador menciona, incluso, todas las teorías que giran en torno a la sastre: por ejemplo, que uno de los asesinos se paseó por los bares de El Molinar con un sujetador de Picornell lleno de sangre. “Es parte de la cultura popular, aunque solo sea una de los 1.5000 republicanos muertos en Mallorca”, concluye.

https://www.eldiario.es/sociedad/Aurora-Picornell-pasionaria-Mallorca-republciana_0_879462265.html

(*) El marido de Aurira Picornell se llamaba Heriberto Quiñones.

De torturar para los nazis a espiar para la CIA: el caso de ‘Brígida la Sanguinaria’

Su extrema brutalidad y la fiereza de sus zarpazos le valió el apodo de La Tigresa, aunque otros prisioneros decidieron denominarla ‘Brígida la Sanguinaria’. Aquella mujer alta, rolliza, de espeso cabello castaño, gozaba fustigando a los internos que con miedo, ni tan solo se atrevían a mirarla a la cara. Hildegard Lächert parecía un “demonio demente”, tal y como aseveraban los supervivientes.

Era como si una fuerza maligna se hiciera dueña de su mente y de su cuerpo. Hasta la expresión de su cara se tornaba cuando sentía esa violenta necesidad de golpear y asesinar. Esta guardiana fue el “azote sádico” de campos de concentración nazis como Majdanek o Auschwitz. Pero tras quedar en libertad, la sorpresa llegó cuando se convirtió en una agente espía de la CIA.

Esta temida criminal nazi, de nombre completo Hildegard Martha Lächert, había nacido el 20 de enero de 1920 en Berlín. En cambio, lo único que se conoce de ella es que se dedicó a la enfermería en la capital alemana y que tuvo varios hijos. Dos de ellos antes de los 22 años y justo antes de ingresar en el campo de concentración de Majdanek como Aufseherin (vigilante); y el tercero lo tuvo en 1944 mientras servía en el centro de exterminio de Auschwitz.

Apuntar primeramente que Lächert ni siquiera formaba parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) antes de ser guardiana, simplemente decidió alistarse para “ayudar” en el Frauenlager (campamento femenino) de Majdanek. Su profesión como enfermera podría servirles de mucho al personal del campo en cuestión. Aunque como veremos, sus tareas se extralimitaron.

Durante sus andanzas en este centro de internamiento algunas testigos como Janina Latowitcz, contaron durante el juicio de Majdanek que Lächert “era como una bestia, hambrienta de sangre”. Se trataba de una mujer perversa y retorcida. A pesar de tener dos hijos pequeños, los niños sufrieron los peores maltratos. Era como si les profesase un odio especial. La Aufseherin era el “azote sádico del campo”, como llegó a argüir otra de las supervivientes.

Pese a que físicamente tenía apariencia de “buena niña” e incluso “muy bella”, Henryka Ostrowska declaró que “cuando hablaba con los hombres de las SS o con sus camaradas, era encantadora y muy divertida. Pero cuando nos hablaba y nos golpeaba, la cara era horrible. La cara, no era la cara de una mujer”.

El sobrenombre de “Brígida la Sanguinaria” no era por casualidad. Le encantaba azotar a las reclusas hasta que la carne empezaba a sangrar a borbotones. Aquella “puta sádica brutal”, como la denominaba su compañera Christa Roy, se divertía jugando con el látigo, azotando una y otra vez la espalda y el pecho de los presos. Ninguna parte de su cuerpo se libraba de su seña de identidad.

Por otro lado, Lächert siempre salía bien armada a pasear por el campo. Portaba una pistola y siempre alardeaba ante los reos de ser una buena tiradora. Era la mejor manera de infundirles pavor. Otras veces, cuando veía a alguien robando comida, utilizaba una barra de metal. En ese instante, La Tigresa embestía atrozmente contra la víctima hasta dejarla sin conocimiento.

Curiosamente, el mayor Schiffer presentaba a la guardiana como un modelo de mujer nazi, ya que mostraba una “firmeza necesaria”. Esta descripción chocaba de lleno con la que hacían sus reclusas que manifestaban que la Hildegard normalmente corría por el campo gritando como alma que lleva el diablo, mientras abofeteaba a todo aquel que no se quitase el sombrero cuando pasaba.

De las 500.000 personas que poblaban el campamento, la mitad fueron asesinadas impunemente y seleccionadas a morir en las cámaras de gas. La exagerada irritación que sentía hacia los niños de Majdanek, la llevaron al menos en dos ocasiones, a gasear a grupos de más de cien pequeños. Para conseguirlo, les daba caramelos. De este modo se ganaba su confianza a la hora de subirlos a los camiones.Por otro lado, durante el último año de servicio en el campo, Lächert se quedó embarazada y tras dar a luz a su tercer hijo, en 1944 deciden trasladarla al campo de concentración de Auschwitz. Allí permaneció hasta el mes de diciembre. Escapó cuando se enteró de la inminente llegada del Ejército Soviético.

Pero las referencias sobre lo que ocurrió después no son concluyentes. Hay informes que sitúan a Hildegard como supervisora de Bolzano, un campo de detención en el norte de Italia, mientras que otros insisten en que estuvo en el campo de Mauthausen-Gusen en Austria.

Sea como fuere, el 24 de noviembre de 1947 la Tigresa se sentó en el banquillo de los acusados con otros 23 ex miembros de las SS, en el famoso juicio de Auschwitz. Entre los procesados de esta primera vista judicial celebrada en Cracovia (Polonia), destacaron criminales como María Mandel, Luise Danz, Alice Orlowski o Therese Brandl.

El 22 de diciembre el Tribunal llega a un veredicto y condena a Hildegard Lächert a 15 años de prisión por los crímenes de guerra cometidos en Auschwitz y Płaszów. Enviada a una cárcel de Cracovia, la ex Aufseherin pasa allí parte de su pena. Tan solo nueve de los quince años que le impusieron. Queda en libertad en 1956.

Durante casi veinte años Hildegard recuperó su vida. Se hizo ama de casa, cuidó de sus pequeños y pasó desapercibida entre la comunidad de vecinos. Pero cuando parecía que todo había acabado para la ex guardiana nazi, el gobierno alemán decide reabrir el caso y detener a 16 antiguos vigilantes del campo de concentración de Majdanek. Entre ellos, Lächert.

Este proceso -considerado uno de los más largos en la historia de los crímenes de guerra nazi- se inició el 26 de noviembre de 1975 y concluyó el 30 de junio de 1981 en una Corte de Düsseldorf. Uno de los principales motivos por los que se alargó tanto fue que la mayoría de los testigos no querían que sus antiguos verdugos los vieran, ni pasar de nuevo por el horror de contar lo sucedido.

Respecto al iracundo comportamiento de Lächert en el campo de concentración, gran parte de los testigos la describieron como la “peor” persona de todo el campo, “la más cruel”, “la bestia”, “el pánico de los reclusos”.

Se la acusaba de ser cómplice de más de 1.200 asesinatos. Pero uno de los principales cargos que se le imputaron fue el de haber incitado a uno de los perros que siempre la acompañaba, a que atacase a una presa judía. Su único delito: haber sido violada y embarazada por un oficial de las SS del que la Aufseherin se había encaprichado. El animal acabó destrozando a la confinada.

También se la imputó por emplear constantemente una fusta de montar reforzada con bolas de acero y con la que provocó la muerte a más de un preso; de disparar a sangre fría a una judía griega después de que su perro le diese caza; de ahogar a dos internas en el pozo negro por no haber limpiado suficientemente los retretes del campo; y como no, de formar parte en la selección a las cámaras de gas.

En su defensa, la acusada intentó negar lo sucedido: “Yo nunca lesioné gravemente o maté a nadie, ni siquiera tomé parte en la selección” de personas para ser asesinados. Aún así, “Brígida la Sanguinaria” se enfrentó a ocho cadenas perpetuas por los cargos anteriormente citados. Y finalmente, el Tribunal la condenó a 12 años de prisión.

Cuando la gente congregada en la abarrotada sala escuchó la sentencia y el veredicto, comenzaron a gritar y exclamar: “Esto es un escándalo” y “una ofensa para las víctimas del nazismo”. De todos los inculpados, solo uno de ellos fue condenado a cadena perpetua. Aquel 30 de junio de 1981 terminó en Düsseldorf “el último gran juicio” del nazismo bajo las airadas protestas de los asistentes.

Tras cumplir su pena, Hildegard Lächert fue puesta en libertad y pasó sus últimos años en su ciudad natal, Berlín, donde murió en el año 1995. Sin embargo, una investigación realizada por el semanario alemán Der Spiegel en 2016, reveló entre otras cosas que salió antes de tiempo de prisión y que llevó una doble vida tras el proceso judicial. Parece ser que tanto la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) como el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), reclutaron a esta asesina como espía para luchar contra la antigua Unión Soviética y los países socialistas.

“Por primera vez ha quedado demostrado que una vez que concluyó la Segunda Guerra Mundial los servicios secretos de los países occidentales reclutaron no sólo a criminales nazis hombres, sino también mujeres”, explica la publicación germana. Porque ambas instituciones gubernamentales “sabían a quien tenían en sus filas”. Tras varios años de espionaje, las agencias de inteligencia finalmente prescindieron de sus servicios por un curioso motivo: hablaba demasiado.

El lanzamiento de marcadores químicos contra los manifestantes (y 2)



Juan Manuel Olarieta

Tras una reunión urgente del Consejo de Ministros convocada por la crisis de los “chalecos amarillos”, el Primer Ministro Edouard Philippe anunció nuevas medidas represivas de última generación, además de las antiguas, como el empleo de drones y los marcadores químicos codificados (PMC).
Hasta ahora los marcadores se habían utilizado para prevenir los atracos a bancos y furgones blindados, señalizando los billetes con tinta indeleble.
Pero la técnica ha introducido una novedad, los objetos de marcado codificado, que son dispositivos químicos indetectables a simple vista, inodoros e incoloros, que permiten marcar tanto las propiedades, como las personas y los lugares.
Es un verdadero ADN sintético que permite, por ejemplo, marcar objetos valiosos e identificar así el origen de la propiedad de un robo, señalizando al autor del delito.
Los PMC imprimen un código de identificación único. Asociado con el despliegue de estos dispositivos, la policía interviene principalmente en las etapas cruciales del revelado de la marca y el descifrado del código asociado. Con lámparas ultravioleta, la policía controla la marca y garantiza así la prueba material del delito.
En 2015, el municipio de Aubagne, en Francia, distribuyó cerca de 700 unidades a los vecinos (*). En Marsella los centros comerciales están equipados con estos marcadores. En caso de atraco, las alarmas y los radares de presencia los dispersan automáticamente, aunque también se pueden activar manualmente.
La instalación de sistemas de dispersión en centros comerciales tiene un doble objetivo. Por un lado disuade a los atracadores mediante la colocación visible de señales en el área protegida, de la misma manera que las cámaras de vigilancia. Por el otro, marca a todas las personas y cosas que están en dicha zona.
La piel del autor queda impregnada durante varias semanas, su pelo durante seis meses y su ropa de por vida. Puede ser localizado en cualquier momento, durante un control rutinario en carretera o en su casa. Para ello basta con proyectarle luz ultravioleta.
Naturalmente, además de los ladrones, también quedan marcados los clientes, los trabajadores, los niños… todos los que están en el escenarios del crimen.
La técnica PMC se ha extendido a los cables eléctricos, las obras de arte y los vehículos. Las empresas productoras garantizan la unicidad del código asociado al marcado. Al consultar la base de datos de los proveedores, un objeto marcado, denunciado como robado, puede ser devuelto a su propietario resaltando el producto marcado codificado, incluso después de varios años.
Lo que se empezó aplicando a los delitos, se ha extendido a los derechos, como el de manifestación, permitiendo a la policía identificar a quienes acuden a las manifestaciones y a quienes pasean por la calle. Pero, ¿quien es capaz de diferenciar a uno de otro?
(*) https://www.lci.fr/france/ ladn-chimique-la-nouvelle-arme-anti-cambriolage-1522920.html
http://www.presos.org.es/index.php/2019/03/24/la-policia-francesa-identificara-manifestantes-con-marcadores-quimicos-como-lo-hace-con-los-atracadores-articulo-de-juanma-olarieta-y-2/



Más información:

– El lanzamiento de marcadores químicos contra los ‘chalecos amarillos’ en las manifestaciones

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