La web más censurada en internet

Mes: septiembre 2018 (página 4 de 9)

Orgía de sexo, drogas y… ¡novichok!

La cloaca medíatica británica no descansa. Alimentada por el gobierno, el Caso Skripal es un filón de portadas sensacionales y sensacionalistas. Las acusaciones no paran ni un momento y una película de acción trepidanete se está haciendo esperar demasiado.

Después de que el gobierno afirmara que dos ciudadanos rusos, Alexander Petrov y Ruslan Boshirov, eran los espías rusos implicados en el intento de asesinato de Serguei Skripal y su hija Julia, le ha tocado el turno a los plumíferos.

El Daily Mail dice que ambos rusos, a los que llama “los asesinos del Kremlin”, pasaron una noche de desenfreno en un hotel de Londres consumiendo drogas con una prostituta unas horas antes de viajar a Salisbury rociar con “novichok” en la puerta de la casa de Skripal.

Fueron muy poco discretos. Casi ni parecían espías. En el City Stay Hotel, en el este de Londres, contrataron una habitación doble que les costó 75 libras esterlinas y montaron tal juerga que no dejaron dormir al resto de huéspedes.

Otro periódico, The Sun, asegura que a la mañana siguiente, los espías se pelearon con los trabajadores del hotel, cuando les increparon por el “sexo ruidoso” que habían tenido durante toda la noche.

Un huésped del hotel afirma que reconoció a la pareja por el vídeo de la policía y le dijo al periódico: “Pude oler la hierba en su habitación. Estaba cerca de la puerta y en el pasillo, no había ninguna duda. Deben haber sido alrededor de las 7:00”.

Más tarde entró una mujer: “Creo que era una prostituta. Se acostaban juntos. Definitivamente. Los oí teniendo sexo muy fuerte durante mucho tiempo”.

El testigo supone que era una mujer como supone que era prostituta: “No creo que los hombres estuvieran durmiendo juntos”. Naturalmente. ¿No sabe que en Rusia la homosexualidad está prohibida? Debería leer la prensa…

 Los espías rusos en una foto difundida por la policía de Londres

¿Por qué se ha frenado la ofensiva siria sobre Idlib?

Ayer Putin anunció un acuerdo con Erdogan para crear, antes del 15 de octubre, una zona desmilitarizada bajo su control en la región de Idlib, el último bastión terrorista de Siria.

“Hemos decidido crear una zona desmilitarizada de 15 a 20 kilómetros de ancho a lo largo de la línea de contacto a partir del 15 de octubre de este año“, dijo el Presidente ruso tras una reunión de más de cuatro horas con su homólogo turco en la localidad rusa de Sochi.

“El ejército turco y las unidades de la policía militar rusa controlarán” la zona desmilitarizada, continuó Putin, añadiendo que las armas pesadas de todos los grupos deberán ser evacuadas de Idlib antes del 10 de octubre.

Según el Presidente ruso, este acuerdo presenta “una solución seria” que permite “avanzar en la solución del problema” y Erdogan aprovechó la ocasión para apuntarse al carro de las preocupaciones humanitarias:

“Estoy convencido de que con este acuerdo hemos evitado que se produzca una grave crisis humanitaria en Idlib”, dijo. “Rusia tomará las medidas necesarias para garantizar que no se produzcan ataques contra la zona de desescalada de Idlib”, añadió.

Se veía venir. En la cumbre de Teherán celebrada el 7 de septiembre, Rusia y Turquía no pudieron ponerse de acuerdo porque están en momentos diferentes y con estrategias también diferentes.

Moscú gana tiempo porque considera que el reloj juega a su favor. En el otoño hay elecciones en Estados Unidos y los rusos esperan que la crisis en sus relaciones con Turquía se agudicen aún más.

Turquía compra cerca de la mitad de sus importaciones de petróleo crudo de Irán y ha declarado que no cumplirá con las nuevas sanciones impuestas por Washington, lo que seguirá tensando las relaciones entre ambos países.

Si esas previsiones se verifican, Ankara no podrá añadir una crisis con Rusia cuando tiene dificultades con Estados Unidos; no le quedará más remedio que arrojarse en los brazos de Putin.

Además de aniquilar a la resistencia kurda, la estrategia de Erdogan en Siria quiere reforzar sus posiciones en Idlib, para lo cual debe reforzar las posiciones de las milicias turcomanas bajo su control, ahora denominadas “Frente Nacional de Liberación”.

Pero dichas milicias son minoritarias. El 60 por ciento de la región de Idlib está controlada por el grupo yihadista Hayat Tahrir Al-Sham, la antigua rama de Al-Qaeda en Siria.

Turquía quiere desarmar a ese grupo para sustituirlo por sus peones turcomanos y, una vez controlada la región, podría instalar en ella a los refugiados sirios y tendría un peso mucho mayor en la mesa de negociaciones posterior a la guerra.

El plan comprende también evacuar a los pistoleros Al-Qaeda de Idlib para llevarlos a Afrin y Jarablus, donde se intregrarían en la Operación Escudo del Éufrates, es decir, que se convertirían en la fuerza de choque contra los kurdos.

Pero los planes de Turquía son como el cuento de la lechera. No les va a resultar fácil sacarlos adelante. Siria no está dispuesta a admitir el control de Idlib por Erdogan, ni el de Afrin, ni el de Jarablus.

Al-Qaeda tampoco. Acaban de publicar una “fatwa” contra la presencia de los militares turcos “apóstatas” en Idlib.

Dado que, tras las presiones de Rusia, Erdogan tuvo que declarar a Hayat Tahrir Al-Sham como organización terrorista, en febrero se produjo otro reagrupamiento rocambolesco para cambiarle el nombre, que ahora se llama Tanzim Hurras Al-Dine, o sea, “Organización de los Guardianes de la Religión”

Karoshi: el exceso de trabajo es la causa de la muerte de unos 200 trabajadores al año en Japón

El día de Navidad de 2015, Matsuri Takahashi, una mujer de 24 años de edad, se arrojó por la ventana de su casa. Había empezado a trabajar en Dentsu, el gigante mundial de publicidad, en abril del mismo año. Una víctima más de karoshi, la “muerte por exceso de trabajo“, reconocida en Japón como un accidente laboral desde 1989.

En su cuenta de Twitter, Matsuri había admitido que solo dormía “dos horas” al día y que tenía jornadas laborales de 20 horas. También llegó a escribir: “mis ojos están cansados ​​y mi corazón está muerto” o “creo que sería más feliz si me mato aquí”.

El karoshi no es sino un reflejo brutal de hasta donde llega la explotacion capitalista, que mezcla la meritocracia con la competición más extenuante por ser (o parecer) o hacernos ser (parecer) más dignos de ocupar un lugar en esta sociedad.

En promedio, un trabajador japonés trabaja 2.070 horas al año. El exceso de trabajo es la causa de la muerte de unos 200 trabajadores al año, por ataque cardíaco, accidente cerebrovascular o suicidio. Además, hay muchos problemas de salud graves derivados de trabajar sin descanso.

Esta forma de considerar el trabajo es uno de los legados de la edad de oro de la economía japonesa de la década de 1980, cuando la publicidad exaltó la abnegación de los trabajadores con un lema: “¿Estás listo para luchar las 24 horas del día?”

La reputación por el buen hacer laboral que persiguen los japoneses con obsesión no es un mito. Muchos trabajadores se sienten culpables por abandonar su empresa en vacaciones, temiendo ser percibidos como “el que descansa dejando que otros trabajen en su lugar”.

Existen casos de trabajadores que no quieren regresar a casa demasiado temprano por temor a qué dirán a sus vecinos o familiares sobre su supuesta falta de seriedad. Además, se intenta ir a tomar algo con los compañeros de trabajo para fomentar la cultura empresarial.

Pero este arduo trabajo no es muy lucrativo. De hecho, su productividad a menudo es descrita como baja por observadores externos que creen que esto explica en parte las deficiencias de competitividad de las empresas en el archipiélago.

A largo plazo esta forma de trabajar no solo es poco competitiva en términos mercantiles, sino que supone un riesgo en la salud de los trabajadores, pudiendo conducir al colapso de los recursos médicos. De hecho, la depresión y el suicidio como consecuencia ya aparecen como los principales retos a abordar en una sociedad obsesionada con acumular horas de trabajo.

El problema es que el agotamiento sigue siendo un “concepto difuso” que, por el momento, no aparece en ninguna de las principales clasificaciones internacionales sobre los trastornos mentales. Las personas pueden estar en un hospital con síntomas asociados con el agotamiento: cansancio extremo, agotamiento emocional o despersonalización con insensibilidad hacia los demás sin que identifiquen los síntomas con un cuadro de karoshi.

No hay un diagnóstico claro para esos síntomas, tampoco existen unos parámetros para saber si se ha llegado al límite de lo que se puede trabajar sin correr riesgo para la salud. Esta falta de conciencia de salud mental, unas prácticas laborales cada vez más abusivas y un mercado laboral transformado por la tecnología conducen a que se traspasen todos los límites de la dedicación al trabajo.

El miedo al paro y a quedarse fuera del sistema conduce a que las personas crean que trabajar a cualquier hora es una buena opción, cuando en realidad se merman las capacidades intelectuales y las consecuencias para la salud pueden ser irreversibles, con un mayor riesgo de caer en adicciones de todo tipo.

El karoshi, por tanto, se parecería a un “estrés crónico” que ya no se puede resistir, los pacientes ya no tienen la capacidad de soportarlo y caen en depresión. El término “quemado” (burnout) sin embargo es mucho más aceptado socialmente que la depresión en Japón, ya que el agotamiento extremo se considera casi un ”título de gloria”, mientras que una depresión es claramente menos “gloriosa”: se percibe como una forma de debilidad.

Pero este fenómeno no está restringido a los japoneses. Los estadounidenses incluso le han dado un nombre: “alcoholismo laboral” (workalcoholism). Esta dependencia del trabajo también se da en el Viejo Continente. En España, más del 12 por ciento de la población sufre de esta enfermedad y el 8 por ciento trabaja más de 12 horas al día. En Suiza, una de cada siete personas activas admite haber sido diagnosticada con depresión.

El Gobierno de Japón ha aprobado una reforma que permite a las empresas dejar de pagar horas extras a los trabajadores que ganan más de 80.000 euros al año, que son los más propensos a agotarse.

Además, El estado quiere imponer un mínimo de 5 días de vacaciones a los trabajadores japoneses para luchar contra la sobreinversión en el trabajo, perjudicial para la salud de los trabajadores y la productividad empresarial. En la Tierra del Sol Naciente, los trabajadores son recompensados ​​con 20 días de vacaciones pagadas al año, si tienen al menos seis años y medio de antigüedad. Sin embargo, los trabajadores toman menos de la mitad de estas vacaciones.

La nueva ley no se aplica a los trabajadores a tiempo parcial, sino solo a los trabajadores que tienen derecho a por lo menos 10 días de vacaciones anuales pagadas. De hecho, se aplicaría cuando hubiera riesgo para la salud de un accidente en el trabajo o la muerte debido a la fatiga sea real.

http://www.lavozdelsandinismo.com/curiosidades/2018-09-16/muerte-por-exceso-de-trabajo/

El gobierno comunista nepalí pone freno a la penetración de los evangelistas procedentes de Estados Unidos

En Nepal el gobierno comunista ha aprobado una ley para prohibir las conversiones religiosas, lo que no es fácil de explicar para quienes consideran que la religión no tiene que ver con “la política”, o que se trata de convicciones personales o prácticas rituales.

Las religiones no son otra cosa que instrumentos de dominación política, por lo que no pueden ser iguales en Estados diferentes. Una de las estupideces más grandes, muy extendida entre los ateos, consiste en creer que “todas las religiones son iguales”.

El gobierno de Nepal ha vuelto a demostrarlo y no tiene que ver tampoco con su carácter comunista, sino más bien con el nacionalismo. La prohibición de la propaganda para que la población cambie sus creencias religiosas es un intento de poner frente a la proliferación de movimientos cristianas que, bajo la forma de ONG, se han multiplicado en Nepal desde el final de la guerra de guerrillas.

Aunque la ley no lo dice, se trata de contener la plaga evangelista que ha desembarcado en el “techo del mundo”, cuya población hasta ahora era tradicionalmente hindú.

“Nadie puede convertir a otro para que cambie de religión, ni predicar su propia religión o creencias con las mismas intenciones, ya sea mediante el uso de métodos atractivos o poco atractivos, ni perturbar la religión o las creencias de ningún grupo étnico o comunidad que las haya practicado desde la antigüedad”, dice la ley.

En diez años el número de cristianos se ha triplicado en Nepal, especialmente entre los habitantes más pobres. Han desembarcado en compañía de la música “gospel” y otras sorpresas ajenas a los países asiáticos.

Lo mismo que en Latinoamérica, el evangelismo llega a Nepal como “quinta columna” del imperialismo para enfrentarlas entre sí a las comunidades locales y, finalmente, destruirlas y desestabilizarlas.

Dentro de poco empezaremos a leer “noticias” sobre persecuciones religiosas en Nepal, que serán equiparadas a las del Tíbet, con explicaciones que reconducen a la Guerra Fría, a Stalin, a Mao…

El comunista argelino Audin fue asesinado con un cuchillo para aparentar que lo mataron los árabes

La memoría histórica es así de importante, por más años que pasen. La decisión del Presidente de la República francesa Emmanuel Macron de admitir los crímenes cometidos por los colonialistas de su país en Argelia y, en especial, el asesinato del comunista e independentista Maurice Audin, del que ya hemos hablado aquí, ha levantado ampollas, a pesar de que han transcurrido 60 años.

Hay heridas que el mero transcurso del tiempo nunca cicatriza, en especial las responsabilidades criminales y políticos del gobierno central, los ministros, los generales del ejército y los partidos políticos, entre otros.

En su momento el gobierno concedió “poderes especiales” a las autoridades coloniales, una especie de artículo 155 para encubrir oficialmente la represión, los crímenes, la tortura, la quema de aldeas con napalm y otras represalias masivas contra la población civil.

Es lo que se llama “ley marcial”. El ejército consiguió carta blanca porque en 1956 el gobierno del “socialista” Guy Mollet se la concedió: “El Gobierno tendrá las más amplias facultades en Argelia para adoptar todas las medidas excepcionales ordenadas por las circunstancias, con el fin de restablecer el orden, proteger a las personas y los bienes y salvaguardar el territorio”.

Los diputados “comunistas” votaron a favor con la ingenua excusa de que ello permitiría las negociaciones con el FLN, como había prometido Guy Mollet durante la campaña electoral de aquel año.

También entonces había partidos, como el PCF, que creían (suponemos que haciendo un alarde ingenuidad) que los programas electorales se redactan para cumplirlos, que las leyes están para cumplirlas, etc.

Entre los firmantes del decreto imponiendo la ley marcial estaban el ministro de Justicia, François Mitterrand, un fascista que en los ochenta se hizo famoso, así como el socialista Robert Lacoste, Gobernador General de Argelia, porque el decreto suponía la eliminación de los jueces ordinarios y la imposición de los consejos de guerra en Argelia.

El ejército tenía, pues, plenos poderes e hizo uso de ellos de la manera esperada para tratar de impedir los inevitable: la descolonización y la independencia de Argelia. Envió 250.000 soldados más y el recurso a la tortura se hizo habitual.

Queda el crimen del que fue víctima Maurice Audin, los nombres de sus instigadores y ejecutores. Ciertamente, ya no están en este mundo, dicen algunos franceses, pero ¿debemos seguir considerándolos héroes, como el general Massu? (1)

Maurice Audin había sido asesinado con “plena y completa cobertura del poder político”, confesó el general Aussaresses antes de morir en 2013 (2). Basándose en este testimonio y en el de uno de sus suboficiales, se sabe que el general Massu ordenó a sus hombres ejecutar a Audin. Fue llevado a las cercanías de Argel, donde fue apuñalado y enterrado.

Una grabación en France Info de la confesión del general Aussaresses en su lecho de muerte confirma su participación en el asesinato, que se llevó a cabo “con un cuchillo, para hacer creer a la gente que los árabes son los responsables”.

Según L’Opinion, en 1957 los militares empezaron a sospechar que el gobierno los quería utilizar para negociar con los independentistas, por lo que comenzaron a asesinar a quienes podrían convertirse en los interlocutores del gobierno.

El comandante Aussaresses se convirtió en el ejecutor material de esa política y le confiaron a los presos que estaban demasiado maltrechos por las torturas para ser devueltos a la vida civil. En los años posteriores a la guerra de Argelia, Aussaresses se jactó en privado de haber liquidado dos dirigentes interdependentistas, Larbi Ben Mhidi, cuyo nombre está ahora en una de las principales avenidas de Argel, y el abogado Ali Boumendjel, que fue defenestrado tras un interrogatorio muy severo.

Los prisioneros fueron asesinados con cuchillos o pistolas y luego colocados en una fosa común a 30 kilómetros de la capital. Otros fueron embarcados en helicópteros y lanzados a la bahía de Argel. Algunos terminaron dentro de vigas de cemento. Aussaresses dice que él mismo disparó a 24 independentistas.

Estos crímenes, que son ampliamente conocidos, no frenaron el ascenso en la jerarquía militar del comandante Aussaresses, que llegó a obtener el grado de general.

(1) http://canempechepasnicolas.over-blog.com/-08
(2) http://www.humanite.fr/politique/mort-d-un-professionnel-du-crime-554591

Más información:
– Comunista, independentista, matemático
– El comunista que ponía las bombas en Argel
– Francia deportó a dos millones de argelinos durante la guerra colonial
– Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

 

El impulso del imperialismo británico al terrorismo yihadista (2)

Straw, ministro de Exteriores en 2006
Martin Bright

En diciembre de 1972 un oscuro mandarín del Foreign Office regresaba de un viaje por Oriente Medio convertido en una persona muy confusa. Como la mayoría de funcionarios y expertos de la época, James Craig creía que la principal amenaza a los intereses británicos en la región venía de los nacionalistas árabes y de los marxistas revolucionarios. Pero como buen diplomático que era, Craig mantuvo sus oídos abiertos, y el rumor en la calle era intrigante: en Jordania y Líbano, el arabista de 48 años de edad escuchó rumores de un resurgimiento islamista.

Craig escribió a Sir Richard Beaumont, embajador británico en Egipto, que había recogido rumores de un resurgimiento similar en Egipto y los compartió con el personal de las embajadas en Oriente Medio para alertarlos y pedir respuestas. “Una teoría que escuché en Beirut era que, ante el fracaso del nacionalismo árabe, la gente estaba virando hacia la alternativa de nacionalismo islámico. Repliqué que también esto había fracasado; efectivamente, fracasó hace mucho. La respuesta fue que la cantidad de tiempo transcurrida desde ese fracaso hacía posible intentarlo una segunda vez”.

En la época de la carta de Craig las respuestas, reveladas en documentos del National Archive desclasificados en 2003 fueron negativas casi por entero. En Líbano el embajador escribió: “Le mantendremos informado de los hechos, pese a que no esperamos que esto sea importante en el futuro cercano”. Nuestro hombre en Jordania dijo a Craig: “No vemos señales de un resurgimiento fundamentalista islámico aquí”. Jerusalén simplemente afirmó: “No vemos señales en la Franja occidental de un resurgir islamista”. Solamente R.A. Burroughs, embajador británico en Argelia, había empezado a recoger los mismos mensajes que Craig y Beaumont. Informaba de que los “síntomas” de un resurgimiento islamista no eran difíciles de encontrar. De hecho, Craig y Beaumont habían tropezado con la reactivación de la Hermandad Musulmana, conocidos en árabe como Jamiat al-Ikhwan al-Muslimin. Fundada por Hassan al-Banna en 1928, llamaba a un regreso a los principios del islam y al establecimiento de la shariá. Pese a que a menudo se presentan como “moderados” en comparación con los psicópatas yihadistas de Al-Qaeda, la consigna de la Hermandad sigue siendo hoy “Alá es nuestro objetivo. El profeta es nuestro guía. El Corán es nuestra constitución. La yihad es el camino. Morir por Alá es nuestra más alta esperanza”.

La Hermandad Musulmana fue brutalmente eliminada en Egipto tras un intento de asesinato del presidente Nasser en 1954 y una creencia común la consideraba como una fuerza desaparecida. De hecho, sus miembros se reagruparon en el exilio en Oriente Medio y en 1981 el Presidente Sadat fue asesinado por cuatro miembros de una escisión de la Hermandad. Sadat fue asesinado por islamistas pese a haberse acercado inicialmente a la Hermandad para distanciarse del panarabismo de izquierda de su antecesor y para demostrar sus devotas credenciales musulmanas. Liberó a miles de islamistas de prisión, legalizó la Hermandad e hizo de la shariá “la principal fuente de toda la legislación pública”. El destino de Sadat es una lección objetiva de lo difícil que es asimilar al tigre islamista.

Craig se convertiría en embajador británico en Arabia saudí y Siria. El 27 de abril de 2004 el Guardian decía que era uno de los 52 ex diplomáticos que avisaron al primer Ministro de que la política que estaba llevando a cabo con Estados Unidos sobre el problema árabe-israelí e Irak era un error. Con el tiempo, Craig se alineó con el consenso general del Foreign Office, concluyendo que hablar de un resurgimiento islamista era exagerado. Ahora admite que se quedó tan sorprendido como cualquiera por la revolución islámica iraní en 1979. Esta posibilidad estaba tan lejos de las mentes del Foreign Office en 1972 que Irán era uno de los pocos países de Oriente Medio que Craig no consultó en 1972. Pero Burroughs en Argelia conocía el futuro: un partido islamista, el Frente Islámico de Salvación, venció al gobierno del Frente Nacional de Liberación nacionalista en la primera vuelta de las elecciones a finales de 1991, para encontrarse con que los militares suprimieron la segunda vuelta a principios de 1992. La amarga guerra civil entre el gobierno y los islamistas que siguió costó más de 100.000 vidas.

Han pasado tres décadas desde la carta de Craig, y otro hombre en el Foreign Office intenta desesperadamente luchar a contracorriente. Esta vez nadie duda de la “vuelta del nacionalismo islámico”: la inevitable marcha del islam político se acepta a ciegas ahora en los círculos del Foreign Office igual que se negó como una cómica curiosidad histórica en 1972. Algunos han llegado a elaborar planes para una alianza abierta con la Hermandad Musulmana, la principal fuerza en Egipto tras las elecciones de 2005 con 88 diputados en una Asamblea Popular de 454 escaños. El 23 de junio de 2005 Derek Plumby escribía al director político del Foreign Office, John Sawers: “Detecto entre nosotros la tendencia hacia el acuerdo por el acuerdo; a confundir ‘compromisos con el mundo islámico’ con ‘compromisos con el islamismo’, y a menospreciar los aspectos ocultos para nosotros contenidos en las probables políticas exteriores y sociales de los islamistas, si alcanzaran el poder en países tales como Egipto”. En su carta, Plumby recomendaba una precaución extrema, sugiriendo que el Foreign Office se confundiría si creía que el compromiso afectaría de algún modo la futura dirección de la Hermandad Musulmana. “Sospecho que habrá relativamente pocos contextos en los que seamos suficientemente capaces de influenciar los planes islamistas”. Plumby había sido avisado de los movimientos en la política respecto a la Hermandad Musulmana en una mesa redonda sobre compromisos con islamistas en el mundo árabe, que había tenido lugar en París el 1 y 2 de junio de 2005. Esa mesa redonda incluía a funcionarios de toda Europa, que escucharon a académicos y analistas expertos en el área. Publiqué los primeros detalles de la carta de Plumby en el New Statesman en febrero, pero también tengo una copia de una circular interna del Foreign Office resumiendo detalles de la mesa redonda que había causado a Plumby tal preocupación. La carta la dirige Angus McKee, alto funcionario del departamento de Oriente Medio y norte de África en el Foreign Office, a Frances Guy, jefe del grupo “Relaciones con el Mundo Islámico”, que también desempeña un papel importante en el trabajo con los musulmanes británicos. Pese a que la carta se considera un informe objetivo del debate en torno a si los gobiernos occidentales debieran establecer conversaciones con los islamistas, revela que los altos funcionarios no estaban preguntando si Inglaterra debía llegar a acuerdos con los radicales islámicos sino, más bien, cómo hacerlo.

La lista de países en los que ahora se comprueba una presencia islamista significativa fueron precisamente los países contactados por Craig en 1972: Marruecos, Argelia, Egipto, Palestina, Jordania, Siria y Líbano. Pero ahora el consenso parece ser que los islamistas intervinientes en los procesos políticos en Oriente Medio debieran ser buscados como socio en la reforma de las estructuras democráticas en la zona. Olivier Roy, del CNRS en París y autor de “El fracaso del islam político” se ve mencionado de forma aprobadora en el resumen de Angus McKee, diciendo que las tradicionales políticas occidentales de contención y represión hacia los islamistas han sido un fracaso. “El argumento de que el autoritarismo crearía una sociedad secular que llevaría por sí misma a la democracia se ha demostrado erróneo”, afirmaba Roy en el encuentro. “Ahora tenemos regímenes incapaces de reforma, que en la práctica han aumentado el atractivo del islamismo. Si occidente esta interesado en reformas, tendría que considerar cómo integrar a los islamistas en el sistema político”.

El atractivo de los diversos movimientos islamistas se discute en detalle, y puede resumirse de la siguiente manera: se oponen a regímenes opresivos o a un ocupante extranjero; tienen un mensaje anticorrupción seductor; tienen habilidad para implantar estructuras de asistencia social alternativas a las proporcionadas por el Estado. Bajo el titular de “Motivos para el acuerdo”, el informe de McKee en la mesa redonda de París incluso sugiere que podría resultar beneficioso dar ayuda a los grupos islamistas en vez de a los gobiernos: “Dado que los grupos islamistas están a menudo menos corrompidos que la generalidad de las sociedades en las que operan, debiera considerarse canalizar recursos de ayuda a través de ellos, en la medida en que se disponga de suficiente transparencia”.

McKee dice que en París ningún momento no se discutió sobre la ideología islamista, ni sobre las consecuencias de la principal preocupación de Derek Plumby, la llegada al poder de un partido islamista. A veces, el análisis es lamentablemente de una visión muy corta: solo unos meses antes de que Hamas ganara las elecciones palestinas, Angus McKee pudo hacer una afirmación sobre los islamistas palestinos: “Muchos quieren participar en el sistema político, pero temen asumir poder y responsabilidad. Para Hamas, el convertirse en parte del Gobierno podría indicar una complacencia de su parte en entablar un diálogo con Israel, una noción a la cual se opone implacablemente”.

Al final fueron los daneses quienes aportaron su política pragmática de no negociar con Hamas como tal, pero llegar a negociaciones con todos los políticos electos, incluso si pertenecía a partidos islamistas. Era una estrategia que el Foreign Office encontró atractiva, y parece ser admisible que ese principio orientara las discusiones posteriores sobre la negociación con la Hermandad Musulmana sin aparentar conversar con grupos extremistas. Pese a la alta sintonía del Foreign Office con los islamistas, Angus McKee sin embargo se sorprendió del enfoque “directo” de Alemania de permitir a sus representaciones negociar con cualquiera que “pudiera llegar al poder en un plazo de cinco años”.

En su carta al director político del Foreign Office, John Sawers, de 23 de junio de 2005, Plumby acepta conversar con los islamistas. Las preocupaciones de Plumby giran en torno a negociaciar sin un detallado conocimiento de lo que el gobierno británico espera obtener de ello. Pero tiene sospechas de que el gobierno ya ha adoptado una política general de compromiso, sin tener en cuenta las consecuencias para determinados países. “Si entramos en una postura que considere un principio general [esa negociación] entraremos en dificultades específicas en determinados países, incluyendo éste. Visto desde aquí, sería mejor adoptar una postura para cada país individual, en orden a seguir nuestros objetivos mundiales de reforma. Los principios generales debieran ser de aplicación universal (democracia, libertad de expresión, respeto a los derechos humanos, etc.)”. Pero la sugerencia de Plumby de que sería mejor continuar tras el telón, recogiendo información país por país sobre la Hermandad Musulmana, fue aparentemente rechazada a favor de la adopción de un principio general de acuerdo con los islamistas.

Las conversaciones de París llevaron en 2005 a la difusión de un informe sobre las políticas de la Hermandad Musulmana titulado “La Hermandad Musulmana, ¿terroristas?”. Este documento, muy revelador, subraya la historia de esa organización y es un convincente argumento para llegar a acuerdos con la versión moderna y reformada del movimiento. Un mes después de la reunión en París, el Foreign Office se orientaba hacia una política de compromiso total, pese a las preocupaciones de Plumby.

El análisis del Foreign Office está en profunda sintonía con la Hermandad Musulmana, prohibidos en Egipto, y se muestra crítico con los intentos del presidente Hosni Mubarak de demonizar a la organización como “terrorista”. El autor es también Angus McKee, quien se muestra como una de las principales fuerzas impulsoras tras la facción del Foreign Office favorable al acuerdo, o al menos un efectivo abanderado de la política previa. “Se trata de una política consistente, que, junto con detenciones periódicas y otros acosos, intenta mantener a la Hermandad Musulmana ‘dentro de la caja’. Sin embargo, pese a ello, la Hermandad Musulmana siguen siendo la mayor y más efectiva oposición en Egipto. Su capacidad para movilizar apoyo y su crítica del actual sistema son mucho mas efectivas que las de los partidos de la oposición oficiales”.

A medida que se desarrollaban las conversaciones en el verano de 2005, los mandarines del Foreign Office hicieron circular un informe con el título “Debemos hablar con los islamistas políticos en Oriente Medio, y no sólo en Irak”. Fue redactado por Richard Murphy, Asistente al Secretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos de Oriente Medio en el gobierno Reagan, y por Basil Eastwood, antiguo embajador británico en Damasco, una impresionante pareja en la propaganda interna de guerra del Foreign Office. Los dos veteranos arabistas escribían que ellos habían dialogado con “un pequeño grupo de gente cercanos a las diferentes ramas nacionales de la Hermandad Musulmana, con Hamas y con Hezbollah”. Su entusiasmada conclusión era a favor del diálogo. En esencia, categorizan la ideología islámica de la Hermandad Musulmana en tres campos: el “islam oficial” de los regímenes de Oriente Medio y Asia, que desprecian por no liberal y antidemocrático; el “islam yihadi” de Al Qaeda y otros grupos, comprometido con la violencia como estrategia revolucionaria, y el “islam político”, que busca reformas en el islamismo a través de procesos democráticos.

Las tesis de Murphy y Eastwood a favor de los acuerdos con los islamistas son claras y ordenadas y se resumen en el siguiente párrafo: “Tal vez la mejor prueba a su favor [de los islamistas políticos] es el hecho de que son duramente criticados por musulmanes extremistas que abogan por la violencia para implantar una dirección clerical autoritaria. Porque, cuando se trata de política, los musulmanes no están más unidos que los cristianos. El islam político varía de un país a otro, pero existen diferencias mucho más grandes entre los islamistas políticos y el ‘islam oficial’ por una parte y entre ellos y los yihadistas por otra. Incluso dentro del islam suní (ortodoxo) hay grandes divisiones entre los exponentes del ‘islam oficial’, los islamistas ‘políticos’ que buscan cambios pero no abogan por la violencia para derrocar regímenes y los yihadistas, los extremistas islámicos que sí lo hacen”. Los autores no aclaran que las tres ramas que identifican no están tan definidas como ellos quisieran. En el mundo musulmán individualmente, muchos pasan fácilmente de una categoría a otra, o bien ocupan dos o más a la vez.

En efecto, Murphy y Eastwood abogan por un diálogo inmediato con el islam político para evitar una conflagración y su conclusión es apocalíptica: “Creemos que los gobiernos del G8 deben ahora, tal vez de forma indirecta, entrar en diálogo con dichos movimientos e implicarlos en la vía de la sociedad civil del proyecto ‘Broader Middle East Initiative’ del gobierno Bush. Si queremos evitar un choque de civilizaciones entre el islam y occidente (o, incluso más serio, con en islam en occidente) y si somos serios respecto a las reformas en Oriente Medio, tenemos que negociar con aquellos que luchan por adaptar su fe al mundo como es ahora, y no como era en los tiempos del Profeta”. Es fácil ver que este tipo de argumento clásico de “tercera vía” puede parecer atractivo a funcionarios deseosos de agradar a los ministros del Nuevo Laborismo proclives a las políticas de compromiso y triangulación. No sorprende que venciera a los enfoques más cautos de funcionarios como Plumby.

En enero de 2006, después de que la Hermandad Musulmana lograran un quinto de los diputados en las elecciones egipcias, el Foreign Office aprovechó la ocasión para cambiar su política sobre ellos, algo que llevaba preparando algún tiempo. Un memorándum a los ministros fechado el 17 de enero de 2006 subrayaba las opciones preferidas:

– “Incrementar la frecuencia de contactos de trabajo con los parlamentarios de Hermandad Musulmana (que no abogan por la violencia), especialmente con los miembros de comités parlamentarios.
– Cambiar el contenido de nuestro diálogo para centrarlo en comunicar nuestra política, así como estar en actitud de escucha
– Animar a otros países a adoptar una política similar de compromiso, incluyendo a la Unión Europea y a los Estados Unidos”.

Pese a que el documento afirma que ese cambio en su política tiene la aprobación de “Egipto” (es decir, de Plumby), el razonamiento tras las modificaciones parece estar en contradicción directa con lo que el embajador en El Cairo había dicho en su carta de junio de 2005, sobre no caer en el autoengaño de pensar que podamos usar nuestros contactos para influenciar sobre los islamistas políticos. El informe, que fue trasladado al entonces Secretario de Exteriores Jack Straw y al ministro de Oriente Medio Kim Howells afirmaba: “El incremento de los contactos puede ayudar a desanimar la radicalización. Interactuar con el ‘islam político’ es un importante elemento de nuestra estrategia contenida en el ‘Compromiso con el Mundo Islámico’ y debiéramos intentar influenciar estos grupos, que a menudo tienen una significante influencia en las ‘raíces’. También nos da la oportunidad de poner en duda su percepción de Occidente, incluyendo al Reino Unido, y sus recetas para resolver los desafíos respecto a Egipto y el área”.

La posición del gobierno británico fue clarificada en las respuestas parlamentarias a principios de 2006, en respuesta al ministro en la sombra conservador Michael Gove. Preguntado sobre los contactos entre el gobierno y la Hermandad Musulmana desde septiembre de 2001, Kim Howells respondía el 11 de mayo de 2006: “Funcionarios británicos han tenido contactos con miembros del parlamento egipcio, incluyendo contactos ocasionales con miembros de la Hermandad Musulmana desde septiembre de 2001. Los funcionarios también se han reunido con representantes de la Hermandad Musulmana en Jordania, Kuwait y Líbano. Además, los funcionarios han tenido contactos limitados con la Hermandad Musulmana en Siria, cuyos dirigentes están exiliados en Londres”. Interpelado en los Comunes el 23 de mayo por Keith Simpson, un portavoz de Asuntos Exteriores en la sombra conservador, sobre si algunos de los individuos con los que el gobierno estaba hablando estuvieran relacionados con el terrorismo, las respuestas de Howells fueron incluso mas reveladoras: “Ciertamente no tengo información sobre ello, y no tengo conocimiento de que alguien con los que hemos hablado estuviera relacionado con tales actos. El Honorable Caballero recordará, sin duda, que este Parlamento tiene alguna historia de conversar con organizaciones terroristas como el IRA. Me esforzaré en asegurar que no nos comprometemos con nadie que abogue por el terror, sea islamista o de otro tipo, que amenace matar a gente inocente”. La respuesta de Howells apunta a la profunda confusión dentro del gobierno sobre como enfrentarse a este desafío. Y plantea la pregunta de si contempla a la Hermandad Musulmana como una organización terrorista, o no.

¿Quién se beneficia de llegar a tales organizaciones? Ciertamente la Hermandad Musulmana sabe aprovechar tal aparente incertidumbre. El 2 de junio de 2006, el boletín semanal de la Hermandad Musulmana publicado en Londres informaba de la sesión de la Cámara de los Comunes del 23 de mayo con evidente alegría. Con el titular de “La Hermandad Musulmana domina las sesiones parlamentarias británicas”, aplaude la nueva postura de Gran bretaña sobre el diálogo y se congratula de su éxito al colocarse como un destacado protagonista en Egipto. Promoviendo el diálogo, el gobierno británico ha reforzado por tanto la credibilidad internacional de la Hermandad Musulmana. El acuerdo no es una calle de un solo sentido, claramente.

Martin Bright, When Progressives Treat with Reactionaries. The British State’s flirtation with radical islamism, Policy Exchange, julio de 2006, https://www.policyexchange.org.uk/wp-content/uploads/2016/09/when-progressives-treat-with-reactionaries-jul-06.pdf

El impulso del imperialismo británico al terrorismo yihadista (1)

La yihad y el laborismo posan juntos
Martin Bright

En 2006 llegaron al diario británico The Observer una colección de documentos del Foreign Office sobre las conexiones del gobierno laborista, a través del servicio secreto MI6, con los yihadistas.

El primero era una carta de Michael Jay, el principal mandarín del Foreign Office. Fechada un año antes de las bombas en Londres de 2005, avisaba de que la guerra de Irak estaba alimentando el extremismo musulmán en Irak, algo que el Primer Ministro, el laborista Toni Blair, había negado constantemente.

Un segundo documento revelaba unos planes para una campaña contra el extremismo islámico mediante la infiltración en grupos yihadistas a través de internet.

Las filtraciones fueron impulsadas por un artículo que yo había escrito a mediados de agosto sobre las relaciones del Consejo Musulmán Británico (MCB) con los yihadistas radicales. El artículo coincidió, por pura casualidad, con un controvertido programa de Panorama sobre el mismo tema, que causó un serio desacuerdo entre la BBC y el MCB.

El MCB tuvo sus orígenes en políticos sectarios de Pakistán y la influencia de esa organización implicaba que otras voces, más liberales, serían marginadas.

Lejos de representar las tradiciones más progresistas o puramente espirituales dentro del islam, la dirección de la MCB toma su inspiración del islamismo político asociado con movimientos de la oposición más reaccionaria de Oriente Medio y el sur de Asia. Iqbal Sacranie, entonces dirigente del MCB, y su portavoz de prensa Inayat Bunglawala, han expresado su admiración por Maulana Maududi, el fundador del partido pakistaní Jamaat-e-islami, comprometido con el establecimiento de un Califato Islámico regido por la shariá.

Los orígenes del MCB se remontan al asunto de los Versos Satánicos, cuando Iqbal Sacranie se destacó como dirigente de la oposición a la novela de Salman Rushdie.

La idea de una organización-paraguas para el islam británico surge cuando Michael Howard era Secretario de Interior en el último gobierno conservador. Pero fue tomada con particular presteza por Jack Straw, siempre con la vista puesta en sus electores musulmanes en Blackburn, y la organización se funda oficialmente en noviembre de 1997. Straw encabezó la causa, primero como secretario de Interior y luego, tras la elección de 2001, como secretario de Exteriores. Mientras estaba en el Foreign Office, Straw estableció un departamento autónomo, ahora denominado “Grupo de Relaciones con el Mundo Islámico”, en donde la influencia del MCB sigue siendo fuerte.

Las filtraciones que recibí estuvieron motivadas por la preocupación dentro del Foreign Office sobre los acuerdos que dicho departamento estaba haciendo con el islamismo radical. Los documentos versaban sobre asuntos variados: un intercambio de emails sobre una escisión en el gabinete en torno a la prohibición de partidos extremistas; un informe sobre el conocimiento por parte de Gran Bretaña de los vuelos de la CIA; detalles de las negociaciones del Foreign Office con el movimiento de la oposición islámica radical en Egipto, los Hermanos Musulmanes; e incluso una filtración sobre la investigación de las filtraciones a The Observer.

Cuando se aproximaba el aniversario de las bombas del 7 de julio de 2005, siguientes descubrimientos me permitieron demostrar que el grupo de trabajo “Preventing Extremism Together” gubernamental, fundado tras los atentados, era un ejercicio de cosmética.

Como resultado de la publicación de las filtraciones, fui contactado en primer lugar por el equipo de Policy Exchange y después por Channel 4 para examinar las amplias implicaciones de los documentos filtrados. En vez de abordar la ideología que alimenta el terrorismo, el gobierno apoya una estrecha versión de la religión.

Los documentos demuestran que el gobierno laborista siguió una política de apaciguamiento hacia el islam radical que puede tener graves consecuencias para Inglaterra. Algunas de las comunidades musulmanas de Inglaterra se senten amordazadas por la alianza del gobierno con los islamistas. El gobierno ha favorecido una versión del islam altamente politizada.

Martin Bright, When Progressives Treat with Reactionaries. The British State’s flirtation with radical islamism, Policy Exchange, julio de 2006, https://www.policyexchange.org.uk/wp-content/uploads/2016/09/when-progressives-treat-with-reactionaries-jul-06.pdf

Operación Litempo: el papel de la CIA en la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en 1968

Mayo del 68 no fue sólo París sino una crisis generalizada del capitalismo que se extrendió por varios países que en aquella época se definían a sí mismos como “el mundo libre”. Es el caso de México, donde el gobierno se sintió libre para asesinar indiscriminadamente a más de 300 estudiantes que protestaban en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.Fue el 2 de octubre de 1968, en plena capital mexicana, y ahora 50 años después, miembros del Comité 68 ProLibertades Democráticas quieren reabrir el proceso contra Luis Echeverría Álvarez, quien durante la protesta era el secretario de Gobernación, al que acusan de “genocidio”, un término que se está convirtiendo en multiusos.

La imputación judicial deja al margen a un personaje clave, como la CIA, que nunca falta en este tipo de carnicerías. La CIA planificó, asesoró y llevó a cabo labores de inteligencia a favor del gobierno mexicano. Mucho de lo que sabemos de la matanza es gracias a los archivos de la CIA que se han desclasificado (*).

Winston Scott, el capo de la CIA en México, operaba desde la embajada de Estados Unidos desde 1956 y había convertido al gobierno mexicano en un nido de espías. Era amigo del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, de Luis Echeverría y de altos funcionarios mexicanos que espiaban a su propio país en beneficio de los vecinos del norte.

Entre 1956 y 1969 Scott reclutó en los niveles más altos del gobierno a un total de 12 espías, entre ellos dos Presidentes y dos hombres que posteriormente fueron condenados por crímenes de guerra. Iniciada en 1960, Litempo era el nombre en clave que la CIA dio a aquella red de traidores. Las letras “li” eran el código que la CIA daba a sus operaciones secretas en México; “tempo” lo utilizaban para indicar el nombre secreto de cada una de ellas. Operación Litempo-1, por ejemplo, era Emilio Bolaños, sobrino de Gustavo Díaz Ordaz, secretario de Gobernación y presidente en los años sesenta. Diaz Ordaz era Operación Litempo-2. Como su predecesor en los Pinos Adolfo López Mateos, eran amigos personales de Scott. Asistieron a la boda con su tercera esposa, en diciembre de 1962, con López Mateos fungiendo como padrino, o testigo principal, en la ceremonia.Scott también cultivó su relación con Fernando Gutiérrez Barrios, quien era conocido como Litempo-4, en la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Scott conocía a El Pollo por lo menos desde 1960. Gutiérrez Barrios asistió a Scott en los días de pánico posteriores al asesinato del presidente John F. Kennedy, en noviembre de 1963, al interrogar a mexicanos que habían tenido contacto con el acusado como asesino, Lee Harvey Oswald.

Otro de los agentes de Scott, según los registros de la CIA, era Luis Echeverría, subsecretario de Gobernación a principios de los años sesenta, que es identificado como Litempo-8. Echeverría empezó a manejar solicitudes especiales del gobierno estadounidense para conceder visados a viajeros cubanos que buscaban huir de la Isla. Cuando Echeverría ascendió en la jerarquía mexicana, también lo hizo en la importancia que le daba su amigo norteamericano. Se convirtió en un invitado ocasional a las cenas que Scott daba en su casa de las Lomas de Chapultepec.

En 1966 un subordinado no identificado de Gutiérrez Barrios, conocido como Litempo-12, comenzó a tener reuniones diarias con George Munro, uno de los peones de confianza de Scott, para traspasar copias de informes procedentes de sus agentes en la DFS sobre insurgentes. Litempo-12 se convirtió en la fuente más productiva de información sobre el Partido Comunista, cubanos en exilio y grupos culturales del bloque soviético.

Además, Scott tenía una red de confidentes en la universidad mexicana y otras escuelas, llamada Limotor, que lo mantenía bien informado sobre el campus universitario.

La información circulaba en las dos direcciones. Ferguson Dempster, un alto oficial de la inteligencia británica destacado en México, y amigo de mucho tiempo de Scott, contó a uno de los hijos de éste, que Scott entregaba un reporte diario al presidente mexicano sobre los «enemigos de la nación».

Cuando en 1968 el movimiento estudiantil convulsionó las calles de la capital, la Operación Litempo cobró mayor importancia. Scott se apoyó en sus peones en la cúspide del gobierno mexicano para seguir el curso de los eventos que el 2 de octubre culminó en la matanza.

Tras los acontecimientos de mayo en París, la embajada de Estados Unidos en México compiló una lista de 40 incidentes aislados de agitación estudiantil desde 1963, pero Scott creía que en México Día Ordaz tenía la situación bajo control y así lo hizo saber a la central de la CIA en Langley.

A finales de agosto, Díaz Ordaz designó a Echeverría para diseñar la respuesta gubernamental a los disturbios estudiantiles. Pero el jefe de la DFS, Fernando Gutiérrez Barrios, confesó que el gobierno no contaba con ningún plan para enfrentar los desórdenes estudiantiles, según un despacho confidencial de la CIA.

Los comunistas infiltrados no podían faltar

Scott enviaba frecuentes informes de situación, conocidos en la CIA como “sitreps”, en los que al más puro estilo de la Guerra Fría, hacía énfasis en la filiación comunista de los profesores que dirigían el movimiento estudiantil. En un informe de agosto de 1968, titulado “Los estudiantes escenifican desórdenes mayores en México”, el espía argumentaba que los disturbios en el Zócalo representaban “un clásico ejemplo de la habilidad comunista para transformar una manifestación pacífica en un disturbio mayor”.

Otro de sus informes dice: “Pese a que el gobierno pretende tener sólidas evidencias de que el Partido Comunista maquinó el alboroto del 26 de julio, y aparentes indicios de complicidad de la Embajada soviética […] es improbable que los soviéticos socavaran así sus cuidadosamente cultivadas relaciones con los mexicanos”.

Coincidió con las Olimpiadas que, como suele ocurrir, sirvieron para lavar la cara a los crímenes más espantosos. Los intereses turísticos y comerciales llamaban a una acción rápida, pero las movilizaciones estudiantiles no cedían. Los mexicanos se estaban liberando del miedo hacia su gobierno.

A fines de septiembre, Scott reportó que el gobierno mexicano “no está buscando una solución de compromiso con los estudiantes, sino más bien poner fin a todas las acciones estudiantiles organizadas antes de que empiecen los Juegos Olímpicos… Se cree que el objetivo del go[bierno] es cercar a los elementos extremistas, y detenerlos hasta que pasen las Olimpíadas”, programadas para su inauguración a mediados de octubre.

“Los dirigentes de la agitación estudiantil han sido y están siendo llevados a la cárcel”, dice Scott en uno de sus informes. “La ofensiva [gubernamental] contra los desórdenes estudiantiles se ha abierto hacia frentes físicos y psicológicos”, añade. “Cualquier estimación como ésta, de la probabilidad de actos intencionales diseñados para alterar el curso normal de los acontecimientos, debe tomar en cuenta la presencia de radicales y extremistas, cuya conducta es imposible de predecir. Y personas y grupos como estos existen en México», escribió el 2 de octubre, momentos antes de la matanza.

¿Radicales?, ¿extremistas?, ¿impredecibles? Los espías de la CIA no tenían ni la más remota idea de lo ocurrido.

El espía que no sabía nada

La manifestación en Tlatelolco se inició alrededor de las cinco de la tarde. Al atardecer, se habían reunido entre cinco y diez mil personas. Los tanques rodearon la Plaza y los jefes militares recibieron la orden de impedir que el acto se llevara a cabo.

Un grupo de oficiales vestidos de civil, conocido como el Batallón Olimpia, debían impedir que cualquiera entrara o saliera de la Plaza, mientras los dirigentes estudiantiles eran detenidos. Finalmente, un grupo de policías recibió la orden de detener a los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga.

Hasta treinta años después nadie supo que Luis Gutiérrez Oropeza, el jefe de Estado Mayor del ejército mexicano, había apostado en el piso superior de un edificio a diez hombres armados y les había dado órdenes de disparar sobre la multitud. Actuaba por órdenes de Díaz Ordaz, según publicó Proceso en 1999.

De acuerdo con el libro de Jorge G. Castañeda, Oropeza era el enlace entre Díaz Ordaz y Echeverría. También era amigo de Scott y cenó por lo menos una vez en su casa, de acuerdo con un libro de invitados conservado por su familia. Sin embargo, aún no ha aparecido documentación explícita de que Oropeza fuera uno de los sicarios de Litempo o de que el 2 de octubre actuara por órdenes de la CIA.

Justo en el momento en que un orador de los estudiantes anunciaba que la marcha programada no se llevaría a cabo por la amenaza de violencia armada, aparecieron repentinamente bengalas en el cielo y todo mundo miró automáticamente hacia arriba y los francotiradores apostados iniciaron el tiroteo, algo que se ha repetido luego en muchos lugares, como Plaza Maidan en Ucrania o Plaza Tahrir en El Cairo.

Fue una ratonera. Una ola de gente corrió hacia el otro extremo de la Plaza, para toparse con una fila de soldados que venía en sentido opuesto. Corrieron entonces hacia el otro lado, donde estaba la zona de fuego. Cayendo en la trampa de la provocación, el ejército persiguió a los manifestantes y unas horas después, la Plaza estaba inundada de cadáveres. A los estudiantes los reunieron a culatazos los obligaron a desnudarse. Los periodistas fueron detenidos, se les confiscaron sus rollos fotográficos y todo su material. Los detenidos fueron encarcelados y enviados a campos militares de detención.

Scott envió su primer informe alrededor de la medianoche repleto de falsedades: “Una fuente clasificada dijo que los primeros tiros fueron disparados por estudiantes, desde departamentos del edificio Chihuahua”.

Ninguno de los informes que Scott envió a sus jefes era cierto. Es como admitir que una agencia de información no tiene ni idea de lo que ocurre.

Lo mismo cabe decir de los policías del FBI en México que trabajaban con Scott, aunque su imaginación falsaria era aún mayor: en sus informes reconvirtieron a la Brigada Olimpia en un grupo trotskista armado, a su vez vinculado con comunistas de Guatemala…

En fin, la matanza era como todas las demás: la obra de un plan comunista perfectamente planificado.

La otra parte de la desinformación también es de manual: se trata de gente venida del extranjero, lo que encajaba con la Guerra Fría, la cercanía de Cuba, las Olimpiadas… “Muchísima gente ha entrado al país”, dijo el Presidente. “Las armas usadas eran nuevas y tenían borrado el número de registro. Los grupos de Castro y del comunismo chino estaban involucrados en el esfuerzo. Los comunistas soviéticos tendrían que ponerse a la altura para evitar que se les llamara gallinas”.

En Washington el asesor de seguridad del Presidente Johnson, Walt Rostow, intentó clarificar la chapuza de informes que les llegaban sobre la matanza. “¿Es posible verificar la historia del FBI sobre una Brigada Olimpia compuesta por comunistas que había provocado un tiroteo?”, preguntaban desde la Casa Blanca.

En efecto, les respondió Scott desde Mérxico: un pequeño grupo de estudiantes trotskistas había formado la Brigada Olimpia para volar transformadores, secuestrar autobuses que transportaran atletas e impedir las celebración de las Olimpiadas…

O Scott no sabía nada sobre la matanza o mentía descaradamente. Un consejero de la embajada de Estados Unidos en México, Wallace Stuart, confesó más tarde que la CIA había presentado 15 versiones diferentes del tiroteo de Tlatelolco: “¡Todas ellas procedían de fuentes fiables o de observadores entrenados sobre el terreno”

Es uno de los problemas clásicos de todos los espías. Dependen tanto de sus fuentes (que a la vez son juez y parte) que no tienen forma alguna de conseguir información fidedigna. Como dice Jefferson Morley, el biógrafo de Scott, “el titiritero se había convertido en títere”.

Ocho meses después, a Scott le despidieron como jefe de la CIA en México. Al año siguiente le concedieron uno de los honores más altos del espionaje: la Medalla de la Inteligencia Distinguida. El texto que acompañaba a la medalla se refería al programa de Operación Litempo como uno de sus más grandes logros.

El espía que no se enteraba de nada murió en México en 1971 pero, como dice su biógrafo, “la CIA llegó a México para quedarse”.

https://nsarchive2.gwu.edu//NSAEBB/NSAEBB204/index.htm

Estados Unidos es responsable de la matanza de 1.300 palestinos en Sabra y Chatila en 1982

Rashid Khalidi
En la noche del 16 de septiembre de 1982, mi hermano menor y yo quedamos desconcertados al ver docenas de bengalas israelíes flotando en completo silencio sobre los confines del sur de Beirut, durante lo que parecía una eternidad. Sabíamos que el ejército israelí había ocupado rápidamente la parte occidental de la ciudad dos días antes. Pero las bengalas las utilizan los ejércitos para iluminar un campo de batalla, y con todos los combatientes de la OLP que habían resistido al ejército israelí durante los meses de asedio de la ciudad ya evacuados de Beirut, nos fuimos a la cama perplejos, preguntándonos qué enemigo le quedaba al ejército de ocupación para cazar.

Ocurrió poco más de un mes después del alto el fuego del 12 de agosto que, supuestamente, puso fin a la guerra, y fue seguido por la salida de las fuerzas militares, cuadros y dirigentes de la OLP de la ciudad. El detonante de la ocupación israelí de Beirut occidental fue el asesinato, el 14 de septiembre, del aliado cercano de Israel y presidente electo libanés Bashir Gemayel, jefe de la milicia del Frente Libanés y máximo dirigente de la Falange Libanesa, un partido fascista.

Lo que habíamos visto la noche anterior quedó claro cuando nos reunimos con dos periodistas estadounidenses el 17 de septiembre. Acababan de visitar el escenario de las masacres en curso en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, donde vivían decenas de miles de palestinos desplazados, así como muchos libaneses. Habían llevado consigo a los campos a un joven diplomático estadounidense, Ryan Crocker, que fue el primer funcionario del gobierno estadounidense en presentar un informe sobre lo que había visto.

Nos enteramos por ellos de que el ejército israelí había utilizado bengalas la noche anterior para iluminar el camino de las milicias libanesas fascistas que los israelíes enviaron a Sabra y Shatila. Del 16 al 18 de septiembre, según el relato del historiador Bayan Al-Hout, los falangistas asesinaron a más de 1.300 civiles palestinos y libaneses.

Documentos recientemente desclasificados de los Archivos del Estado de Israel nos dicen que el gobierno de Estados Unidos se sentía incómodo sobre lo que los israelíes y sus aliados podrían estar tramando. El enviado especial Morris Draper, encargado de obtener la retirada del ejército israelí del oeste de Beirut, se reunió con funcionarios israelíes en Jerusalén el 17 de septiembre. Allí, el Ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir afirmó que 2.000 “terroristas” armados permanecían en Beirut Occidental. El Ministro de Defensa Ariel Sharon se caracterizó por una escalada de las cosas. “Hay miles de terroristas en Beirut”, dijo al enviado de Estados Unidos, desafiando su exigencia de que las fuerzas israelíes se retiraran: “¿Te interesa que se queden allí?” Según las transcripciones, Draper no pudo contrarrestar la falsa afirmación de Sharon sobre la presencia de miles de “terroristas”, pero cuando disputó levemente otra de sus afirmaciones, el ministro de Defensa fue aún más directo, afirmando: “Así que los mataremos. No se quedarán allí. No vas a salvarlos. No vas a salvar a estos grupos del terrorismo internacional”.

Una vez más, Draper no se arrepintió de estas escalofriantes palabras basadas en una falsedad.

https://www.thenation.com/article/the-united-states-was-responsible-for-the-1982-massacre-of-palestinians-in-beirut/

Las páginas anodinas de Facebook que sirven para lavar la cara a los crímenes sionistas (y 3)

El hecho de que “Israel Project” recurra a echar cucharadas de azúcar para hacer que los mensajes favorables a Israel caigan más fácilmente, es un reconocimiento de lo difícil que puede ser vender como presentable un Estado de apartheid.

En el documental de Al-Jazira, la marca Israel es cada vez más tóxica, por lo que no pueden venderla directamente; tienen que hacerlo a través de sitios de moda que parecen inocuos y divertidos; luego, de vez en cuando, cuelan algo positivo sobre Israel.

Los intentos de “Israel Project” de atraerse a los “progres”, a pesar de que sus políticas son absolutamente reaccionarias, encajan en la estrategia israelí de dividir a los antimperialistas y debilitar la solidaridad hacia Palestina.

Dirigido por Josh Block, un antiguo funcionario del gobierno de Clinton y estratega principal del grupo de presión sionista AIPAC, uno de los principales objetivos de “Israel Project” fue el de frustrar el acuerdo nuclear con Irán.

La campaña encubierta de “Israel Project” en Facebook está dirigida por Gary Rosen, que durante años dirigió una cuenta homófoba e islamófoba en Twitter llamada @ArikSharon, en nombre del difunto Primer Ministro israelí Ariel Sharon, responsable de la invasión israelí del Líbano en 1982 y de las masacres en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila ese mismo año.

En las transcripciones del documenta, Rosen reconoce que @ArikSharon era una cuenta secreta  y que trabajaba en la empresa internacional de publicidad Saatchi & Saatchi, hasta que en noviembre de 2013 se unió a “Israel Project”, donde es responsable de la estrategia digital. Entonces Rosen borró muchos de los mensajes más ofensivos de la cuenta de Twitter de @ArikSharon. Ahora sigue utilizando @ArikSharon para difundir mensajes reaccionarios y favorables al sionismo.

No es el único esfuerzo encubierto del grupo de presión israelí para utilizar Facebook para lograr sus objetivos. Un informe conjunto de The Forward y ProPublica revela que la Coalición Israel en el Campus publicó anuncios anónimos en Facebook difamando a Remi Kanazi, un poeta palestino-estadounidense, antes de sus apariciones en los campus estadounidenses.

Los esfuerzos de los sionistas a través de Coalición Israel en el Campus para difamar y acosar a los partidarios de la solidaridad con Palestina se coordinan de manera encubierta con el gobierno israelí.

Un portavoz de Facebook dijo a The Forward y a ProPublica que los anuncios de la Coalición Israel en el Campus dirigidos a Kanazi “violan nuestras políticas contra la tergiversación” y que habían sido eliminados.

En 2012 Electronic Intifada expuso un plan del sindicato de estudiantes apoyado por el gobierno de Israel para pagar a los estudiantes para que difundieran propaganda favorable al sionismo en Facebook. Sin embargo, el actual esfuerzo encubierto de “Israel Project” es mucho más sofisticado.

Facebook se ha asociado al Consejo Atlántico para censurar las páginas antisionistas. El Consejo Atlántico es una institución financiada por la OTAN, el ejército estadounidense, los gobiernos de Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, la Unión Europea, las petroleras, los fondos buitre, los fabricantes de armas y otros especuladores de la guerra.

Como resultado de esa asociación, han censurado las páginas de medios de comunicación antimperialistas, como Venezuela Analysis, TeleSur y la nuestra.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies