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Día: 27 de agosto de 2018 (página 1 de 1)

El cine de Hollywood es la continuación de la guerra por otros medios

En su libro “Hollywar: Hollywood, arma de propaganda masiva” su autor, Pierre Conesa, un alto funcionario del Ministerio francés de Defensa especialista en cuestiones estratégicas, examina un amplio catálogo de películas de Hollywood.

“¿Es el cine la continuación de la guerra por otros medios?”, se pregunta el autor de manera retórica. Las páginas del libro están salpicadas de conclusiones abrumadoras. Lo que fabrica el patrioterismo en Estados Unidos, afirma, no son las grandes ni las buenas películas, sino las malas, esas que los críticos desprecian como “Serie B”.

El cine de Hollywood son películas de buenos y malos, donde el reparto no lo dictan los guionistas sino la Casa Blanca. Los malos han sido siempre los negros, los indios, los mexicanos y los comunistas, antes de que llegaran a la gran pantalla los árabes, los iraníes, los musulmanes y los terroristas que hoy asustan al mundo entero.

La narrativa patriotera de Estados Unidos la hace el cine. La política fabrica a los buenos y a los malos y el cine hace el resto. La realidad imita a la ficción. Es más poderosa que dios porque ella sí es capaz de fabricar ídolos. Que sean de barro no importa nada; se les rinde pleitesía con el mismo ahínco.

La película más vergonzosa de la historia reciente puede ser “El infierno del deber”, donde hay una escena en la que una niña yemení con muletas saca un arma para disparar a los campechanos soldados estadounidenses y comete una masacre.

Hablando de buenos y malos… Acaba de fallecer el senador John McCain, adulado por los lameculos como un héroe de la Guerra de Vietnam, aunque él mismo dio otra imagen de sí mismo: “Soy un criminal de guerra. He bombardeado a mujeres y niños inocentes”, confesó en 1997 en una entrevista en el programa “60 minutos” de la cadena CBS.

McCain fue uno de los promotores de la Guerra de Siria, entre otras, y colaborador activo de los yihadistas, es decir, el héroe es el jefe de los malos… Demasiado complicado para una película de “Serie B”.

La Internacional Judicial, nueva arma imperial

Darío Herchhoren

El imperialismo como forma de relación internacional tiene muchos años de práctica, y seguramente debemos rebuscar en la historia antigua para encontrar sus primeros vestigios. Encontramos entonces a los partos (los antiguos persas), los griegos (antiguos macedonios) que al mando de Alejandro el Magno contruyeron uno de los imperios más vastos de la antigüedad, y el culmen fueron los romanos, que crearon el más importante imperio antiguo que se conoce, y que fué el origen del estado moderno, donde había barcos y empresas de navegación muy similares a los de nuestros días.

Pero cuando hablamos de imperialismo en la actualdad nos referimos a una etapa de la producción que está caracterizada por la producción y comercialización en masa, que es la característica de la economía capitalista. Sin un desarrollo previo de la economía, y en especial desde la aplicación de las máquinas de vapor, no hay capitalismo, y por ende no hay imperialismo, que es su fase superior, como bien enseñaba Lenin.

Esa expansión del imperialismo, y sobre todo desde que el imperio norteamericano se constituyó en hegemónico el mundo no conoció lo que ahora se viene llamando «globalización».

Pero ese desarrollo del capitalismo no podía ser pacífico. Para que exista ese nivel global había que superar a otros imperios menores, aplastar a los pueblos que no se dejaban avasallar, destruir sus industrias artesanales, liquidar sus redes comeciales interiores, y todo eso significa la guerra como instrumento de una política imperial que se impone por la fuerza de las armas en un principio, y luego creando toda una enorme estructura «cultural» donde entran a jugar un papel fundamental las iglesias, los medios de comunicación, la enseñanza, y actualmente los nuevos instrumentos de idiotización de masas como diversas oenegés, internet, las llamadas «redes sociales», que en realidad forman una tupida red, pero para pescar incautos.

En la década de 1980, y luego de un profuso baño de sangre producido por las dictaduras de Sudamérica, y orquesatas todas por organizaciones benéficas como la CIA, la DEA, la DIA, el MI5, el Mossad, el FBI, las diversas policías sudamericanas, los coroneles y generales franceses como Beaufré, Salan, Massu y con individuos tales como Licio Gelli fundador de la logia P2 (Propaganda Due), el Banco Ambrosiano dirigido por el finado Roberto Calvi, Cardenal Marcinkus, su asesino (la lista sería interminable) comienzan a florecer luego de la poda que significó la Operación Cóndor, movimientos de masas que con mucho esfuerzo arman nuevamente los grandes flujos populares que demandan cambios estructurales, y da comienzo una etapa de consolidación de gobiernos de izquierda en sudamérica. Es así como surgen Hugo Chaves en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Lula en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, José Mugica en Uruguay, los Kirchner en Argentina.

Los gobiernos de izquierda mencionados son producto de procesos electorales intachables desde el punto de vista del estado burgués, y por lo tanto estos gobienos producen cambios de carácter superestructural, pero en general no cambian la estructura económica heredada de los gobiernos dictatoriales anteriores, y todo eso hace que las masas reclamenen a sus líderes cambios más profundos, que afectarían a la estructura económica de esos paises. Ello significaría expropiar las grandes fortunas, los grandes latifundios, los bancos extranjeros y la creación de una banca nacional al servicio de los pueblos.

Ese paso, con las herramientas legales hechas por la burguesía son muy poco viables, para los gobiernos populares y eso hace que al no haber un cambio estructural, dichas burguesías que no han perdido los medios de comunicación, ni el control del llamado «Poder Judicial» se recuperen y conscientes del peligro que corren, comiencen una ofensiva a través de los medios de comunicación de masas, radio, televisión, diarios, redes sociales, para primero desacreditar a los líderes populares, y luego mediante el uso de sus contactos en el «Poder Judicial», fabriquen cauusas penales por «corrupción» contra ellos.

El comienzo de esa estrategia empieza con el presidente Fernando Lugo de Paraguay, que es víctima de una acusación en el Senado de su país, y en un solo día, es destituido, siendo reemplazado en su cargo por su vicepresidente que se pliega a la conspiración. Pero Paraguay es un país pequeño y pobre, y la cosa no tiene mucho eco. Indudablemente la presa mayor es Brasil, y se arma una nueva farsa judicial contra Dilma Roussef, la presidenta de Brasil y antigua vicepresidenta de Lula Da Silva, que era en realidad el objetivo a batir, para frustrar su posible vuelta a la presidencia de Brasil, y como colofón, la acusación de «corrupción» contra Lula, su condena y posterior encarcelamiento. No hay una solo prueba objetiva contra Lula, pero da igual. No se respetan ni las formas cuando está en juego la propiedad. La lucha de clases es así.

En Ecuador, ocurre algo muy similar contra Rafael Correa. Se inventa una causa penal contra él, pero esta vez por «secuestro», y se dicta una orden de captura internacional contra él.

En Argentina se desata una verdadera cacería contra miembros de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que tienen su culminación cuando se acusa a Cristina Frnández de Kirchner por corrupción, utilizando como medio de prueba unas fotocopias de un cuaderno que llevaba un chófer de un ex ministro, que atestigua que estuvo presente cuando la ex presidenta recibía sobornos al igual que algunos de sus ministros. ¿Es creible que un chófer estuviera presente en esos presuntos actos de corrupción? Indudablemente no. Tampoco se puede acusar con fotocopias si no aparecen los originales, que seguramente no aparecerán nunca.

Llama la atención que ahora los golpes de estado no se realicen con tanques ni soldados en las calles, ni policías. No hacen falta. Para eso está el llamado «Poder Judicial».

Pero ahora viene la pregunta obvia: ¿Existe en realidad el «Poder Judicial»?, ¿Es en realidad «independiente»? Ya he expresado en varias ocasiones en este mismo medio que no puede ser que exista un «poder» que funcione en forma autónoma. El estado es uno y solo tiene tres funciones administrativas que se coordinan entre si. Y nada más.

Pero hay que hacerse otra pregunta para completar el cuadro: ¿Quienes forman parte del llamado «Poder Judicial»? Ese llamado «poder», está integrado por hombres y mujeres en general de ideología conservadora, que están formados siempre en escuelas judiciales donde los profesores y alumnos provienen de las clases acomodadas, y que hacen una interpretación del derecho a través de la lente de su clase al igual que los fiscales que tienen el mismo origen social. Como ejemplo de lo que afirmo veamos lo que pasa en España: Hay tres asociaciones de jueces a saber: La Asociación Profesional de la Magistratura, abrumadoramente mayoritaria, y de tendencia claramente conservadora entre cuyos cuadros hay jueces claramente fascistas, la Asociación Francisco de Vitoria muy minoritaria, y también conservadora pero algo menos que la anterior y Jueces para la Democracia, de tendencia socialdemócrata, «ma non tropo».

Lo que está pasando en Sudamérica utilizando al falso «Poder Judicial» es ilustrativo. Ese poder se presta a los manejos del poder real, que es el poder de las oligarquías, de la gran burguesía y del imperialismo. De hecho el falso «Poder Judicial» en este momento, integrado por esos hombres y mujeres como todos los seres que habitan el mundo pertenecen a una clase social, y en este momento son la vanguardia de la lucha contra los pueblos, como ha sido siempre.

Es necesario desterrar del imaginario popular la idea de que los jueces y fiscales no pisan el suelo, y que son seres angelicales con las manos cubiertas de guantes de tul. No es cierto. Los jueces como todos los seres humanos que habitamos este mundo pertenecen a una clase social, y en general obedecen a la clase a la cual pertenecen, con muy honrosas y escasas excepciones. Se han convertido en la Internacional Judicial al servicio de las peores causas, y como son elegidos por cuerpos ajenos a la soberanía popular, no rinden cuentas. Son el instrumento perfecto.

Por ello hay que erradicar del lenguaje coloquial expresiones tales como «todo el peso de la ley» (que debe ser muy pesada sobre todo para los sectores populares). Ya lo dijo mi paisano José Hernández en su inmortal obra Martín Fierro. «La ley es tela de araña que solo atrapa bichos chicos, porque los grandes rompen la tela y escapan».

El retorno de la caza de brujas

Manifestación en Hollywood contra MacCarthy
Juan Manuel Olarieta

Con la masificación de internet algunos se las prometían muy felices porque -según decían- llegaba la “sociedad de la información”. Pero con el tiempo se ha convertido en la sociedad de la desinfomación y la censura.

En todo el mundo son tiempos muy malos para la libertad de expresión y los derechos fundamentales, en general. Como los pandas, son especies en vías de extinción. Estoy hablando de aquí, de Europa.

Desde 2012 hay un símbolo que así lo expresa: es Julian Assange refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres.

La extinción del derecho a la libre expresión no está siendo un proceso “natural” sino social y político, es decir, que alguien o algo lo está llevando a cabo.

Se está haciendo -además- en silencio, sin protestas, en medio de la indiferencia e incluso con el apoyo entusiasta de determinados sectores políticos y sociales.

Por ejemplo, los periódicos y los periodistas, que no mueven un dedo por defender un derecho tan singularmente suyo por un motivo evidente: porque forman parte de la censura; piden el silenciamiento de otros, bien para acabar con la competencia o para que sus informaciones no queden en evidencia. Es el caso de PanAm Post que celebra el cierre por dos veces en enero y agosto de este año de la página en inglés de TeleSur por parte de Facebook (1).

Este artículo canallesco prueba que la libertad de expresión tiene poco que ver con una profesión, el periodismo, al que la información no le importa porque es sólo un modo de vivir y de ganar dinero. Es un problema social y político, un problema de las personas; son ellas las que tienen el derecho a la información.

En Estados Unidos la caza de brujas y el macarthismo nunca fueron una cuestión de naturaleza profesional.

Si fuera un problema profesional habría unidad, e incluso unanimidad, mientras que lo que aparece es una contradicción. De un lado están los responsables de la censura y, del otro, las víctimas de ella.

En el caso que acabo de exponer, PanAm Post, un cómplice, es el perro
fiel del imperialismo en Latinoamérica; la víctima, TeleSur, pugna por
salir de la tela de araña de la dominación estadounidense en el
continente, y eso es algo que no pueden permitir.
Hay periodistas y tertulianos que tienen las puertas abiertas y otros que están vetados y censurados. Los primeros son los que lavan la cara al “statu quo” con la libertad de expresión de la que disfrutan; los otros son los que lo critican.

Lo mismo que en la Edad Media, los censores redactan listas negras, por ejemplo de sitios que han defendido a Siria de la agresión del imperialismo y el yihadismo, con las que se crean bases de datos y directorios (2), que es otra muestra de su estilo canallesco.

Pero hay muchos y muy diversos cómplices. En la campaña contra la libertad de expresión participan ONG, como el llamado “Movimiento contra la Intolerancia”, que en su rueda de prensa de este año presentando el Informe Raxen aseguró que “si no se detienen los delitos de odio, sobre todo en internet, la libertad de expresión va a degenerar en libertad de agresión”(3).

La censura no es sólo un asunto político (policial, judicial) sino que los grandes monopolios de internet, que están en poder de Estados Unidos, han tomado la iniciativa de imponerla: Facebook, Google y Twitter. De esa manera liberan al Estado de ejercer como censor.

La censura se ha expandido porque no se ha atajado. Se ha trasladado desde la libertad de expresión, que es el derecho a informar y a informarse, a acontecimientos banales, como el fútbol a donde los espectadores no pueden acudir con camisetas amarillas (en determinados casos).

Se ha trasladado, además, al arte, a la música, al cine, a la pintura, a la fotografía, la poesía…

La caza de brujas está en marcha; ya sólo hace falta que las brujas se organicen para impedir que las capturen y las quemen en la hoguera.

(1) https://es.panampost.com/josefina-blanco/2018/08/19/redes-suspenden-cuentas-telesur-y-a-lider-de-ultraderecha/
(2) https://medium.com/@kesterratcliff/international-assadists-references-directory-8038067fe394
(3) http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=1128898

Una empresa sueca injerta microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores

La empresa sueca Epicenter ha injertado microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores. La empresa se justifica diciendo que les quiere hacer “la vida más fácil”. Por ejemplo, pueden pasar por las puertas de seguridad o pagar sus comidas en la cafetería de manera más sencilla.

No más insignias, tarjetas, llaves y códigos. La empresa sueca ha encontrado una solución para simplificar la complicada vida de sus trabajadores y ha equipado a algunos voluntarios con chips RFID, un dispositivo del tamaño de un grano de arroz que se injerta bajo la piel de la mano.

Entre otras informaciones, los chips RFID contienen un identificador con los datos personales del trabajador.

Una vez injertado, el chip permite a los trabajadores atravesar las puertas de seguridad, pagar sus comidas rápidamente con un simple gesto de la mano e incluso utilizar la fotocopiadora con un chasquido de su dedo (o casi).

450 trabajadores de la empresa, más de la mitad de la plantilla, se prestaron voluntariamente para convertirse en ganado y acudieron a un tatuador que les implantó el dispositivo subcutáneo en el dorso de la mano, entre los dedos pulgar e índice.

Hasta ahora esta técnica estaba reservada para el ganado, los borregos, las mascotas y los animales de compañía. En forma de códigos de barras también se utiliza las mercancías de los supermercados, los pasaportes o las tarjetas bancarias.

Por fin, se empieza a experimentar con seres humanos y para ello no hay nada mejor que los trabajadores de una empresa.

Los implantes actuales pueden funcionar de manera autónoma durante 10 años y con el tiempo adquiriran nuevas funciones. Se utilizarán para rastrear al trabajador, averiguar si llegó a la oficina a la hora, si se toma demasiados descansos…

Sin embargo, algunos como la Comisión Nacional de Informática y Libertades, han mostrado su preocupación por la nueva técnica de control, que se convertirá en una herramienta de seguimiento y vigilancia.

—https://dailygeekshow.com/puce-implant-suivre-employes-entreprise-vie-privee-personnelle/

La teletienda política también se abre en Alemania: los ‘progres’ se ponen en pie

No sólo de nazis se nutren en Alemania. Una de las maneras que tiene la prensa burguesa para impulsar al fascismo no es otra que esa: hablar continuamente de ellos y de su imparable ascenso (como si en el imperialismo pudiera ocurrir otra cosa diferente).

De esa manera dejamos de lado a los “progres”, que en Alemania han tomado el camino de Syriza (Grecia), Podemos (España), En Marcha (Francia) y similares.

Allá se llaman Aufstehen (En Pie) y la iniciativa ha partido de los viejos dinosaurios de la socialdemocracia (Marco Bülow), Die Linke (Sarah Wagenknecht), Los Verdes (Antje Vollmer), fósiles (Oskar Lafontaine) e intelectuales (Bernd Stegemann).

Los sondeos son muy prometedores. Uno del EMNID (el organismo electoral más antiguo fundado en 1945) a petición del semanario reaccionario Fokus, confirma que el potencial electoral de Aufstehen está en el 34 por ciento de la intención de voto.

Pero de eso la prensa burguesa nunca dirá nada. Todo lo contrario. Ha pasado a la carga afirmando que el agrupamiento se construye desde arriba y que es autoritario. Los partidos, dicen, hay que crearlos de abajo hacia arriba, no por la reunión de unas pocas personalidades.

En Alemania también piensan según los cánones del siglo XIX. Hoy los partidos nacen, no se hacen, como lo demuestran los que hemos citado. Es el estilo Podemos, un grupo creado en torno al vacío ideológico, una construcción de las cadenas de televisión y agencias de imagen, personajillos de segunda fila al servicio de quienes ya están.

Pura imagen, teletienda política, política virtual… La diferencia entre Podemos y Aufstehen es que Alemania no necesita este tipo de grupos. Por eso no hay ninguna euforia contra el bipartidismo (“Volksparteien”, dos partidos más un grupo residual del tipo Izquierda Unida). Los “progres” alemanes no tienen el apoyo de las grandes cadenas de comunicación.

Otra diferencia: a los “progres” alemanes, como Sarah Wagenknecht, no les importa hablar con un busto de Carlos Marx al lado.

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