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Día: 31 de julio de 2018 (página 1 de 1)

En Afganistán el Pentágono nunca ha sabido qué hacer con las tropas que tiene desplegadas

En 2001 Estados Unidos acusó a Al-Qaeda del derribo en Nueva York de las Torres Gemelas. Algunos de los grupos de Al-Qaeda se refugiaban en Afganistán, cuyo gobierno controlaban los talibanes.

En aquel momento, apoyados por fuerzas pakistaníes, los talibanes seguían luchando contra la Alianza del Norte, que combatía cerca de la frontera con Tayikistán.

Los talibanes ofrecieron a Estados Unidos extraditar a Osama Bin Laden a un país islámico para que fuera juzgado bajo la ley islámica. Estados Unidos lo rechazó y decidió destruir al gobierno talibán.

Las fuerzas talibanes fueron disueltas y Al-Qaeda también desapareció.

Pakistán, que considera a Afganistán como su patio trasero, claudicó ante las amenazas de Estados Unidos. Sacó a sus fuerzas de Afganistán y prestó refugio a los dirigentes talibanes en su país.

Se celebró una conferencia con dirigentes afganos en Bonn, la antigua capital de Alemania. Los afganos tuvieron que aceptar lo que Estados Unidos les puso encima de la mesa. Alimentados con grandes sumas de dinero, pusieron en el gobierno a los señores de la guerra del Norte, conocidos asesinos de masas, y a varios oligarcas que trajeron del exilio. Todo a cambio de dinero.

Las tropas de Estados Unidos se desplegaron en el norte de Afganistán, incluso bombarderos B-52, con los bombardearon y masacraron a la población civil, y secuestraron y torturaron a los detenidos.

Cuatro años después de haber sido expulsados del gobierno, los crímenes del imperialismo reactivaron a los talibanes, mientras Estados Unidos tenía que ocuparse de destruir otro país: Irak.

Estados Unidos tenía un ejército, pero nunca supo qué hacer con él. Primero enviaron tropas, luego se retiraron, se volvieron a desplegar para volver a retirarse.

Durante su campaña electoral, Trump reconoció que no sabía lo que hacían las tropas en Afganistán y habló de retirada. “Mi instinto inicial era el de retirarnos… Pero las decisiones son muy diferentes cuando uno está en el despacho oval”, reconoció Trump el año pasado.

Bajo la presión del ejército, Trump tuvo que aumentar sus fuerzas en unos 15.000 soldados. Demasiado pocos para invertir la situación.

Las enormes sumas de dinero gastadas en la “reconstrucción” de Afganistán, 110.000 millones de dólares, no han tenido ningún efecto sobre el terreno. Han ido a parar a contratistas estadounidenses y a señores de la guerra afganos.

Afganistán es la guerra más larga en la que participado Estados Unidos y el balance no puede ser más desolador: casi 2.400 soldados estadounidenses han muerto y más de 20.000 han quedado heridos. Hoy la mitad del territorio está bajo el control de los talibanes y la otra mitad son zonas en disputa.

Estados Unidos negocia en secreto con los talibanes la retirada de sus tropas de Afganistán

La semana pasada Estados Unidos mantuvo negociaciones secretas con los talibanes en un hotel de Doha, Qatar, según informó la agencia Reuters (*). Para entender -por enésima vez- cómo funciona la dipolomacia estadounidense hay que empezar diciendo que el gobierno afgano no estuvo presente.

Un portavoz talibán, que formó parte de una delegación de cuatro miembros, dijo que no se podían calificar como unas “conversaciones de paz”, sino como “una serie de reuniones para iniciar discusiones formales y enfocadas”.

No obstante hubo “señales muy positivas” porque la reunión tuvo lugar en un “ambiente amistoso” y ambas partes acordaron volver a reunirse pronto para resolver el conflicto afgano a través del diálogo, según dijo el portavoz talibán.

Las dos partes discutieron alternativas para permitir la libre circulación de los talibanes en dos provincias donde no serían atacados, una idea que el presidente Ashraf Ghani ha rechazado.

Se han celebrado tres rondas de discusiones, con el compromiso de continuar las conversaciones a fin de iniciar una negociación significativas, dijo otro portavoz talibán.

Los talibanes querían gobernar oficialmente ciertas partes del país y utilizarlas como refugio, pero el Gobierno afgano ha rechazado esta propuesta.

También hablaron de la participación de los talibanes en el gobierno afgano, una idea sugerida por el propio presidente afgano Ghani. Pero es poco probable que los miembros de la Alianza del Norte dentro del gobierno afgano, como el primer ministro Abdullah Abdullah, la acepten. Los talibanes tampoco tienen interés en formar parte del gobierno y en que se les culpe de sus fracasos.

“La única petición que hizo [Estados Unidos] fue la de permitir sus bases militares en Afganistán”, añadió el portavoz talibán. “Sin embargo, nuestra delegación les ha dejado claro que la paz en Afganistán sólo podrá restaurarse cuando se retiren todas las fuerzas extranjeras”, añadió.

No sólo los talibanes rechazan esta posibilidad, sino también Pakistán.

Los talibanes están dispuestos a aceptar una retirada pacífica de las fuerzas estadounidenses. Es su única oferta. Además, están dispuestos a impedir que los yihadistas extranjeros entren en el país.

Estados Unidos no puede negociar; no tiene otra opción que aceptar. De lo único que pueden hablar es de la retirada. No se trata de “si” sino de “cuándo”. Ya se están retirando a las ciudades y a las bases principales. Las zonas periféricas caerán pronto en manos de los talibanes. Tarde o temprano, las líneas de suministro de las tropas estadounidenses serán cortadas y sus bases estarán bajo el fuego enemigo.

Tan pronto como Estados Unidos se retire del sur, Kabul caerá inmediatamente. El norte puede tardar un poco más.

(*) https://www.reuters.com/article/us-afghanistan-usa/very-positive-signals-after-u-s-taliban-talks-sources-idUSKBN1KJ0ML

El imposible empate

Jon Iurrebaso Atutxa
expreso político vasco de ETA

Leemos que representantes del Foro Social se han entrevistado con dos miembros de la interlocución del EPPK. Nos dicen que los miembros de este colectivo muestran su disposición a recorrer un camino dentro de la legalidad de los Estados español y francés. Están esperanzados, añaden. Dispuestos a pedir perdón por su actividad política.

Primera cuestión ¿quienes son los del Foro Social por la paz? ¿No es cierto que reivindican un concepto (paz a secas) que únicamente beneficia a los Estados capitalistas que ocupan EH y a sus obligados aliados reformistas y pequeños burgueses?

¿No es cierto que Sortu y EHBildu reclaman una solución para las consecuencias de un conflicto que, de hecho, está más vivo que nunca? ¿Por qué sus dinámicas que pretenden monopolizar el uso de la violencia para los Estados que nos ocupan, llegan hasta Colombia y pretenden hacernos ver que también allí hay un proceso de paz-resolución cuando es totalmente incierto?

Doscientos exguerrilleros y militantes campesinos, obreros… han sido asesinados en los primeros 6 meses de 2018. Y Paúl Ríos y otros hablan de procesos de paz. En Colombia les quitan la vida a los que piden lo básico para vivir. En Euskal Herria, estando situada en uno de los centros capitalistas del planeta, se pide a los presos que se arrepientan para obtener la salida de la cárcel. Es decir, no estuvo bien luchar por Euskal Herria ante la barbarie de los Estados que nos ocupan. Así que, monopolio de la violencia para el capital y banderas amarillas para acoger las consecuencias del desastre, que han provocado con el dinero de todos, en Oriente Medio, África o Asia.

¿Por que la representación del EPPK muestra su disposición a recorrer el camino penitenciario de nuestros enemigos cuando para salir en libertad exigen el arrepentimiento y la delación de compañeras/os entre otros muchos peajes políticos?

Tenemos mucho respeto a cualquier luchador o luchadora que actúe contra el ocupante y ante el capital. La cuestión es que, de momento, el EPPK no ha resuelto la contradicción que suponen las líneas rojas de no arrepentirse y no delatar cuando nuestros enemigos nos piden eso mismo como condición sine qua non para salir en libertad. Una vez más tenemos que situar el objetivo de la amnistía como única salida política posible.

Mientras tanto, dicen los portavoces del Foro Social que los presos políticos vascos están esperanzados ante el panorama actual. A estas alturas tenemos que decir que mienten y faltan al sentido común de los de a pie que tienen que oír con machacona insistencia sandeces de este calado.

A día de hoy, la Izquierda Abertzale Oficial y reformista no ha informado (naiz-gara) que el preso más anciano (75 años) del EPPK ha pedido el tercer grado para poder disfrutar de permisos penitenciarios (siguiendo la vía Sortu) y le han denegado el mismo así como la libertad condicional a pesar de tener cumplida la mayor parte de su condena y tener el beneplácito de la junta de tratamiento de la cárcel y el consentimiento del juzgado central de vigilancia penitenciaria.

Asimismo, anuncian la llegada a Euskal Herria de numerosas huidas políticas vascas y vascos y silencian la condena de 46 años de prisión a uno de ellos por sucedidos hace casi 40 años. De igual manera, reafirman su entrega al sistema español y francés glorificando un simple traslado a Mont-de-Marsan cuando los dos últimos presos políticos entregados de Francia a España son encarcelados en Murcia y Algeciras.

Parece mentira que los voceros de Sortu y EHBildu enfrenten la represión con la argumentación de que España no se entera de que estamos en otro ciclo político. ¿Qué trampa tiene esta gente para tanta complacencia ante tamaña represión y desprecio? Además de aceptar la partición de Euskal Herria con la renovación del Estatuto de la Moncloa del 78 ¿piensan darnos alguna sorpresa más?

En todo caso, o miente el Foro Social o miente la delegación del EPPK cuando habla del sentir de su colectivo. No hay ningún horizonte positivo a corto o medio plazo para los presos políticos vascos y menos para los que tienen largas condenas. El último detenido acusado de pertenecer a ETA saldrá en el 2058, teniendo muchísima suerte. Y es importante saber qué es lo que está ocurriendo en las cárceles pues, sin ir más lejos y aunque aun no es número muy importante, cada vez son más los presos y presas políticas vascas que abandonan el EPPK y son sistemáticamente excluidos de las listas de presos y presas políticas que maneja el complejo Sortu. Así están las cosas.

Nos hablan de paz y de resolución del conflicto. ¿Qué es la paz para el Pueblo Trabajador vasco? ¿Cuál es la paz de la burguesía vasco-española, es decir de las fuerzas vivas del PNV? Su paz, la del PNV, la del PP, la del PSOE, la de Podemos… es la paz de la sacrosanta unidad española o francesa y nadie de todos esos y esas se plantea cambiar el curso de la explotación y la ocupación sobre Euskal Herria. De la misma manera hablan de resolución y de consecuencias de un conflicto, repetimos, más evidente que nunca.

¿Qué es llegar a un marco democrático que perpetúa la ocupación y la explotación de nuestro pueblo? ¿Qué es eso de vencedores y vencidos y que hay que buscar un intermedio para que nadie pierda? No hay intermedio ante la ocupación y ante la explotación de una clase sobre el Pueblo Trabajador Vasco.

La lucha de clases no es un partido en el que se pueda empatar. Mienten los que así venden y pretenden para el pueblo vasco un futuro libre, colectivo y solidario sin mojarse hasta las entrañas. No hay soluciones parciales y coyunturales pues el sistema se encargará de disolverlas, condenarlas u olvidarlas.

Los ejemplos que nos muestra el sistema capitalista e imperialista son lo suficientemente claros sobre este aspecto. Los tamiles no se rindieron y su pueblo sufrió el mayor genocidio de los tiempos modernos. Los palestinos que aprobaron los acuerdos de Oslo han mostrado sumisión ante un sionismo que no repara en nada en su creciente y constante fascismo genocida. Que nos cuenten cómo quedaron El Salvador y Guatemala después de sus respectivos procesos de paz. Que nos expliquen que cuando estaba a punto de estallar una revolución social en Sudáfrica, se inventó un dique para la misma, salvando la explotación blanca y salvando al capital extranjero con el “fin” de la segregación racial y la creación de una fracción de clase pequeño burguesa negra. Que nos cuenten cómo está el Norte de Irlanda y el número de presos y presas políticas irlandesas.

Bien es cierto que sabiendo lo que no queremos, todavía nos cuesta articular las estructuras y dinámicas necesarias para poder seguir luchando por la revolución socialista vasca.

Lo que es evidente es que no vamos a pedir permiso para decidir sobre nuestras cuestiones como colectividad nacional. Tampoco el derecho a decidir lo que queremos, ni cómo ni cuando, ni el derecho a revelarnos ante la ocupación de Euskal Herria y ante la explotación que sufrimos.

Hace tiempo que dijimos que lo nos une a los trabajadores vascos con el resto de nacionalidades que habitan en la península o en el continente, es la pertenencia a la misma clase y no a la misma nación.

No hay futuro para los que venden su fuerza de trabajo en Euskal Herria bajo la sumisión. Jamás seremos soberanos en toda su dimensión nacional y social si seguimos pegados a las suelas de las botas españolas y francesas. Por eso continuaremos peleando por una Euskal Herria libre y socialista.

La manipulación de las elecciones mediante cuentas falsas en las redes sociales: el caso de Indonesia

Para que parecieran reales, Alex les daba a sus cuentas falsas un toque de humanidad. Entre los tuiteos políticos, sus avatares –la mayoría representados por hermosas jóvenes indonesias– se lamentaban por problemas amorosos o subían fotos de sus desayunos.

Pero estas cuentas falsas no estaban hechas por diversión. A Alex y su equipo les decían que era parte de una guerra. “Cuando estás en guerra, usas cualquier cosa que tengas disponible para atacar a tu oponente», afirma Alex en una cafetería en el centro de Yakarta, “pero a veces me daba asco de mí mismo”.

En 2017, durante varios meses, Alex fue una de las más de 20 personas que trabajaban dentro de un ejército secreto de trolls que publicaban mensajes desde cuentas falsas de redes sociales para ayudar a que el entonces gobernador de Yakarta, Basuki Tjahaja Purnama, conocido como Ahok, fuera reelegido.

“Nos dijeron que creáramos cinco cuentas de Facebook, cinco de Twitter y una de Instagram», explicó. “Y nos dijeron que todo debía ser secreto, que estábamos en medio de una ‘guerra’ y que teníamos que cuidar el campo de batalla y no decirle a nadie qué hacíamos en nuestro trabajo».

Las elecciones de Yakarta –en las que el gobernador en funciones Ahok, chino y cristiano, competía contra Agus Yudhoyono, hijo del expresidente, y el exministro de Educación, Anies Baswedan– generaron divisiones religiosas y raciales que culminaron en manifestaciones islámicas masivas y la acusación de que se estaba utilizando a la religión para sacar provecho político. Los manifestantes pedían que Ahok fuera enviado a la cárcel por blasfemar.

Las manifestaciones fueron promovidas por un sospechoso cibermovimiento conocido como el Ejército Cibernético Musulmán o MCA (por sus siglas en inglés), que utilizaba cientos de cuentas falsas o anónimas para difundir contenido racista o extremista islámico con el fin de impedir que los votantes musulmanes apoyaran a Ahok.

Alex dice que su equipo fue contratado para contrarrestar ese aluvión de sentimiento antiAhok, incluyendo hashtags que criticaban a candidatos de la oposición o ridiculizaban a sus aliados islámicos.

El equipo de Alex, compuesto de seguidores de Ahok y estudiantes universitarios que eran atraídos por el generoso salario de 240 euros al mes, supuestamente trabajaban en una “casa de lujo” en Menteng, en el centro de Yakarta. Cada uno debía publicar entre 60 y 120 veces por día en sus cuentas falsas de Twitter, y un par de veces al día en Facebook.

Los ejércitos de trolls

En Indonesia –que está entre los cinco países del mundo con más cuentas de Twitter y Facebook– existen lo que se conoce como “ejércitos de trolls”, grupos que amplifican mensajes y  generan “alboroto” en las redes sociales. Si bien no todos utilizan cuentas falsas, algunos sí lo hacen.

Alex dice que su equipo de 20 personas, cada uno con 11 cuentas en redes sociales, genera hasta 2.400 publicaciones en Twitter por día.

La operación estaba coordinada a través de un grupo de WhatsApp llamado Pasukan Khusus, que significa “Fuerzas Especiales” en indonesio, que Alex calcula que constaba de 80 miembros. Al equipo le suministraban contenido y los hashtags que debían promocionar aquel día.

“No querían que las cuentas fueran anónimas, así que nos hacían utilizar fotos para los perfiles. Las fotos las cogíamos de Google, o a veces utilizábamos fotos de nuestros amigos, de Facebook o de grupos de WhatsApp», afirma Alex. “También nos decían que utilizáramos imágenes de mujeres hermosas para que el material resultara más atractivo, así que muchas cuentas eran así».

En Facebook incluso montaron cuentas utilizando como foto de perfil imágenes de actrices extranjeras famosas, que inexplicablemente aparecían como fanáticas de Ahok.

Al equipo de trolls le dijeron que “sólo era seguro” publicar desde Menteng, donde operaban desde diferentes habitaciones. “La primera sala era para contenido positivo, donde publicaban contenido positivo sobre Ahok. La segunda era para contenido negativo, donde difundían contenido negativo y discurso de odio contra la oposición“, relata Alex, que dice que eligió estar en la sala positiva.

Muchas de las cuentas sólo tenían unos cuantos cientos de seguidores, pero al lograr que sus hashtags fueran tendencia, a menudo a diario, lograban aumentar artificialmente la visibilidad de la plataforma. Al manipular Twitter podían influenciar a los usuarios reales y en los medios de comunicación indonesios, que suelen analizar los hashtags que hacen tendencia como un barómetro de la situación nacional.

Pradipa Rasidi, que en ese momento trabajaba en el ala juvenil de Transparencia Internacional en Indonesia, notó el fenómeno cuando estaba estudiando las redes sociales durante la campaña. “A primera vista, parecen cuentas normales pero sus tuiteos son casi exclusivamente políticos», dijo.

Rasidi entrevistó a dos trolls de Ahok, que le detallaron el mismo uso de cuentas falsas que describió Alex. Ninguno de ellos quiso hablar con la prensa.

Un estratega de las redes sociales que trabajó en la campaña de un oponente de Ahok afirmó que la industria de los trolls es enorme. “Algunas personas que tienen cuentas muy influyentes pueden recibir hasta 1.200 euros por un solo tuiteo. O, si quieres tener un tema en tendencia en un par de horas, eso cuesta entre 60 y 235 euros”, explicó Andi.

Utilizando un estudio sobre la industria de los trolls en Indonesia, investigadores del Centro para la Innovación e Investigación Política (CIPG) dicen que todos los candidatos de las elecciones de Yakarta de 2017 utilizaron ejércitos de trolls y al menos uno de los oponentes de Ahok hábilmente creó “cientos de bots” que se conectaban para apoyar a determinados sitios web.

Calumnias, odio y engaños

Las autoridades han tomado medidas contra las noticias falsas y la difusión de discurso del odio en internet, pero los trolls, que operan en una zona ambigua, se han escurrido por grietas legales.

Incluso el gobierno utiliza estás tácticas. La cuenta de Twitter @IasMardiyah, por ejemplo, que Alex dice que fue utilizada por su equipo de trolls proAhok, ahora publica constantemente mensajes a favor del gobierno y propaganda del presidente Joko Widodo, en general retuiteos sobre infraestructura indonesia y éxitos diplomáticos, o la necesidad de proteger la unidad nacional.

Utilizando el avatar de una mujer joven con un pañuelo en la cabeza y gafas de sol, la cuenta tuitea casi exclusivamente contenido a favor del gobierno con los correspondientes hashtags.

Recientemente, la cuenta ha publicado sobre la elección de Indonesia para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la lucha contra el terrorismo, el aumento de las exportaciones agrícolas, un aeropuerto nuevo en Java Occidental, los Juegos Asiáticos que se celebran el mes próximo, pero también sobre temas sensibles como Papúa Occidental.

Ulin Yusron, portavoz del equipo de campaña de Ahok, se negó a hacer algún comentario sobre las acusaciones específicas, pero sí aseguró que la campaña fue “muy dura”. “El uso de calumnias, odio y engaños [noticias falsas] fue enorme,” admitió. “Naturalmente, el equipo se fortaleció con un equipo que cubría además las redes sociales. Esto no es algo nuevo en política».

El investigador Rasidi dijo que los ejércitos de trolls operan de la misma forma que el cotilleo. “Cuando todos están hablando de lo mismo, puedes llegar a pensar que quizás es cierto, que quizás haya algo de verdad en ello. Así funciona el impacto que generan».

https://www.eldiario.es/theguardian/dentro-fabricas-cuentas-Twitter-Indonesia_0_796171132.html

Lenin: la transformación de la guerra imperialista en guerra civil

El derrotismo es un concepto que habitualmente se emplea en un sentido negativo, como pesimismo. El derrotista se rinde antes de empezar la batalla.Sin embargo, durante la guerra ruso japonesa de 1905, la Segunda Internacional defendió la derrota del zarismo, que en el caso de los marxistas rusos suponía la derrota de su propio país, e incluso más: la derrota de todo un continente, la vieja y reaccionaria Europa, frente al Asia emergente, escribió Lenin.

El movimiento obrero internacional defendió esta postura a pesar de que se trataba de una guerra de naturaleza imperialista, una situación que se reprodujo en 1912, ya antes de estallar la Primera Guerra Mundial.

A partir de entonces el derrotismo adquirió un nuevo significado: positivo, internacionalista y revolucionario, aunque la Segunda Internacional se deshizo de él, pasando a ser asumido exclusivamente por los leninistas. Ante la guerra imperialista los revolucionarios asumen, pues, una postura que no tiene nada que ver con la de ninguna otra organización política.

Según la conocida caracterización de Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Por lo tanto, no todas las guerras son iguales. Hay que analizar la naturaleza de cada una de ellas en concreto, decía Lenin: “Hay que situar esta guerra [la Primera Guerra Mundial] en las condiciones históricas en que transcurre. Sólo entonces se puede determinar la actitud ante ella”.

“La actitud ante la guerra debe ser distinta en momentos diferentes”, añade Lenin, porque su carácter cambia con el tiempo. Mientras las guerras del siglo XIX fueron revolucionarias, las del siglo siguiente fueron reaccionarias, como consecuencia de la entrada en la fase imperialista del capitalismo, una época caracterizada por las guerras precisamente, el rearme y el belicismo. Las guerras actuales son inherentes al imperialismo, lo mismo que las revoluciones. “La guerra significa la revolución”, escribió Lenin, lo que a veces se expresa diciendo que “o la revolución impide la guerra, o la guerra desencadena la revolución”.

“El marxismo no es pacifismo”, escribió también. Los marxistas no están “contra la guerra” ni son neutrales dentro de ella, ni se lavan las manos con la excusa de las contradicciones entre unos imperialistas y otros, que se plantean como si se tratara de algo que les resulta ajeno. No se escudan en frases vacías, como la de que no hay imperialismo bueno, o que le resultan indiferentes tanto la victoria como la derrota o expresan el deseo que no haya vencedores ni vencidos. Sólo hay una línea realmente marxista: “En una guerra reaccionaria, una clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno”, afirmó Lenin.

El derrotismo es lo más opuesto posible a la que el chovinismo y patrioterismo burgués quiere arrastrar porque se dirige contra su propio país, por lo que en todas partes los revolucionarios son acusados de traidores, de vendidos al “enemigo” o a unas u otras potencias, frente a las cuales sólo cabe la neutralidad. La burguesía aprovecha la ocasión para acusar a los internacionalistas de “falta de amor a la patria”, una especie de vacío nacional o de raíces, e incluso de desarraigo. Una vez más fue Lenin quien lo tuvo que aclarar: a los bolcheviques “nos invade el sentimiento de orgullo nacional”, escribió en 1914, aunque la Rusia que amaba Lenin no era la zarista precisamente, sino la otra, la que luchaba contra el zarismo.

La postura leninista frente a la guerra también se opone a los reformistas, que se convierten en un apéndice de la propia burguesía, es decir, en socialimperialistas y, por lo tanto, acaban con el internacionalismo, que es el signo distintivo del movimiento obrero

El enemigo de la clase obrera no es otro país, ni mucho menos el proletariado de otro país, sino la burguesía propia, que es la que conduce al país a la guerra y los revolucionarios tratan de derrotar a esa burguesía, de donde deriva la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerrra civil”, a la que Lenin califica como “la única consigna proletaria justa”.

“Lo que ve y siente todo obrero consciente es que, si debemos perder la vida, que sea luchando por nuestra propia causa, por la causa de los obreros, por la revolución socialista y no por los intereses de los capitalistas, de los terratenientes y los zares”, escribió.

La neutralidad de los reformistas conduce siempre a la peor de las políticas posibles, la pasividad, que convierte la “lucha” contra la guerra imperialista en frases vacías, tales como “guerra a la guerra”. En medio de una guerra, por reaccionaria que sea, el movimiento obrero internacional, además de tomar partido abiertamente, debe llevar a cabo una actividad práctica, revolucionaria: “Las acciones revolucionarias contra el gobierno propio en tiempos de guerra significan indudable e indiscutiblemente no sólo el deseo de su derrota, sino tambien aportar un concurso activo a esa derrota”.

Incluso dirigentes reconocidas del movimiento obrero, como Rosa Luxemburgo, criticaron el derrotismo de Lenin y sostuvieron que tanto la victoria como la derrota de unos u otros eran malas alternativas, una postura que, por un costado o por el otro, se vuelve a plantear dentro del movimiento obrero internacional, una y otra vez.

Luxemburgo no entendió nunca la postura de Lenin, y la propia prensa del Partido bolchevique llegó a censurar algunos de sus artículos. El derrotismo, escribió Lenin, no se podía plantear sólo desde un punto de vista nacional sino también internacional. Tanto la victoria como la derrota de una determinada potencia en una guerra tiene consecuencias, tanto internas como internacionales.

Por lo demás, el derrotismo que los bolcheviques preconizaban no sólo se refería a Rusia como país, ni tampoco como potencia imperialista. Se refería a la derrota de un régimen político, el zarismo, el enemigo principal de la clase obrera:

“En cada país, la lucha contra el gobierno propio que sostiene la guerra imperialista no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de dicho país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejercito gubernamental debilita a ese gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades que oprime y facilita la guerra civil contra las clases dirigentes.

“Esta tesis es acertada especialmente si se aplica a Rusia. La victoria de Rusia traería consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, la intensificación de la reacción dentro del país…”

Tanto los zaristas como los trotskistas criticaron el derrotismo leninista porque -según decían- deseaba la victoria de Alemania. ¿Acaso los bolcheviques preferían la victoria de los alemanes en lugar de los rusos? Ni entonces ni ahora se entendió que, movido por su partidismo, para Lenin la derrota de Rusia en la guerra era un “mal menor”, una expresión que repite una y otra vez machaconamente: “La derrota de Rusia ha resultado ser el mal menor, ya que hizo avanzar enormemente la crisis revolucionaria”.

Un análisis concreto, como el que lleva a cabo Lenin de la Primera Guerra Mundial, pone de manifiesto que los burgueses, los Estados, los imperialistas o los regímenes políticos de unos u otros países no son equiparables. Hace un siglo para el proletariado internacional era especialmente deseable la derrota del zarismo porque se trataba del gobierno “más reaccionario y bárbaro que oprime al mayor número de naciones y a la mayor masa de población de Europa y Asia”.

Por lo demás, los oportunistas siempre presentan la cuestión a la inversa. La guerra imperialista no sólo concierne al proletariado, sino también a la burguesía. En una etapa de crisis revolucionaria, escribió Lenin, la única manera que tenía el zarismo de mantenerse en el poder era participar en una guerra exterior de la que -naturalmente- confiaban salir victoriosos.

La experiencia histórica confirmó la exactitud de las previsiones de Lenin. La guerra imperialista no sólo inició la crisis revolucionaria en Rusia sino en toda Europa. No benefició a unos imperialistas (los alemanes) en perjuicio de otros (los rusos), sino que debilitó a ambos. Tras las guerras imperialistas en Rusia estallaron tres revoluciones en 1905, en febrero de 1917 y en octubre del mismo año, y lo mismo ocurrió en Alemania, donde también se abrió camino a la revolución.

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