La web más censurada en internet

Día: 4 de febrero de 2018 (página 1 de 1)

Juanín y Bedoya, los guerrilleros antifranquistas que resistieron en los montes de Cantabria

Juan Fernández Ayala, ‘Juanín’
Miguel Ángel Chica

Juan Fernández Ayala nació en Potes, en 1917, un niño como tantos, un niño de la pobreza, empezó a trabajar a los once años, la vida entonces era un lugar desapacible, se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas en 1934, que no fue un año cualquiera, y en julio de 1936, días después del alzamiento militar, se inscribió como voluntario en el ejército de la República. Lo enviaron al frente, formó parte del Batallón Ochandía, se le recuerda valeroso, insistente, hay muchas formas de pelear las guerras y él supo siempre cuál era la suya, y en agosto de 1937, cuando Santander fue vencida, también él cayó, lo apresaron los enemigos victoriosos, que lo sentaron frente a un tribunal militar y lo condenaron a muerte. Se salvó porque su hermano era un camisa vieja de la Falange con los contactos necesarios para conmutar sentencias. Le cambiaron la muerte por doce años de prisión, cumplió cuatro y quedó en libertad con la condición de presentarse todas las semanas en el cuartel de la Guardia Civil para que le dieran una paliza, escapó, se echó al monte, se convirtió en algo parecido a un ser mitológico, una de esas criaturas extrañas que acechan en los bosques, que sobreviven desollando conejos y cuidan de los niños perdidos. Bastaba su nombre, y a los vencidos les brillaban los ojos, como si su nombre fuera una puerta de acceso al pasado, donde se seguía librando la guerra, donde la República iba ganando. Se llamaba Juan Fernández Ayala, pero nadie le llamaba Juan. Era y fue siempre Juanín, el último guerrillero, abatido por la Guardia Civil un miércoles de abril de 1957. En una escaramuza quedó convertido en memoria.

En el país franquista que fue España después de la Guerra Civil había tres opciones para los derrotados: la cárcel, el exilio o el monte. Juanín no dudó. No lo había hecho en 1936, cuando se enroló en el ejército republicano, y no lo hizo cuando salió de la cárcel. A través de un hombre llamado Pepe el Falangista, bien colocado en el régimen y, por los extraños caminos de la vida, también su hermano, consiguió trabajo en el Patronato de Regiones Devastadas. Se instaló en Potes. La Guardia Civil sospechaba que estaba en contacto con miembros del Socorro Internacional y aprovechando que las condiciones de su puesta en libertad le obligaban a presentarse en el cuartel una vez a la semana, lo torturaban un día de cada siete para sacarle información. Pero aquel hombre testarudo no daba nombres y un día de julio de 1943 se perdió en el bosque y cruzó las montañas hacia Asturias para unirse a la Brigada Machado, que no se llamaba así en honor del poeta sino en recuerdo de su impulsor, Ceferino Roiz alias Machado. Eran un grupo de hombres que se resistía a perder la guerra. En Europa todavía se luchaba y estaban convencidos de que una victoria aliada provocaría un cambio político en España. Creían que la suerte de Franco estaba unida a la de Hitler y que una vez que las potencias del Eje fueran derrotadas las democracias europeas restaurarían la República. En aquellos montañeros feroces había estrategia: había que mantener encendida la llama que prendería el fuego llegado el momento.

El tiempo pasó, pesado, caducifolio, terminó la Segunda Guerra Mundial y Franco seguía en El Pardo. En algún momento fantasearon con matarlo aprovechando las estancias del dictador en los Picos de Europa para pescar el campanu. Franco viajaba acompañado por las cámaras del No-Do mientras los hombres de la Machado trazaban posibles atentados. Pero la desgracia, cuando llega, llega para quedarse. Franco volvía ileso una y otra vez a Madrid y aquellos guerrilleros emboscados fueron cayendo uno a uno, en redadas, disparos por la espalda, algunos, con mejor estrella, consiguieron cruzar a Francia. Juanín regresó a Potes, a los bosques conocidos, el mundo empezaba a cambiar, la geopolítica se había vuelto pragmática, las democracias europeas, con un ojo en la Unión Soviética, no parecían incómodas con un dictador fascista en Madrid. Ya no había política, ni estrategia, solo quedaba la resistencia. Y eso hizo Juanín, resistir. Cambiaron los términos. Los guerrilleros se convirtieron en maquis. La palabra convocaba al silencio. Cortaba conversaciones, agitaba la respiración. Juanín fue en Potes mucho más que un nombre. La Guardia Civil, incapaz de capturarlo, recurría a la guerra sucia. Cualquier sospechoso de ayudar al maquis pasaba por los cuarteles. La habilidad para sobrevivir de Juanín se hizo legendaria. Catorce veces fue cercado y catorce veces escapó del cerco. Cuando bajaba al pueblo, de incógnito, dejaba pagado en el bar un café para la Guardia Civil con una nota: “Yo, Juanín, tengo el honor de invitar a café al capitán de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones”.

Francisco Bedoya Gutiérrez
Los guerrilleros no estaban solos. En los pueblos había redes clandestinas de ayuda. Se entregaban víveres, armas, municiones. Eran tan arriesgado como puede imaginarse. La resignación, sin embargo, tampoco es una compañía llevadera. En aquellas rondas en busca de apoyos Juanín conoció a Paco Bedoya (*), un muchacho doce años más joven, corpulento, con fisonomía de héroe de la antigüedad, aficionado a la música, con un hijo recién nacido, incapaz como él de resignarse. La madre de Bedoya solía acoger a los maquis en su casa y el muchacho, que apenas tenía siete años cuando empezó la guerra, se acomodó desde niño a la presencia de los hombres del monte. Bedoya fue detenido en 1948 y condenado a doce años de cárcel. Fue trasladado al Destacamento Penitenciario de Fuencarral. Escapó en 1952, cuando se enteró que su mujer y su hija habían emigrado a Argentina y su casa había sido consumida por el fuego. Regresó a Potes y marchó directo a las montañas, con Juanín. Hay simbolismo en su acción: Bedoya fue uno de los últimos, quizá el último guerrillero en echarse al monte. La dictadura, doce años después del 1 de abril de la victoria, estaba tan asentada como el cielo sobre las cabezas de los hombres que todavía se resistían a entregar las armas.

En los pueblos con emboscados los niños jugaban a guardias civiles y maquis. Lo que quedaba era el epílogo de una derrota postergada durante más de una década. Aquellos soldados sin ejército que se habían resistido a perder la guerra en 1939 se encontraban cada vez más acorralados. La política de terror impuesta en los pueblos por la Guardia Civil hacía cada vez más complicada su subsistencia. Juanín, Bedoya y los que quedaban sobrevivían a base de pequeños robos y secuestros. En un momento dado el régimen intentó romper la resistencia del bosque atacando a los familiares de los emboscados. La madre y la hermana de Juanín fueron encarceladas, como las madres y las hermanas de tantos otros. Juanín y Bedoya se quedaron solos en el monte, convencidos de que solo la resistencia tenía salida. La Guardia Civil montó entonces un cerco como no se había visto desde los tiempos de la guerra, una operación militar que abarcaba Cantabria, Asturias y las provincias de León, Palencia y Burgos.

Fue entonces cuando los nombres de Juanín y Bedoya se hicieron más grandes que los hombres que los contenían. Tardaron años en dar con ellos. Lo consiguieron en 1957. Se ha especulado durante años con la posibilidad de que Bedoya traicionara a Juanín. La teoría es descabellada y hoy, gracias al trabajo de distintos investigadores -Isidro Cícero, “Los que se echaron al monte”; Antonio Brevers, “Juanín y Bedoya”– sabemos que es falsa. Los hechos ocurrieron en un lugar conocido como la Curva del Molino. Era miércoles, un 24 de abril. Juanín y Bedoya ven acercarse a la pareja de la Guardia Civil formada por el cabo Leopoldo Rollán Arenales y el número Ángel Agüeros Rodríguez. Atardece. Los guerrilleros descienden en silencio hasta el cementerio. Esperan el momento preciso para cruzar la carretera y escapar en dirección a Vega de Liébana. Anochece. Juanín se adelanta. La sombra que le pertenece y que está a punto de abandonarlo salta la tapia del cementerio y llega a la carretera. A su espalda, el cabo Leopoldo Rollán Arenales le apunta con una pistola y tras un seco “alto a la Guardia Civil” abre fuego sobre el hombre que escapa. Juanín muere sobre la carretera con la yugular seccionada por una bala. Bedoya logra huir pero es abatido meses más tarde, en diciembre, en una emboscada en Castro Urdiales. Sus dos muertes pasaron a formar parte del patrimonio de la resistencia contra la dictadura. Nació hace 100 años, Juan Fernández Ayala, Juanín en el monte, y su memoria pervive.

http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Juanin-persistencia-memoria_6_731486851.html

(*) El guerrillero Francisco Bedoya Gutiérrez nació en Serdio, Val de San Vicente, Cantabria, en 1929 y murió en Castro Urdiales en 1957.

Rusia ve las orejas al lobo: el sistema financiero internacional

Pocas veces se insiste lo suficiente que en el tablero mundial de ajedrez hay países, como Rusia, que siempre juegan con las piezas negras. Cada uno de sus movimientos dependen de los que realiza el adversario, Estados Unidos, que siempre juega con las blancas e inicia todas las jugadas.

Rusia siempre ha jugado al contrataque pero, especialmente, desde 1999 y aún más claramente desde el Golpe de Estado en Ucrania en 2014. “A la fuerza ahorcan”. No les queda otra. En todos y cada uno de los tableros que se juegan en el mundo.

El financiero es uno de ellos. En marzo de 2014 las primeras sanciones económicas desconectaron a cinco bancos rusos del sistema financiero internacional y en setiembre el Parlamento europeo pidió la desconexión de Rusia de Swift, la red bancaria internacional de pagos.

En Rusia le vieron las orejas al lobo. No sólo bancos, no sólo el dólar, no sólo internet: todo el país se podía quedar descolgado del sistema de pagos, como las tarjetas Visa, Mastercard o American Express, que son monopolios estadounidenses.

Para Estados Unidos fue un experimento y para Rusia una experiencia. No sólo en el terreno militar había que permanecer alerta, sino también en el financiero.

Un año y medio más tarde Rusia ya estaba lanzada al contrataque: tiene su propia tarjeta de crédito Mir y su propio sistema informático de cifrado Nspk vinculado a cada una de las operaciones de caja. De manera autónoma en Rusia se puede sacar dinero en cualquier cajero automático y pagar en cualquier establecimiento comercial con un coste más barato que con Visa, Mastercard o American Express.

Es una especie de desdolarización del dinero de plástico que le permite a Rusia escapar del cerco que el imperialismo le tenía preparado y adquirir una ventaja adicional: ahora las tarjetas bancarias estadounidenses, como American Express, han perdido el monopolio en Rusia. Si quieren operan en el país del Gran Oso se tienen que vincular al sistema Mir… previo pago del peaje correspondiente.

Antes los pagos dependían de los monopolios estadounidenses; ahora dependen de Rusia. Ahora los servidores informáticos están dentro Rusia y los programas informáticos son rusos. En Washington ya no pueden interrumpir los flujos financieros que se generan dentro de aquel país… incluida Crimea.

Otra ventaja que no tienen las tarjetas como American Express: el Banco Central de Moscú reasegura el cobro de los saldos disponibles. Los clientes rusos de Visa, Mastercard o American Express tienen esa misma ventaja que no tenemos los demás.

En sólo dos años han distribuido 25 millones de tarjetas Mir, hay 190.000 cajeros automáticos que operan con ella y 1,8 terminales de pago que cubren casi toda el territorio ruso. Suponen el 10 por ciento de las tarjetas bancarias que hay en circulación en Rusia, un porcentaje que se duplicará a finales de este año.

El inconveniente es que sólo opera en Rusia, por lo que el sistema negocia acuerdos con bancos extranjeros para asociarse y lograr que la tarjeta se pueda utilizar en cualquier lugar del mundo. Los primeros resultados se han obtenido con la Oficina Jasponesa de Crédito, American Express, China Union Pay y Samsung Pay.

En Rusia ocurre como en los demás sitios del mundo: espabilamos con los golpes que los demás nos propinan.

¿Se desinfla el ‘procès’?

Bianchi
Estamos tentados de responder afirmativamente.También suele decirse -un tanto cínicamente- que la mejor manera de superar una tentación es… caer en ella. También estamos tentados de decir que la desunión en las filas independentistas revela que el nacionalismo pequeñoburgués catalán es incapaz de dirigir un proceso que lleve a la independencia de Catalunya y la proclamación de la República. Pero tampoco puedes decir esto porque te acusarán de tratar de encerrar la realidad en tres o cuatro clichés aprendidos en algún manual. Y, sin embargo…

Sin embargo, estamos asistiendo -de manera un tanto pedagógica- a que nada, ningún proceso, se puede llevar adelante de manera «unilateral» (al menos dialécticamente hablando) sin contar con la otra parte, el fascismo español, en este caso. Apelar continuamente al diálogo con el Estado español a sabiendas de la negativa a ultranza de éste te obliga a replantearte la situación o, como dirían los estrategas jesuitas, hacerse una (nueva) «composición de lugar» que contemple las fuerzas con las que cuentas y hasta dónde estás dispuesto a llegar o, si vienen mal dadas, resistir. Hablando estos días con catalanes independentistas, lo primero que les llamó la atención fue la violentísima reacción del Gobierno español mandando sus esbirros a reprimir a diestro y siniestro: no se esperaban algo así. Ahora, al menos, le han visto el verdadero rostro al fascismo español una vez despojada su careta «democrática».

Un error en estos casos es «personificar» en exceso los procesos (estamos pensando en Puigdemont, evidentemente) y no mirar el protagonismo de las masas, y dentro de éstas, lo más vanguardista dispuesta a no poner la otra mejilla ante tanto llamamiento obsesivo a la «no violencia» y al «pacifismo». Esto puede inducir a la desmoralización ante cualquier síntoma de derrotismo como, por ejemplo, los tuits revelados de Puigdemont dirigidos a un pelín lerdo Comín. Al margen del grado de su importancia -relativa o absoluta según las circunstancias- o de la denuncia de los métodos empleados, algo de escaso recorrido judicial, lo cierto es que esos mensajes han servido para que el fascio español saque pecho jactándose de lo que debería avergonzarle (art.155), pero ese es su carácter y no vale hacer aspavientos, y ha venido de perlas a Esquerra Republicana para ahondar más en la división que ya se venía barruntando en las filas independentistas cuya principal fuerza, hasta ahora, era su unión y cohesión, su unidad. Parece que quisieran deshacerse de Puigdemont y no se atreven a decirlo, O sí, a juzgar por las últimas declaraciones de «versos libres» tipo Gabriel Rufián o el muñidor Joan Tardá hablando de «sacrificar» al líder. Y ello, por supuesto, para «hacer política». Dan ganas de ser malpensados y discurrir que sólo están interesados en sus «carreras políticas» y en el machito (como han hecho sus primos gemelos de EHBildu en Euskadi «copando las instituciones»).

Se olvidan las causas de un procès legítimo y se opera -se «hace política»– en base a las consecuencias provocadas por el fascismo español (con un PsoE mil veces más «unionista» que el PP o Partido Podrido) como, o bien hechos consumados, o bien, asumiendo su discurso que pasa por el arrinconamiento de Puigdemont relegándolo a mero papel «simbólico» (como un florero, como sugiere Junqueras) y la decisión del President del Parlament catalán, Roger Torrent, de «aplazar» sine die la votación y previsible investidura del candidato, esto es, Puigdemont. Una cesión que, mucho nos tememos, precederá a otras. Esto tiene el «bilateralismo», por no hablar de las cuentas pendientes -léase venganza- que tiene el fascismo español con quien a poco les quitan el sueño.

(*) La decisión del Tribunal Constitucional -un Tribunal, por cierto, que no crea jurisprudencia y es, de facto, la tercera Cámara tras el Congreso y Senado- de exigir la presencia física de Puigdemont en la sesión de investidura en la Generalitat, planeando en todo momento la explícita detención del de Girona, es una clara invitación a decirle que no pise suelo español (catalán, en este caso), que le prefieren fuera y lejos (ya están estudiando recuperar la «eurorden») antes de verle ocupar, siquiera simbólicamente, la Presidencia del Govern, pues eso significaría -volver a la casilla de salida- reconocer el fracaso del 155, como ya hemos apuntado, con mayor o menor acierto, en este blog.

Bona tarda.

El FBI regresa a Ecuador

Correa y Moreno, de amigos a enemigos
El antiguo canciller ecuatoriano, Guillaume Long, ha arremetido contra el presidente Lenín Moreno por autorizar una operación del FBI en el norte de Ecuador, lo que “agrede la soberanía del país”.

Una misión del FBI se ha trasladado a Ecuador a petición de Moreno, después de que se registrara un ataque con bomba a una comisaría en una zona fronteriza con Colombia.

“Es un regreso a las horas más oscuras de falta de soberanía, como cuando el Pentágono estaba en la base de Manta”, ha manifestado Long, que fue canciller de Ecuador entre 2007 y 2017, cuando Rafael Correa era Presidente.

El también ex embajador permanente de Ecuador ante la ONU hasta el 5 de este enero, cuando renunció a su cargo, ha criticado el recurso de Moreno a Washington para asuntos de seguridad de Ecuador.

“Es verdad que siempre ha sido delicada la situación en la frontera norte, pero llama la atención que ante el primer gran reto de seguridad la reacción del Gobierno sea traer a Estados Unidos”, ha criticado Long, que resaltó el esfuerzo del gobierno anterior, dirigido por Correa, para preservar tanto la seguridad como la soberanía del país.

Long también se manifiestó sobre consulta popular convocada para hoy por Moreno para reforma la Constitución para “sacar de la carrera presidencial a Rafael Correa”.

El enfrentamiento entre Rafael Correa y Lenin Moreno es cada vez más agudo. Ayer partidarios de Moreno atacaron en Quinindé con armas el vehículo en el que viajaba Correa, que desde principios de año dirige una campaña por el “no” en la consulta que, entre otros asuntos, plantea la revocación de la reelección indefinida.

Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

Entre las leyes que la historia cumple siempre rigurosamente se incluye la de que “Roma no paga a los traidores”. Nunca, porque en cualquier sociedad no hay cosa más despreciable que la traición.

En Argelia a los traidores los llaman “harkis”. Fueron los que durante la descolonización no se pusieron del lado de los suyos, sino del colonialismo. Tras la liberación fueron perseguidos en su propio país y ejecutados ignominiosamente. Unos 50.000 lograron huir a Francia, donde llevan una existencia infernal, junto con sus familias.

En África nadie les quiere por colaboracionistas y en Europa son despreciados por ser moros y musulmanes. Cada 19 de marzo se manifiestan regularmente contra los Acuerdos de Evian por los que Francia concedió la independencia.

Sin embargo, hay gente compasiva que se apiada de ellos, como el Presidente de la República, que el 25 de setiembre les recibió en el Elíseo con los honores propios de la ocasión. Macron lo había prometido durante su campaña electoral.

Pero “en política” hay que poner una vela a dios y otra al demonio. La historia siempre pasa factura, tarde o temprano. Es otra de sus leyes inexorables. Hace un año, cuando Macron estuvo en Argel tuvo que pagar el peaje correspondiente y calificar la colonización francesa como un crimen contra la humanidad, “una verdadera barbarie”, dijo, ese pasado que “debemos mirar de cara para presentar excusas”.

Con los años los colonialistas se arrepienten de sus crímenes, pero no mucho. Nunca hubieran sido lo que son sin sus colonias (y sus crímenes).

Los “harkis” ni siquiera pueden hacer ese doble juego y no les gustó nada que Macron los calificara de “criminales” porque hace 60 años ellos tenían una percepción opuesta de la situación política. Creían que ellos eran los buenos y que el FLN era una organización terrorista que ponía bombas y mataba a personas inocentes.

Hoy Catalunya también tiene sus “harkis”, que defienden el artículo 155 y se ven a sí mismos como españoles cien por cien, e incluso como ambas cosas. Se creen en el lado bueno de la contradicción, pero lo confunden con el lado fuerte. Son los esclavos que están de parte de sus amos, los que suponen que la historia es una foto fija y que la balanza se inclinará siempre del mismo lado.

Como los “harkis”, en el futuro vivirán una existencia indigna (en cualquier parte donde vivan). No sólo ellos, sino también sus familias, sus hijos y sus descendientes. El auténtico pecado original es la traición y pasa de una generación a otra.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies