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Día: 26 de octubre de 2016 (página 1 de 1)

‘Si no tuviese el apoyo del pueblo sirio no estaría aquí’

La prensa intoxicadora nunca publicará esta foto. Entre ellos es corriente referirse a Bashar Al-Assad como un dictador porque es una manera de justificar la agresión imperialista. Como si a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado Estados Unidos se hubiera caracterizado por su defensa de las libertades y la democracia en el mundo.

La personalización es una propaganda facilona, propia de ineptos. Ni siquiera se trata de la sustitución de uno por otro (igual o peor) porque, en tal caso, el propio Al-Assad ha dicho que no tendría ningún problema en largarse por su propio pie.

En una entrevista con la cadena danesa de televisión TV2 a principios de este mes, Bashar al Assad dijo que si no tuviera el apoyo del pueblo sirio no estaría al frente del gobierno. “Si yo fuese la razón de la guerra, me iría”, añadió. El Presidente sirio aseguró que el origen de la guerra no gira en torno a su persona, sino que “es mucho mayor que eso” y se extiende no sólo a la soberanía nacional de Siria sino que también ha terminado siendo un pulso entre las grandes potencias.

En julio, durante una entrevista con canal griego ETV explicó que “los terroristas no dirigen la guerra en Siria contra el presidente del país, sino contra el pueblo sirio”.

“La victoria en la guerra [contra el terrorismo en Siria] no es mi victoria, sino la victoria del pueblo sirio, ya que [la guerra] se lleva acabo contra el pueblo sirio”, aseguró a los periodistas griegos.

La muerte en accidente de su hermano mayor, convirtió en 1994 al joven Bashar Al-Assad, un oftalmólogo que hasta entonces vivía y trabajaba en Londres, en el sucesor de su padre, Hafez Al-Assad, tras cuya muerte en 2000 fue elegido presidente de Siria con 34 años.

Llegó al gobierno con la voluntad de cambiar algunas cosas. Promulgó varias amnistías parciales para los presos políticos y abrió un cauce más amplio a la libertad de expresión. Pero desde hace más de tres mil años, Siria siempre ha sido una encrucijada de caminos.

Su rechazo a la guerra de Irak le pusieron en el punto de mira de los imperialistas. En 2004 Estados Unidos sancionó a Siria por no impedir el paso de combatientes a Irak, por apoyar a los grupos palestinos y al Hezbollah libanés. La última imputación fundamentó las amenazas particulares de Israel, al que el dirigente sirio fue incapaz de arrancar negociaciones de paz ligadas a la devolución de los Altos del Golán.

En 2005 el asesinato del primer ministro libanés Rafiq Hariri le puso contra las cuerdas, obligándole a evacuar Líbano, poniendo fin a una tutela que se remontaba a 1976. El Tribunal Especial de la ONU para Líbano exoneró a Siria del asesinato de Hariri, pero la suerte ya estaba echada. Si no era por un motivo sería por otro.

El obsceno negocio de Felipe González y Juan Luis Cebrián, entre genocidios y violaciones

Luis Gonzalo Segura
Al leer la mayoría de las noticias que provienen de Sudán del Sur dan ganas de llorar. Auténticas atrocidades. Contaba Alberto Rojas en El Mundo, ese diario cada día más arrodillado en el que faltan muchos como Alberto, varias escenas horripilantes. En una de ellas una mujer era violada por quince hombres, uno tras otro como si aquello fuera un dispensario de comida. No fue un hecho aislado.

Después de una cruel batalla se produjeron tres días de festejos con violaciones y asesinatos masivos que provocaron un excedente de cadáveres, para regocijo de los perros que se dieron un buen festín. Un cuadro que, con todo, todavía se encuentra muy alejado de lo que protagonizó el general Yagüe en Badajoz, esa historia que la Transición prohíbe recordar.

En julio de este año también fue asaltado el Hotel Terrain lo que provocó que la veintena de extranjeros terminase en la sala del pánico, un recinto acorazado. Los asaltantes, casi un centenar, después de disparar contras las puertas de metal consiguieron entrar. Lo que allí sucedió fue dantesco para cualquier occidental, aunque cotidiano en casi toda África: golpearon, insultaron, vejaron y simularon ejecuciones a los hombres y violaron a las mujeres en repetidas ocasiones mientras los primeros fueron obligados a presenciarlo. Solo eran cinco mujeres para casi cien hombres, los cálculos son tan sencillos como aterradores.

Una hora antes de vivir aquel infierno solicitaron ayuda a los cascos azules de la ONU, los cuales respondieron: “no podemos enviar a ningún equipo ahora”. No solo es un hecho extraordinario, sino que lo normal es que las mujeres sean violadas a un centenar de metros de la base militar de la ONU o que los propios miembros de la ONU las violen. Hechos silenciados o amortiguados por Occidente e ignorados por la ONU salvo en casos de presión mediática excesiva. Esa es la ONU, la que pretende dar lecciones al mundo mientras obvia investigar los abusos sexuales de sus propios militares en África, en muchos casos europeos, en muchos casos actos infames. Basta recordar los cascos azules que ofrecían galletas por sexo oral o aquellas menores que fueron obligadas a tener relaciones con un perro a cambio de dinero. Hay mucho más.

Sudán del Sur es mucho más que violaciones y, como casi toda África, se trata de una interminable fábrica de guerras civiles. Estas necesitan tal cantidad de combatientes que ni las altas tasas de natalidad son capaces de suministrar la cantidad de carnaza necesaria. Así pues, en ocasiones estos escasean, aunque siempre hay soluciones: si no quedan adultos, se secuestran todos los niños mayores de doce años y se les inyecta en las venas la guerra y el odio. Por ejemplo, el año pasado casi un centenar de niños fue secuestrado y esta primavera casi 9.000 menores habían sido convertidos en soldados, lo que supone un desastre que va más allá del presente, pues convierte el futuro de Sudán del Sur en una carnicería. Muy probablemente serán estos niños los que terminen enzarzados en una nueva guerra civil cuando se conviertan en adultos. Otra más. Las cifras evidencian la magnitud de la tragedia: unos dos millones y medio de personas están en riesgo de sufrir hambruna y más de setecientas mil personas son refugiados.

Cualquier persona normal se sentiría conmocionado por lo aquí narrado, pero Felipe González y Juan Luis Cebrián no son normales. Son hombres de negocio, carniceros y capitalistas al por mayor. Para ellos y su gran aliado, Farshad Zandi, Sudán del Sur es petróleo y dinero. El tal Zandi es propietario de Star Petroleum y SP Mining, domiciliadas en paraísos fiscales, claro está, y Felipe González y Juan Luis Cebrián son sus mamporreros. No son los únicos pues en la lista también figura Alberto Cortina, íntimo del rey Juan Carlos, Antonio Navalón, Miguel Ángel Remón

Felipe González no tuvo ningún reparo en grabar un vídeo de apoyo o escribir una carta de recomendación a un genocida para Zandi. El vídeo es bochornoso y la carta infame, pero ahí está el expresidente ofreciendo charlas morales y disecciones sobre la democracia.

Hablemos claro: en primer lugar, Farshad Zandi no es un hombre cualquiera, es un empresario que donó seis millones de euros a Juan Luis Cebrián, uno de los directivos con un mayor salario del IBEX 35 aunque haya dejado pérdidas superiores a los 2.200 millones de euros.

En segundo lugar, lo que hacen Juan Luis Cebrián o Felipe González es muy parecido a lo que hizo José María Aznar para colocarse como comisionista de la venta de armas a Libia o Argelia o Zapatero y Bono para intentar lucrarse en la Guinea de Obiang. Para nuestros dirigentes o para el IBEX 35 no existe el infierno, las violaciones, los derechos humanos, las infancias destruidas por la guerra… para ellos lo único que importa es el negocio.

En tercer y último lugar, quizá todo se deba a que en Sudán del Sur, Guinea o Libia acontece algo que hace no mucho sucedió en Badajoz y en muchas otras ciudades, y los que lo hicieron son los que se han perpetuado en el poder. A lo mejor sucede que cuando ordenas despellejar, arrancar las uñas y enterrar en cal viva ya da lo mismo de donde venga el dinero mientras venga. A lo mejor sucede que cuando multiplicas por seis la industria armamentística como Chacón ya te la trae al fresco todo. A lo mejor sucede que hasta que no juzguemos a todos los criminales y delincuentes de Occidente no tendremos una mínima posibilidad de un mundo mejor. A lo mejor sucede que hay que explicarles a los sursudaneses, guineanos, libios, argelinos o lo que se tercie que no se preocupen por el infierno porque luego vivirán una idílica transición en la que los asesinos y las familias de los asesinos gobernarán sus países con una gran apariencia democrática. A lo mejor hay que explicarles que todavía les queda mucho hasta alcanzar a España como segundo país del mundo en número de desaparecidos.

No desesperen, hay muchos como Cebrián, González, Aznar, Zapatero, Bono, Morenés o Chacón… Y todavía queda mucha África y mucho mundo por expoliar y destruir y, también, quedan muchas transiciones por hacer.

Fuente: https://elventano.es/2016/08/obsceno-negocio-de-felipe-gonzalez-y-juan-luis-cebrian-entre-genocidios-y-violaciones.html

¡ Manos arriba: esto es un Banco !

Bianchi
O Wall Street. Aunque Estados Unidos es un país en quiebra y deudor, pero eso qué.

Hay no pocos capítulos en la corta, pero intensa, historia de los EE.UU. realmente admirable, por ejemplo la bastante olvidada lucha del movimiento obrero a principios del siglo XX en las zonas más industrializadas. Y también, por supuesto, las peleas de indios y negros e hispanos por los derechos civiles o contra la guerra de Vietnam. También se ha convertido en mantra el mito de los USA como la cuna y el país de la democracia. Suponemos que se refieren a la democracia “moderna” -y no a la clásica griega basada en el esclavismo- donde los negros e indios no votaban, como hasta Tocqueville señala en el siglo XIX.

Pero hoy señalaremos únicamente dos mojones que reflejan lo que es el pensamiento de la clase dominante de este gran país hasta nuestros días. Se trata de dos frases pronunciadas por dos prebostes del “american dream”. La primera pertenece a David J. Brewer, juez del Tribunal Supremo y data de 1893 y dice este prohombre: “es una ley invariable que la riqueza de la comunidad esté en manos de unos pocos”. Y la segunda (frase) es de Theodore Roosvelt (no confundir con el posterior y también presidente Franklin Delano Roosvelt) que, en carta a un amigo fechada en 1897, dice: “en estricta confidencia, agradecería casi cualquier guerra, pues creo que este país necesita una”. Se pueden ver perfectamente compendiados las dos columnas básicas del Imperio: la propiedad privada de los medios de producción y la guerra como herramienta e instrumento represivo interno y expansivo externo.

No seremos nosotros quienes cometamos el pecado de “lesa Historia” de juzgar hechos pasados con elementos de juicio del presente, pero, al menos, que se diga que George Washington, primer presidente de los Estados Unidos (más bien los del Este, la “conquista del Oeste” todavía no la contó Hollywood), fuera terrateniente negrero más rico de América, al igual que casi todos los Padres de la Independencia y la “democracia”. O que Lincoln tenía, como un dios romano Jano bifronte, dos caras y también dos lenguas según con quién hablase y a quién se dirigiese. Bueno, no le culparemos por eso si miramos a la casta actual. Ya lo decían los indios norteamericanos y el gran Javier Krahe recogió (pensando en Felipe González en los tiempos de la “OTAN, de entrada no” o cómo me la maravillaría yo dejando a la señora Cospedal y sus requilorios “en diferido” en mera aficionada): “hombre blanco hablar con boca de serpiente”.

Buenas tardes.

Un genocidio de la CIA (¿otro?) olvidado

Darío Herchhoren

Durante la Segunda Guerra Mundial, el imperio japonés, que era una gran potencia militar en su época, atacó a China y creó en Manchuria un estado títere con un emperador (Pu Yi) que se prestó a los manejos imperiales. Esa historia está magníficamente expuesta en la película “El último emperador”. Pero las ansias de los fascistas imperialistas japoneses no se detuvo en China, y ocuparon toda Corea, Birmania, Filipinas e Indonesia. Para todo ello utilizaron su poderosa fuerza aérea y una marina de guerra temible. Su ambición imperial no tenía límites y su mayor interés era atacar y ocupar Australia.

En esos tiempos, lo que hoy conocemos como Indonesia, era una colonia holandesa que se conocía como Batavia. El ejército japonés ocupó toda Batavia, y sometió a su población a todo tipo de crueldades, lo que generó en la población sometida y humillada un fuerte sentido patriótico y la formación de una guerrilla que consiguió finalmente la derrota japonesa y la expulsión de sus tropas con graves pérdidas en vidas y material.

Al frente de esa guerrilla, estaba el Partido Comunista de Indonesia, que estaba muy influido por las ideas nacionalistas. El Partido Comunista de Indonesia fue fundado en 1920, al calor de la muy cercana revolución bolchevique de 1917, y se produjo a raíz de una escisión del Partido Socialista Indonesio.

Durante muchos años, la autoridad colonial holandesa ilegalizó al Partido Comunista, y durante los tiempos de ocupación japonesa obviamente los comunistas fueron ilegales al igual que toda forma de organización política o sindical.

Con la derrota de Japón el imperio holandés ya decaído y ruinoso, solo pudo aceptar la situación de hecho, que era que el movimiento patriótico indonesio había tomado la dirección de Batavia, y se había fundado la nación indonesia con ese nombre.

Al frente del país estaba Ahmed Sukarno, uno de los fundadores del movimiento de países no alineados, junto con Nasser de Egipto; Nehru de la India, y U Nu de Birmania, y el Mariscal Tito de Yugoslavia.

Sukarno contó desde el principio con el apoyo de los comunistas, y del ejército indonesio que estaba formado por combatientes que se habían forjado en la guerra anticolonial y no había en dicho ejército militares de carrera.

La nación indonesia ejercía una política independiente, aunque mantenía buenas relaciones con los USA, y con la Unión Soviética y el bloque socialista, y muy especialmente con la República Popular China, surgida de la guerra civil china que culminó en 1949.

Indonesia es un gran productor de petróleo y gas, y produce arroz y pescado en gran cantidad que exporta a su vecinos. A todo esto, el Partido Comunista Indonesio había crecido enormemente y su influencia era muy importante en el ejército, donde los oficiales ya salidos de academias militares se formaban en China. Esta situación desde luego que no era del agrado de los USA y de la CIA, que conspiraban para derrocar a Sukarno y estaban creando un clima de sublevación dentro de las fuerzas armadas para acabar con Sukarno.

Es en este clima, que un grupo de oficiales jóvenes en la nocha del 30 de septiembre de 1965, dan muerte a seis generales que estaban tramando un golpe militar pro yanqui, y ante esas muertes, el General Suharto, y el brigadier de la fuerza aérea Haris Nasution llaman a “defender la revolución nacional”, acusan a los autores de las muertes de los seis generales de conspiradores y “contrarevolucionarios», y desatan una sangrienta represión contra los comunistas, que son acusados de querer entregar el país a China.

Emiten un decreto por el cual obligan a la población a denunciar a los comunistas y a sus simpatizantes, acaban con la vida de tres millones de personas en un verdadero genocidio. Familias enteras son asesinadas, sus bienes son saqueados o confiscados, los locales del Partido Comunista son destruidos, y obviamente dicho partido desaparece físicamente.

Se crean patrullas de escuadrones de la muerte y patrullas vecinales que se dedican a sembrar el terror entre la población y esas patrullas provocan gran cantidad de muertes. Ahmed Sukarno sigue siendo nominalmente el presidente de Indonesia hasta su muerte, pero en realidad es un prisionero dentro del palacio Merdeka, que es la sede de la presidencia indonesia.

A su muerte lo reemplaza el sangriento y criminal general Suharto, que estuvo al frente del país durante varias décadas, y amasó una fortuna de 35 mil millones de dólares. Siempre se supo que todo este movimiento estuvo orquestado por la CIA que en todo momento apoyó a los genocidas.

Como colofón decir que esta matanza es algo de lo que hay muy poca información, y que se ha tratado de ocultar, cuando no de negar. Decir también que el gobierno del criminal Suharto tuvo excelentes relaciones con el gobierno español de Felipe González, el cual viajó a Yakarta, y firmó con el “demócrata” de la cal viva un importante acuerdo comercial de venta de armas a Indonesia.

A la muerte de Sukarno, su mujer; la japonesa Dewi Sukarno, se convirtió en la amante nada menos que de Francisco Paesa, el estafador a sueldo del ministerio del interior español, y que uno de los hijos de Suharto compró la multinacional de la alimentación norteamericana Nestlé, que estuvo involucrada en la venta de leche en polvo contaminada en Egipto. Como se ve; es de aplicación el dicho de que dios los cría y ellos se juntan.

El terrorismo es el cuento de nunca acabar

Juan Manuel Olarieta
Tras la agresión que llevaron a cabo dos guardias civiles borrachos en el bar Kotxa contra unos vecinos de Altsasu el 15 de octubre, la asociación fascista de víctimas de terrorismo COVITE interpuso una querella no contra los agresores sino contra los agredidos para darle la vuelta al asunto y que los hechos no se juzgaran donde se cometieron sino en el feudo del Estado fascista, Madrid, es decir, en la Audiencia Nacional (que es más de lo mismo, o sea, un tribunal diseñado por el franquismo).

Dicho y hecho; la Audiencia Nacional cumple con lo que de ella se espera: acepta la querella, le da la vuelta a la tortilla y se declara competente porque han reconvertido -por arte de magia- una pelea en una bar en un crimen de terrorismo.

Para ello la Audiencia Nacional ha tenido que calificar de yihadistas a los vecinos de Altsasu: el año pasado los partidos parlamentarios aprobaron uno de esos absurdos “pactos antiyihadistas” por el que le dieron un cambiazo -otro más- al artículo 573 del Código Penal para considerar que el terrorismo es todo, cualquier cosa, algo que ya sabíamos.

Tenemos terrorismo de por vida. El ministro del Interior se felicita porque han acabado con el terrorismo, pero no ha hecho más que empezar. Hasta las peleas de bar y las discusiones entre borrachos irán a parar a la Audiencia Nacional porque los convierten en crímenes terroristas: cuando por medio está la policía o la guardia civil no afectan sólo a los borrachos sino a toda la Policía y a toda la Guardia Civil. Posiblemente también se trate de una agresión a todo el Ministerio del Interior, a todo el Estado, al sistema, al capitalismo…

¿También se emborracha el Ministerio del Interior?, ¿bebe el Estado más de la cuenta?, ¿se pasa de copas la Audiencia Nacional?

Para justificarse, la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, da muestras de cierto ingenio, inventando cosas que desconoce por completo, como que  la reivindicación de que la Guardia Civil salga de Euskadi es una reivindicación de ETA. Pues si, es cierto, pero no sólo de ETA. Es una reivindicación tradicional de todas las organizaciones progresistas, dentro y fuera de Euskadi, pero ocurre que en su paranoia la jueza Lamela no ve más que eso, ETA, por todas partes.

Es un verdadero escándalo judicial que tratándose de un delito en el que la Guardia Civil es una parte, la jueza ordene que sea la propia Guardia Civil quien lo investigue, arrebatándoselo de las manos de la Guardia Foral de Navarra. ¿La imparcialidad no le importa nada?

La jueza de la Audiencia Nacional quiere que la Guardia Civil le informe sobre el acoso de que son víctimas en Navarra, como si se tratara de un delito sexual. ¿Qué entiende la jueza por acoso?, ¿qué entiende la Guardia Civil por acoso?, ¿por qué no pregunta a los navarros si se sienten acosados por la Guardia Civil? Una dilatada experiencia tabernaria me dice que al darle la vuelta a la tortilla Su Ilustrísima ha perdido el norte, porque en el mundo real suelen ser los borrachos los que se ponen pesados y se dedican a acosar a los sobrios, y no al revés.

Está ocurriendo lo mismo que cuando hace años la prensa dijo que el rey Juan Carlos, hoy monarca supernumerario, había matado al oso Mitrofán después de emborracharlo. No fue así: quien estaba borracho era el monarca.

Su Ilustrísima ha perdido el norte porque no tiene en cuenta los hechos sino lo que ocurrió después de los hechos, cuando los vecinos salieron a la calle para protestar por la agresión de la que -no lo olvidemos- habían sido víctimas. Habla de los lemas de las pancartas, de los gritos de la gente en la calle…

Pero Ilustrísima Jueza: lo que Usted está juzgando como delito es una pelea en un bar no una manifestación, salvo que haya padecido un lapsus y crea que también las manifestaciones, las pancartas y los gritos son delito en esta país. ¿Es así?, ¿han dejado de ser derechos y también los ha convertido Usted en crímenes?, ¿todo es ya delictivo?, ¿no se puede mover ni un dedo?, ¿no se puede gritar en la calle libremente? Es bueno que Usted lo aclare para recomendar a los vecinos de Altsasu que dejen de salir a la calle y se queden en sus casas viendo la tele.

El terrorismo es para toda la vida. Ni se acabado ni se va a acabar nunca porque este Estado está absolutamente obcecado en fabricar terroristas.

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