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Día: 4 de mayo de 2016 (página 1 de 1)

¡Joer, qué tropa!

Bianchi

Estamos en condiciones de asegurar que no hemos nacido sólo, única y exclusivamente, para buscar las cosquillas a «Podemos». Nos gustaría dedicar nuestro «tiempo libre», que decía el opusdeísta cantautor insufrible José Luis Perales -que le ponía enfermo al gran humorista «el Perich»– a la poesía o a jugar al dominó con amigos, pero nuestra «deformación profesional» nos lo impide.

Acabamos de ver por la tele que «Mister Paul Churchs» (como sabe inglispitinglis me entenderá), Pablo Iglesias, ha dicho que cuando dijo en Las Cortes (en Bilbao, me dicen amigos vascos, llaman «las cortes» al barrio chino), dirigiéndose a Pedro Sánchez, aquella gran verdad de la «cal viva», en alusión al camandulero y venal Felipe González y los GAL en la «guerra sucia» contra ETA, y no sólo contra ETA, lo ha retirado, o sea, que lo dijo, que dijo verdad, pero que fue, como dice su «gauleiter» Iñigo Errejón, en La Sexta este mediodía, fue en una sesión «acalorada», pues que pongan ventiladores en el Congreso. Ni siquiera cuando dicen algo decente y cierto son capaces de mantenerlo medio minuto. Hace pocos días, Sánchez declaró en la emisora fascista COPE, de los curas, que retiraba aquello que le dijo a Rajoy tildándole de «indecente». Estaría «acalorado», también.

Decía Fraga Iribarne que el Gobierno -en referencia al PsoE- «sólo acierta cuando rectifica». La frase tiene algún quilate, lo admitimos, aunque venga de un fascista químicamente puro. Pues bien, estos que llaman «emergentes»,  ya con el alma arrugada, ni eso. Y al revés. Se desdicen ellos mismos. Nada de aquello tan castizo y reaccionario de «sostenella y no enmendalla», o sea, el señor González era «Míster X», todo dios lo sabía, o sospechaba -al margen de Juan Carlos, el Rey, siempre al loro- y no retiro ni una coma, pues sí, la retiro, y lo que haga falta para demostrar -como dice Errejón- que nosotros -ellos- somos capaces de hacer estos ejercicios de «autocrítica» (no empleó esta expresión por, tal vez, tener ecos comunistas que le rechinan los oídos), y, añade este hegeliano sin saberlo -y mira que Hegel es grande- que «a ver cuándo otros hacen lo mismo», o sea, retractarse de los trastornos mentales transitorios, en jerga de derecho penal, en que dijimos verdades como puños, esto es, ¡¡¡ quién dice alguna verdad en este país es que está loco de atar -como «El loco Vidriera» cervantino- o es carne de prisión !!! como Nuestro Señor Don Quijote, autor de «Don Cervantes» fallecido hace cuatrocientos años exactamente.

Los dramaturgos solían decir, en sus tragedias, que los crímenes se cometían, mayormente,  siempre en estío, en tiempos de grandes calores, se supone que alterando los flujos nerviosos que, con tanto «caloret», que diría Rita, te vuelves medio majara.

Tenemos, pues, que con los calores uno está propenso a decir las verdades del barquero,  pero, ya en frío, reflexionando, uno se desdice de ese barquero, de ese puto barquero molesto. Y es que, bajo este sistema y con estas gentecillas, que van a lo que van, o sea, a lo suyo, ¿hay alguna diferencia entre decir la verdad sin que te acusen de criminal?

«Existir es pensar; y pensar es comprometerse», decía José Bergamín. A lo que su maestro, Unamuno, añadía: «Pensar es comprometerse… Y, a las veces, caer bajo el Código. Porque el delito mayor del hombre es haber pensado» (parafraseaba a Calderón de la Barca).

Ya ve el lector que no es necesario citar a Marx, Engels, Lenin y demás clásicos para desenmascarar a cierta gente que van de lo que no son, y son de lo que no hay, o sea, con disfraz y vacuna.

El cineasta que se atrevió a contar el Caso Magnitsky

Andrei Nekrasov
Aunque vive en el extranjero, al cineasta Andrei Nekrasov es frecuente verle en Moscú encabezando las manifestaciones contra Putin. Ha publicado numerosos artículos contra el Presidente ruso y los intoxicadores de Reporteros Sin Fronteras le incluyeron entre el elenco de perseguidos y censurados en Rusia.

Pero ahora a Nekrasov le han censurado un documental en… Francia y los farsantes de Reposteros Sin Fronteras no han movido los labios. Tanto el Parlamento Europeo como la cadena franco-alemana de televisión Arte programaron la exhibición del documental para el 27 de abril y lo retiraron de la circulación en cuanto se dieron cuenta de que no era lo que esperaban.

Nekrasov inició hace tres años un documental sobre el Caso Magnitsky, un abogado del fondo buitre Hermitage que dirige B.Browder, que murió en una cárcel de Rusia en 2009. Lo que hasta ahora creíamos saber es que Magnitsky había muerto por falta de atención médica, un eufemismo que significa que Putin y los suyos lo mataron o lo dejaron morir.

Entonces los medios europeos dijeron que el motivo del asesinato fue que Magnitsky habría descubierto las malversaciones cometidas por Putin y su entorno político más inmediato, un asunto que fue convenientemente aireado por la prensa europea al más puro estilo amarillista, que llegó a crear listas negras de políticos adictos a Putin con los que no convenía relacionarse.

Era un bocado muy apetecible para un cineasta como Nekrasov, que inició una investigación convencido de que los buitres financieros como Browder y Hermitage no son gente tan mala como algunos lo pintan.

Pero después de tres años de trabajo, al final el guión de Nekrasov dio un giro completo, poniendo de manifiesto que la prensa europea había vuelto a contar otro de sus vodeviles. Una vez terminado el documental, ni el Parlamento Europeo ni la cadena Arte han querido emitirlo.

La mentira se difunde y la verdad se esconde bajo las alfombras. Nada nuevo, pues.

Fuente: http://echo.msk.ru/blog/andnekrasov/1757476-echo/

El mito de la biodiversidad

Juan Manuel Olarieta

Sólo hay algo peor que el mito de la biodiversidad: el mito de la pérdida de biodiversidad, que es otra de esas leyendas de la ciencia moderna, que aún tiene una versión más dramática: la próxima extinción masiva de las especies que pueblan el planeta.

En los cuentos infantiles los mitos se refieren a un pasado, que se describe muy lejano porque de ese modo la memoria se pierde con el tiempo: “Érase una vez en un remoto reino…”

Pero los mitos seudoecológicos son peores porque no se refieren al pasado sino al futuro. Se emiten en forma de peligros, de gravísimas amenazas y de riesgos inevitables si no hacemos esto o lo otro. Es propio de los seguidores de la quiromancia, las bolas de cristal y las cartas astrales.

Del futuro no sabemos casi nada, pero del pasado podemos aprender algo elemental: las extinciones que se han producido a lo largo de la evolución de las especies nunca han reducido la diversidad biológica, sino todo lo contrario. En otras palabras: hasta la fecha, la evolución ha supuesto siempre un incremento de la biodiversidad y la complejidad de los organismos vivos.

Hay que tener un poco de precaución con el lenguaje al hablar de biodiversidad, porque nadie sabe cuántas especies hay en este planeta. Es imposible calcularlas, ni siquiera de manera aproximada.

A ojo de buen cubero, un grupo de biólogos de la Universidad de Indiana ha calculado recientemente (*) que el planeta contiene aproximadamente 1 trillón de especies, de las cuales el 99,99 están por descubrir.

Como reconocen los autores, a la investigación aún le faltan especies, ya que no han podido contar las que habitan en la Antártida y, posiblemente, otros lugares de difícil acceso.

A esa cifra le podemos seguir añadiendo aquellas especies extintas que la ciencia ha conocido después de que hubieran desaparecido.

Al hablar de biodiversidad los seudoecologistas siempre incurren en el mismo vicio: se refieren a las especies desaparecidas y a las que están en riesgo de desaparecer, pero les falta la otra parte del cuento: las especies que están a punto de aparecer y aparecen cada día. ¿Aparecen más de las que desaparecen?, ¿menos? No se sabe en absoluto. En su estudio los científicos de Indiana reconocen que cuantificar el número de especies es una tarea imposible a día de hoy.

Cuando nos referimos a especies que aparecen, debemos incluir no sólo aquellas que vamos descubriendo sobre la marcha sino a especies que la evolución está creando cotidianamente. ¿O lo que pretenden afirmar los seudoecologistas es que la evolución se ha detenido?, ¿creen que es posible que eso suceda? La experiencia biológica demuestra todo lo contrario.

(*) http://peerj.com/preprints/1451/

En Ucrania los vecinos impiden que los fascistas derriben un monumento a Lenin

La semana pasada los habitantes de Limanskoe, en Odesa, se enfrentaron a los soldados del batallón fascista Azov que pretendían derribar un monumento a Lenin.

Los fascistas llegaron a la localidad en un autobús para cumplir la legislación aprobada por la Rada en abril del pasado año que ordena destruir todos los símbolos de la época soviética.

Cuando ya habían destruido su parte superior, un grupo de vecinos se acercó para increparles, produciéndose un altercado, por lo que más vecinos se fueron agrupando en los alrededores.

Ante una situación tensa, los fascistas volvieron a subir precipitadamente al autobús y abandonaron el lugar, mientras los vecinos les lanzaban gritos de ¡fascistas! e ¡hijos de puta!

Algunos de los presentes grabaron el incidente, que se puede ver en internet (*).

En Ucrania la destrucción de obras monumentales soviéticas comenzó en diciembre de 2013, pero hasta el año pasado la Rada no aprobó una ley que prohibía el uso de los emblemas de la época soviética. Su objetivo es la reescritura de la historia de Ucrania.

Desde entonces la destrucción de monumentos y obras escultóricas creadas por prestigiosos artistas soviéticos ha sido vertiginosa, a pesar de la oposición de los ucranianos.

Otros han convertido la destrucción en un negocio. Su valor artístico e histórico es tan importante que algunos avispados se han apoderado de numerosos símbolos soviéticos para venderlos. A pesar de que los precios no detienen su ascenso, cada vez hay más compradores, tanto dentro como fuera de Ucrania.

Recientemente en Kiev se ha vendido una estatua de bronce de Lenin pintada con los colores nacionales ucranianos, azules y amarillos, por 15.000 dólares. No quieren a Lenin pero no les importa quedarse  con el dinero que su recuerdo genera.

(*) Одесситы подрались с ‘Азовом’ из-за Ленина
http://www.youtube.com/watch?v=tlGmHhQvbCA

Público asume las tesis del imperialismo sobre los límites del crecimiento

Henry Kissinger, promotor de
Los límites del crecimiento
Diego Herchhoren

Es la moda entre el progresismo: somos demasiados en el Planeta y el desarrollo de la humanidad pone en peligro el ecosistema. Detrás de esta idea, aparentemente de izquierdas, subyace el sustrato ideológico que el imperialismo viene recetando desde hace décadas a los países más pobres y que tiene como trasfondo la necesidad de los sectores más concentrados del capital de reducir la población mundial.
El programa EKO TV de ayer era lo suficientemente descriptivo: «Los límites al crecimiento«, y sus invitados Emilio Santiago Muiño (del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas), Ana Huertas, presidenta de la Red de Transición, y Luis González Reyes (Ecologistas en Acción y FUHEM Ecosocial) hablaron de conceptos que lamentablemente la izquierda da por ciertos sin discusión: cambio climático, superpoblación o la palabra de moda entre los posmodernos, esto es, el «decrecimiento».
Curiosamente, la frase que titulaba esta emisión no es de la autoría de los jerarcas del diario Público (que sepamos), sino de actores mucho más siniestros de la política mundial. Este concepto fue planteado abiertamente en 1972 por el Club de Roma, que manifestaba así la intención de desarrollar conceptos, ideología y políticas activas que frenaran el desarrollo que los países socialistas habían desencadenado en el mundo, en especial China y la URSS, y en particular veían como factor estratégico frenar su desarrollo demográfico. 
Sin embargo, por qué será que medios como Público apenas dan cabida a opiniones que desde las fuerzas anticapitalistas opinamos todo lo contrario: que el cambio climático es un concepto carente de base científica y que Los límites del crecimiento es un poderoso instrumento de imposición de políticas antidesarrollo y desindustrializadoras para los países que apuestan por su avance tecnológico y que en algún momento pueden llegar a ser capaces de disputar la hegemonia de las grandes potencias.
Los franceses llaman al período posterior a la II Guerra Mundial como «los 30 gloriosos años» o la edad de oro del capitalismo, cuando se llegó a generar bienes y servicios por el mismo valor que en los 150 años anteriores a la gran guerra. Fue el período de recomposición de las clases medias y del ideal de bienestar general que indudablemente han sido factor de enorme preocupación del gran capital.
En 1975, la Comisión Trilateral publica el informe La crisis de la democracia, que tiene como línea argumental que la democracia es un sistema sin valor que genera apatía en la sociedad, y que si el desarrollo del capitalismo seguía igual que las décadas anteriores (aumento demográfico y desarrollo de las clases medias) podría suponer un peligro para los privilegios de los grandes poderes económicos. Se advertía así la necesidad de poner en marcha un programa de medidas que frenaran el desarrollo de polos económicos alternativos y que limitaran el crecimiento económico poniendo en bandeja la línea argumental mantenida hasta la actualidad: la necesidad de poner límites al crecimiento, lo cual ya había sido advertido un año antes por Henry Kissinger, autor del Memorandum Secreto NSSM 200 con un título que no deja lugar a dudas: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses de ultramar.

Toda esta batería ideológica llevará a que organismos internacionales, ONG’s, entidades públicas y grandes empresas incorporen como doctrina la necesidad de reducir la población mundial, de frenar el desarrollo tecnológico y de activar políticas de excepción en nombre de la seguridad del planeta, algo que, por ejemplo, a Julian Huxley le había costado el cargo en 1948 de Director General de la UNESCO solo por «sugerir» el control de la población y que luego siguió desarrollando a través de la ONG WWF (sí, la del oso panda) que integraría a importantes cuadros de la extinta Sociedad Eugenésica Británica, que tuvo que reciclarse por las reminiscencias fascistas de la palabra «eugenesia» tras la derrota nazi.
Hoy sin embargo, si tecleamos «los límites del crecimiento» en Google podemos descargarnos ese documento desde la propia web de la Universidad Politécnica de Madrid hasta la del Ayuntamiento de Toledo.
Que una parte importante de la izquierda (aquí no va incluido el diario Público) incorpore de manera tan banal y superficial conceptos que entrañan un grave riesgo para el bienestar general es la prueba de su inopia. Aceptar las teorías eugenésicas como salvadoras del planeta frente a la «congénita maldad humana» o la tesis de la Fundación Al Gore sobre el cambio climático antropogénico indica una pérdida de brújula realmente preocupante.
La contaminación y el deterioro de la calidad de vida es una consecuencia del capitalismo, de la desigualdad y de la opresión. Que la clase obrera admita sin la debida ponderación la tesis del calentamiento global antropogénico, diluyendo así las responsabilidades del sistema y desplazándolas al resto de la humanidad, es como decir que la culpa es de la mujer violada porque iba provocando.

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