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Día: 19 de marzo de 2016 (página 1 de 1)

Radiografía de la violencia policial en Francia

En un informe publicado el 14 de marzo, Asociación de Cristianos por la Abolición de la Tortura, una ONG de defensa de los derechos humanos, denuncia el duro balance de la violencia policial y la impunidad de la policía francesa.

Para elaborar el informe, la ACAT ha estado investigando durante 18 meses. Ha analizado 89 casos de violencia policial registrados desde 2005 en Francia. Entre esos 89 casos ha denunciado 26 muertes, 29 heridos irreversibles y 22 heridos graves. No se trata más que de una “muestra”, “la parte visible del iceberg”, asegura el documento. Constituye una auténtica radiografía de la violencia policial en Francia, sobre la que la ACAT desea “romper el silencio”.

Pelotas de goma

Denuncia la peligrosidad de algunos métodos (la técnica de inmovilización con pelotas de goma), y también la falta de transparencia del Ministerio de Interior y “la impunidad” de la que se benefician la policía.

La directriz de mantenimiento del orden en Francia, que históricamente se basaba a mantener a los manifestantes a distancia, ahora consiste en “atacar al bulto”, estima la asociación.

Los “ataques” se realizan cada vez más mediante el empleo de armas. Su uso ha aumentado fuertemente desde mediados de los años noventa, fecha de aparición de las pelotas de goma, lanzadores de bolas de goma hasta 186 kilómetros por hora. En un principio estaban reservados para situaciones extremas, pero en la actualidad se usan de forma cotidiana.

“Algunos metros o un mal ángulo bastan para causar un daño irreversible”, se lee en el informe, principalmente cuando estas armas se usan en aglomeraciones, como manifestaciones.

Al menos 24 personas han sido gravemente heridas por pelotas de goma entre 2010 y 2015. En 10 años estas armas han causado al menos un muerto y 39 heridos graves, entre ellos 12 menores de edad. ACAT recomienda la retirada total de las pelotas de goma empleadas por la policía.

Táser

El uso del táser, que envía descargas eléctricas de 50.000 voltios, también está en auge. Este arma lo utilizan la Policía Nacional, la Gendarmería y la administración penitenciaria desde 2006. Desde 2010 los municipios también pueden equipar a sus policías municipales con estas armas. Es el caso de Marsella, Niza, Burdeos o Calais. El táser se emplea principalmente en “modo contacto”, es decir, directamente sobre el cuerpo del individuo.

Cuatro personas murieron poco después de la aplicación del táser, según los datos recogidos por ACAT. Pero en los cuatro casos, “la justicia ha concluido ausencia de relación” entre el arma y las muertes.

Granadas

Francia es el único país europeo que sigue utilizando granadas de diferentes tipos para sus operaciones antidisturbios. En 2014 una granada de detonación provocó la muerte de Rémi Fraisse, de 21 años, en el bloqueo de Sivens. El Ministerio de Interior prohibió acto seguido el uso de este arma.

Pero se siguen empleando otros tipos de granadas, como las “antibloqueo”, que proyectan 18 balines de plástico. Como narraba un periodista herido en Notre Dame des Landes en octubre de 2014: “La onda de choque me arrancó la piel a la altura de los tobillos, en una superficie de muchos centímetros cuadrados […] causando quemaduras de segundo y tercer grado”.

También apunta la ACAT a la peligrosidad de las maniobras de inmovilización usadas por las fuerzas del orden, como el placaje con el vientre contra el suelo con las piernas dobladas; desde 2005, estas técnicas han causado ocho muertos.

Según ACAT, “el Ministerio de Interior da muestras de una flagrante opacidad”, sobre estos casos de violencia. Más allá de algunos ejemplos mediáticos como el de Rémi Fraisse, no existe “ninguna estadística, ninguna cifra” pública sobre el uso de armas y sobre las víctimas de la policía:

“Las únicas cifras de que se dispone son escasas e incompletas. Algunas pueden encontrarse de forma dispersa en los informes institucionales o parlamentarios, o tal vez por casualidad en las preguntas formuladas al Gobierno o de comunicaciones de Francia ante instancias internacionales”.

El uso de armas por las fuerzas del orden están bien reflejados en el archivo TSUA (Tratamiento relativo al Seguimiento de Armas), pero los datos de este fichero no son publicados. Por ejemplo, “se sabe cuántas personas resultan muertas cada año por avispas. Por violencia policial no se sabe”, subraya la asociación.

Para Aline Daillère, autora del informe, la ausencia de transparencia “niega la realidad” de la violencia policial y la “existencia de víctimas”.

También es difícil lograr una “investigación efectiva” sobre casos de represión policial, explica ACAT, que denuncia “graves insuficiencias en las investigaciones administrativas y judiciales efectuadas  como consecuencia de denuncias por violencia policial”.

La policía rechaza registrar las denuncias que se dirigen contra sus colegas. La investigación se realiza a continuación en la mayoría de los casos por los propios servicios de policía o de gendarmería.

Las conclusiones del informe publicado sobre la muerte de Rémi Fraisse “exonera a las fuerzas del orden de toda responsabilidad en la ejecución de las operaciones de mantenimiento del orden”, explica la asociación.

La violencia policial da también “muy raramente lugar a sanciones efectivas”. De los 89 casos de violencia seguidos por ACAT, siete han dado lugar a condenas y estas sanciones son “débiles respecto a los hechos”: solo uno de los casos seguidos produjo una pena de cárcel firme.

Las cifras analizadas por la ACAT no contemplan la violencia “en la sombra”, el uso abusivo de esposas, el tuteo, las humillaciones, los insultos…

‘Francia te aplasta como quiere’

Un testigo del juicio de La Haya en el Tribunal Penal Internacional contra Laurent Gbagbo, Sam l’Africain, manifestó el 7 de este mes ante los jueces que la fuerza francesa Licorne, creada en el marco de un acuerdo de defensa entre Costa de Marfil y Francia, le “ajustó las cuentas” al ex presidente Laurent Gbagbo durante la crisis postelectoral del país y le “relevó del poder”. Jichi Sam Mohamed, llamado Sam El Africano, es un conocido empresario marfileño-libanés y presidente del partido Nueva Alianza de Costa de Marfil para la Patria.

A la fiscal le ha salido el tiro por la culata. Pensaba utilizar en el juicio a Sam El Africano como un ariete contra Gbagbo. La tesis de la fiscal es que Gbagbo utilizó a los aparatos represivos del Estado para reprimir a la población y mantenerse en el poder. No fue así según Sam l’Africain, quien dijo que Gbagbo había sido como un “padre” para él. Las tornas se han vuelto contra Francia: “Dije que, por desgracia, [los soldados de la fuerza Licorne] fueron quienes saldaron cuentas más tarde, los que le derribaron [a Gbagbo]. Eso es lo que sucedió”, afirmó en su declaración.

La fuerza Licorne se desplegó en Costa de Marfil en septiembre de 2002, tras un intento de Golpe de Estado que se transformó en un levantamiento. Tuvo por objeto controlar el alto el fuego y asegurar la seguridad de los residentes franceses.  Cuando esa fuerza “llegó, se interpuso creando una zona de seguridad, denominada ‘zona tampón’ para impedir el desarrollo de la rebelión, deteniendo los ataques entre los beligerantes, para permitir las discusiones diplomáticas en torno a una salida de la crisis”, declaró.

Para Sam El Africano, el imperialismo francés está en el origen de la crisis político-militar de Costa de Marfil. “Francia  tiene siempre formas de arreglar los conflictos a su manera, cuando no está de acuerdo contigo”, “es capaz de crear una ‘rebelión’”, afirmó ante los jueces.

Destacó que el levantamiento dio lugar a un “golpe”, y que estaban tan “soberbiamente armados” como las fuerzas gubernamentales, añadiendo que los dirigentes franceses “tienen todos los medios para dividir […] encontrando siempre acuerdos a su favor”.

“A veces Francia puede emplear bienes mal adquiridos, como en el caso del presidente Ali Bongo, de Gabón. Cuando quiso desestabilizarle, tuvo todos los medios”, lamentó. “Cuando Francia no alcanza un objetivo económico […] o cuando tu no estás en línea con sus objetivos, ya no puedes estar en el poder. Francia te aplasta como quiere”, continuó.

En 2011 el Estado marfileño revisó sus acuerdos de cooperación en materia de defensa con Francia, cuyo dispositivo militar en las bases tendría que cambiar. En contrapartida, sus misiones  seguirían siendo iguales: ayudar a la reforma del ejército marfileño y asegurar la protección de los franceses.

Gbagbo y Charles Blé Goudé, uno de sus hombres de confianza, están perseguidos por crímenes contra la humanidad derivados de la violencia postelectoral de 2010 y 2011, que causó más de 3.000 muertos según el gobierno marfileño.

Paralelismos

Bianchi

La sociología norteamericana de los años cincuenta del siglo pasado, en plena guerra fría, se la pasó ingeniándoselas para distinguir entre regímenes fascistas y regímenes comunistas. Hasta esa década se entendía que ambos regímenes eran “totalitarios”, lo mismo aunque paralelos como las rectas de Euclides, o las vidas paralelas de Plutarco, pero las molleras gringas “descubrieron” que no, que había diferencias y así tenemos que el régimen de Stalin fue “totalitario”, mientras que el de Franco era “autoritario”, o sea, fascista, sí, pero no tan bestial como el estalinismo rampante que se desayunaban niños con patatas. Y mira que el Régimen de Franco, por boca falangista, se definió desde el principio -con Hitler en plena pujanza y su “blitzkrieg” o “guerra relámpago” en los campos de batalla europeos- a sí mismo como “sistema totalitario”, algo de lo que presumían y copiaron al mussolinismo, si existe este palabro.

Ahora las geometrías variables permiten que de un Estado fascista, como el franquista, se puede pasar como por ensalmo a una democracia “con todas las de la ley”, oiga, sin rupturas, sólo porque se murió el dictador, de muy malas maneras, eso sí, pero no colgado patas arriba como Mussolini por las turbas desatadas y sedientas de sangre, que ya se sabe cómo son estas fieras, pero de un Estado “totalitario” como el soviético y su conversión milagrosa en una “democracia” homologable a las europeas, resulta más dificultoso y problemático. Y es que, ¿no es más cierto -como dicen los leguleyos- que a la Rusia exsoviética, sobre todo la de Putin, le quedan resabios “totalitarios” que recuerdan su pasado comunista, que hasta se permiten manifestaciones con retratos del ogro Stalin? ¡¡¡ Pero esto qué cojones es, señorías !!!! Si del fascismo, del franquismo, se puede pasar a la democracia tal cual y por arte de birlibirloque, del comunismo soviético a la democracia va a ser que no, con el dipsómano Boris Yeltsin, sí, y hasta con el añorado Gorbachov, hoy croupier de un casino de Las Vegas, pero con el expía del KGB, Putin, la cosa es más complicada. No se deja ser “demócrata” al gusto y guisado nuestro. Sigue siendo un “totalitario”. Y no seremos nosotros, en este maravilloso blog, los que hablemos de un “imperialismo bueno”, que sería el de Putin, pero, desde luego, ni lo confundiremos ni le meteremos en el mismo saco, insacularemos, que se dice en plan fino, con el imperialismo de toda la puta vida: el yanqui. O sea, mire usted, no, va a ser que no.

Teníamos, por tanto, que comunismo y fascismo eran extremos (políticos) que se tocaban, como los extremeños, como las caras de un Jano bifronte, y en medio la equidistancia, ergo: las impolutas democracias occidentales, con sus corruptelas y sus cosillas y defectillos, sí, pero democracias, al fin y al cabo, que para eso vota el personal (como borregos, me apuntan aquí, en el bar donde escribo, pero no diré yo eso) y hay prensa que descubre y denuncia la corrupción, o sea, corrupción y su denuncia demuestran, como un axioma, la existencia de la democracia; si no hubiera corrupción en un país, es que no hay democracia, vienen a concluir estos sofistas especialistas de los silogismos burdos y entimemas baratos.

Y acabo: que comunismo y fascismo no sólo no tienen nada que ver sino que son absolutamente antagónicos, lo demuestra, entre otras muchísimas razones, que si Franco dijo, o dicen que dijo, al expirar que dejaba todo “atado y bien atado”, y ya se ve la chufa de “Transición” de tres centavos que se ha visto, aunque se llame “democracia” y no lo es, un Fidel Castro, por ejemplo, o su hermano Raul, nunca dirá eso y, por tanto, mucho nos tememos que del “totalitarismo comunista” pasemos a la “democracia liberal-burguesa” con todos sus encantos y ventajas. Y escaparates.

Conclusión: ¿se puede pasar del fascismo a la democracia sin, al menos, una ruptura democrática o un proceso constituyente previo? Hummmm, lo dudamos. ¿Y de un régimen socialista, vale decir, tipo cubano, al capitalismo? Hummmm, no lo dudamos tanto. Fidel pasará de “dictador totalitario” a “autoritario”, aunque ni eso pues la reacción de la burguesía imperialista es vengativa e inmisericorde.

¿Dónde quedan los paralelismos, pues?

Buenas tardes.

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