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Día: 7 de febrero de 2016 (página 1 de 1)

El papel de la Iglesia Católica croata en los crímenes de guerra fascistas (1)

Cuatro días después de que el ejército alemán invadiera Yugoslavia, Croacia proclama el 10 de abril de 1941 su independencia. Ante Pavelic, dirigente del movimiento fascista ustachi, se convierte en jefe del Nuevo Estado. El 16 de abril de 1941 el arzobispo Alois Stepinac, vicario de la iglesia católica en Croacia, da su apoyo al dictador Pavelic. La iglesia católica, la Alemania nazi y la Italia fascista apoyaron al Estado croata, que adopta leyes racistas, llevando a cabo una política de “purificación” que hace palidecer a la ejecutada por los alemanes nazis. Un tercio de la población serbia (de religión ortodoxa) fue deportada, un tercio obligada a convertirse por la fuerza al catolicismo y otro tercio exterminado.

Habiendo participado el clero católico en estos crímenes, las relaciones entre el Vaticano y el Estado yugoslavo tras la guerra quedaron profundamente afectadas. El arzobispo Alois Stepinac y otros criminales de guerra fueron juzgados y condenados en 1946. En 1952 Yugoslavia rompió relaciones con el Vaticano cuando el Papa fascista Pio XII se atreve a nombrar cardenal al citado arzobispo criminal. Alois Stepinac fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1998.

Es revelador que el conflicto que destruyó Yugoslavia se viera agravado y se precipitara cuando Alemania y el Vaticano reconocieron, en 1991, la independencia de Croacia contra la opinión de otros países, como Estados Unidos y Francia.

Sobre los crímenes del Estado fascista ustachi, Jacques Merlino escribe en su libro “Las verdades yugoslavas que no se pueden nombrar”, que “la iglesia católica, dirigida por Stepinac acompaña a ese movimiento, y a veces lo anima. Existen numerosos documentos y testimonios sobre las atrocidades y crueldades cometidas en esa época. Se llenarían libros y mas libros”. Añade que “la complicidad de la iglesia católica en este genocidio está aceptada”. El alto clero de la iglesia católica croata había establecido una estrecha colaboración con las autoridades ustachis, con el arzobispo de Zagreb, el mencionado Alois Stepinac, a la cabeza. Este da la bienvenida al nuevo Estado y su bendición a Ante Pavelic.

La mayoría de los obispos católicos (en Sarajevo, Split, Hvar, Krk, Senj, Djakovo, Banja Luka, Sibenik, etc.) trabajaron activamente con el régimen, portando un cierto número de sacerdotes y monjes el uniforme de los ustachis, y especialmente los franciscanos de Bosnia, que nunca disimularon su participación en los crímenes. Tras la guerra, el Vaticano dirigió una organización de antiguos fascistas croatas que ayudó a la evasión de millares de criminales nazis. Esta organización fue la que permitió la huida del dictador Ante Pavelic, amigo de Alois Stepinac.

Tras la derrota del nazi-fascismo Ante Pavelic, presidente croata, se refugió en España. El régimen croata ustachi se distinguió por su crueldad, hasta el punto de que los alemanes lo consideraban como “excesivamente brutal”.

El régimen que surge tras la I Guerra Mundial agrupó a los eslavos del sur en el llamado Reino de Yugoslavia. En 1934, tras la subida de Hitler al poder, las potencias europeas establecen algunos contactos ante la amenaza que suponía y los incumplimientos del Tratado de Versalles.

Ese año el rey Alejandro de Yugoslavia visita Francia, dispuesto a firmar una alianza defensiva, pero en las calles de Marsella es asesinado junto con el ministro francés de Asuntos Exteriores, Louis Barthou. Las investigaciones ofrecían tal panorama de implicaciones que sólo una pequeña parte de la trama se hizo pública. La investigación del caso determinó que los autores del asesinato, miembros de la organización terrorista ustachi de Croacia, habían recibido dinero, armas y pasaportes falsos de las autoridades nazis en Munich, de Mussolini y de la Hungría de Horthy.

El 6 de abril de 1941 Hitler ataca el Reino de Yugoslavia. El ejército yugoslavo sólo consigue defenderse heroicamente durante apenas 11 días, pero su único enemigo no era el ejército alemán.

La quinta columna, organizada por el alto mando alemán llevó a cabo una serie de sabotajes y ataques en la retaguardia. Alemania e Italia lanzaron su ataque sorpresa sobre Yugoslavia el 6 de abril de 1941 y al mismo tiempo en muchos lugares de Croacia los ustachi formaban bandas armadas, que atacaban por la retaguardia a grupos aislados del ejército yugoslavo. Las bandas de los ustachi eran, en su propio país, las encargadas de colaborar con el ejército invasor del Eje en las tareas de destrucción de las líneas de comunicación y de sabotaje de los movimientos del ejército yugoslavo.

Entre esos comandos figuraban abundantes sacerdotes católicos, preludio de las matanzas que se iban a llevar a cabo durante los cuatro años de guerra. La puñalada por la espalda al ejército yugoslavo estaba muy probablemente preparada y diseñada desde los tiempos del asesinato del rey Alejandro.

La comisión de investigación que Yugoslavia crea tras la derrota del nazi-fascismo no tuvo que investigar demasiado para reunir las pruebas del protagonismo y de los culpables de un genocidio que sigue hoy día silenciado. Las pruebas estaban todas escritas. Centenares, miles de artículos en periódicos, boletines y publicaciones de la Iglesia Católica, durante el régimen ustachi, desvelaban cómo se llevaron a cabo los crímenes, y cuáles eran las orientaciones que se transmitían a la hora de eliminar a cientos de miles de personas en razón de su religión.

El genocidio, evidentemente, no sólo tuvo como diana al pueblo serbio, de religión ortodoxa, sino también a aquellos croatas que se enfrentaron al Nuevo Estado clerical fascista, a los musulmanes que no aceptaron la invasión, alemana, a socialistas, comunistas, gitanos, y naturalmente y muy especialmente, a los judíos, contra quienes se dirigieron especialmente los obispos católicos.

Pero ¿a qué se debió aquella confianza, aquella imprudencia que hizo que todas las pruebas del genocidio se pusieran por escrito? ¿Qué tipo de confianza llevaba a los frailes franciscanos a fotografiarse rodeados de sus víctimas decapitadas y mutiladas, algo que nunca jamás hicieron los nazis alemanes? De hecho, la abundancia en internet de testimonios gráficos es enorme…

Todo fue un inmenso error. Su convencimiento de que había comenzado el Imperio de los Mil Años preconizado por Hitler les hizo alardear de haber colaborado con los comandos terroristas ustachis, del uso de los monasterios para conspirar, de la organización de los jóvenes católicos en los llamados “Cruzados”, y en definitiva, de cómo se había llevado el complot por parte de la jerarquía en el Vaticano para que Alemania se apoderase de parte de Yugoslavia, implantando un siniestro y criminal régimen, el primer régimen teocrático en Europa, regido por la jerarquía católica croata.

No cabe duda de que parte del clero católico se había preparado a conciencia para el alzamiento. Su plan consistía en destruir Yugoslavia y toda posibilidad de unidad serbo-croata, creando una Croacia independiente en forma de estado fascista. Y lo habían puesto por escrito, por ejemplo, en “Hrvatski Narod” (25 de abril de 1941) donde se puede leer que jóvenes sacerdotes distribuían en Dubrovnik el programa nacionalista croata y reclamando la separación de Serbia ya en 1925. En “Nova Hrvatska” del 1 de junio de 1943 se lee que Ivan Mikan, canónigo de Ogulin, colaboraba muy de cerca con el futuro ministro Dr. Lovro Susic y que estaba preparando espiritualmente al pueblo para la proclamación de la independencia croata.

En el centro, el fraile franciscano Miroslav Filipovic-Majstorovic (Hermano Tomislav). Estuvo al frente del campo de exterminio de Jasenovac a partir de Abril de 1942. Se hizo notar por matar a niños prisioneros con sus propias manos. Fue condenado a muerte y ahorcado con el hábito que solía vestir en el campo. La orden franciscana tuvo un relevante papel en el genocidio, y, al final de la guerra, en la organización y socorro de los nazis, usando el Vaticano como lanzadera hacia América del sur.

El 11 de abril de 1941, un día después de la entrada del traidor Kvaternik y del ejército alemán en la capital croata, la emisora de radio de Zagreb instruía a la gente para dar la bienvenida al ejército alemán e indicaba que en las parroquias católicas se respondería a todas las preguntas y se darían instrucciones sobre las tareas por realizar. De este modo desde el primer día de ocupación nazi las parroquias católicas fueron utilizadas como centros de propaganda política al servicio de los invasores y de sus colaboradores ustachi. Cuando Ante Pavelic vuelve de Italia, en donde estaba refugiado, a su paso por la ciudad de Ogulin el canónigo Ivan Mikan anuncia su “programa de festejos”: “Tendremos una purga… los perros serbios serán conducidos a través del río Drina”. A los genocidas clerical-fascistas se les podrá acusar de sus crímenes, pero de nada más. Anunciaban sus planes con claridad meridiana, y se sentían orgullosos de su “claridad de ideas”.

Por ejemplo, en el boletín del arzobispo de Sarajevo, “Katolicki Tjednik” (número 35 del 31 de agosto de 1941) podemos leer un “vibrante articulo” del sacerdote Petar Pajic, en donde nos anuncia que “hasta ahora Dios hablaba a través de encíclicas papales, numerosos sermones, catecismos, publicaciones cristianas, a través de los heroicos ejemplos de los santos, etc., y ¿cuál fue el resultado? No quisieron escuchar, estaban sordos. Ahora Dios ha decidido emplear otros métodos. Va a organizar las misiones ¡Las misiones de Europa! ¡Las misiones del mundo! Que serán defendidas no por sacerdotes sino por comandantes del ejército guiados por Hitler. Los sermones se escucharán con la ayuda de cañones, ametralladoras, tanques y bombarderos. El lenguaje de estos sermones será internacional. Nadie podrá decir que no entendió ya que todo pueblo conoce con certeza lo que son la muerte, las heridas, la enfermedad, el hambre, el miedo, la esclavitud y la pobreza”.

Segunda parte

Los trabajadores inmigrantes forman parte de nuestra clase obrera

Juan Manuel Olarieta

Las sociedades humanas son esencialmente nómadas. Van y vienen de un lugar a otro desde hace miles de años. Lo realmente singular y reciente en el hombre es la vida sedentaria, a pesar de lo cual en el futuro los desplazamientos poblacionales irán en aumento.

En todos los países la acumulación originaria de capital ha supuesto un enorme flujo migratorio interno del campo a la ciudad. El campo se vacía y millones de personas se aglomeran en las grandes urbes.

Las condiciones de trabajo y de vida de los inmigrantes siempre han sido las peores. La política de la burguesía es igualar a ellas todas las condiciones de trabajo y de vida del conjunto de la clase obrera. La del proletariado es la opuesta: igualarlas por arriba.

Las guerras siempre han causado enormes desplazamientos de población, incluidas la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad las guerras son consecuencia del imperialismo y la mayor parte de los refugiados son mujeres y niños. En el futuro las guerras imperialistas también provocarán desplazamientos poblacionales masivos.

A lo largo de su historia el capitalismo nunca ha solucionado el problema de la vivienda para los obreros, que quedan hacinados en barrios y chabolas. Lo mismo ocurre con los emigrantes, que padecen el mismo problema en su versión más extrema.

Decía Lenin que el imperialismo invierte los flujos de emigración. Disminuye la que va de los países más desarrollados a los más atrasados y aumenta la que va en dirección contraria.

La capacidad de un país para absorber un determinado volumen de mano de obra inmigrante está determinada por su capital, una ley que Marx llamó “superpoblación relativa”.

“Divide y vencerás”. Todo sistema de dominación se apoya en la división de las fuerzas del enemigo. Para imponerse, el capitalismo también divide a la clase obrera y luego enfrenta a sus distintas partes entre sí.

La división entre los autóctonos y los emigrantes es una de ellas.

Otra es la división entre quienes tienen trabajo y quienes quedan en el paro o en condiciones precarias de empleo, que Marx calificó como “ejército industrial de reserva”.

La existencia de mano de obra inmigrante, activa o desempleada, es un fenómeno económico, social e histórico irreversible porque para el capital es tan importante la parte de la fuerza de trabajo activa como la que está en el paro.

En España uno de cada diez obreros activos aproximadamente es inmigrante. La proporción de parados es varias veces superior. En ningún país de Europa la burguesía va a repatriar jamás a los trabajadores inmigrantes, por más que se encuentren sin empleo. Siempre va a existir una parte de la fuerza de trabajo inmigrante en paro y en condiciones de trabajo precarias, sobre-explotada y sin ninguna clase de derechos laborales, sociales, educativos ni sanitarios.

La única forma de acabar con esta situación es acabar con el capitalismo, no con los inmigrantes.

El imperialismo, decía Lenin, es el capitalismo en descomposición, es decir, una época histórica caracterizada por la podredumbre. La burguesía está podrida y a su alrededor todo lo pudre y lo corrompe.

Una de las muestras de la decadencia actual del capitalismo en los países más desarrollados de Europa es su incapacidad para reproducir la fuerza de trabajo que el capital necesita y que se ve obligado a importar de otros países. Los países más desarrollados son viejos (en todos los sentidos de la palabra); los países más atrasados son jóvenes (ídem).

Otra de las muestras de la decadencia actual de la burguesía en Europa es el fascismo, el patrioterismo, el racismo, el parasitismo, el oportunismo, el fanatismo, los prejuicios y la ignorancia de que hacen gala abiertamente sus portavoces, incluso en los parlamentos, las universidades y los medios de comunicación.

En su degeneración, la burguesía corrompe a “las capas superiores del proletariado”, escribió Lenin, que quedan cautivas de los mismos prejuicios fascistas y racistas de la burguesía. Junto al fascismo surge el socialfascismo, que es la misma ideología burguesa podrida para consumo de los obreros y el lumpen.

Si la ideología de los obreros autóctonos está -en buena parte- supeditada a la de la burguesía, la de los inmigrantes, que proceden no sólo de países atrasados sino de sus regiones más rurales, es en ocasiones de tipo feudal.

El proletariado tiene sus propios principios, que no son ni burgueses ni feudales. Lucha por cambiar las convicciones subjetivas del conjunto de la clase enfrentándose a las objetivas.

Quien impulsa esa lucha son sus sectores más avanzados, los cuales se atienen a dos principios básicos, ambos opuestos a los de la burguesía. El primero es que, por principio, el proletariado se opone a todo intento de división de la clase obrera. El segundo es que los sectores más avanzados impulsan el desarrollo de los más atrasados, y no al revés.

Las convicciones subjetivas de cualquier trabajador, incluidos los inmigrantes, no son un obstáculo sino el objeto mismo del trabajo político de la vanguardia, que no se atiene a ellas, ni siquiera cuando son las más atrasadas, sino sobre todo a su condición de clase y a su práctica.

En algunos países de Europa, como Alemania, la vanguardia de la clase obrera ya son los inmigrantes, a causa del peso de la aristocracia obrera entre los autóctonos.

Por el contrario, la debilidad del capitalismo en España debilita también a la aristocracia obrera, manteniendo a los autóctonos al frente del proletariado, por lo que corresponde a ellos dirigir al conjunto de la clase.

Cuando la vanguardia del proletariado no presta la atención debida a los sectores más atrasados de su clase, la burguesía y las ONG ocupan su lugar, sustituyendo con la beneficencia el trabajo sindical y político.

Para que los sectores del proletariado más avanzados desarrollen su trabajo político entre los más rezagados, deben entender sus condiciones objetivas y subjetivas, cualesquiera que sean. “Entender” no significa aceptar, admitir o someterse a ellas, sino conocerlas, porque no se puede cambiar aquello que no se conoce.

Los inmigrantes ya están aquí y se van a quedar, como se han quedado siempre. Tengan o no tengan trabajo. Se trata de un fenómeno irreversible, objetivo e independiente de los gustos o preferencias, tanto de los autóctonos como de los propios inmigrantes. Si el capitalismo no puede asegurarles (ni a ellos ni a nadie) unas condiciones mínimas de trabajo y de vida, el proletariado no puede seguir el juego de la burguesía, cualquiera que sea, bajo ningún concepto. Lo que tiene que hacer es acabar con el capitalismo.

Además de fuerza de trabajo, los inmigrantes son una enorme fuerza ideológica, cultural e intelectual que pone al proletario en inmejorables condiciones para llevar a cabo sus tareas políticas, que no son sólo nacionales sino también internacionales.

Para emprender una tarea revolucionaria internacional, el proletariado de cualquier país se tiene que poner a la altura de los sectores más avanzados del mundo en el terreno ideológico, político y cultural, no al altura de las concepciones más miserables y mezquinas del racismo, el patrioterismo y la xenofobia. “Sólo una teoría de vanguardia permite al proletariado desempeñar su labor de vanguardia”, escribió Lenin.

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