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Día: 4 de febrero de 2016 (página 1 de 1)

El racismo tiene que ver con las clases sociales, no con el color de la piel

Juan Manuel Olarieta

En este tipo de debates siempre hay que empezar por el principio: la lucha de clases es el motor de la historia, a lo que yo añado que, en esencia, no hay más que dos clases sociales, la burguesía y el proletariado.

El racismo no es ninguna excepción. No es un problema antropológico, cultural, genético ni religioso sino algo relativo a las clases sociales o, dicho de otra manera: los inmigrantes forman parte de la clase obrera y quien se opone o desprecia a los inmigrantes se opone a la clase obrera. A toda ella, cabe añadir.

Digo esto porque en una charla en Gasteiz me advirtieron de que en mi exposición yo sólo había hablado de la clase obrera, pero que no hacía ninguna referencia a los problemas de la mujer o de los inmigrantes. Pero yo sólo hablo de la clase obrera y sólo hablo de los inmigrantes cuando forman parte de la clase obrera, bien porque trabajan o porque buscan trabajo.

Aunque ellos lo encubren, los racistas obran de la misma manera que yo. Dicen que se oponen a los extranjeros o a los inmigrantes porque no son autóctonos. O dicen que hay -o debe haber- una jerarquía en la que primero hay que poner a los de dentro y un poco más abajo, en la segunda división, a los de fuera.

Aparentemente los racistas (y los fascistas) son nacionalistas: separan lo propio, lo autóctono, de lo foráneo, lo exterior, de tal manera que hacen caer a los demás en esa misma trampa. Pero nadie hace esa separación por motivos nacionales o nacionalistas. No hay otra separación que la que opone a la burguesía con el proletariado.

Es posible encontrar muchos ejemplos de eso. En el fútbol los racistas no pretenden volver a la situación anterior a la ley Bosman para pedir que los equipos alineen únicamente -o preferentemente- a jugadores autóctonos. Los racistas no protestan porque Messi o Ronaldo quiten el puesto a canteranos como Pedro o Jesé. Cuando piensan en los inmigrantes, piensan en los obreros inmigrantes. Es a ellos a los que desprecian.

A los fascistas no les gusta que en Catalunya los letreros estén en catalán exclusivamente, pero no les importa que en Mallorca estén en alemán, a pesar de una diferencia muy importante para los racistas: los catalanes son españoles y los alemanes no lo son. ¿Por qué lo admiten?

A los xenófobos no les molestan los estudiantes que llegan a nuestras universidades procedentes del extranjero porque traen bajo el brazo una beca Erasmus, o sea, dinero. Les quitan el puesto a los nacionales, muchos de los cuales no pueden estudiar porque no tienen dinero para pagarse la matrícula. En el capitalismo todo tiene un precio y las subvenciones hacen que los racistas no se acuerden de protestar por esto como protestan por otros asuntos.

Cuando en Madrid un violador avasalló a varias jóvenes que eran extranjeras, los racistas no protestaron: el responsable de los crímenes era autóctono. Los fascistas identifican lo nacional con el autor de las agresiones. Pero, ¿qué hubiera ocurrido a la inversa, si el violador fuera un marroquí y las víctimas hispánicas? Pensadlo por un momento…

Los fascistas son tan miserables que no se sienten molestos con los turistas -que también son extranjeros- porque llegan con tarjeta de crédito y dinero para gastar. Lo único que les molesta son los que llegan sin un céntimo en el bolsillo. No acogemos a los extranjeros en función del color de su piel sino del saldo de su cuenta corriente. Todo lo demás es mentira.

Los xenófobos no tienen miedo al islam. La islamofobia europea es una comedia. Antes de que acabe el año el gobierno español le concederá una cadena de televisión a Al-Jazira, un medio wahabita que difunde la versión islámica más reaccionaria. ¿Se opondrán entonces los islamófobos a dicha concesión o se meterán la lengua en el culo a cambio de petrodólares? Una vez más lo que cuenta no es la religión sino el dinero.

Cuando los jeques del Golfo llegan a Puerto Banús en sus yates, los comercios de la Costa del Sol abren mañana y tarde, sábados y domingos para que sus múltiples esposas vayan de compras. Los fascistas están encantados porque les llenan los bolsillos, pero ¿qué ocurriría si en lugar de los jeques desembarcaran los dirigentes chiítas de Irán? Seguramente Marbella se llenaría de manifestaciones de feministas y defensores de los derechos humanos.

Nadie se queja cuando los árabes se adueñan de los equipos de fútbol, un deporte que -según la ley- es de interés “nacional” y en consecuencia debería quedar tan protegido, por lo menos, como el Museo del Prado o el Acueducto de Segovia. Pero ocurre al revés: la bancarrota económica de clubes, como el Valencia, hace que sus seguidores se entusiasmen cuando llega alguien de fuera a sacarlos del apuro.

Pero los extranjeros no se van a quedar sólo con los clubes: cuando Al-Jazira tenga su cadena de televisión en España, comprará los derechos de retransmisión de los partidos, como ya los tiene en otros países. Los residentes tendrán que pagar por algo que en Arabia es gratuito. Pero los xenófobos no protestarán por ello porque supone otra entrada más de divisas, que es lo realmente importante: que entren las divisas, no las personas.

Los racistas dicen que tienen miedo a perder la identidad nacional, e incluso la europea. Dicen que el islam es una religión oriental enfrentada a la cristiandad. Sin embargo, el islam nace justo en el mismo sitio que la cristiandad: en Oriente Medio. Ambas fueron exportadas a Europa, donde lo único realmente autóctono es el ateísmo. Si hay algo que nos diferencia es precisamente eso. Esa ha sido nuestra mayor aportación al pensamiento humano y eso es lo único que deberíamos defender.

La humanidad ha sido, es y será siempre nómada. Nadie es de acá o de allá. Es más nadie es, o sea, nadie tiene una identidad para la toda la vida, por más que nos obliguen a llevar un carnet con un número de identidad. Nacemos en un sitio, vivimos en otro y nos marchamos de vacaciones porque lo que realmente nos gusta es viajar, cuanto más lejos mejor. Afortunadamente no sólo perdemos nuestra identidad cuando vienen a visitarnos sino cuando nosotros nos vamos de visita: volvemos cambiados.

Tenemos la costumbre de decir “mi país” como si realmente fuera nuestro, pero para los trabajadores tampoco es ese el caso. Por no tener ni siquiera tenemos un país al que podamos considerar como realmente nuestro. Más bien hasta eso es de otros. No nos pueden quitar algo que no tenemos, decía Marx. Sólo podemos perder nuestras cadenas.

Tercera huelga general en Grecia contra el gobierno de Syriza

Grecia vive hoy la primera huelga general del año convocada por los sindicatos contra la reducción de las pensiones que el Gobierno de Alexis Tsipras negocia con los buitres de Bruselas.

Las pensiones de los jubilados son el sustento de más de la mitad de las familias griegas.

Se trata de la tercera huelga desde que Syriza asumió el Gobierno hace un año, pero la primera que cuenta con una amplia participación de diversos colectivos autónomos como comerciantes y taxistas, así como de los agricultores.

Las principales confederaciones de sindicatos del sector público (ADEDY) y privado (GSEE) han convocado una manifestación en la céntrica plaza de Klathmonos, próxima al Ministerio de Trabajo.

El metro y el tranvía de Atenas sólo circulan entre las 08.00 GMT y las 15.00 GMT, mientras que los trenes interurbanos, los de cercanías y los trolebuses pararán durante toda la jornada.

Los autobuses urbanos, en cambio, están funcionando desde las 07.00 GMT y lo harán hasta 19.00 GMT.

Por primera vez en muchos años, los taxistas, que hasta ahora declinaba unirse masivamente a los paros, también han secundado la huelga.

También los barcos permanecen amarrados en los puertos, y las compañías aéreas locales Olympic Airways y Aegean Air han tenido que cancelar 66 vuelos domésticos a causa del paro parcial de los controladores.

En el sector sanitario, los hospitales públicos ofrecen solo servicios mínimos, ya que los médicos y el resto de trabajadores han anunciado su adhesión, como también lo han hecho los farmacéuticos.

Trabajadores de profesiones liberales como los abogados y los ingenieros que ejercen como autónomos se han sumado igualmente a esta protesta.

Los agricultores mantienen los bloqueos en puntos centrales de las carreteras y autopistas de todo el país que iniciaron hace más de dos semanas.

La huelga tiene lugar en un momento en que el Gobierno de Tsipras negocia en Atenas con los representantes de las instituciones acreedoras el recorte de las pensiones, en el marco de la primera revisión del tercer rescate.

Sacyr prepara un ERE contra 400 trabajadores

En los próximos días Sacyr presentará un expediente de regulación de empleo (ERE) en su filial de construcción en España, que podría afectar a entre el 25 por ciento y el 30 por ciento de su plantilla de 1.400 trabajadores, esto es, a entre 350 y 420 obreros.

Sacyr atribuye su crisis a la caída del ladrillo. Hasta ahora la constructora ha afrontado la crisis con la recolocación de trabajadores en obras internacionales o en otras divisiones del grupo, como concesiones o servicios.

Pero el desplome no ha parado. Sacyr acumula un descenso de facturación del 80 por ciento en los últimos cinco años y la falta de perspectivas de mejora en España le obligan a plantear un despido en masa.

El monopolio planteará el despido a los sindicatos en los próximos días, para iniciar el preceptivo periodo de negociación de quince días.

Con este ajuste, Sacyr se suma a otras grandes constructoras, como FCC y Acciona que también abordaron ajustes en sus plantillas en España, si bien en su caso lo hicieron en los primeros años de la crisis. También realizaron ajustes Isolux y Comsa.

El monopolio acomete este despido masivo mientras aborda una nueva estrategia de crecimiento para 2020 centrada en su expansión internacional y el impulso de nuevos negocios como son la construcción industrial y la ingeniería.

En su cotización en bolsa la empresa también está bajo mínimos, afectada por el descenso generalizado de los mercados y su participación como segundo accionista en Repsol, valor a su vez penalizado por el descenso del precio del crudo.

Sacyr asegura tener ya provisionado el ajuste que a su vez realizará Repsol por la caída del petróleo en sus cuentas de cierre de 2015 que presentará en las próximas semanas.

El grueso de los contratos de construcción de la empresa están fuera de España. Actualmente el monopolio ultima las obras de ampliación del Canal de Panamá y acomete el trazado de tres autopistas en Colombia.

Arabia saudí: una autocracia con los pies de barro

Cherif Abdedaim

Al hilo de estas semanas llegan de diversos lugares informaciones inquietantes sobre el juego, más claro que el agua, que lleva a cabo Arabia Saudita en la “revoluciones árabes”: apoyo financiero y militar a los rebeldes del Estado Islámico y otros grupos violentos, a los que por otra parte combatimos. Algunos los toman en serio y otros los ignoran; ¿cuál es la realidad sobre el papel y la función de este país en la escena internacional y de  Oriente Medio, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días?

Desde una tradicional diplomacia de conciliación, Riad galopa hacia una diplomacia del enfrentamiento. Este coloso, al que no le faltan recursos, ¿no está dando prueba de sus numerosas debilidades? “La debilidad de la fuerza es no creer mas que en la fuerza” (Paul Valéry). La “primavera árabe” constituye una demostración, y harán falta muchos años para disipar la ilusión de una potencia sin puntos débiles.

El tablero está muy lejos de ser tan idílico como aparenta. El 24 de febrero de 2015, el príncipe Salman sucede al rey Abdallah, y muchos factores contribuyen a la fragilidad de Arabia Saudita: rivalidades en el seno de la familia real, sospechas de corrupción en la cúspide, degradación de la situación de los derechos humanos, mortales peregrinaciones a la Meca (1.600 muertos, el 24 de septiembre de 2015); lugar de la mujer en la sociedad (pese al primer voto femenino en las elecciones municipales); atentados contra la minoría chiíta, pérdida de control de los procesos de radicalización…

Este marco tiene de fondo la disminución en los precios del crudo, que dificulta su capacidad de comprar la paz social y el desarrollo del país, y también su capacidad de injerencias en el exterior del reino. La austeridad está a la orden del día. Ante ese “Estado Islamista”, el dirigente del Estado Islámico llama a los ciudadanos a la sublevación. Washington toma conciencia de la carga de su alianza con las monarquías del Golfo. Barack Obama declara que las mayores amenazas para esas monarquías podrían venir no de Irán, sino de “la satisfacción en el seno de su propia país”.

Un príncipe saudí disidente avisa: “Nos acercamos al hundimiento del Estado y a la pérdida del poder”. El país se ve atrapado por las revoluciones en Túnez y Egipto. Desde 2011 renuncia a su estrategia de compromiso y adopta una estrategia de potencia; está a la cabeza de tres coaliciones militares: una ad-hoc, destinada a luchar contra los rebeldes hutíes en Yemen (operación “Tempestad decisiva”, febrero de 2015); otra de la Liga Árabe, para luchar contra los grupos terroristas (“mini-OTAN” de perfil poco claro, marzo de 2015); y una tercera, ad-hoc, formada por 34 países contra el Estado Islámico (coalición sunita, diciembre de 2015).

El país juega en la escena internacional tanto su papel de potencia aplicando obstáculos y divisiones (Irán, Siria…) como enfrentamientos (en el Yemen, que podría convertirse en su Vietnam; diez meses de guerra y 6.000 muertos). En resumen, un panorama poco halagüeño, y que anuncia el hundimiento de este gigante con pies de barro.

Fuente: http://www.lnr-dz.com/index.php?page=details&id=50515

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