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Mes: enero 2016 (página 11 de 11)

Papados y conciliarismos

Bianchi

Navidades, Semanas Santas, Difuntos, son fechas propicias en que toca salir a escena a personas que no se visten por los pies, purpurados, curas, cardenales, papas y demás alcanfores ensotanados. Luego se recluyen en sus cuarteles a la espera del nuevo ciclo religioso-político que los reclame en el escenario para que ruja la platea.

Bergoglio, el papa Francisco, jesuita argentino, prorrumpió gestero y debutó (por marzo de 2013) prestímano. Naturalidad estudiada o prosopopeya fingida, no sabemos. Ahora, de unas semanas acá, funge de cansino en el paso y quedo en el habla, o sea, se va pareciendo a lo que se le pide a un genuino Papa (con la excepción del atlético Wojtyla). Se concluyó que este hombre, este papa, es un derviche que es fana(tico) de San Lorenzo (de Almagro, barrio bonaerense, un club de fútbol) y paga -religiosamente, ¿no es cierto?- lo que debe en Santa Marta, cual pensión urbana, durante el tiempo que duró el cónclave que lo eligió.

Haga o deje de hacer este individuo, persiste la monarquía absoluta que representa la teocracia vaticana. El Vaticano es un Estado (gracias a Mussolini en 1927) y el Papa su Jefe (de Estado). Y por encima de él nadie, salvo Dios: «el papa juzga a todos y no puede ser juzgado por nadie fuera de Dios». Son los Inocencio III o Gregorio IX, precursores de la teología política secularizada en los reyes absolutistas e «irresponsables» igual que «consagra» la Constitución española a la figura del Rey, antes Juan Carlos I y ahora su hijo, Felipe VI.

La Iglesia romana copió las instituciones del decadente Imperio romano y las monarquías medievales copiaron a la Iglesia agustiniana de signo «providencialista». Pero no siempre fue así Existió lo que se dio en llamar el Conciliarismo, doctrina que considera al Concilio Universal como la suprema autoridad de la Iglesia elevándolo por encima del papado.

Había tendencias papales (decretalistas) y tendencias conciliares. La cuestión Papa o Concilio en la baja Edad Media, adquirió importancia cuando la teoría de la supremacía papal se mostró incapaz de resolver el gran cisma de occidente (1378-1417) que acabó con tres papas nombrados hasta que el Concilio de Constanza (1414-1418) y el de Basilea, llamados «conciliaristas», porque defendieron que la autoridad del Concilio está por encima de la del Papa. Hans Küng, un teólogo suizo católico que suele gustar a los «heterodoxos» de la Curia y aledaños, calificó a Constanza como «el gran concilio ecuménico de la Reforma».

El conciliarismo, más democrático, vale decir, como el «febronianismo» (de Frebonio, obispo del siglo XVIII), o el episcopalismo, más próximos al protestantismo ergo:al incipiente capitalismo, decía que ninguna ley pontificia (o encíclica) tiene valor si no es aprobada antes por los obispos. El Parlamento seglar es -sería- el Concilio y el Papa el Ejecutivo, pero un «primun inter pares», un resto del estamentalismo de la nobleza feudal. Luego vino el absolutismo papal en forma de infalibilidad (Concilio Vaticano I) a medida que se extendía el laicismo y el anticlericalismo en el siglo XIX, y también el constitucionalismo en los países europeos (Küng, por ejemplo, está en contra de esa infalibilidad papal).

En fin, amigos, acá el refranero español viene al pelo: si no quieres caldo, dos tazas. Vean si no: dos reyes (a falta de uno) en España, dos papas en el Vaticano (en Aviñón hubo tres). Son verdaderos profesionales.

Buenos días.

Estados Unidos estudió masacrar a los habitantes de los países socialistas

Estados Unidos consideró la sistemática destrucción de las poblaciones de las ciudades de Berlín Este, Moscú, Pekín y Varsovia, según los archivos desclasificados publicados recientemente por The National Security Archive.

«El Comando Estratégico Aéreo (SAC, por sus siglas en inglés) tenía por objetivos prioritarios exponer a la población civil a altos y mortíferos niveles de lluvia radioactiva», según relata la institución encargada de analizar estos documentos.

No se excluía de esta exposición radioactiva ni siquiera a las «fuerzas aliadas» de Estados Unidos en la parte occidental de Alemania.

Los autores del plan consideraban la «destrucción sistemática» no solo de objetivos urbano-industriales del bloque soviético sino también de «los habitantes de Moscú, Pekín, Varsovia y Berlín Este».

El documento secreto, fechado en 1959, consta de 800 páginas que constituyen una de las fuentes de estudio más interesantes para estudiar el periodo de la guerra fría en cuanto a los planes de guerra nuclear del bloque estadounidense.

Fuente: http://mundo.sputniknews.com/america_del_norte/20151224/1055202058/eeuu-nuclear-guerra-fria.html

El Califato Islámico ha evacuado Ramadi… ¿hacia dónde?

Los medios de todo el mundo han informado de que el Califato Islámico ha abandonado Ramadi, uno de sus bastiones más importantes, donde se concentraban buena parte de sus dirigentes militares más cualificados. Ayer El País la calificó como “la derrota más significativa del califato yihadista en lo que va de año”(1).

“La batalla final por Mosul, la gran ciudad del norte [de Irak] donde Abubaker al Bagdadi proclamó el califato, ya está en marcha”, dice otra noticia del mismo medio, empeñado en poner de manifesto que la victoria es consecuencia de que el ejército irakí ha mejorado su capacidad de combate, gracias al adiestramiento de los imperialistas (2). Es falso. No ha habido ningún combate. Los yihadistas han evacuado Ramadi.

Pero a pesar de que los medios han anunciado la evacuación, nadie ha dicho ni a dónde se han marchado ni cómo ha sido posible que nadie les cortara la retirada. ¿Les han dejado escapar?, ¿para qué sirve tanta aviación?, ¿para qué están desplegadas tantas unidades de choque?, ¿para qué tantos espías si no se enteran de nada?

Rusia sólo opera en Siria, así que la responsabilidad de la fuga de los yihadistas tiene un nombre bien evidente: Estados Unidos.

Pero eso no es todo: Estados Unidos evacuó en sus propios helicópteros a los yihadistas de Ramadi, según Haidar Al-Hosseini Al-Ardavi (3), comandante de las milicias chiítas irakíes Hashd Al-Shaabi (Agrupación Popular).

El objetivo ha sido impedir que cayeran en manos del ejército irakí, que fueran interrogados por oficiales irakíes, que salieran a relucir asuntos escabrosos…

¿A dónde han llevado a los dirigentes yihadistas? Las futuras evacuaciones del Califato Islámico, ¿serán todas iguales?, ¿siempre los van a dejar escapar?, ¿van a desaparecer de la misma manera en que aparecieron?

(1) http://elpais.com/elpais/2015/12/30/opinion/1451502068_671942.html
(2) http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/29/actualidad/1451417099_179608.html
(3) http://en.farsnews.com/newstext.aspx?nn=13941003000828

Estados Unidos se plantea abiertamente el reparto de Europa

Los analistas de Stratfor, uno de los tentáculos de la CIA, se plantean abiertamente la división de Europa en cuatro grandes zonas de influencia: el oeste, el este, Escandinavia y las islas británicas. Este reparto supone la liquidación de la supremacía alemana dentro de la Unión Europea y, posiblemente, de la Unión Europea, tal y como la conocemos actualmente.

La CIA/Stratfor prepara una reordenación total de los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense para los próximos 10 años. Además de la fragmentación de la actual estructura institucional, el Viejo Continente será el escenario de “múltiples conflictos generados por desigualdades económicas” y roces étnicos.

En fechas inmediatas Estados Unidos se esforzará por crear una coalición antirrusa, integrada por Polonia, Rumanía y los países bálticos. El objetivo es repartirse Rusia, para lo que la CIA redefinirá próximamente sus nuevas fronteras y los “aliados de Occidente” obtendrán los territorios perdidos a lo largo del siglo pasado.

Tras la drástica reducción del poderío ruso, la alianza se convertirá en una fuerza dominante no sólo en los confines de Ucrania y Bielorrusia, sino en toda Europa oriental. Para ello, tanto Polonia como Rumanía deberán incrementar su poderío político y económico en la zona, un objetivo que alcanzarán gracias a su asociación estratégica con Estados Unidos.

Washington prepara una nueva guerra en Europa y, con la excusa del “escudo antimisiles” mantendrá las bases militares actualmente existentes y creará otra nuevas siguiendo el mismo esquema ya impuesto en Rumanía, donde el armamento almacenado en las nuevas instalaciones, infringe el Tratado sobre misiles de corto y medio alcance, negociado por la OTAN y el extinto Pacto de Varsovia. Recientemente Rusia protestó por el despliegue de estos artefactos, pero la OTAN prefirió hacer oídos sordos.

La CIA/Stratfor estima que si bien no habrá una implosión en Rusia, es decir, una revuelta contra el sistema político actualmente existente, el impacto de las sanciones económicas impuestas por los imperialistas, la espectacular disminución del precio del petróleo y el incremento de los gastos militares desembocarán en el debilitamiento de su poderío, lo que acarreará una fragmentación territorial.

Los planificadores de la CIA no descartan la presencia de unidades de choque estadounidenses en algunos de los nuevos territorios “independientes” que se creen en Europa oriental.

Otro país que los imperialistas cuentan con sumar a la coalición contra Rusia es Turquía. El derribo del bombardero Su-24 en Siria muestra así su verdadero objetivo. El conflicto que opone a Turquía con Rusia ha sido cuidadosamente meditado y se agudizará en el futuro. Turquía está destinada a convertirse en el próximo gendarme del Mar Negro, donde quedaría configurada la primera línea del frente contra Rusia.

No es el bipartidismo lo que está en crisis

Juan Manuel Olarieta

Dentro de poco se consolidará en España la palabra “crisis” también en el ámbito político, como se consolidó en 2007 en el económico. No obstante, es posible que en lugar de “crisis” hablen de “inestabilidad” o términos equivalentes que no cambian la esencia del problema.

En cualquier caso los fundamentos de dicha crisis siempre los mantendrán a buen recaudo, pues no hay más que una única crisis, que es la crisis general del capitalismo, típica de le etapa imperialista actual. Esta crisis, pues, es una crisis dentro de otra crisis y no tiene ninguna otra salida que una revolución socialista. A falta de ella sólo cabe esperar que se agudice con el tiempo.

La politiquería de baja estofa y los medios de comunicación que la adornan insisten en que la situación política es consecuencia del fin del bipartidismo y no del fin del Estado reformado durante la transición y, por ende, del agotamiento de la transición misma y de los cómplices que se prestaron a aquella comedia bufa.

Además, la crisis no es consecuencia del fin del bipartidismo sino del fin de los partidos, de todos los partidos políticos. Los partidos ya no dirigen al Estado, sino que es el Estado quien los dirige a ellos. No hay más que comparar a los partidos tradicionales (PP, PSOE, PCE), surgidos en la transición, con los emergentes (UPyD, Ciudadanos, Podemos) para apercibirse de la diferencia.

Los nuevos son marcas electorales, partidos de diseño, fabricados “ad hoc” por y para la crisis. Su objetivo no es salir de la crisis sino gestionarla lo mejor posible. Se trata de “maquinarias de guerra electoral”, como dijo Errejón en 2014. No están diseñados para dirigir un Estado, ni cambiar nada. Existen para que haya elecciones cada cuatro años, pluralismo, recambios para mantener en funcionamiento un aparato envejecido y desgastado: el mismo Estado fascista de siempre.

No obstante, un error muy corriente supone que no es el Estado quien dirige (sujeto activo) sino que es dirigido (sujeto pasivo). La mayor parte de las personas creen en aquello de que “el Estado soy yo”, de que el Estado es un dispositivo neutro que se puede (y se debe) utilizar, que todo depende de la voluntad de ese Estado personificado cuyo máximo exponente es un gobierno cuya tarea es dirigir el Estado. Sólo el gobierno es político; todo lo demás (los militares, los jueces, los diplomáticos, los inspectores de Hacienda, los funcionarios) son apolíticos: pueden estar al servicio del gobierno de un partido o del otro.

No hay nada más falso que el lema “Yes, we can”. No es el gobierno quien dirige al Estado sino al revés. Hasta los discursos se los escriben, tanto a Obama como a Rajoy. No hay ninguna huella personal de ninguno de ellos (ni de sus gobiernos) en sus Estados respectivos. A veces esa paradoja se describe de una manera bastante gráfica cuando se expresa la decepción respecto a algún político, del que se dice que “el poder” se le ha subido a la cabeza, que no es el mismo antes y después de tener un cargo público cualquiera… Quiso cambiar y le cambiaron a él.

Un Estado, como el español, que arrastra una crisis desde hace muchas décadas, que no ha solucionado ninguno de los problemas más elementales de las masas, engendra partidos a su imagen y semejanza. El Estado crea los partidos que necesita. Es un problema doble: la burguesía no puede (ni quiere) cambiar nada porque carece de los instrumentos necesarios para ello, que son los partidos políticos.

Pero a eso que llaman “la izquierda” y derivados (anticapitalistas, alternativos) les ocurre lo mismo por el mismo motivo. Se organizan exactamente igual que la burguesía. No estoy diciendo que no exista una vanguardia revolucionaria, sino algo mucho más simple: no hay partidos de ningún tipo, ni voluntad de construirlos.

La propia terminología les delata. Antes se hablaba de organizaciones, mientras que ahora se habla de colectivos, mareas y todo tipo de coordinadoras difusas. Los partidos son despreciados como algo viejo y periclitado, propio del siglo XIX frente a las nuevas formas de “hacer política” que han hecho de la necesidad virtud. Si no estamos dispuestos a cambiar nada, ¿para qué queremos partidos?

Lo diré al revés: si realmente quieres cambiar algo, ¿por qué no empiezas a pensar en que lo que realmente necesitas es un partido?

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